El método saltó al banquillo por una demanda ante la justicia que acusa fallas
El sacrificio animal : cómo opera la medida sanitaria más extrema que aplica el SAG

Basta un infectado para eliminar a todos sus contactos. Es una acción -remarcan en el servicio- que busca, en el caso de las especies importadas, impedir el ingreso de enfermedades ausentes en Chile, y, a nivel local, evitar la diseminación de focos. Los productores deben asumir las pérdidas, además del costo de toda la operación.  

NIEVES ARAVENA E. 

Hace varias décadas, cuando se detectaban animales enfermos incurables que podían contagiar a otros, el único atajo era matarlos con escopetas a todos. A esta medida se le llamaba "rifle sanitario". Y aunque el término se usa aún en algunos países latinos, en Chile hoy se habla de "sacrificio animal", lo que involucra otros métodos.

Ya no se usan balas, salvo excepciones en la alta cordillera, sino una mezcla de compuestos químicos que adormecen a cada animal para que muera en el sueño y no sufra, según describen en el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG). Pero el principio sigue siendo el mismo: detener la propagación de la infección o el virus que ha infectado a vacunos, equinos, porcinos, ovinos u otras especies.

Con este sistema, el organismo logró la erradicación total de la fiebre aftosa, causante de enormes pérdidas en la ganadería. Ahora, el servicio tendrá que defender el método ante una demanda judicial, que acusa un "error" al sacrificar más de 30 caballos de carrera.

"Importar un animal vivo, el riesgo máximo"

Chile no está libre de riesgos. "Somos un país dentro del mundo y el mundo tiene muchos problemas, pero nosotros tenemos la mejor condición de toda América, con menos enfermedades animales", afirma José Ignacio Gómez, jefe de la División de Protección Pecuaria del SAG. Añade que, a diferencia de otros países, aquí no están presentes las infecciones más graves como la EEB (encefalopatía espongiforme bovina) o "mal de la vaca loca", la fiebre aftosa o la influenza aviar, cuyo último brote, en enero de 2017, se extinguió con un masivo sacrificio animal (ver recuadro).

Existen listas de males que atacan a distintas especies y que son de declaración obligatoria, a lo que adscriben los 181 países miembros de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE). Las más riesgosas son las zoonóticas, que pueden transmitirse al ser humano.

No hay otro método para controlarlas que no sea el sacrificio animal. "Son agentes infecciosos tan potentes dentro de su forma biológica de actuar, que es fácil la diseminación", señala Gómez.

Por eso, remarca que "si uno va a importar un animal vivo, es el riesgo máximo, porque ahí puede venir un virus o una bacteria que no esté en Chile, reproduciéndose, viva". Los niveles de seguridad para el ingreso de animales vivos son de alta exigencia, dependiendo de cada especie y su procedencia, explica.

Cada año se aplican controles al ingreso a Chile de más de un millón de animales, los que deben cumplir cuarentenas prediagnósticas en el país de origen y acreditar su sanidad con certificados. La mayoría corresponde a pavitos y pollitos de días, traídos por la industria avícola con fines de mejoramiento genético. Y en menor proporción, porcinos.

Muermo equino: sin cura ni vacunas

Datos oficiales indican que en 2015 ingresaron 352 equinos, en su mayoría finasangre de competición. Sin embargo, no lograron su trámite de internación 27 caballos de carrera importados desde Argentina, que el SAG ordenó sacrificar cuando cumplían su "cuarentena" en el fundo El Maitén, de Talagante. Ahí, el propietario mantenía otros nueve equinos chilenos que también fueron eliminados.

Para aplicar esta medida sanitaria, el SAG se basó en análisis serológicos que revelaron "presencia de muermo equino". Es una enfermedad infecciosa y mortal, ausente en Chile. Lesiona vías respiratorias y órganos, se transmite al hombre y no existe cura ni vacunas.

Según lo describe el servicio público en su resolución, en una primera batería de tests aplicados hubo tres ejemplares importados "positivos" a la prueba de fijación de complemento para la bacteria Burkholderia mallei que causa el "muermo equino". Por protocolo, se tomó otra serie de exámenes, lo que dio "cinco ejemplares importados positivos y dos equinos nacionales positivos a la misma prueba serológica". Y se añade que todo lo anterior fue confirmado por los resultados del laboratorio de referencia de la OIE en Alemania, que "dan como positivo al muermo".

