Tras la controversia generada por el intento del alcalde Joaquín Lavín de reducir al
Seguidores "anónimos" revelan la cara más desconocida del rodeo

Desde tres medialunas -en Colina, Melipilla y Cachagua-, los aficionados derriban el mito de que todos los corraleros sean personas adineradas, y relatan la dura "cruzada" cotidiana de quienes defienden la actividad, en medio de las campañas de animalistas y otros grupos que buscan su proscripción.  

Marcelo Pinto E. 

Como los equilibristas de platos chinos, Nelson Reyes hace malabares cada mes. Se gana la vida manejando un camión y vendiendo ganado al menudeo. Con lo que obtiene, le paga la universidad a su hija, mantiene a su familia y se las ingenia para costear su gran pasión: la práctica del rodeo.

Bajo una lluvia copiosa en la medialuna de Cachagua y enterrado en el barro casi hasta los tobillos, cuenta cómo se involucró en el deporte de los "tres puntos buenos". Creció en El Melón (interior de la Región de Valparaíso), en el seno de una familia campesina. Allí se familiarizó con los caballos y montó uno por primera vez, cuando recién domaba las letras del silabario.

Hoy, a los 54 años, Reyes dedica parte importante de su vida a la actividad corralera. De hecho, el miércoles participó en una reunión de la Confederación de Rodeo Campesino, que se prolongó hasta más allá de las tres de la madrugada del jueves. Como presidente de la entidad, le correspondió moderar el debate que, entre otros aspectos, abordó la proximidad de las Fiestas Patrias. Lo que sumó inevitablemente un punto a la tabla: la inquietud que cada año embarga por estas fechas al mundo del rodeo, debido a las campañas en contra efectuadas por organizaciones animalistas y otros grupos.

En esta oportunidad, la controversia tuvo ribetes inesperados, pues estalló en el municipio de Las Condes, cuyo alcalde, Joaquín Lavín (UDI), quiso disminuir de seis a uno el número de rodeos en la Semana de la Chilenidad, en el Parque Intercomunal. Como argumento, adujo el rechazo que ese deporte genera en algunos sectores. Hizo ver que quizás sea hora de dejar atrás algunas prácticas del "pasado". Y negó que detrás de su iniciativa haya elementos ideológicos.

Los animalistas lo aplaudieron y lo tildaron de valiente. Quienes promueven y defienden la actividad, por el contrario, lo censuraron sin ambages. Críticas que vinieron, incluso, desde su propio entorno. Como las del ex ministro y ex senador Pablo Longueira, quien dijo estar arrepentido de haber votado por Lavín en las últimas municipales y habló de "puñalada" a "nuestro deporte nacional".

Dos millones de espectadores

Al final, la pulseada se resolvió con una especie de empate. Luego de una reunión con su par de Vitacura, Raúl Torrealba, y la Federación de Criadores de Caballos Chilenos (coorganizadores de la Semana de la Chilenidad), la cantidad de rodeos en el evento quedó en tres. El epílogo del trance se vivió el jueves, cuando el concejo municipal de Las Condes analizó el episodio y rechazó la actuación de Lavín. "Ninguno de los concejales lo apoyó 100%. En general, la opinión fue mayoritaria en contra de él", sintetizó uno de los miembros de ese cuerpo, Julio Dittborn, también de la UDI.

"Está mal. Ahí se metió la política", reflexiona Reyes, junto a una pesebrera en la medialuna de Cachagua. Lo dice con la mirada sombría. Incómodo. Y cansado de que cada víspera de septiembre los detractores del rodeo "entren" a la medialuna. Pero no con el fin de montar un caballo y atajar, en buena lid, a un novillo. Sino que para dar rienda suelta -como dice él- a un "fanatismo" que a fin de cuentas busca la erradicación de este deporte.

En el mundo corralero, el hastío frente a los recurrentes cuestionamientos es generalizado. Les cuesta entender el porqué del encono. Tomando en cuenta distintos factores. Que se trata de una tradición cuya historia puede rastrearse tres o cuatro siglos hacia atrás, hasta los conteos de ganado en la época colonial. Que después del fútbol es el segundo deporte con más seguidores en el país (con 2 millones de espectadores por temporada). O que da trabajo directo a más de 90 mil personas, entre talabarteros, jinetes, preparadores, veterinarios y petisros (cuidadores), entre otros.

Prefieren un caballo antes que un auto

La explicación que se dan habitualmente frente a la ojeriza de los animalistas y de otros actores va por el lado de que esas críticas se originan en la ignorancia. Y a partir de la conformación de una serie de "mitos" a lo largo del tiempo, especialmente en los últimos años.

