Algunos tienen 20 elecciones a su haber
Amarrados a las urnas: confesiones de vocales de mesa recurrentes

Hay quienes reclaman y dicen sentirse "abusados" por el sistema, en especial si están desde el plebiscito del año 88 ejerciendo. Otros lo ven como un deber, incluso les agrada y dicen ser idóneos para el puesto. Pero algunos, hartos de los sacrificios que deben hacer, tienen decidido faltar este 19 de noviembre y no estar todo el día tras los votos.  

Eduardo Monrroy y Aldo Lingua 

"Uno siempre dice que esta es la última vez", reflexiona María Jesús Echeverría, quien hace unos días fue llamada a ser vocal de mesa para su octava elección. "Es una pega bien demandante y creo que no cualquiera debería ser vocal", dice, a su vez, Francisco Amar, en vísperas de la quinta. Ambos son parte de un grupo de personas que sobrepasan el límite de cuatro años que establece la ley como período designado para ser vocal.

Los mismos de siempre

Desde el tiempo en que la gente debió expresarse con un "Sí" o "No" en el plebiscito de 1988 que María Inés Amenábar (61) es vocal de mesa. Y desde entonces ha sido designada para todas las elecciones, excepto en las pasadas primarias. Por lo mismo, dice sentirse cansada, ya que incluso le tocó ejercer funciones embarazada. "Creo que al sistema le falta rotación, incorporar a los más jóvenes", explica, y asegura que no entiende que siga saliendo electa, puesto que hasta ha cambiado de domicilio electoral.

La historia de Paulina Salas (52) es similar. Fue designada por primera vez en el año 1989, pero se pudo excusar ya que su marido también había resultado llamado. Pero cuando él dejó de ser nombrado, ella no pudo librarse, a pesar de que se cambió de lugar de votación. Y para las elecciones entre Ricardo Lagos y Joaquín Lavín, en 1999, tuvo que ir por primera vez a pasar el día sentada tras la urna. Al igual que Amenábar, su principal queja es el ser vocal a perpetuidad. "Mi molestia no es salir elegida, sino que si una mesa la constituyen 350 personas, por qué siempre salgo yo. Si me ganara el Kino por cada vez que me ha tocado ir, sería multimillonaria", dice con sorna. Hizo un reclamo al Servel, donde le respondieron que, como no había sido elegida para las primarias de este año, el contador se "reseteaba" a cero, por lo que era elegible para un nuevo período. Y en una posible segunda vuelta, va a tener que repetirse el plato.

Ya es la octava vez que María Jesús Echeverría (27) es nominada para vocal de mesa desde que se inscribió para votar en 2008. Cuenta que las primeras veces fue motivo de broma en su familia, pero que ahora el chiste ya no tiene gracia para nadie. "Pasa que señoras que no conozco, que votan en mi mesa, han llegado y me dicen 'tú de nuevo'. Una vez me dijeron 'creo que todas las veces que he venido a votar has estado tú en la mesa'". En una oportunidad fue a quejarse con los representantes del Servel en el local de votación, quienes le aseguraron que nunca más saldría seleccionada. Y por un momento tuvo su respiro, pues no fue llamada para las primarias de este año. Por lo mismo, su sorpresa fue mayor cuando ahora revisó su estado y vio que había sido nominada nuevamente.

Por la patria...

"Me agrada hacerlo, porque siento que de alguna manera contribuyo a mi país. Creo que uno tiene derechos y deberes y hay que cumplir", dice Francisco Amar (31), quien ha salido elegido vocal en cinco elecciones distintas, desde las presidenciales de 2009. La única vez que no tuvo que ejercer el cargo fue para la pasada primaria. Francisco también fue voluntario en el Censo, motivado por el mismo sentido de compromiso social. Una visión que contrasta con la de su padre, que fue designado como vocal por tercera vez, y cumplirá a regañadientes su función. El joven cree que ha sido electo tantas veces porque cumple con un perfil específico: tiene una carrera profesional, no cuenta con antecedentes penales y ha servido antes, por lo que conoce ya el sistema. Explica que siempre se ha desempeñado en el rol de secretario de mesa, porque le gusta llevar registro de los votantes y luego ir viendo las tendencias que se forman al momento del conteo. "El trabajo en sí me parece mecánico. Además, quien lo desempeñe debe poseer habilidades blandas que le permitan tratar con los distintos tipos de personas", agrega Amar.

