El diagnóstico de Carlos Ruiz, el ideólogo del Frente Amplio:
"Por juegos de carreras personales podemos terminar haciendo agua"

Para el director de Nodo XXI, el think tank de la Izquierda Autónoma, el verdadero problema de la nueva coalición de izquierda es la falta de definiciones políticas, y la tentación de suplirla con un discurso basado en la pura "moralina". Por eso, lanza su advertencia: "Estamos a tiempo de parar las cosas".  

M. Soledad Vial 

Estaba afuera de Chile. Las imágenes eran confusas, contradictorias, "una discusión muy poco edificante". Entonces se puso a llamar para hacerse su propio cuadro, para reconstruir la historia. Un proceso que, como sociólogo, le es familiar, y al que, como ideólogo, impone exigencias altas.

Carlos Ruiz Encina es ambas cosas, y varias más, si del Frente Amplio se habla. Militante de la Izquierda Autónoma; director de su think tank, Nodo XXI; y uno de sus cerebros más influyentes desde el movimiento estudiantil. Lo ha sido también en la crisis más profunda vivida por la coalición de izquierda, cuando -en una semana- se impuso y finalmente se levantó (con largas reuniones y debates de por medio) un veto a la candidatura a diputado del ex candidato presidencial Alberto Mayol, que quería competir en el mismo distrito del actual diputado Giorgio Jackson.

En el epicentro de lo ocurrido, Ruiz ve falta de diálogo intergeneracional, "una especie de omnipotencia 2011" -aludiendo a las marchas que catapultaron a los diputados Boric y Jackson, y a varios líderes "frenteamplistas"- y la reticencia a enfrentar definiciones políticas de fondo.

Es crudo el sociólogo en su análisis. Quiere serlo: sabe que se están jugando mucho en esta crisis. Y que la "moralina", como llama al discurso ético que construyó el FA ante la "vieja política", puede terminar cual castillo de naipes.

A todos los involucrados los conoce bien. Su conexión con las nuevas generaciones viene desde que fundara el colectivo la SurDA, en los 90, y se ha estrechado como director de Sociología en la U. de Chile, igual como lo fue su padre durante la UP. No lo enreda esta crisis si se lee en clave "ímpetu generacional"; él tuvo el suyo cuando se distanció de la vieja izquierda y lo expulsaron del MIR en los 80, en Cuba. Sí le importa pasar al fondo, a una fase de "definiciones políticas grandes". Y clava ahí su dardo. "Aquí no hay un problema de tolerancia, es de ambigüedad, de querer postergar las definiciones", dice.

En cambio, rechaza la imagen elitista que algunos atribuyen al Frente Amplio, la de "los hijos de...". Esa "no es más que una frase bastante maldadosa de (la Presidenta) Bachelet, una generalización por dos o tres personas que pueden haber tomado once con ella. Porque eso no es el Frente Amplio".

-¿Usted compartía la decisión a la que concurrió originalmente su partido, de bajar la candidatura de Alberto Mayol?

-No quiero eludirlo, pero no tengo el detalle. Entiendo que no es exactamente así, que a Alberto se le ofreció un cupo y no lo aceptó.

-¿Le parecen tan graves los dichos de Mayol que originaron la idea de bajar su postulación? ¿Fue justo atribuirles hasta connotaciones sexistas?

-Me molesta que no haya una discusión política de fondo. En el Carmengate, cuando Aylwin peleó con Gabriel Valdés, chocaron posiciones políticas, proyectos políticos que se estaban dirimiendo, tenía sentido la 'sangre' que corrió. Aquí las peleas son cada vez más intrascendentes, se crea un espectáculo ensimismado donde nos estamos peleando por quién tiene el espacio, y la sociedad no se siente parte. Pasó en la DC con Goic-Rincón, el PS retiró la candidatura de Lagos sin argumentación política... y, por favor, no estoy defendiendo a Lagos.

"Se cayó el discurso de la moralina"

-¿Hay un tema de fondo con Mayol? Ya en la primaria presidencial parecía incomodar a muchos en el Frente Amplio, como que lo sentían un intruso...