Como aquel de que los participantes en el rodeo son exclusivamente personas adineradas. "Eso no es así. Esto lo practica toda clase de personas. Uno lo hace porque le gusta. Porque ama a los animales", desmiente Manuel Aguilera, empleado municipal, miembro del club "Ranchos de Peldehue" (Colina) y presidente de la asociación de rodeo Santiago Norte.

Cuenta historias de personas que cultivan el deporte sin tener siquiera un caballo. O de otras que luego de ahorros y privaciones consiguen comprar uno. A veces sin siquiera poseer un lugar donde tenerlo. Lo que las obliga a conseguirse un sitio, entre familiares o amigos.

"Algunos no tienen auto, pero prefieren comprar su caballito. Y se da el caso de gente que no tiene para ir al doctor, pero que si el animal se enferma, llama al veterinario", grafica Aguilera.

Pequeño agricultor levantó medialuna tabla por tabla

A espaldas de Aguilera, dos caballos -"Comino" y "No me olvides"- pasean junto a Manuel Palacios, jinete profesional de rodeo hace cinco años y ex jornalero agrícola, quien trabajó en la siembra y cosecha de lechuga, choclo y otras hortalizas.

En aquel tiempo, a las 5:30 de la mañana, Palacios ya estaba en los campos, pero se las arreglaba para correr en las medialunas: "Mi papá es campesino. Toda la vida he estado metido en el rodeo".

Como le sucedió también a la asistente social Yessenia Hernández (23). Desde que tiene uso de razón, quiso detener novillos en el ruedo. "Las mujeres no corren", le advertían en su familia. Pero ella insistió tanto, que a la postre se lo permitieron. Al extremo de que su padre, Manuel Hernández, pequeño agricultor de El Cardal, en Melipilla, terminó levantando una medialuna en su parcela.

Cuenta que la construyó tabla por tabla. Clavo por clavo. Que demoró largo tiempo. Pero que al final consiguió materializarla y convertirla en un epicentro corralero, donde concurren los aficionados de Bollenar, María Pinto y otros poblados rurales.

Cuando hay competencias, generalmente todos los fines de semana, pueden llegar 500 personas o más a la medialuna de los Hernández. Cuyos miembros, entre ellos la asistente social, entran a la arena: "No por plata. Somos aficionados. Hacemos esto porque es nuestra vida". O como dice Nelson Reyes,en Cachagua, "porque somos huasos de verdad, no de los que se ponen sombrero para el puro 18 de septiembre".

Entre los cultores hay hasta temporeros

El costo de ser corraleros, aclaran, es alto. En distintos sentidos, pues se debe incurrir en desembolsos por ítems tan diversos como alimentación, cuidados veterinarios o herraje. Pero principalmente en razón del tiempo y esfuerzo que es necesario invertir en beneficio de los animales. Levantándose temprano para darles agua fresca y forraje. Sacarlos de la pesebrera, de modo que se ejerciten. Y entrenarlos para los rodeos.

Lo que deben conjugar con la procura cotidiana del sustento. "Porque si no trabajamos, no comemos", advierte Yessenia Hernández, quien junto a sus parientes labora en el campo familiar. Controlando la marcha de las siembras o comercializando algún animal, cuando hay "vacas flacas".

Entre sus vecinos existen numerosos aficionados al rodeo. Muchos de ellos personas humildes. Incluso, dueñas de casa o temporeros, quienes a la vuelta de años logran comprar sus caballos y alcanzan su meta: entrar montados a una medialuna: "Uno ve el sacrificio. Por ejemplo, acá hay una persona que tiene el suyo y que trabaja manejando un tractor", grafica Hernández.

En Cachagua ocurre algo parecido. Nelson Reyes especifica que entre los corraleros de su zona hay, por ejemplo, jardineros y personas que trabajaban en la mantención de casas de veraneo.

Clubes se financian con carnets para socios

Paralelamente, muchos de los más de 600 clubes de rodeo que hay en todo el país deben hacer "gimnasia" para mantener sus cajas a flote. En la agrupación de Reyes, por ejemplo, el principal ingreso está dado por los $10 mil que cobran a los socios para entregarles sus respectivos carnets. Fondos que muchas veces se hacen escasos para cubrir gastos inevitables, como el alquiler de novillos para los torneos, que va de los $80 mil hacia arriba.

Al ruedo que construyó el papá de Yessenia Hernández nunca han llegado los animalistas. Pero dice que si ello ocurriera, estaría disponible para explicarles de qué se trata realmente la actividad. Aunque no con mucha fe, pues cree que se trata de gente "ideologizada", a la vez que desinformada. Incluso, respecto de detalles tan básicos como aquel de que en las medialunas corren novillos, y no "vacas", como suele repetirse equivocadamente.