María Inés Amenábar explica que le gusta la política, y que entiende la importancia de este servicio. "Nuestra generación creció con un sentido cívico distinto al de ahora. Por eso he ocupado todos los cargos en la mesa", dice. En sus años de servicio ha desempeñado todos los roles dentro de la mesa, desde simple vocal hasta presidenta. Afirma que esto se debe a que tiene iniciativa, además de que la práctica le ha enseñado cómo funciona el sistema de manera íntima.

Paulina Salas tiene una visión similar, también ve el cargo como un deber público. Al igual que Amar, fue censista, aunque dice que esa experiencia fue mejor porque el día siguiente en el trabajo se lo dieron libre, "pero eso no pasa cuando sales vocal de mesa. El cansancio mental es bastante grande y al día siguiente tienes que estar a las ocho en la pega, feliz y contenta, pero en verdad trabajaste todo un domingo". A pesar de que no la considera una experiencia placentera, rescata que "queda con la conciencia cívica tranquila".

Esta es la sexta oportunidad en que Loreto Araya (33) sale como vocal de mesa. Está disgustada, porque, a pesar de que cree que es un servicio importante, al cual nunca ha faltado porque "valora la democracia", dice haber cumplido su período y no quiere seguir en la lista de seleccionados.

La espera y el hambre

Jorge Albornoz (49) fue electo por octava vez consecutiva. Él vive en La Florida y está registrado para votar en Conchalí, por lo que para llegar a tiempo debe levantarse antes de las seis de la mañana, y ha regresado a su casa cerca de la medianoche. Se queja de que la locomoción no pasa y demora más de una hora en llegar al colegio donde se realizan los comicios. Ese largo trayecto es una de sus principales preocupaciones, pues sufre de artrosis lumbar, lo cual lo obliga a viajar acompañado.

El lento paso de las horas y el ausentismo electoral también generan una carga en los vocales, asegura Loreto Araya. "Es una experiencia agotadora, porque en mi mesa va muy poca gente a votar y el día se hace eterno. Y cuando al fin se cumple el horario, hay que llenar una cantidad ridícula de papeleo y hacer una fila interminable para entregarlo. Si el trámite fuese más moderno, todo sería mucho más fácil y rápido", dice.

A pesar de que el pago que realiza el Servel, que es de $17.700 aproximadamente, contempla el almuerzo de los vocales, el no recibir directamente una colación es un motivo de molestia para ellos. "Una vez el alcalde llevó almuerzo para todos, pero es más común que antiguos vocales o personas amables nos lleven galletas o jugos", coincide María Jesús Echeverría. "Como diabético, el que no me entreguen comida me presenta un problema de salud importante", dice Albornoz. Por su parte, Mónica Castro (52), también acusa una falta de preocupación por los vocales. "Uno no tiene tiempo de almorzar tranquila, entonces terminas llevando un puro sándwich, porque no se puede dejar de atender gente", reclama. Explica que una tía de ella, que vive cerca de su local de votación en Renca, le llevaba comida. "Solo algunas municipalidades dan algo parecido a un pequeño almuerzo", explica Salas, quien conoce esta realidad porque, a pesar de que ella se desempeña en Vitacura, su marido fue vocal en Las Condes, por lo que han hecho comparaciones entre ambos municipios.

Sobre ese estipendio que empezó a entregarse desde las elecciones de 2009, los vocales coinciden en que no alcanza a cubrir un día de trabajo. Además, el hecho de que sea entregado meses después no significa un aporte significativo. "A lo mejor si dieran un mejor pago, solo por ese incentivo económico más gente querría ser vocal, o no se escaparían cuando les toca", dice Francisco Amar.