-No sé dar una opinión sobre eso. Con o sin Mayol, se cayó el discurso de la moralina y me parece una crítica justa, porque se está intentando amparar un nuevo proyecto en un discurso moral y eso no tiene sustento.

-Todos los partidos y coaliciones viven por estos días la tensión de su plantilla parlamentaria, ¿por qué cree usted que en el FA eso se convirtió en una crisis?

-Hay una parlamentarización, una "plantillización" excesiva en todos lados por la descomposición de la política y de los partidos, porque no hay proyectos aglutinantes. La política se convierte cada vez más en una suerte de carreras individuales.

-En cuotas de poder...

-Claro, en la izquierda y la derecha, la política es cada vez más una comedia de francotiradores y cuesta mucho distinguir proyectos detrás. Un grupo de la DC se sale por "la derecha" del partido pero se alía con el MAS y la IC. ¡Guau! ¿Qué es eso? No tiene sentido.

-¿Y no demuestra todo esto que el FA es otra fuerza más de esa "vieja política" que tanto han criticado y que el cambio cultural que prometieron no fue?

-De acuerdo, tenemos menos derecho a caer en esto. Acabamos de dar un espectáculo de vieja política; jóvenes actuando una comedia vieja.

-¿Por qué les pasó? ¿No eran tan distintos al político tradicional?

-En el FA tenemos que entrar en una segunda etapa de enfrentar las discusiones políticas pendientes, las definiciones. La propia Beatriz Sánchez las ha pedido, porque a ella misma le cuesta manejarse hacia afuera con carencia de definiciones políticas.

-¿Definiciones cómo cuáles?

-De todo tipo. Los liberales de Vlado Mirosevic, por ejemplo, han sido sumamente claros para avanzar en sus definiciones y nadie los ha vetado por eso. El resto de las discusiones se tornan netamente procedimentales: que si fue o no abuso de género, que si hubo o no veto en el audio. ¿Cuál es la posición política de fondo? Ninguna. Silencio. Ahí es donde estamos mal. Antes eso se sustituía por el discurso moral y el discurso moral no basta como identidad política. Vamos al fondo, la crisis de representación política no se inició con la corrupción: se agravó con la corrupción, pero desde finales de los 90 que viene cayendo la participación en política, con voto obligatorio y voluntario.

-Frente a eso el FA tienen un diagnóstico muy crítico de la sociedad chilena, de desilusión, de desconfianza por abusos, por la desigualdad, ¿no es contundente?

-No, quiero insistir en la autocrítica. Ese diagnóstico es insuficiente y no es totalmente compartido. El divorcio entre política y sociedad parte antes, incluso es entre Estado y sociedad, fomentado por la ausencia de derechos, de protección, por políticas estatales que van a parar básicamente como subsidios a servicios que prestan privados, una especie de capitalismo de servicio público. Eso se agrava cuando además escuchamos corrupción.

"El discurso moral solamente parcha el aspecto de la corrupción y ahí cometemos un error. El problema del FA no es solamente apostar al público que se está bajando de la Concertación por la corrupción que existe, tiene que apostar a reconstruir el vínculo entre sociedad y política, avanzar a campo traviesa para ser capaz de refundar la política. El puro discurso moral se encierra solamente en la crítica a los excesos y eso es muy parcial, va más allá. Tiene razón la gente cuando dice 'ustedes criticaban moralmente esta situación y ahora mostraron que hacían lo mismo'".

-¿Cree que el FA no ha sido capaz de construir propuestas que le den consistencia a su acción política?

-Aquí falta diálogo intergeneracional, historicidad, que entren muchas perspectivas. No se trata de reconstruir una izquierda política del siglo XX ante una sociedad chilena que se ha transformado en muchísimos aspectos. El individuo actual de la sociedad chilena no se va a someter a viejas propuestas estatales de homogenización en nombre de la igualdad, sacrificando la libertad. Si la izquierda vuelve con eso está off side .

