UNIVERSIDAD DE TALCA | Presenta reveladora publicación
"A todo arte": libro rescata obra crítica de Waldemar Sommer

Más de 90 columnas clave del crítico, publicadas desde los años 70 hasta hoy, junto a inéditas conversaciones con la periodista de "Artes y Letras" Cecilia Valdés, autora del libro, integran esta obra que da cuenta de una significativa parte de nuestra historia del arte reciente. La publicación, con más 100 imágenes, se presenta este miércoles en el Centro Cultural de Las Condes. Adelantamos extractos del diálogo sobre los desconocidos inicios de Sommer, su mirada de los grandes maestros, sus descubrimientos, opiniones sobre artistas nacionales y del exterior. Y más.  

Cecilia Valdés Urrutia 

Una travesía a Europa, en tiempos sombríos, en la pos Segunda Guerra Mundial, en 1955, fue decisiva para que Waldemar Sommer -recién recibido de agrónomo- optara, definitivamente, por las artes visuales. Se enfrentó en los museos del Viejo Mundo con las creaciones culminantes de los llamados grandes maestros, y con piezas de la historia clásica, que instalarían los cimientos de su mirada estética contemporánea.

REMBRANDT Y EL CARAVAGGIO

-Un maestro notable del barroco, polémico y perturbador, fue Caravaggio. Un agudo observador de la realidad que se adelantó a su tiempo: pintaba incluso vírgenes y santos inspirándose en delincuentes y prostitutas.

"Él se puede considerar el padre del realismo del siglo XVII. En sus cuadros demuestra una fidelidad admirable a la realidad del momento. Sabe sintetizar muy bien y destaca prioridades formales. Y toma, en efecto, como fuente al pueblo más vulgar, aunque se trate de una pintura estrictamente religiosa. Así llegó a recurrir a una conocida prostituta como modelo. Esa extraordinaria capacidad de retratar lo real lo lleva, incluso, a observar que en una naturaleza muerta -en unas hojas de fruta- se pueda percibir una peste que él mismo sufría. Pero su aporte principal es el empleo de un claroscuro muy contrastado o tenebrismo. Su enorme influencia marcó todo el siglo XVII; desde Velázquez hasta Rembrandt se beneficiaron de él y sus ecos los recogió la pintura cusqueña del siglo XVIII. Con Caravaggio, el claroscuro inyectó un especial dramatismo en el cuadro para destacar a los personajes principales y establecer las distintas categorías plásticas".

-Otro gran barroco, maestro del claroscuro, es Rembrandt. ¿En qué detiene más su mirada?

"En cómo el personaje evoluciona anímicamente en relación con el medio que lo rodea y sus circunstancias de vida. Se aprecia en sus autorretratos, los que en sus inicios están rodeados de éxito pero que van a desembocar en una larga historia de fracasos. Su gran riqueza pictórica es cómo soluciona el claroscuro por medio de la línea. Su numerosa serie de autorretratos -no se conoce un caso semejante- muestra la evolución cronológica no solo del pintor, sino de toda la condición humana, con sus sentimientos, anhelos, esperanzas, alegrías, éxitos, fracasos y deterioro físico.".

-¿Qué autorretrato le conmueve más?

"El que hizo próximo a su muerte, amargo, desolado, que convierte el gesto de su rostro desencantado en una mueca sarcástica de sonrisa, iluminada por una inesperada luz cruda. Algo tan trágico como ello -"El hombre riendo", 1668- quizás no lo ofrece ningún otro artista. Es de una amargura que no la he visto en la historia del arte. Porque la amargura de Francis Bacon es más combativa y desafiante. La de Rembrandt es la desolación total".

EFERVESCENTES AÑOS 60

Sommer ingresó a estudiar a la Escuela de Bellas Artes, en 1962, durante los revolucionarios años 60. Una época de máximas tensiones de la Guerra Fría, de la antesala de la Reforma Universitaria, de las vanguardias artísticas. Chile se encontraba al final del gobierno de Jorge Alessandri Rodríguez.

Esos años fueron también tiempos de una bullente creatividad artística en nuestro país. El Bellas Artes de la Universidad de Chile era el lugar de los protagonistas de las vanguardias: se reunían los cultores más adelantados de las artes. La sede estaba en el edificio del Parque Forestal y tenía ese largo patio rodeado de réplicas de esculturas clásicas en yeso blanco, entre las que transitaban activos maestros y revolucionarios alumnos (...).

"Era un tiempo de efervescencia creadora con el reinado de la abstracción. Y eran muy pocos los alumnos y maestros que se atrevían a pintar figurativo. Se consideraba una deshonra. Teníamos profesores señeros como José Balmes, en pintura. En estética estaba Luis Advis, compositor de "La Cantata Santa María". En grabado contábamos con Eduardo Martínez Bonati. Las clases sobre Renacimiento las impartía RómoloTrebbi, ¡imbatible en todo lo que fuera arte italiano! En teoría e historia del arte reinaba Alberto Pérez, gran historiador y teórico".

Waldemar precisa que aún no llegaba aquí lo conceptual, ni se estudiaban los escritos de los teóricos Derrida o Lacan. "La abstracción y lo geométrico lo cultivaban los grupos Rectángulo y Forma y Espacio. El informalismo, en cambio, funcionaba más libre con creadores como José Balmes...".

-Esa formación, ¿hasta qué punto lo marcó para su visión tan contemporánea?

