Andrea Staid, invitado a Puerto de Ideas:
La migración como espejo de nuestras sociedades

Hoy comienza el festival porteño. Entre los invitados estará este antropólogo italiano, que ha estudiado en terreno esa ciudad invisible que -dice- habitan muchos migrantes sin derechos. La misma que sirve desde la ilegalidad a la ciudad visible.  

Juan Rodríguez M. 

Imagine que llega a un país en busca de la vida -del trabajo, el abrigo, la comida, los estudios, la paz- que no encontró en su tierra, y se encuentra con políticos asociados con criminales para lucrar con las ayudas que deberían servir para auxiliarlo. O con un cura que -junto a la mafia y, de nuevo, algunos políticos- explota a los inmigrantes que, como usted, han entrado en la estructura de acogida humanitaria.

Ahora deje de imaginar y sepa que esos ejemplos son realidad. Ocurrieron en Italia: el primero en Roma, un escándalo de corrupción bautizado como "Mafia capital", y el segundo en Calabria. Los cita el antropólogo italiano Andrea Staid, al preguntarle cuáles son las peores experiencias que ha conocido en sus investigaciones con migrantes en Europa. "Parece increíble, dice, pero es verdad".

Staid es uno de los invitados al Festival Puerto de Ideas Valparaíso, que comienza hoy, sigue mañana y termina el domingo, con 46 actividades y 55 invitados. Autor de "Nuestros brazos. Mestizaje y antropología de la nueva esclavitud" y "Los condenados de la metrópolis", Andrea Said conversará en Valparaíso sobre "Inmigrantes, entre la apertura y la fobia a los otros" (mañana, a las 10:30 horas, en la Escuela de Derecho UV) y "Frontera y transcultural: acogiendo al inmigrante" (el domingo, a las 10:30 horas, en el Teatro Condell).

En el segundo libro, Staid habla de la yuxtaposición de una ciudad legítima de ciudadanos con otra ilegítima o menos visible, que habitan los migrantes. Al preguntarle por esos mundos, explica: "La ciudad legítima pronuncia palabras de miedo y sospecha contra la ilegítima, pero recurre a esta para un gran número de servicios y prestaciones: desde el trabajo doméstico al empleo informal en la construcción, la demanda de prostitución, estupefacientes, juegos de azar o crédito ilegal. La ciudad ilegítima posee una oferta de servicios cuya clientela consiste mayoritariamente en miembros de la sociedad legítima. Los migrantes (en Europa) siempre son lo que habitan la ciudad marginal, porque no tienen el derecho a vivir como los ciudadanos europeos, y hacen el trabajo 'sucio' que los europeos no quieren hacer".

¿Legal o ilegal ?

Pero no todo va mal. En Europa, al lado de quienes están contra los migrantes son más los que los han ayudado "concretamente", dice Said. Como ejemplos menciona la iniciativa Refugees Welcome (privados que dan alojamiento a los refugiados) y una experiencia que conoce personalmente, en Milán: "Es una estructura de acogida que se llama Casa di Betania (www.casadibetania.org), donde se hace un trabajo autogestionado entre migrantes e italianos".

"Las migraciones provocan una extraordinaria 'función espejo', es decir, revelan las contradicciones más profundas de una sociedad, de su organización política y de sus relaciones con otras sociedades", dice.

Las grandes migraciones son viejas como la humanidad. Pero Staid identifica una singularidad en lo que ocurre hoy: "La principal diferencia es la extrema burocracia para tener documentos que permitan trabajar y vivir en un país extranjero, especialmente en Estados Unidos y Europa. Las leyes europeas plantean la posibilidad de una nueva esclavitud, producen marginalidad y no-personas. O sea, personas como nosotros -que comen, caminan, respiran-, solo porque no tienen documentos, porque no son humanos de primera división, nacidos en el primer mundo, están completamente excluidas de la esfera de los derechos".

Un caldo fértil para lo que Staid llama "micro-criminalidad". "Para la mayoría de los migrantes solo hay trabajo en negro, un trabajo casi esclavo, o la opción de delinquir para intentar ganar algún dinero extra, visto que de todos modos el riesgo de que los detengan y los arresten es el mismo, porque son ilegales. La estructura normativa produce, para el migrante, un estatus jurídico totalmente precario, del cual no escapan ni siquiera los que ya obtuvieron el permiso de residencia, porque siempre dependen de engorrosos procedimientos administrativos relativos a su vencimiento o renovación. Del estatus precario que define al inmigrante como huésped permanentemente a prueba, deriva, en la experiencia concreta y cotidiana, un posicionamiento inevitable en la frágil frontera entre legalidad e ilegalidad. Por esto hablo de micro-criminalidad".

 


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Un grupo de policías italianos detiene a una familia de migrantes en la frontera con Francia, en 2015, y una protesta en Roma, el pasado mes de octubre, a favor de una ley que haga ciudadanos a los niños nacidos de padres migrantes.
Un grupo de policías italianos detiene a una familia de migrantes en la frontera con Francia, en 2015, y una protesta en Roma, el pasado mes de octubre, a favor de una ley que haga ciudadanos a los niños nacidos de padres migrantes.
Foto:AFP

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