Vocales en fuga

La imagen de personas negándose a ser vocal es recurrente en los días de votación. Muchos esperan hasta el mediodía para llegar a su mesa, para evitar ser obligados a constituirla. María Inés Amenábar no se presentó a la mesa en una oportunidad. Dice que es la única vez en que se negó a cumplir. "Me mandaron a llamar del Juzgado de Policía Local y tuve que pagar una multa de cerca de $300 mil. Una cosa es cumplir el deber cívico, otra cosa es que a uno la tengan de casera". La pena económica por no presentarse cuando se es llamado a ser vocal de mesa puede ir desde los $92 mil hasta los $375 mil (de 2 a 8 UTM). De cualquier forma, Amenábar se presentará, motivada más por un sentido de responsabilidad que por miedo al castigo, a ser vocal nuevamente.

"Esta vez traté de presentar una excusa, porque tengo problemas de salud, lo que me supone un impedimento", explica Jorge Albornoz. Para las primarias llegó a la mesa usando un bastón, y por lo mismo estuvo buscando un certificado médico, pero el Servel daba plazo hasta el 2 de noviembre, por lo que quedó fuera. A pesar de sus dolencias físicas, sigue siendo seleccionado, lo cual le causa gran malestar. "No entiendo cómo no hay más personas que me reemplacen", se lamenta. Es por esto que decidió que, a pesar de la multa que arriesga, va a hacer caso omiso del llamado y no asistirá a la mesa.

Loreto Araya no tuvo mejor suerte a la hora de intentar sacarse de encima el servicio. Dice que se contactó por teléfono con el Servel, quienes le respondieron "que casi que si me estoy muriendo puedo faltar; si no, tengo que arriesgar la multa. También me dijeron que me pueden llamar hasta cuatro años, que muchas veces se extiende a cinco, pero no me dieron mayor explicación por eso". Sin mayor ánimo, Araya se presentará a cumplir.

 Servel asegura que cada elector es sometido a sorteo, aunque hay personas más idóneas

El pasado viernes 20 de octubre, las juntas electorales realizaron los sorteos que designan a quienes deberán ser vocales de mesa en los próximos comicios. En total se nominaron 214.450 vocales paras las 42.890 mesas que operarán en el territorio nacional.

Pero dentro de ese número de electores hubo personas que hicieron público su malestar por el cargo que les tocó cumplir: más de alguno notó que volvían a ser llamados pese a que superaban el periodo de cuatro años en que deben asistir a cada elección que se realice, como también hubo casos de personas que dicen ejercer ese rol desde el plebiscito de 1988.

Desde el Servicio Electoral explican que para la designación del cargo siempre se realiza un sorteo desde las juntas electorales, el cual de manera azarosa designa a quienes deben cumplir ese rol. Si una persona ya fue vocal de mesa por el periodo de cuatro años que le corresponde -donde debe asistir a cada elección que se realice-, aun así vuelve a ser parte del sorteo y puede eventualmente volver a ser nominado.

Previo a esto, detallan, se escogen 30 personas de los 350 que componen una mesa electoral para finalmente designar a cinco vocales titulares y a los cinco suplentes.

En el Servel explican que la elección considera también tres situaciones que se generan en el actual proceso electoral. En primer lugar, "de los vocales nombrados en 2016 se mantuvieron dos y, para completar los cinco que se requieren, se sorteó entre los demás electores habilitados para ejercer el cargo a los vocales titulares que faltaban y a los cinco suplentes".

La segunda situación considera las mesas fusionadas para las próximas elecciones, en que del total de vocales designados el año pasado se sorteó a los dos que permanecen en el cargo, a los otros tres titulares y a los cinco suplentes.

En la tercera situación, en que se considera a las mesas nuevas -que no existían en 2016-, la junta electoral escogió a 30 electores para sortear a los cinco vocales titulares y los cinco suplentes que la integrarán, indican en el organismo.

Para el sorteo, explican, también se tiene en consideración a "las personas que son más idóneas para desempeñar el cargo". De esta forma para la designación de vocales de mesa quedarían descartados quienes tienen alguna discapacidad que los inhabilite -como ser no vidente-; quienes desempeñen funciones en la administración del Estado, como ministros y jueces; quienes postulen o ejerzan cargos de representación popular, como también los familiares de estos últimos. Eventualmente, es más idónea una persona que ya ha sido vocal de mesa, "pero se debe someter a sorteo", aseguran desde el Servel.



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Foto:ilustración: rodrigo valdés

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