"¿Cómo comenzamos a reprocesar eso? Cuando se menciona la bandera de la libertad dentro de la izquierda todos salimos corriendo, no somos capaces de abordarla. Una libertad entendida como capacidad de deliberación política de una sociedad para articular su futuro, frente a una derecha que plantó una versión mercantil de la libertad. Nuestro problema es ensanchar la política, la democracia, la ciudadanía, reconstruir el vínculo entre política y sociedad. Como FA no podemos quedarnos encerrados en la disputa por el público que se está bajando de la Concertación. La crítica moral no pasa ese límite".

-¿Es parte del "excesivo conservadurismo de izquierda" del que usted ha escrito? ¿Fue víctima de eso Javiera Parada cuando bajaron su candidatura por conducir en estado de ebriedad?

-Es una discusión dentro de un partido del FA y soy respetuoso de las decisiones que toman otros grupos. Ahí se vuelve a tomar el tema del juicio moral como el juicio central y no sirve para disfrazar los vacíos, las faltas, los déficits de un proyecto político. Este es el gran tema para esta segunda etapa del FA.

-¿La municipal fue una primera alerta? Sharp salió elegido por los adultos mayores no por los jóvenes de Valparaíso.

-Si no resolvemos esto, podemos mover dos o tres carreras individuales y alguna más, pero el FA no va a pasar de un remedo de lo que se está cayendo, no se va a proyectar como una fuerza realmente innovadora para abrir un nuevo ciclo y replantear el modelo de desarrollo como queremos.

"La propia Beatriz Sánchez ha reclamado esto y con mucha razón, también ha pedido una institucionalidad. Eso lo instaló como presión Beatriz Sánchez después de las primarias. Ella ha aportado varios rasgos de madurez a la discusión".

"La omnipotencia puede traicionar"

-Estas tensiones son habituales en política, en todos los partidos,y la mayoría no escala a este punto. ¿Le picó el bichito del poder al FA? ¿El diputado Jackson efectivamente no quería una competencia que el 2013 tampoco tuvo?

-Este es un tema muchísimo más complejo que Giorgio Jackson, que Alberto Mayol, que yo o el que sea. Cualquier individuo puede intentar lo que quiera, otra cosa es que eso inhiba completamente la construcción de institucionalidad. Ahí sí estaríamos en problemas porque estaríamos hablando de caudillismo.

-¿Descarta personalismos, ecos del rápido ascenso de la dupla Jackson-Boric? Su partido, la Izquierda Autónoma, también se dividió el año pasado por una disputa similar.

-Estamos hablando de política, de candidatos, de personalidades fuertes. La política siempre va a tener algo de hoguera de vanidades, el problema es cuando se reduce a eso: pierde todo sentido. Estamos a tiempo de parar las cosas, pero en este rato es solo una comedia de personas, de apellidos que van y vienen. No puede ser.

-¿Qué cuenta electoral puede pasarles esta crisis?

-El FA existe por razones sustantivas, reales, vinculadas al proceso que ha ocurrido en la sociedad chilena y no va a desaparecer. Personas como Giorgio, Gabriel, son expresivos de ese proceso. El problema es que no basta para construir un proyecto político y ahí es donde quizás la omnipotencia puede traicionar, donde por juegos de carreras personales podemos terminar haciendo agua en una gran oportunidad histórica.

"Esto es una llamada de atención, una campanada. Mal lo haríamos ignorándola".

-Y los jóvenes, ¿qué conclusiones sacarán? Son un electorado que ustedes quieren pero que aún no conquistan: la participación en la primaria no fue la que esperaban.

-Las primarias fueron una foto aproximada por las dificultades que tuvieron, como los cambios de filiación desde los antiguos partidos, mesas que no se abrieron. Ahora, acepto que el problema está abierto y fundamentalmente con la juventud. El FA todavía no termina de hacer suya la función de agrupar, promover y representar nuevos intereses que hasta ahora no cabían en política. Solamente en la medida que hagamos eso vamos a tener la posibilidad de arrastrar a nuevos públicos a las confrontaciones electorales. No lo hemos hecho: estamos básicamente disputando los descontentos de la Concertación.