Igual que otros aficionados, su discurso vuelve una y otra vez sobre el aprecio que -como gente de campo- tienen por los animales. Cariño que, en su opinión, quedó demostrado este verano en el gigantesco incendio del sur: "Allá fuimos los amantes del rodeo a ayudar. Animalistas, no vimos".

Clínicas veterinarias móviles para tratar a los animales quemados, antibióticos y más de 9 mil fardos para alimentación formaron parte del auxilio por casi $45 millones que entregaron en esa zona. "Al final, los verdaderos animalistas somos nosotros", sostiene el presidente de la Federación de Criadores de Caballos Chilenos, Luis Iván Muñoz.

Niegan que novillos salgan de la medialuna al matadero

A quienes practican el rodeo les llama especialmente la atención un rasgo de los activistas que irrumpen en las medialunas o denuestan la disciplina a través de las redes sociales: que mayoritariamente viven en Santiago y otros centros urbanos donde la práctica de este deporte es escasa o nula.

Les parece que en sus protestas hay algo de "show" y afán por figurar. Además de un rasgo que los corraleros mencionan una y otra vez en sus análisis: la ignorancia de quienes los fustigan.

Desconocimiento que estos evidencian esencialmente a la hora de imputar maltrato en contra de los caballos, pero más que nada en perjuicio de los novillos. Tema en el que, dicen, se han construido también diversas falacias.

Como aquella de que los vacunos son sometidos a sucesivos rodeos. Que después de las competencias quedan maltrechos y son llevados al matadero. Que los "apuran" con picanas de 220 voltios. Que la finalidad de los jinetes es golpear a los novillos. Que a estos animales se los hace correr sangrando...

"Dicen que hay maltrato, pero nuestra actividad está tremendamente reglamentada", aclara en Colina Manuel Aguilera. Lo que comparte Nelson Reyes, en Cachagua: "Esta gente está completamente equivocada".

Con la pulcritud de un abogado que alega en estrados, los defensores de la actividad desmienten una a una las acusaciones.

Así, clarifican que cada novillo enfrenta solo un rodeo en toda su vida. Que desde las medialunas estos animales vuelven a las granjas para continuar su crecimiento y proceso de engorda. Que lo de las picanas eléctricas es falso, pues se usan mecanismos inocuos para "despertarlos", como sonajeros con piedras. Que en la arena, el fin es "detener" o "atajar" al animal, pero en ningún caso embestirlo, entre otras razones, porque ello se castiga con pérdida de puntaje. Y que ante la más mínima lesión, vacunos o caballos salen del ruedo para ser tratados. Por lo que en ningún caso podría tolerarse la participación de animales con heridas evidentes.

En torno al cuidado con que se trata a los novillos en la medialuna, hacen una reflexión: que sería un total contrasentido maltratar o lesionar a estos animales, tomando en cuenta que la mayor parte de las veces son arrendados. Y que, como tales, deben ser restituidos a sus propietarios.

Medidas para proteger a los animales

Año tras año, insisten, las propias asociaciones de rodeo han ido introduciendo normas y reglamentos adicionales para cautelar la integridad de equinos y vacunos: mejoramiento de las "atajadas" (lonas y cojines acolchados), donde se detiene a los novillos, mayores penalizaciones ante golpes contra los animales, demarcación con banderillas para minimizar la fuerza de las embestidas y empleo de arreos que no causen lesiones a los caballos, entre otras.

Les parece inverosímil, además, que los activistas vean en el rodeo una especie de "tormento" para los animales participantes. Toda vez que maniobras y movimientos como los desplegados al interior de las medialunas se emplean a diario en el campo como parte de la normal actividad ganadera.

Adicionalmente, los caballos están habituados a las rutinas del rodeo, pues, como promedio, se los ejercita para ello durante cinco años.

Temen escalada en las protestas

Pero junto con la ignorancia a la que apuntan entre los animalistas, se detienen también en la forma en que estos hacen ver sus puntos de vista. Irrumpiendo de manera violenta en las competencias. Formulando acusaciones a través de los medios. O profiriendo groserías vía redes sociales.

"Si a mí no me gusta algo, no puedo ir a una casa ajena sin invitación y, más encima, subirme arriba de la mesa", plantea Reyes, echando mano a una elocuente metáfora.

Pero están conscientes de que el duelo en torno a la actividad que los apasiona recién comienza. Porque los animalistas y quienes los apoyan continuarán con sus protestas. Las que probablemente escalarán aún más.

De hecho, durante la semana y a las puertas de Fiestas Patrias, el senador Guido Girardi (PPD), alineado con los animalistas, amenazó con la posibilidad de invocar la llamada ley "Cholito" de maltrato animal contra el rodeo.

