hacia un Santiago de calidad mundial
Ciudades sanadoras

Miguel Laborde 

Nuestro embajador en China, Jorge Heine, dio una conferencia en el Foro de Ciudades Saludables, que organizó ese país en fecha reciente, tema prioritario en la gran nación asiática, que suma nuevos lugares cada mes. No quiere repetir los mismos errores de las urbes occidentales.

¿Por qué invitar a un chileno?

La razón es simple, como lo explicó en 2010 el comisario general de la Exposhanghai, Hua Jun Duo, cuando vino a Santiago en lugar de ir a conocer otras experiencias; para su economía, la realidad urbana de Suiza o Dinamarca no es muy útil. Nosotros somos más parecidos, nuestros errores les resultan más interesantes, somos un país de urbanización muy rápida y de recursos también limitados.

Como es de suponer, y de ahí la centralidad de la salud, no quieren encontrarse, en unas pocas décadas más, ante una serie de asentamientos de aire contaminado, ruidosos e invadidos de cemento, sin espacios para la actividad física y la recreación, con millones de ciudadanos demandando atención en los servicios de salud.

El modelo lo quieren resolver muy pronto, ya que hoy tienen un 55% de población urbana, y para un futuro próximo apuntan a llegar al 70%. Y no están disponibles para renunciar al desarrollo en ciudades, sabido ya que estas actúan como polos de crecimiento y productividad ahí donde llegan. China todavía está a tiempo de cultivar un modelo centrado en urbes de tamaño mediano, más manejables.

Se ha comprobado, explicó el embajador Heine, la relación directa de la salud con la forma de movernos en nuestra vida diaria. Los humanos no estamos diseñados para sentarnos todo el día frente a la pantalla de un computador; primero cazadores y recolectores, luego agricultores y aldeanos, siempre caminábamos. De hecho, agregó, hasta hace un siglo las ciudades se diseñaban para ser caminadas, y en un grado menor para carruajes tirados por caballos. Ahora, en ciudades adaptadas al automóvil, estamos pagando el precio del sedentarismo.

Santiago es un buen ejemplo -y de ahí el interés chino- de cómo una ciudad media puede crecer al grado de enfermarse, víctima de contaminación, congestión, ruidos excesivos y áreas verdes insuficientes.

El embajador describió luego las medidas impulsadas por el intendente Claudio Orrego para hacer de Santiago una ciudad más saludable.

Sus soluciones: apostar por desplazamientos peatonales o en bicicletas; calles que inciten a caminar, dotadas de parques y cientos de plazas de bolsillo (como la de calle Morandé 83 con sus mesas de picnic, estacionamientos de bicicletas y venta de alimentos), y la preferencia por la densidad media, más fácil de adaptar a los requisitos de una ciudad sostenible.

Toronto comenzó con el urbanismo saludable en 1984, al estudiar y promover entornos que facilitaran un estilo de vida más sano. De ahí siguió la Organización Mundial de la Salud, al darse cuenta de que el desarrollo sostenible pasa por el urbanismo, y hoy son cientos las ciudades enfocadas en ese horizonte, con ejemplos como Vancouver, Singapur, Vitoria, Perth, Copenhague y Melbourne, las que ya exhiben avances que se reflejan en resultados positivos para sus economías.

 


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