Reconocimiento | Un pionero del uso del cemento:
Rescatan la obra religiosa de Eugène Joannon

El Consejo de Monumentos Nacionales recibió la solicitud de declaratoria como Monumento Nacional, en la categoría de Monumento Histórico, de toda la producción de carácter religioso del arquitecto francés avecindado en Chile hacia fines del siglo XIX.  

Maureen Lennon Zaninovic 

Un primer paso clave lo dio uno de sus nietos Eugenio Joannon Rivera, en 2009, tras publicar un libro en torno al legado del arquitecto francés Eugène Joannon Crozier (1860-1938), autor de icónicas construcciones públicas y religiosas, entre otras la Municipalidad de Santiago, el edificio Comercial Edwards, las iglesias Santa Filomena y Estampa Volada, el Colegio De la Salle; y la base sobre la que se sitúa la Virgen en el cerro San Cristóbal; esta última una imagen fuertemente arraigada en el imaginario visual de nuestro país.

El pasado jueves, la Corporación del Patrimonio Religioso y Cultural de Chile y la Facultad de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica le rindieron un homenaje a Joannon Crozier, a casi ochenta años de su fallecimiento, "porque él fue un testigo de su tiempo. Representa un tiempo fascinante, un momento que contaba con un referente ético y que traspasó toda su obra", señala a "Artes y Letras" Marta Cruz-Coke de Lagos, presidenta de la Corporación del Patrimonio Religioso y Cultural de Chile, y añade que hoy no contamos, "por distintas razones, con un arquitecto como Joannon Crozier que, a lo largo de toda su vida profesional, diseñó una cantidad casi industrial de iglesias". Cruz-Coke considera que carecemos "de arquitectos con un sentido espiritual, con el sentido de lo que Leonardo destacaba como 'la dimensión aérea', donde, además de la obra física, circule el espíritu. Cada iglesia que Eugène proyectó es un testimonio que va más allá de los planos: hay un espíritu de amor que llenó cada uno de estos templos".

Marta Cruz-Coke remata que "la iglesia, según una antigua definición, es un lugar que tiene que ser suficientemente amplio para la fraternidad, suficientemente largo para la perspectiva y suficientemente elevado para la oración. La obra de Joannon tiene estas tres dimensiones".

Si bien una importante cantidad de sus edificaciones -tanto civiles como religiosas- se encuentra protegida bajo la distinción de Monumento Nacional o Inmueble de Conservación Histórica, aún existe bastante obra que no está en buen resguardo. Por eso su nieto, el arquitecto chileno Eugenio Joannon Rivera, inició los trámites para ampliar la protección patrimonial.

"Recientemente, la Secretaría Técnica del Consejo de Monumentos Nacionales ha recibido la solicitud de declaratoria como Monumento Nacional, en la categoría de Monumento Histórico, de toda la obra de carácter religioso de Joannon. Lo que incluye doce inmuebles entre capillas, parroquias e iglesias", confirma a "Artes y Letras" Ana Paz Cárdenas, secretaria técnica del Consejo de Monumentos Nacionales (CMN). Añade que se trata indudablemente de "obras excepcionales" y que, para hacer efectiva esta protección, se requiere como primer paso generar un expediente completo de cada inmueble. "Eso involucra una investigación de los antecedentes históricos, territoriales, urbanos, arquitectónicos, planimétrico, entre otros, que posteriormente deben ser presentados a los consejeros para su decisión", manifiesta la autoridad del CMN.

Ana Paz Cárdenas explica que considerando el extenso trabajo que significa generar cada expediente y la importancia que tiene la obra de Joannon, tanto para el CMN como para los solicitantes, "es que estamos generando una serie de asociaciones colaborativas. Como punto de partida, nuestros profesionales se encuentran iniciando gestiones y desarrollando el expediente de la Iglesia Corpus Dómini, ubicada en la calle Santo Domingo de la comuna de Santiago; para lo cual los alumnos de la Escuela de Dibujo Técnico del DUOC desarrollarán el levantamiento planimétrico de este templo".

Un segundo paso involucra a la Escuela de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile, la que desarrollará los expedientes de los otros inmuebles solicitados. "Una vez finalizado lo anterior y que los solicitantes realicen una nueva solicitud de declaratoria, se conformaría una segunda etapa de protección de las obras de carácter civil, para dejar protegida toda la obra de Joannon", dice la secretaria técnica del CMN.

Además de Corpus Dómini, la lista que busca ser declarada Monumento Nacional incluye la capilla de La Caridad, la iglesia San José, la torre de la iglesia Casa de María, la capilla base de la Virgen del San Cristóbal, la iglesia Nuestra Señora de la Victoria (Bellavista), la iglesia San Vicente de Paul en Valparaíso, la capilla del Hospital de San Bernardo, la parroquia de Ñuñoa, la iglesia de San Rafael (Matta), la iglesia de Cristo Pobre (Matucana) y la capilla del Fundo Santa Irene.