"Todo ello me parecía lo más normal para ese momento. Yo ya conocía los ismos. Y en el caso del arte chileno, percibía que los maestros del pasado estaban siendo absolutamente superados por esa nueva generación, la que tenía mucho que decir y poseía mucha más libertad creativa. A los artistas de antes los encontraba anquilosados".

REVELACIONES DEL CRÍTICO

-¿Alone fue un referente?

"Me inicié leyéndolo a él. Fui un fiel lector de sus columnas en "El Mercurio". Nunca dejaron de asombrarme por su claridad verbal, la gracia de su estilo, su capacidad de penetrar en las obras y transmitir los méritos y limitaciones de ella. También lo admiraba por su aguda visión global de la literatura".

-Alone se refirió a las condiciones personales para ser un buen crítico .

"Sí, señala que debe existir un auténtico amor al arte, conocimientos, sensibilidad; capacidad de síntesis y de relacionar la obra con su época y con la historia del arte. Habla de la importancia de perseverar en este oficio, a pesar de cualquier equivocación y de reconocer en todo momento las limitaciones que implica, aunque hay que imponerse superarlas. Y resalta lo clave que es poseer una aptitud fundamental para la crítica: ¡la intuición, mucha intuición! El poder mirar más allá de lo que uno tiene ante los ojos, pudiendo entrever capacidades y desarrollos futuros. Esta última cualidad fue decisiva y me animó a emprender esta ingrata profesión de crítico, todavía incomprendida en nuestro país. Creí contar con esos atributos y comencé con la crítica, como yo la considero (...)".

-Ser experto en música y ópera, ¿cómo le ha ayudado para la crítica de artes visuales?

"La música me ha permitido ver, en último término, que todas las artes son la misma cosa. El arte en el tiempo es la música, el arte en el espacio son las artes visuales. Ha contribuido a ampliar mi sensibilidad de lo visual. Particularmente en la relación que hay entre el impresionismo visual y el musical, y entre los dos barrocos. Algo que no siempre ocurre. El romanticismo visual es muy diferente al romanticismo musical, a favor de la música. Los pintores románticos (aparte de Goya y Delacroix) no se pueden comparar con los lieder de músicos románticos como Schubert, Wagner, Verdi, Brahms, Chopin...".

DESCUBRIMIENTOS DE ARTISTAS

-Usted ha "descubierto" muchas decenas de artistas, hasta hoy. Fue el primero en resaltar a Eugenio Dittborn. El premio nacional de Arte siempre lo reconoce.

"Fue durante su primera exhibición en Santiago, titulada "Goya contra Brueghel", en 1974. Dittborn volvía de su formación en el exterior. Esa muestra era esencialmente con trabajos gráficos, donde el blanco y el negro, y los grises, no necesitaban de las coloraciones convencionales. Esa exposición, además de dedicarse a la gráfica, que recién empezaba a practicarse en el país, consiguió remecerme en lo profundo por su sentido expresionista de un humor de catástrofe".

-Otro de sus hallazgos fue Juan Dávila. Años después escribió que era "lo mejor del arte nacional".

"Me sorprendió en esa primera muestra la originalidad y la desvergonzada actitud misógina de la iconografía barroca que planteaba, volcada dentro de los fastos de un espectáculo teatral. Encontré admirable su apropiación de artistas de vanguardia de renombre universal. Todo ello envuelto por ambientes de perturbadoras sugerencias. La instalación "Rota", de 1996, alcanza la cumbre de su trabajo. La intensidad de esas imágenes es difícil de olvidar".

-Hay un hecho del que usted se enorgullece: poner en valor a Victoria Martínez .

"Era prácticamente desconocida en la escena, y es una artista admirable por su fortaleza gráfica y el uso del objeto en sus obras. Coincide con su hermano -el poeta y artista Juan Luis Martínez- en los materiales empleados. Pero es muy distinta. Es más cercana a la escultura y menos figurativa, y su expresividad es más críptica. Pero haciendo un esfuerzo, se descubre en sus obras una expresividad de carácter monumental y un sentido conceptual de esencial coherencia".

-Y de su hermano, J. L. Martínez, usted fue el primero en escribir sobre su obra visual .

"No recuerdo que alguien lo hiciera antes. Me interesa mucho esa forma de surrealismo que podría emparentarse con las cajas del estadounidense Joseph Cornell. Pero Martínez tiene una sensibilidad más aguda y penetrante. Sus piezas constituyen un verdadero puzle que da la oportunidad de disfrutar armándolo. Se adelantó a su época...".

-¿Qué le interesa más de Roser Bru, de su sensible y poética obra?

"Lo más notable es cómo entremezcla la gráfica y la pintura. Es una excelente dibujante. Comenzó más irónica y después pasó a esas citas que son, en general, dolorosas y nostálgicas. En ellas siempre mira un más allá, donde uno intuye la nada. Son verdaderos conjuros visuales en los que intenta redimir del olvido a personajes como Gabriela Mistral y Anna Frank (...)".

 


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A TODO ARTE. Críticas y conversaciones con Waldemar Sommer. Cecilia Valdés U. Editorial Universidad de Talca, 220 páginas. En librerías: desde el 10 de noviembre.
"A TODO ARTE. Críticas y conversaciones con Waldemar Sommer". Cecilia Valdés U. Editorial Universidad de Talca, 220 páginas. En librerías: desde el 10 de noviembre.

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