"A ser agente de artistas no se aprende en un máster universitario"

Alessandro Ariosi, representante de artistas clásicos como Sonya Yoncheva y Leo Nucci, dice que el suyo es un trabajo que exige un conocimiento adquirido durante la vida completa y su presencia constante en los teatros donde sus artistas actúan.  

Juan Antonio Muñoz H. 

Abordar la relación entre agentes y artistas es un punto difícil. Se entiende poco cuál es la labor de los primeros y es común escuchar acerca de los problemas que se suscitan entre unos y otros. Alessandro Ariosi sabe de lo que habla: es el líder de Ariosi Managment, una agencia que reúne a personalidades como Leo Nucci, Dmitri Hvorostovsky, Marcelo Álvarez, Celso Albelo y la soprano Sonya Yoncheva, entre muchos otros.

"La relación entre las partes no es difícil", dice. "El término adecuado es 'desafiante'. Se necesita mucha energía y, a veces, capacidad desencantada de juicio, especialmente para elegir el repertorio más adecuado".

-¿Qué abunda y qué escasea entre los cantantes líricos de hoy?

"Hay hermosas voces entre los jóvenes y los muy jóvenes. Aquello que escasea, y que es la causa de lo efímeras que son muchas carreras, es el espíritu de sacrificio y el deseo de estudiar por amor de su profesión. La estética de la apariencia no puede reemplazar la construcción gradual y sólida de una carrera duradera y de alto nivel".

-¿Cuesta proponer a un gran teatro un nuevo artista?

"No, si tienes una credibilidad construida. Pero al teatro se propone, no se impone: el director de casting y los directores artísticos quieren ver los hechos, y es el cantante el que debe mostrarse a la altura de la palabra 'artista' y recibir la aprobación del teatro, y luego del público, cada noche".

-¿Los teatros usualmente piden cosas que los cantantes aún no están preparados para hacer?

"Mi mayor fortuna, hablando de trabajo, es que me apasiona la ópera desde edad muy temprana, con la ventaja de haber nacido a la sombra de la Scala. Eso es algo que no todos tienen. Ocurre que esto no lo aprendes en un máster universitario. A veces me encuentro con 'propuestas de negocio' de algunos teatros, que olvidan que el artista podría salir con los huesos rotos por determinadas operaciones. Aquí está la verdadera mediación del agente... ¡lidiar con el cachet no es nada es comparación!".

-¿Y las conversaciones económicas?

"Los grandes artistas, más o menos jóvenes, conocen perfectamente el mercado y saben bien que el pan se gana con sudor. Los muy jóvenes de vez en cuando pueden confundirse y, tomados por el entusiasmo, pensar -por unos instantes, porque yo los hago poner los pies en la tierra rápidamente- ser como jugadores de fútbol o ciertos fenómenos del pop".

-¿Cómo elige a sus artistas?

"Con mi esposa, reordenando carteles antiguos y empolvados, bromeábamos sobre esto. '¿Habrías dicho entonces que un día estarías trabajando para (Leo) Nucci o para (Plácido) Domingo? Increíble, ¿verdad? La elección siempre es recíproca, pero en el caso de los artistas que ya están en carrera, generalmente dejo que ellos den el primer paso; es importante para mí que me busquen. ¡La elección sagrada es la de un agente!".

"Aparte de las bromas, debe haber una sensación biunívoca: estamos en el mismo barco y tenemos que coordinar en el timón, de lo contrario el barco colapsará. A veces encuentro jóvenes a los que escucho y les digo. 'Probemos, pero tienes que mejorar y estudiar'. Luego, hay casos divertidos de cantantes que escucho por primera vez, tal vez no tan niños, ¡y quedo aturdido!".

-¿Algún ejemplo?

"El más llamativo me ocurrió con la soprano Anna Pirozzi... Cuando la oímos con mi esposa por primera vez no teníamos palabras y nos preguntábamos, ¿pero dónde estaba hasta ahora? Lo mismo con el tenor Celso Albelo... Ambos éramos jóvenes entonces. Recuerdo que estaba con Leo Nucci y nos bastó una mirada para entendernos. Así fue también con Simone Piazzola, que me había sido señalado por Renato Bruson y Leo Nucci. Luego, hay cantantes que he podido escuchar por primera vez gracias al concurso Operalia, de Plácido Domingo, como Sonya Yoncheva en 2010 en La Scala, que poco después comenzó una de las más importantes carreras de hoy, y del joven barítono mongol Enkhbat Amartuvshin. Un caso único fue el de Roberto Tagliavini, a quien literalmente he obligado a trabajar conmigo (cómplice con su padre y un amigo cercano) porque sentí que tenía un talento increíble".

-¿Cómo definiría el trabajo de un agente?

"Fascinante y también agotador. Es un trabajo peligroso para la salud. Los que recién me conocen piensan que es una fortuna estar en una semana en cuatro o cinco ciudades. Y hay que estar allí, en ese teatro, en esa función, en esa reunión, en esa cena, porque las ideas nacen del vivo y los problemas se resuelven escuchando las funciones. Todo esto absorbe tiempo de la vida privada porque es un ciclo interminable y que no pocas veces pone a prueba los nervios".

-¿Tiene contactos con los fans de los artistas?

"Sí, muy a menudo, y también se crean buenos amigos porque algunos siguen a sus ídolos por todo el mundo. Los grandes artistas siempre dedican tiempo a sus admiradores y yo estoy allí para dirigir el tráfico y conversar con ellos".

¿Lo más difícil?"No engordar. Estoy hablando en serio. Después de una función hay que comer algo y si uno se encuentra en Italia o en España lo único que se desea es poner las piernas debajo de la mesa y comer algo bueno. Resultado final: ¡nunca seré modelo de Armani!". 


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