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Intrigas negras
Colonia Dignidad en dos novelas chilenas

Domingo 23 de julio de 2017


Foto:Francisco Javier Olea

Con meses de diferencia, se publican Sprinters , de Lola Larra (Hueders), y Monte Maravilla , de Miguel Lafferte (Random House), dos libros que indagan, desde puntos de vista diferentes, en el enclave de inmigrantes alemanes fundado por Paul Schäfer.
 


Pedro Pablo Guerrero 

Comenzó a interesarse por Colonia Dignidad a fines de los 90, cuando aún vivía en España. A pesar de que nació en Chile, Claudia Larraguibel (1968), conocida como Lola Larra, todavía habla con cierto acento venezolano adquirido en ese país durante el exilio familiar. Siempre pensó hacer un libro sobre el enclave alemán creado en la zona de Parral el año 1961, pero no tenía claro el género: ¿crónica?, ¿novela? Incluso trabajó en el guión de una película que finalmente no se realizó. De todas maneras, el impulso le sirvió para decidirse a regresar a Chile en 2006 y visitar la colonia, ya intervenida por el Gobierno y rebautizada como Villa Baviera por sus jerarcas, investigados en diversas causas judiciales.

Después de revisar el expediente de más de 500 páginas abierto en el juicio, capturó el interés de Lola Larra el caso del niño Hartmut Münch, muerto a mediados de los 80. Münch formaba parte de los sprinters , corte de adolescentes elegidos por Schäfer para servirle de recaderos durante el día y abusar de ellos en la noche. Por más que las autoridades de la colonia insistieron en atribuir el deceso a una caída accidental, algunos testigos dijeron que le habían disparado durante una cacería. Unos culparon a Paul Schäfer; otros, al general Manuel Contreras, de visita en la colonia. "Ahí se me empezó a armar la novela", dice Lola Larra. "Una muerte con diferentes versiones, que solo podía narrarse abrazando la contradicción".

El punto de vista dominante al interior del relato es el de una colona que decidió permanecer en Villa Baviera una vez que se abrieron sus puertas: Lutgarda. Este personaje ficticio recordaría por el resto de su vida la muerte de Hartmut. "Necesitaba un filtro o tamiz", dice Lola Larra. "No podía asumir su voz en primera persona, porque era un personaje tan ajeno a mí que no iba a ser verosímil". Finalmente, Lutgarda habla a través de la narradora: una periodista de paso en la zona, que ha investigado el caso de Colonia Dignidad y ahora está en Parral dictando un taller de escritura.

"Guardando las distancias", advierte Lola Larra, la primera versión de Sprinters fue un texto coral como La noche de Tlatelolco , de Elena Poniatowska. Hecho a partir de distintas voces tomadas de expedientes judiciales y entrevistas. De aquel documento sacó los extractos que se dejaron en la versión final del libro con una tipografía distinta. Las viñetas de novela gráfica que se insertan en el texto de Sprinters fueron dibujadas, en tanto, por Rodrigo Elgueta. Hueders decidió convertir en storyboard el guión de la película que la narradora periodista intercala en el relato, escrito a partir de la fuga de la colonia que protagonizaron Tobias Müller y Salo Luna en 1997.

Lola Larra define Sprinters como una novela documental, porque investigó muchísimo y tiene un registro periodístico, pero atravesado por la ficción. La pregunta clave es si acaso se puede contar la verdad. "El libro de Rosa Montero que más me gusta es La loca de la casa ", dice Larra. "Son varias versiones de un mismo hecho. Me encanta ese poder de la literatura. Al escribir se supone que escogemos una sola versión, pero la realidad nunca tiene una sola, sino varias y contrapuestas. Atreverse a recoger esa multiplicidad es mucho más interesante que el relato lineal y unívoco. No hay certezas en la literatura. Es el terreno de lo ambiguo".

Lectora agradecida de novela negra, sobre todo de Patricia Highsmith, le gustó que Sprinters tomara forma de relato policial. "En realidad, un antipolicial, porque nunca descubres nada. Las protagonistas son investigadoras chapuceras, pero me encantaba que Lutgarda se hiciera detective. Ella es una mujer autónoma, inteligente, capaz de adaptarse y enfrentar sus demonios. Imagínate que viene de un entorno en que las mujeres eran tratadas peor que las gallinas, porque, como les decían todo el tiempo, al menos las gallinas ponen huevos".

En la novela hay un episodio en que la periodista visita a un matrimonio que decidió abandonar la colonia y cultivar un terreno en Chiloé. La huésped termina huyendo abrumada por sus peticiones de ayuda. "Queríamos olvidarlos, como todo el país", comenta la narradora en el libro. "Me pasó muchas veces", admite Lola Larra. "Cuando escribí ese capítulo pensé que era bueno mostrar el hartazgo que sentía yo. La pregunta ética de la novela es: ¿Hasta cuánto estamos dispuestos a ayudar al otro? Como ciudadanos, como personas, como seres humanos supuestamente solidarios. Aguanté tres días escuchando a este matrimonio que de lo único que hablaba era de Colonia Dignidad, el trauma y la desesperación. Vivían en la miseria. Ni siquiera sabían sacar dinero de un cajero automático. De Colonia Dignidad fuimos todos cómplices. Miramos para el lado. Todos los gobiernos lo hicieron".