Estos planteamientos inquietan a quienes practican, valoran y viven en torno a este deporte. Les preocupa que haya una campaña en contra de una de las más antiguas tradiciones campesinas. La que, además, tiene un carácter eminentemente familiar. Sin brotes de violencia, como sucede en ocasiones con los partidos de fútbol.

Sotto voce , en los clubes y las federaciones, el desasosiego se relaciona finalmente con la posibilidad de que la batalla contra la disciplina arrecie. Al punto de que los espacios para ella vayan estrechándose irremediablemente. Hasta el extremo de que se le pudiera prohibir.

"No creo que eso pase. Pero es algo que se piensa, que se conversa. ¿Qué haríamos, entonces?", pregunta retóricamente Nelson Reyes, antes de sumirse en el silencio y fijar la mirada en un caballo que asoma su cabeza desde una pesebrera, mientras la lluvia sigue cayendo en la medialuna de Cachagua.

 Jóvenes jinetes suelen enfrentar críticas de sus compañeros en el colegio

Como cualquier bebé, los niños nacidos en las familias corraleras reciben obsequios. Pero no cascabeles, chupetes o ropa de guagua, como sucede en las ciudades.

"Acá regalamos sombreros o mantas", cuenta Yessenia Hernández, quien practica el rodeo en una medialuna construida por su padre, en El Cardal, Melipilla. Lo dice mientras observa con orgullo el impecable vestuario huaso de su sobrino Manuel (4).

Está convencida de que, con el tiempo, el niño aportará al "recambio generacional" en la practica de este deporte, al interior de su familia, donde otros integrantes, algo mayores, ya muestran su destreza en la medialuna.

Se refiere, por ejemplo, a su sobrina Gisella González, quien con solo 17 años ya "ataja novillos", y ha vivido en carne propia los crecientes prejuicios en contra del rodeo.

En muchas ocasiones, a lo largo de los años, sus compañeros de colegio u otros jóvenes la han criticado por cultivar la disciplina. En consonancia con el discurso de los animalistas, le hablan de los "malos tratos" contra caballos y novillos. Y de la supuesta vulneración de sus "derechos".

Entonces, ella defiende la actividad. Les advierte que se trata de una tradición campesina de siglos. E intenta despejar sus prejuicios, explicándoles en qué consiste el deporte y detallándoles el modo en que se protege a vacunos y cabalgaduras.

Luego de esas conversaciones, la actitud de los otros jóvenes suele cambiar. Al punto de que algunos terminan interesándose en el tema y yendo a las medialunas.

La experiencia de Gisella González es parecida a la de Francisca Arce (16), alumna del Liceo Santa Teresa de Colina, quien compite en rodeos. Y está consciente de que muchos jóvenes se oponen a este deporte, principalmente a partir del discurso de las organizaciones animalistas.

"Están en contra. Más que nada, porque se encuentran mal informados. Desconocen, por ejemplo, que se han ido modificando los reglamentos para proteger a los animales", explica.

Evitan polemizar en las redes sociales

Más allá de que se les entreguen argumentos, cuenta Arce, algunos persisten en su actitud negativa hacia la disciplina.

Otros, en cambio, dan un giro. Al extremo de que reconocen haber tenido ideas erradas en torno a la actividad y terminan expresando deseos por conocer de primera mano el deporte campesino.

"Les cuento que se alimenta bien a los animales. Que se modifican los sitios de las atajadas para proteger a los novillos", enumera Gisella González.

Quien, además, ha experimentado el rechazo de los animalistas a través de las redes sociales, donde los detractores despliegan su "libreto" más cáustico.

En ese ámbito, a diferencia de lo que hace en la sala de clases, prefiere quedarse callada. Pues sabe que cualquier acotación suya recibirá de vuelta una andanada de improperios.

"No podemos caer en su juego. En las redes sociales nos critican e insultan", se lamenta, mientras camina con su tenida huasa, al interior de la medialuna Santa Filomena, en Colina, para luego dar unas palmaditas cariñosas a los caballos "Comino" y "No me olvides".



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Al interior de la medialuna de Cachagua (en la foto) apareció un día un grafiti contrario a la actividad. Nelson Reyes, presidente de la Confederación de Rodeo Campesino, acusa que los animalistas están desinformados y rechaza la virulencia de sus protestas.
Al interior de la medialuna de Cachagua (en la foto) apareció un día un grafiti contrario a la actividad. Nelson Reyes, presidente de la Confederación de Rodeo Campesino, acusa que los animalistas están desinformados y rechaza la virulencia de sus protestas.
Foto:MARCELO PINTO

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