"Esto indudablemente va a tener efecto en los jóvenes, y en algunos de los sectores descontentos de la Concertación que estaban mirando con mucha esperanza esta situación".

"Nuestro problema es ensanchar la política. No podemos quedarnos encerrados en la disputa por el público que se está bajando de la Concertación".

"La política siempre va a tener algo de hoguera de vanidades, el problema es cuando se reduce a eso".

"Acabamos de dar un espectáculo de vieja política; jóvenes actuando una comedia vieja".

 "No vamos a construir un Frente Amplio ni una izquierda con puros francotiradores"

-¿Le pesa a este frente la heterogeneidad de los grupos que lo integran?

-No. El diputado Vlado Mirosevic podría ser el más divergente y es uno de los que más claro ha expresado su ideario y desde una perspectiva muy distinta a la del Partido Igualdad, por ejemplo. El problema no es el espacio; falta que muchos grupos clarifiquen sus tesis. Y si no tienen tesis que poner sobre la mesa, están jugando al póker por el póker, y eso le hace mal al FA.

-Otras coaliciones de izquierda han sufrido crisis parecidas. ¿Les cuesta más la construcción política colectiva?

-En los 60, el Mapu, Izquierda Cristiana, el MIR, traían una cultura política que les daba un vínculo muy fuerte con la sociedad. ¿A qué apela la generación de 2011 como herencia cultural en términos políticos? No hay un anclaje en experiencias políticas anteriores y lo que racionalizan como política posible es la carrera individual. El movimiento estudiantil no es suficiente, no es una militancia, está circunscrito a una realidad parcial de la sociedad donde convergen otros intereses más complejos. Marcha un millón de personas en "NO + AFP", ¿son todas de izquierda? No. En esa complejidad es donde la falta de historicidad empieza a pesar de una manera tremenda y vienen estas crisis.

"Con la educación explotan una serie de malestares mucho más complejos: aspiraciones de ascenso social, demandas de mérito, muchos problemas que no han terminado de ser procesados. Es muy distinto expresar un malestar que representarlo políticamente como proyecto de transformación del Estado y del modelo de desarrollo. Es el paso que tiene que dar el FA".

-Pero hicieron muchas conquistas. Además de llegar al Congreso y al Ministerio de Educación, pusieron la gratuidad como eje de este gobierno.

-En el propio tema de la gratuidad no hemos llegado al fondo de definiciones políticas, a responder el dilema de si implica reconstruir educación pública y ofrecer desde ahí un servicio gratuito, o un voucher que se consuma en instituciones privadas que sustituyen la oferta estatal. A las dos cosas les decimos gratuidad, pero son muy distintas. Lo escribimos con Gabriel Boric en 2013, entre la primera y segunda vuelta presidencial, y no hubo respuesta. Todavía no está resuelto dentro del propio FA. No hemos enfrentado esa discusión.

-¿Es consistente haber lanzado un proyecto político sin resolver diferencias de esa profundidad? ¿No es más bien repartir cuotas de poder?

-No, hay un montón de gente que está empujando la posibilidad de que esto abra un nuevo ciclo histórico, me cuento entre ellos. Esto es mucho más que personalismos. No vamos a construir un FA ni una izquierda con puros francotiradores, la política está colmada de eso. Las definiciones obligan a abanderizarse con causas y vamos a tener que bregar en esa dirección los que queremos construir un FA con una política sustantiva; de lo contrario vamos a terminar sumidos en una especie de Concertación boy scout . Para eso no estamos disponibles.

-¿Sigue pensando que este el mejor vehículo para refundar la izquierda chilena?

-Es lo que se abrió como situación, hay que meterse en las oportunidades históricas concretas que se dan. En esto tengo diferencias con muchos ideólogos de izquierda que miran esto con un criticismo muy facilista. La decadencia que tiene la política general también afecta de alguna manera al FA, no está en una situación impoluta. Lo que acaba de suceder lo está demostrando.



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Foto:HÉCTOR YÁÑEZ

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