Miguel Lafferte: entre la rutina y el delirio

Sin premeditación, la entrevista tiene lugar en el GAM, donde alguna vez funcionó una oficina de Colonia Dignidad. Es uno de los tantos hallazgos que el antropólogo Miguel Lafferte (1981) -emparentado según la versión familiar con el dirigente comunista Elías Lafertte- hizo mientras revisaba casos de derechos humanos y libros de distinto género para escribir la novela Monte Maravilla , nombre que el autor tomó de un misterioso lugar ubicado en las inmediaciones del enclave, que se menciona en fallos judiciales y Lafferte hasta "cita" de la última entrevista de Gladys Marín.

En cierto pasaje de la novela, un fabricante de artículos ópticos se reúne con un médico de la colonia en el edificio Diego Portales. Juntos bajan a una sala subterránea llena de animales enjaulados que el lector adivina destinados a experimentos con armas químicas y biológicas.

El breve y fantasioso episodio forma parte de los apuntes que el protagonista, Pablo Alfaro, acumula en una libreta azul sobre el enclave alemán donde supone que estuvo un detenido desaparecido al que le sigue los pasos. Alfaro trabaja en un estudio jurídico que defiende a oficiales en retiro procesados en un caso de ejecuciones caratulado como "Mina Amarilla". El expediente acumula miles de fojas que ocupan una repisa entera de carpetas en el anacrónico archivo ubicado en subterráneo del edificio donde está el bufete "Mate & Lancaster".

Miguel Lafferte nunca ha trabajado en un estudio de abogados ni leído un expediente judicial. "Las partes más duramente jurídicas de la novela están simplemente sacadas de libros sobre el tema, como la colección 'Dónde están', de la Vicaría de la Solidaridad, que compré en tiendas de libros usados por 500 pesos", explica el novelista. "Mi impresión sobre el proceso de leer la historia de la dictadura y de Colonia Dignidad es la de un cartonero o reciclador".

Lo que le interesa más al novelista es la parte fabulativa del libro. "Los expedientes son recursos para lograr verosimilitud y credibilidad, pero eso no es lo central. Me sirven para contar lo que viene después". Se refiere a la segunda parte, aquella más cercana al delirio, repleta de mitos urbanos, teorías conspirativas y hasta el argumento de una novela fantástica: "El enclave". La colonia se presenta así como el "Triángulo de las Bermudas del Maule, el Área 51 del sur de Chile". Si en la primera sección de Monte Maravilla , el lector asiste a la vida rutinaria y divertidamente patética de un grupo de oficinistas acostumbrados a sacar la vuelta, y luego acompaña a Pablo Alfaro en visitas a oficiales postrados en cama y a familiares de desaparecidos que intentan regularizar las propiedades de sus deudos, en la segunda parte de la novela cae en un juego de contrastes entre el presente y el pasado, pero también entre la realidad cotidiana y lo irreal, lo alucinatorio y lo onírico.

"Una de las cosas que quería lograr en esa segunda parte era moderar el magnetismo que ejerce la colonia", dice Lafferte. "No tocar los mismos temas de siempre sobre los nazis y tratar de apartarme para diluir toda la conspiranoia. Son tópicos que tienen su atractivo, pero no podría haber respetado a Alfaro si fuera un conspiranoico. También por respeto al lector: no subvalorarlo. No sé en qué medida funciona. Hay lectores a los que les va a gustar más esta parte y a otros la primera".

Escribir sobre Colonia Dignidad fue, según Lafferte, una decisión estratégica. "Necesitaba un ámbito que tuviera los suficientes vacíos y lagunas donde poder instalar una ficción en la que pudiera actuar con libertad, no tan constreñido como en mi primera novela, Máquinas de escribir . No quería sentirme preso de los acontecimientos históricos, para que así pudieran pasar cosas muy improbables, incluso la hipótesis que se desliza al comienzo de la novela: el supuesto regreso de un detenido desaparecido".

Sobre el uso del humor para abordar temas dolorosos, contesta: "Yo no planifiqué una novela dramática a la que le iba a agregar chistes para hacerla más liviana. Siempre fue de esa manera. Los crímenes podrían ser otros, pero Alfaro seguiría estando en la novela con su oficina extraña. El humor es sobre todo para hacer tragable el presente y, a partir de él, volver, retrotraerse, reconstruirse y llegar más entero a un pasado con horrores y tragedias que tienen sus propias claves de lectura".

De su gusto por la novela negra, especialmente de clásicos como El halcón maltés , viene el interés de Lafferte por la intriga y el enigma, pero también ve los límites del género. "La idea del héroe que termina resolviendo el caso no se aplica bien a los crímenes de la dictadura. Hay novelas que lo han hecho, pero en mi libro eso me parecía violentar el tema o, al menos, falsear la realidad".

Lafferte no ha leído Sprinters -Lola Larra tampoco lee aún Monte Maravilla - ni ha visto la película "Colonia", pero no considera el tema una moda o tendencia pasajera. "La colonia tiene una recurrencia. Cada cierto tiempo hay estos afloramientos de películas y reportajes vinculados a vuelcos judiciales y nuevos hallazgos".

En ambos libros hay un trabajo con el género policial que ya no se vincula a la resolución de un enigma, sino a una realidad ambigua.