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Reafirmaron sus posturas tras el cambio de gabinete del jueves:
Quiénes son los que lideran la "operación legado" en La Moneda

Domingo 3 de septiembre de 2017

Ana Lya Uriarte, jefa de gabiente de la Presidenta, es la "ideóloga" de la política "del legado".Foto:HECTOR ARAVENA

La jefa de gabinete de la Presidenta, Ana Lya Uriarte; el ministro de Hacienda, Nicolás Eyzaguirre, y el subsecretario de Interior, Mahmud Aleuy son las figuras que hoy ostentan el poder en el Gobierno: cuentan con la confianza de la Mandataria y están alineados en defender a cualquier costo lo realizado en su gestión.
 


Mariela Herrera y Carlos Saldivia 

Desde marzo que en el segundo piso de La Moneda se instaló una idea que la Presidenta Michelle Bachelet no demoró en hacer suya: que las magras cifras económicas pueden cambiar a futuro, pero que cimentar el legado del Gobierno depende de las medidas que se tomen ahora; no hay mañana para esa tarea.

De hecho, sostienen en Palacio que entre diciembre y marzo del próximo año habría un repunte en el crecimiento económico y en las cifras de empleo. Sin embargo, concuerdan en que la percepción política que la ciudadanía tenga de la administración de la Mandataria, principalmente en los meses finales de su gobierno, será algo irreversible.

Máxima que esta semana se materializó en la crisis de gabinete que enfrentó la Jefa de Estado y que terminó con la inusual salida del Gobierno del equipo económico, liderado por el ex ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés. Junto con él, optaron por irse también su subsecretario, Alejandro Micco, y el titular de Economía, Luis Felipe Céspedes.

Valdés, fuera de la sintonía "del legado"

Si bien la salida de estas autoridades ha quedado ligada a la polémica generada por el rechazo del proyecto minero Dominga -y las declaraciones que le sucedieron sobre crecimiento versus medio ambiente-, desde La Moneda aseguran que el tema es más profundo y va más allá de la coyuntura.

Que responde a un "estado de ánimo" que impera desde hace meses en la sede de Gobierno: cómo ir dejando establecido el legado de Bachelet II. En esa labor es que ha estado centrada la jefa de gabinete de la Presidenta, Ana Lya Uriarte, y el jefe de contenidos del segundo piso, Pedro Güell.

Desde sus oficinas, por ejemplo, salieron las directrices para las declaraciones que la Presidenta se encargó de remarcar durante la semana. Y más llamó la atención que solo una hora antes del cambio de gabinete, las reiterara, cuando ya Valdés le había comunicado que no seguiría formado parte del Gobierno.

Fue en la actividad que sostuvo con beneficiarios del "aguinaldo de fiestas patrias" en el barrio Yungay, el jueves, donde señaló: "No concibo un desarrollo a espaldas de las personas, donde solo importen los números". Y agregó: "Sé que toda la gente es esforzada, pero no basta con el esfuerzo personal, porque a veces la vida ha sido dura para las personas (...). Por eso que nosotros creemos que el puro esfuerzo personal no es suficiente, que el Estado tiene que apoyar a quienes más lo requieren".

Desde La Moneda aseguran que en esas palabras se reconocían "güellismos" donde no solo se remarcó la diferencia con los hombres de las finanzas que estaban a punto de dejar sus cargos, sino que también era un mensaje hacia el entorno de la candidatura de la carta de Chile Vamos, el ex Presidente Sebastián Piñera, que centra su discurso -sostienen- en el crecimiento, el esfuerzo de las personas y en la igualdad de oportunidades.

Así, con Dominga solo se habría terminado de "dinamitar la falta de diálogo político" entre Bachelet y Valdés. Una relación que ya presentaba grietas tras la reforma laboral y la de pensiones. Dos proyectos que tensionaron los ánimos, pues en ambos el ex jefe de las finanzas intentó buscar consensos con otros sectores más allá de la Nueva Mayoría y les "puso números" que no siempre agradaron a la Mandataria, como cuando se publicó un informe de Hacienda donde se advertía que la reforma de pensiones podía impactar "entre 2.200 y 394.000 empleos".