Basta un "positivo" para afectar a todos sus contactos, dice Gómez. Pero esta prueba, que la autoridad considera "irrefutable", no dejó conforme al propietario del Haras, quien recurrió hace pocos días a la justicia para reclamar una cuantiosa indemnización (ver nota).

Luego de este episodio, ha habido otros casos de equinos reaccionantes a muermo, admiten en el SAG, "pero las pruebas confirmatorias (en laboratorios extranjeros), que son más exactas, lo descartaron".

Ganado de origen danés, exterminado por riesgo de "vaca loca" en 2001

En animales importados, otro caso polémico y dramático golpeó al mundo ganadero en 2001. No fue en la cuarentena, porque las 64 vacas Jersey procedentes de Dinamarca llevaban tres años en Chile, repartidas en predios de la región de Los Lagos. El SAG ordenó su sacrificio por el riesgo que significaba su país de origen, que ese año presentaba varios focos del "mal de la vaca loca" (EEB).

Los vacunos eran parte de un proyecto innovador que introduciría una nueva raza lechera en el sur, y algunos productores intentaron resistirse al "sacrificio animal", llegando incluso a la Corte Suprema, la que avaló la medida del SAG de eliminar a todos los animales.

El médico veterinario Hernán Rojas, director del Centro Ceres y académico invitado de la U. de Chile, recuerda bien el caso, porque entonces estaba a cargo de sanidad animal en el SAG: remarca que se hizo sin exámenes, porque si está la enfermedad, eso solo se detecta una vez muerto el animal. La alerta no existía cuando se hizo la importación, pero las vacas venían de 40 predios distintos, de manera que ni sus pares daneses dieron garantías de que no hubiese alguna contagiada. "No sacrificarlas era mantener un estatus de alto riesgo, por eso se hizo un sacrificio preventivo", dice.

Pérdidas sin compensación

La legislación del SAG solo contempla indemnizaciones para los sacrificios por fiebre aftosa, aunque ha habido acuerdos excepcionales, como en las vacas Jersey, donde se pagó una suma por cada ejemplar, que los ganaderos consideraron baja.

Es uno de los dilemas que cruza el sacrificio animal: si debe hacerse con o sin compensaciones por las pérdidas que sufre el productor.

Juan Pablo Matte, secretario de la Sociedad Nacional de Agricultura, sugiere enfatizar la prevención en la sanidad y hace notar que el sacrificio animal es una medida extrema, donde los agricultores pequeños y medianos "podrán perder parte importante de su patrimonio". Opina que los productores que cumplan con las exigencias y normas sanitarias y se vean enfrentados a una resolución de sacrificio animal, "debieran ser indemnizados al hacerse parte activa del resguardo del bien público, con cargo a su patrimonio".

En el Colegio Médico Veterinario respaldan plenamente las medidas que adopta el SAG, porque "se evalúa caso a caso, y si los riesgos son altos, como lo fueron en los casos descritos, determina sacrificar los animales". El vocero Carlos Flores dice que la autoridad puede decidir indemnizaciones, pero no cabe evaluarlas "cuando existe un ingreso clandestino o animales en trámite de importación".

Para el especialista en sanidad animal, Hernán Rojas, en tanto, si bien hay países que cuentan con seguros públicos y privados o fondos compartidos, el punto es lograr un equilibrio, porque "el problema es que sin compensación, se desincentiva la notificación de las enfermedades, pero si la hay, es un estímulo a un menor cuidado porque si les pasa algo a los animales me van a indemnizar".

Chile acumula tres décadas libre de fiebre aftosa y sin vacunación.Mantener este estatus implica, de vez en cuando, aplicar sacrificio animal para evitar riesgos.En 2003, por ejemplo, en San Fabián de Alico, VIII Región, en la franja despoblada en la frontera con Argentina se eliminaron mil caprinos y diez vacunos.

 Un juicio para definir si hubo "error" al sacrificar caballos

Han pasado dos años desde que 27 caballos finasangre de competición traídos desde Argentina y otros nueve chilenos de similar valor genético fueran sacrificados, a raíz de que el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) decretara una emergencia por presencia de muermo -una enfermedad grave y letal, transmisible a humanos- en el predio donde se realizaba la cuarentena de importación. Su propietario, socio del Haras Carioca en Chile y el Haras Futuro en el país vecino, intentará ahora probar ante los tribunales que los animales estaban "sanos" y que la decisión del organismo público fue un "error".

