Un chileno y un argentino logran que todos puedan comprender a Einstein

Andrés Gomberoff y José Edelstein llegan a librerías con "Einstein para perplejos", volumen que se adentra en los más grandes hallazgos del físico alemán, con la intención de que "todos puedan disfrutar de una de las más grandes y hermosas catedrales del intelecto humano".  

Sebastián Cerda. 

Su cabellera indómita y su bigote infaltable se han transformado en verdadero ícono pop. Su rostro puede verse en afiches, en las obras de decenas de artistas y en camisetas que calzan anónimos transeúntes. Incluso marcas de la más diversa índole acuden cada tanto a su imagen para incluirla en avisos.

Es innegable el atractivo transversal que genera la figura de Albert Einstein, físico alemán que se ha transformado en sinónimo de inteligencia, sabiduría y genialidad. Prácticamente todos saben de su relevancia, y muchos están al tanto de teorías como la de la relatividad, aunque sea para efectos de trivias y puzzles.

Algo que para el físico Andrés Gomberoff, académico de la Universidad Adolfo Ibáñez y miembro del Centro de Estudios Científicos, tiene una doble faz: "Es algo muy raro. Incluso en programas de televisión aparecen conductores con esa misma facha, como vendiéndote un misterio profundo. A mí no me parece que eso sea atractivo. Siempre he tratado de luchar contra la imagen del científico raro, porque lo miras y puedes decir 'este señor es muy inteligente, pero no quiero ser como él'. Lo aleja de la gente. Que Einstein haya sido destartalado es lo de menos. Lo más importante es lo que había en su cabeza".

En parte por eso decidió profundizar en la figura y la obra del alemán, un personaje que además de generarle fascinación, se le hace presente día a día, tanto en sus labores académicas como en sus propios estudios en el ámbito de la gravitación y los agujeros negros.

En ese afán, Gomberoff se alió con un viejo conocido, el profesor de la Universidad de Santiago Compostela José Edelstein, con quien no solo comparte una amistad de años, sino además una aproximación científica y un recorrido como autores de libros en que física, vida cotidiana y cultura pop se mezclan para acercar la ciencia a todo tipo de lectores.

Ese mismo objetivo es el que ahora está tras "Einstein para perplejos" (Debate, $12.000), libro que ya está en las estanterías y que se adentra en la vida y obra del genio alemán, incluyendo la aproximación a sus más resonantes hallazgos. Así, teorías sobre luz, moléculas, masa, espacio, tiempo y, por cierto, relatividad, pueden tomar la didáctica forma de un relato.

Un extracto de lo mejor

"Einstein está muy cercano a nuestro corazón, porque tiene una historia común a nosotros. Él fue un judío europeo que arrancó a América en la guerra, de forma similar a nuestros propios abuelos europeos", cuenta Gomberoff.

Sin embargo, el vínculo científico que tanto él como Edelstein mantienen con la obra del alemán, es el que prima a la hora de levantar este libro, y en ese ámbito, las palabras parecen quedar cortas para el académico local.

"Es de una profundidad, una belleza... Einstein abarcaba una enorme cantidad de ámbitos. Inventó los fotones, la partícula de luz, incluso inventó un refrigerador. Fue el primero en darse cuenta de que la existencia de los átomos era algo incontestable. Y la relatividad general hoy es uno de los dos Taj Mahales en la física. Nos mostró cómo el universo evoluciona, y sus postulados dieron pie a cuestiones súper prácticas que utilizamos, como el GPS. Estuvo metido en todo. Einstein es un extracto de lo mejor del siglo XX", sentencia.

Por lo mismo, el libro sobrepasa lo puramente científico, para adentrarse también en los contextos que rodearon al alemán. Por ejemplo, que sus inicios se dieron por fuera de la comunidad académica, desde el segundo plano al que lo resignaba un trabajo como asesor técnico en la Oficina Federal para la Propiedad Intelectual de Berna.

Pero incluso en esos días nunca claudicó en sus afanes, y con apenas 26 años publicó al hilo cuatro trabajos que a la postre constituirían verdaderos monumentos científicos. El primero de ellos, y no la Teoría de la Relatividad, le valió el Premio Nobel en 1921. Su título fue "Sobre un punto de vista heurístico concerniente a la producción y transformación de la luz".

Sin embargo, Edelstein y Gomberoff creen que hasta ese reconocimiento resulta mezquino. "Cada uno de ellos significó una revolución científica de tal calado que la única consecuencia razonable habría sido la concesión de cuatro premios Nobel", afirman en el libro.

No los recibió directamente, pero los autores sí creen que otros galardones entregados en años posteriores merecen al menos un crédito compartido con Einstein. Es el caso del francés Jean Baptiste Perrin, quien recibió el premio de la Academia Sueca en 1926 por su trabajo sobre la estructura discontinua de la materia, que no fue otra cosa que la comprobación experimental de los cálculos que el alemán publicó en julio de 1905, acerca del movimiento de las moléculas de líquido en función de la temperatura.

 


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Hablar de Einstein es hablar de la humanidad que hay en la ciencia, idioma universal de nuestra especie. Es también pensar en cuestiones tan dispares como los derechos humanos, los dilemas morales, las capacidades creativas del cerebro, el valor de la derrota, los celos profesionales, y hasta las dificultades de la vida conyugal, dicen Andrés Gomberoff y José Edelstein en el prefacio de su libro.
"Hablar de Einstein es hablar de la humanidad que hay en la ciencia, idioma universal de nuestra especie. Es también pensar en cuestiones tan dispares como los derechos humanos, los dilemas morales, las capacidades creativas del cerebro, el valor de la derrota, los celos profesionales, y hasta las dificultades de la vida conyugal", dicen Andrés Gomberoff y José Edelstein en el prefacio de su libro.


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