En la ocasión, la Mandataria dijo desconocer tal informe y cuestionó su seriedad.

Con ese episodio, a mediados de agosto, el entorno de Bachelet terminó por concluir que el ex jefe de las finazas "no estaba en la sintonía del legado".

Intentos por defender y "exportar" la obra

La Presidenta se ha encargado, prácticamente, de completar el check list de su programa de Gobierno. Sin importar si serán votados en el Congreso bajo su administración, si se llega a acuerdo con la propia coalición, o si están los recursos para ejecutarlos, está impulsando todas sus promesas. Reforma tributaria, fin del binominal, gratuidad en educación universitaria para los sectores más vulnerables, desmunicipalización de educación escolar, despenalización del aborto en tres causales, matrimonio homosexual, reforma constitucional y las ya nombradas reformas laboral y de pensiones.

Aunque en gran parte de estos cambios existen críticas desde la Nueva Mayoría por cómo se han implementado, eso no hace mella en el estado de ánimo de la Mandataria y de su círculo cercano.

Una muestra de esto es un discurso que realizó Bachelet el viernes al inaugurar el seminario internacional "Los nuevos retos de la cohesión social en Iberoamérica". En la ocasión -un escenario internacional que siempre le acomoda- detalló los "cambios estructurales" que ha llevado a cabo con el horizonte de "construir una sociedad que garantice derechos sociales, donde la sola condición de ciudadano sea el requisito de inclusión". Y agregó: "Ponemos a disposición de la región nuestra experiencia y nuestros aprendizajes, con sus aciertos y sus tropiezos".

La estraegia de optar por el legado incluye la decisión política que se tomó en el ministerio secretaría general de Gobierno, liderado por Paula Narváez, que consiste en "responderle" al ex Presidente Piñera "cada vez que critique la obra del Gobierno", explican desde el Ejecutivo. "Tiene tejado de vidrio", "no está a la altura de un estadista", "que no pierda la compostura", son algunas de las frases que la vocera le ha dedicado públicamente al ex Mandatario cuando este se ha referido a algún aspecto del gobierno de Bachelet.

Los costos de la estrategia

Pero en La Moneda hay quienes ven con preocupación la estrategia "del legado por el legado".

"Este período es más bonito leerlo que vivirlo", es un frase que se ha escuchado en el último tiempo en algunos pasillos de Palacio. Principalmente, de la boca de quienes no comparten la idea de sacar adelante "como sea" el programa.

Ello, advierten, por los costo políticos que ya se están pagando: la nula relación con los partidos políticos oficialistas y, lo que consideran más grave, el fin de la coalición de Gobierno. Porque aunque las colectividades tienen sus propias responsabilidades, creen que desde La Moneda no se ejerció liderazgo para mantener la unidad de la Nueva Mayoría.

Un ejemplo sobre la frágil relación con las colectividades fue el cambio de gabinete del jueves. El presidente del PPD, Gonzalo Navarrete, no había sido informado de la modificación ni de la renuncia de Valdés. De hecho, junto a uno de sus asesores analizaban que efectuar este ajuste a seis meses del final del Gobierno no era adecuado. Y solo horas antes del mediodía del jueves el senador Guido Girardi tuvo la información de la reingeniería que se realizaría.

En la DC, en tanto, el día anterior al cambio, la candidata presidencial, Carolina Goic, y el presidente interino, Matías Walker, le entregaron su respaldo al equipo económico. Y en la mañana del jueves, el diputado por Coquimbo calificaba de "desastre" la eventual salida de los ministros de Hacienda y de Economía.

Quienes critican esta postura sostienen que la Mandataria hoy se está moviendo en demasía "en el marco teórico" y los "teóricos" precisamente son sus asesores del segundo piso. Es a ellos, dicen, a quienes la Presidenta considera su "verdadero equipo" más dos figuras de su gabinete. No más.

