Seis días de crímenes y castigo:
Autor de los 8 minutos de terror de universitario y otras familias de La Dehesa fue condenado a 12 años

Irrumpió en dos casas, una de Santa María de Manquehue y otra de La Dehesa, y violentó a sus moradores. Formó parte de una cadena de cinco delitos en seis días.  

Lilian Olivares 

Todo comenzó el domingo 29 de mayo del año pasado, con una cadena de hechos violentos en el sector oriente de Santiago.

Llovió y lloviznó por esos días.

La lluvia terminó siendo decisiva para todo lo que estaba por pasar.

Eran las 00:05 horas cuando José Tomás Arriagada Barceló subía por Santa Teresita, en la comuna de Lo Barnechea. Al llegar a Los Trapenses con Valle Cordillera, un auto negro se estacionó a su lado.

Dos hombres lo amenazaron con un arma y lo obligaron a bajarse de su Subaru gris oscuro, modelo XV. Lo dejaron en shock y a pie.

Ese mismo día, a las 21:45, Raúl Matte Fuentes vio aparecer en la intimidad de su hogar en Santa María de Manquehue a dos desconocidos que lo amenazaron, uno con un arma de fuego y otro con un gran destornillador. Matte no estaba solo. Se encontraba con su familia. Pero primero lo llevaron al hall de su casa, lo patearon, le quebraron un par de costillas, lo amarraron y lo empujaron al suelo. Luego trajeron a la escena a sus hijos, que estaban en sus dormitorios, y a la nana. Pero ya no eran dos los malos, sino que habían aparecido otros tres, y uno se quedó vigilándolos mientras los demás buscaban objetos de valor.

Como parte del botín se llevaron el Audi blanco modelo Q5 del asaltado. Las cámaras de seguridad de la unidad vecinal registraron la huida de los ladrones: andaban en un Subaru gris, mismo modelo, misma patente del que le arrebataron a Arriagada.

Cuatro días después, el jueves 2 de junio, a las 00:05 horas, y nuevamente en Lo Barnechea, Felipe De Vidts Sabelle vio irrumpir en su dormitorio a un encapuchado que le dijo "esto es un asalto". Se sumaron otros tres extraños con rostros cubiertos que preguntaban por la caja fuerte, las joyas y si había armas. Lo amarraron de pies y manos, llevaron a la nana a la habitación, y también la inmovilizaron, mientras registraban la casa. Partieron con lo robado, incluyendo el auto del dueño de casa: un Suzuki gris modelo Kizashi.

No serían los únicos.

El viernes 3 de junio, a eso de las tres y media de la tarde, seis encapuchados ingresaron a un local de Entel en la avenida El Rodeo (otra vez en Lo Barnechea) y robaron 184 celulares. Se movilizaban en... un Audi Q5 blanco (el de Matte) y un Suzuki Kizashi gris (el de De Vidts).

Quince minutos después, el estudiante de Derecho de la Universidad de los Andes Claudio Salinas Morales se topó con esos autos en la Costanera Norte. Claudio viajaba desde la Universidad hacia Buin, donde vive. Lloviznaba. Iba en su jeep negro modelo Grand Cherokee. Había cruzado el puente Lo Curro, en dirección al poniente, cuando lo adelantaron a unos 180 km/h. Poco más allá encontró a uno de los vehículos, un Suzuki plomo, girado en trompo, sin gente al volante. Divisó a dos personas corriendo hacia la bomba de bencina de la vía y se acercó a darles auxilio. Se acercó a ellos, bajó la ventanilla y les dijo: "¿Necesitan ayuda?". Sí, le contestaron; "por favor llévanos a la Copec". Sacó el seguro de las puertas, y al subirse le dijeron: "¡Bájate, te vamos a matar!".

El universitario, que ni siquiera cuando era niño participó en una pelea, esta vez se defendió de su agresor que le pegaba con la culata de la pistola para que se bajara, mientras el que se había subido atrás se bajó y le abrió la puerta. El que estaba en el asiento del copiloto se abalanzó y le puso el pie en el freno. Quedaron en el medio de tres pistas. "¡Viene la policía!", exclamó Claudio, para ahuyentarlo. El que iba sentado a su lado le dijo al que desde afuera le apuntaba: "Mátalo".

El que estaba afuera sacó una pistola, y se escuchó un ruido largo. Algo así como ¡Tatatatatá! No sintió dolor. Le tomó la pistola y se la lanzó lejos, por la autopista. Al tirársela, él corrió a buscarla y quedó solamente con el que estaba en el asiento del copiloto. "Fue mi minuto de mayor presión. Pedí ayuda a Dios, le pegué un codazo con toda mi fuerza y se le cayó la pistola", contó a este diario después del asalto.

En ese momento pasó una camioneta blanca Chevrolet, que manejaba Cristóbal Delgado Zúñiga. Disminuyó la velocidad y los asaltantes de Claudio aprovecharon el momento para intimidarlo con sus armas y subirse al pick up, para escapar. Al llegar a la salida Los Conquistadores obligaron a parar al conductor, se bajaron y desaparecieron.

Ahí, en medio de la llovizna, se cortó esta cadena de crímenes. La Fiscalía Oriente comenzó una investigación que tuvo momentos claves y que dejó al descubierto la dificultad de la prueba ante los jueces, la necesidad de que las víctimas denuncien y no cesen en la búsqueda de justicia, así como la forma en que se organizan las bandas para cometer estos violentos delitos.

El miércoles de esta semana, después de un año y cuatro meses, la justicia condenó a Sebastián Juleff Labarca (33) a 12 años de presidio no excarcelable. Era el cabecilla de la organización. Tenía antecedentes por receptación de especies robadas, robo y porte ilegal de armas. Su especialidad era "el negocio de los autos".

33 años
Tiene Sebastián Juleff, cabecilla de una organización delictual.

''Fue mi minuto de mayor presión. Pedí ayuda a Dios, le pegué un codazo con toda mi fuerza y se le cayó la pistola". CLAUDIO SALINAS MORALES Estudiante atacado

 


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El estudiante de Derecho de la Universidad de los Andes Claudio Salinas Morales terminó con un disparo en su pierna luego del ataque. La imagen corresponde a junio del año pasado.
El estudiante de Derecho de la Universidad de los Andes Claudio Salinas Morales terminó con un disparo en su pierna luego del ataque. La imagen corresponde a junio del año pasado.
Foto:ESTEBAN FUENTES


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