La demanda, dirigida en contra del director nacional del SAG, Angel Sartori, fue interpuesta el pasado 10 de octubre en el 24o Juzgado Civil de Santiago y se centra en los 27 finasangre importados desde Argentina. La demora en la acción legal para exigir una reparación pecuniaria por $1.800 millones (casi US$ 3 millones), obedece a que "la materia y la demanda técnicamente es muy compleja; recopilamos informes de los mejores peritos extranjeros reconocidos en el medio y eso toma tiempo", explica el abogado Ciro Colombara, quien, junto a Aldo Díaz, representan al empresario Jorge Cardemil, importador de los equinos sacrificados.

"El error esencial del SAG es que sacrificó animales absolutamente sanos. La prueba que utiliza el SAG tiene serios problemas de especificidad; arroja altas tasas de 'falsos positivos' al muermo", afirma Colombara. Fundamenta que el Servicio de Sanidad Animal (Senasa) de Argentina siempre señaló que los animales estaban sanos y que "Argentina al igual que Chile son países libres de muermo, y era imposible que los animales estuvieran contagiados por la enfermedad".

En el escrito, del cual el servicio público dice no haber sido notificado aún, se cuestionan la precisión de las pruebas y los antígenos usados por el SAG para determinar la enfermedad, y se plantea que se debió esperar "rasgos clínicos" en la cuarentena. Además, se indica que, tras conocer la situación en Chile, el Senasa (Servicio de Sanidad Argentino) examinó en tres oportunidades a los 73 caballos alojados en el Haras Futuro de ese país, desde donde provenía la importación. Y todos los sueros, analizados con el antígeno que usa el SAG y el de Senasa, dieron resultados negativos.

También se reclama que el SAG aplicó la prueba de muermo, que no estaba en las exigencias sanitarias específicas de ingreso.

En el SAG, en tanto, aseguran que un resultado serológico positivo y confirmado en una enfermedad ausente en Chile, como el muermo -que es de declaración obligatoria- aunque el animal esté asintomático, solo deja dos opciones: la reexportación o la eliminación. Y en este caso Senasa no aceptó la reexportación.

385 mil pavos fueron eliminados

El "sacrificio animal" más reciente correspondió a un foco de influenza aviar en un plantel de pavos de Agrosuper en Las Palmas (Región de Valparaíso). Era algo que no ocurría desde 2002, cuando ese mal afectó a la producción de pollos, obligando a eliminar medio millón de aves, y paralizó las exportaciones.

Según destaca el SAG, la propia empresa notificó la enfermedad, que detectó con sus controles de bioseguridad, y colaboró con su personal en la eliminación de unos 350 mil pavos. Lo mismo hizo luego en otra planta en El Melón, donde se sacrificaron otros 35 mil ejemplares. Sumando ambos casos, las pérdidas fueron US$ 8 millones y el sacrificio mayor fue equivalente al 3,9% de la producción anual.

Dada la gran cantidad de aves, se utiliza una espuma para inundar los galpones, tras lo cual se retiran los cadáveres para su disposición en una fosa en el mismo predio, explica José Ignacio Gómez, del SAG.

Juan Carlos Domínguez, presidente de Expocarnes S.A., señala que la influenza aviar es una de las enfermedades de mayor impacto en el comercio internacional y su principal fuente de contagio es a través de aves migratorias, con brotes recientes en Estados Unidos y Europa. Por esta razón -dice-, la industria chilena diseñó una estrategia de monitoreo que incluye vigilar la crianza de traspatio para autoconsumo, además de un protocolo con el SAG para "garantizar una acción oportuna" ante un foco.

Destaca que, para facilitar el sacrificio animal, la industria desarrolló un seguro avícola que cubre las pérdidas a productores más pequeños, de menos de mil aves, como parte de los protocolos que apoyan la notificación oportuna y minimizan riesgos de que se disemine la influenza aviar.



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<p>En período de cuarentena se toman muestras para detectar si hay enfermedades contagiosas que pongan en riesgo el patrimonio zoosanitario del país. En la foto, un control del SAG a porcinos.</p>

En período de cuarentena se toman muestras para detectar si hay enfermedades contagiosas que pongan en riesgo el patrimonio zoosanitario del país. En la foto, un control del SAG a porcinos.


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