Es esto lo que explica quiénes son hoy los que ostentan mayor poder en La Moneda.

Alianza política entre Uriarte y Aleuy

La jefa de gabinete de la Presidenta Bachelet es una de las principales impulsoras de la "política del legado". Desde el segundo piso, Ana Lya Uriarte, concentra una influencia que otrora podía ostentar un ministro. Junto con ser la persona que más escucha la Mandataria, Uriarte mantiene una buena relación con uno de los protagonistas del "caso Dominga": el ministro de Medio Ambiente, Marcelo Mena (ver recuadro).

La abogada ha establecido una alianza política con el subsecretario de Interior, Mahmud Aleuy (ambos socialistas de la tendencia Nueva Izquierda).

Los dos se encargaron de frenar el regreso a La Moneda del "fantasma de Caval" cuando se generó la polémica por los préstamos de los bancos a las candidaturas presidenciales. En concreto, cuando el abanderado presidencial Alejandro Guillier planteó que La Moneda interviniera en lo que acusó un "bloqueo" de los bancos (del Estado y privados) para el financiamiento de las candidaturas. De inmediato Aleuy salió a finiquitar el tema: "La Constitución es muy precisa (...) los parlamentarios no pueden tener contratos con organismos del Estado (...). Cómo vamos a mandar una ley para obligar a la banca a prestar recursos", apuntó.

También estuvo a cargo de "corregir" públicamente al ex subsecretario de Hacienda, Alejandro Micco cuando se alineó con el ex titular de Economía, Luis Felipe Céspedes, quien se abstuvo de votar en el comité de ministros por el caso de la minera. "Si a alguien no le gusta una decisión de un organismo regular del Estado y es funcionario público, no puede andar haciendo comentarios sobre eso. No corresponde", dijo.

En las dos ocasiones Aleuy -que ostentaba el cargo de ministro de Interior subrogante- actuó coordinado con Uriarte. Y en La Moneda ya se instaló la percepción de que actúa como el verdadero "jefe político" del Gobierno, incluso con un mayor margen operativo que el titular de Interior, Mario Fernández.

Eyzaguirre deja de ser el ministro de Hacienda "en el exilio"

Si Aleuy y Uriarte tienen poder por estar en plena sintonía con Bachelet, el tercer personaje de peso en el Gobierno, el ministro Nicolás Eyzaguirre (PPD), lo posee por su amistad de años con la Mandataria.

En La Moneda aseguran que su amistad y el estar físicamente a escasos metros de la Presidenta en Palacio, le daban a Eyzaguirre una gran capacidad de influencia en las decisiones de la Presidenta.

Además, operaba como "ministro de Hacienda en el exilio". Y si bien es de una línea similar a la del renunciado Valdés, el ex ministro secretario general de la Presidencia sí es de su confianza.

A él le entregó primero el Ministerio de Educación, donde debía sacar la "reforma estrella" del gobierno. Y pese a lo controvertido de su gestión allí, luego Bachelet decidió llevarlo a La Moneda donde llegó como titular de la Segpres. Allí fue uno de sus principales "orejeros".

En la actual reingeniería no contuvo la salida de Valdés, pero sí "instaló" a dos de sus "recomendados": fue Eyzaguirre quien propuso a Jorge Rodríguez Grossi para Economía (ambos hicieron dupla en el gobierno de Ricardo Lagos), y a Gabriel De La Fuente como su sucesor en la Segpres, quien hasta el jueves era su subsecretario en la cartera.

El próximo 8 de marzo, la Presidenta Bachelet debe designar a un nuevo comandante en jefe del Ejército, ya que el general Humberto Oviedo termina sus cuatro años en el cargo. Una de las opciones de que evalúa el Gobierno es aplicar el denominado Decreto con Fuerza de Ley N°1 de 2007, conocido en las filas como ex Ley Canessa, para prorrogar unos meses la carrera militar del segundo de la institución, el Jefe de Estado Mayor, Ricardo Martínez, quien sería uno de los principales candidatos del oficialismo para el reemplazo