Transporte público de los años 40:
Los tranvías podrían volver a las calles de Santiago

Rescatados del olvido, dos carros dan vida al proyecto Tranvía Histórico, que busca dejar a ambos rodando entre los barrios Yungay y Brasil. La iniciativa la lideran un arquitecto y un abogado, que para diciembre se comprometen a que por lo menos uno de ellos, en proceso de reconstrucción y restauración, se pueda visitar en el Museo Ferroviario de la Quinta Normal.  

Richard García 

"Uno sabía que venía el tranvía, por el fuerte ruido que hacía; tenía como un ritmo", recuerda la profesora jubilada María Elsa Ramos, quien en los años 40 vivía junto a la línea que pasaba por calle Echaurren, en el barrio República. "Los carros eran amarillos y en algunas ocasiones venían hasta dos juntos. Tenían conductor, los que a veces eran mujeres", cuenta, rememorando la época dorada de este medio de transporte.

Reconoce que "no andaban muy rápido y además se veían un poco desgastados".

Más o menos una década después, el servicio fue descontinuado en favor de sistemas más rápidos, como el trolebús y los buses Mitsubishi.

Una par de los más de 500 carros que circularon en Santiago terminaron como casas de playa en el litoral central. Fue allí donde, 45 años después, los encontraron el abogado Santiago Vera y el arquitecto Daniel Ahumada, quienes lideran el proyecto Tranvía Histórico de Santiago, que busca traerlos de vuelta a la circulación.

"Hasta ahora ha sido un trabajo casi a pulso y con pequeños recursos aportados por el Fondart y el Consejo Nacional de la Cultura", cuenta Vera.

Así lograron, en 2008, adquirir uno de los dos carros, el Brill 757 (tipo 700, "7 ventanas"), fabricado por la J.G. Brill Company de Philadelphia. Lo desarmaron, digitalizaron y analizaron en detalle, para luego comenzar a reconstruirlos en terrenos del Museo Ferroviario de la Quinta Normal. El avance ha sido lento, por falta de información sobre su estado inicial.

Pero el proceso se aceleró el año pasado, cuando el segundo tranvía, el Brill 782, que no habían logrado comprar, les fue donado tras la muerte de su dueña original. "El nuevo propietario se dio cuenta de que tenía un carro que pesaba siete toneladas y que no le interesaba conservar. Alguien le pasó el dato de que nosotros habíamos comprado uno parecido, y de repente recibimos un llamado en que nos dijeron: 'tengo un tranvía en mi casa, ¿les interesa llevárselo?'", recuerda Ahumada.

El primer paso fue conseguir una grúa para sacarlo de ahí. El espectacular proceso quedó documentado en YouTube. Fue el motor que faltaba para impulsar definitivamente la iniciativa, reconocen. Como está un poco mejor conservado, les ha servido como modelo para reconstruir el otro carro que mantienen en el Museo Ferroviario. "Ha sido el banco de información más grande que tenemos", dice Ahumada.

Ahora han ido más rápido. En su sitio web (www.institutoferroviario.cl) hay nuevos videos del semanal en el techo, los pisos, las ventanas y otros detalles.

Cuando las piezas originales han estado muy dañadas, las han reemplazado por otras semejantes del mismo material.

Su meta inicial es que en diciembre la gente pueda subirse al primer carro restaurado para conocerlo por dentro, ver una exposición y un video documental. Todavía falta reconstruir la parte frontal y trasera, pero, según informa el maestro soldador Raimundo Olivares, será cosa de semanas, ya que solo hay que replicar piezas. "No cambiaré el parachoques original, porque todavía se mantiene bastante decente, y así se respeta algo de su originalidad".

Lo más difícil será ponerlo a rodar nuevamente, pero no imposible. En Lima, por ejemplo, un tranvía en peores condiciones fue recuperado, y hoy es un atractivo turístico en el sector de Barranco.

Su apuesta es habilitar los dos carros e instalar un circuito entre los barrios Yungay y Brasil, que incluso podría atravesar la Alameda hacia el sur, alcanzando los barrios República y Universitario. Quieren que el punto de partida y terminal sea el mismo Museo Ferroviario de la Quinta Normal.

"Muchas vías todavía están intactas, y solo falta completar algunos tramos que se levantaron, por ejemplo, por la construcción de la línea 1 del metro", argumenta Vera.

El camino ha sido largo, pero paciencia no les falta; incluso han debido costear de su bolsillo gran parte de la restauración.

Aspiran a convencer a las autoridades de la Municipalidad de Santiago, con quienes ya se han reunido, y también quieren atraer al sector privado. "Si conseguimos todos los recursos, en un año los podríamos tener circulando, pero a pulso. Así como hemos avanzado hasta ahora, estimo que nos demoraremos cinco años más", dice Vera. Y promete que no pararán, hasta conseguir su objetivo.

"Desaparecieron porque eran considerados algo del pasado. La mentalidad entonces era diferente; no se valoraba mucho el patrimonio".
SANTIAGO VERA,
ABOGADO Y DIRECTOR DEL PROYECTO TRANVÍA HISTÓRICO.

 Más de un siglo

Los primeros tranvías circularon en Santiago en 1858. Eran conocidos como carros de sangre, porque los arrastraban caballos. El primer servicio eléctrico, que comenzó a funcionar en 1900, empleaba coches alemanes, pero tras la Primera Guerra Mundial fueron reemplazados por tranvías de Estados Unidos. La red alcanzó a cubrir gran parte de las calles del centro y algunas vías se prolongaban hacia Providencia, Independencia, Recoleta, San Bernardo. La competencia con vehículos más rápidos, como los trolebuses y los buses, llevó a la Empresa de Transportes Colectivos del Estado a poner término a sus servicios en las calles céntricas en 1959, y solo se mantuvo un trazado particular al sector poniente de la ciudad, que partía en Matucana con San Pablo y que se conoció con el nombre de Ferrocarril del Oeste. Duró hasta principios de los años 70.



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