Ana Paz Cárdenas concluye que hay razones justificadas para ampliar la declaratoria de Monumento Nacional, entre otras, porque estamos ante uno de los pioneros "en la utilización del cemento y de experimentar con el hormigón armado en Chile cerca del 1900. Fue un innovador en el ámbito de las técnicas constructivas locales y gran exponente del neogótico, neorrománico y neoclásico".

Un apasionado

Tras recibirse de ingeniero y posteriormente estudiar arquitectura en la École de Beaux Arts de París, Eugène Joannon Crozier recibió una oferta del Estado de Chile para venir a trabajar al país por tres años. Era la época en que el gobierno de Balmaceda buscaba profesionales europeos para fomentar el desarrollo de obras públicas, selección que quedó a cargo de Carlos Antúnez, embajador extraordinario y ministro plenipotenciario de la nación en Francia. Tras viajar en un vapor, desembarcó en Chile en 1889. Su primera mujer fue una joven francesa bretona, Lucie Krell, a quien conoce a bordo del vapor. Se casan en 1890, pero ella muere tempranamente cuatro años después del enlace. De esa relación nació Carlos Joannon Krell, también arquitecto como su progenitor. En 1901, Eugène contrae matrimonio esta vez con una joven chilena, Raquel Infante Gana, quien da a luz a nueve hijos. Junto a su reconocida labor como arquitecto, fue además docente y uno de los fundadores de la Escuela de Arquitectura de la UC y acogió a familias francesas que llegaban desvalidas a Chile durante la llamada Gran Guerra.

"Fue un profesional absolutamente consecuente y coherente", apunta su nieto Eugenio Joannon Rivera instalado en la cumbre del cerro San Cristóbal, a los pies de la Virgen emplazada por su abuelo lionés. "La forma en que diseñó cada una de sus obras, en que conoció a su primera mujer en un barco, y luego hace todo un seguimiento por carta hasta que la encuentra en Buenos Aires, revelan que fue un apasionado. Hay una imagen impactante en el libro donde aparece con un cucharón dando de comer a los franceses en Chile. Me da pudor hablar de mi abuelo, pero sin duda fue un innovador en todo sentido y un personaje de película", añade Joannon Rivera.

Felipe Gallardo Gastelo, arquitecto, docente del Instituto de Historia y Patrimonio de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile y consejero del Consejo de Monumentos Nacionales, comparte este análisis. A su juicio, fue "un apasionado en todos sus emprendimientos. Un apasionado del estudio, un apasionado del matrimonio, un apasionado de sus congéneres. Un apasionado porque las cosas se hicieran bien, en forma honesta y proba".

 Panteón de notables arquitectos franceses

Felipe Gallardo Gastelo considera que la obra de Joannon Crozier tiene valor arquitectónico per sé. "Por vanidad nos olvidamos de que tuvimos un panteón francés tremendamente relevante, que integraron, entre otros, Emile Jéquier, Emile Doyer y el propio Joannon. Este último trabajó con Jéquier y compartieron oficina, pero después cada uno siguió su camino. Jéquier era más secular, por decirlo de alguna manera. La Estación Mapocho, la Casa Central de la Universidad Católica y el Museo Nacional de Bellas Artes fueron algunas de sus obras. Joannon Crozier, en cambio, puso todo su oficio en pos de un proyecto religioso que también fue un proyecto personal".

Sobre sus vínculos con la obra del arquitecto español Antoni Gaudí, Felipe Gallardo Gastelo remata que no hay un vínculo, sino más bien un espíritu similar, en el sentido de la pasión, del fervor con que acomete la obra y el compromiso. "Así como Gaudí era un arquitecto y era un cristiano tremendamente piadoso, ese espíritu se dio en Joannon de forma análoga. Gaudí tecnológicamente es pura traición, independientemente de que sus formas sean muy innovadoras. Joannon, en cambio, es un arquitecto con formación neoclásica, pero con un lenguaje ecléctico que al final llega a una síntesis producto de un entorno económico y social. Gaudí es como una cápsula que más que señalar un camino, es como el canto del cisne de una era. Joannon, en cambio, es como el albor de otra".



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<p>Felipe Gallardo Gastelo y Eugenio Joannon Rivera a los pies de la Virgen que emplazó el arquitecto francés.</p>

Felipe Gallardo Gastelo y Eugenio Joannon Rivera a los pies de la Virgen que emplazó el arquitecto francés.


Foto:CHIRISTIAN ZÚÑIGA

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