Nicolás Monckeberg (RN) lanza libro "25 años y un día":
Diputado revela historia de una ex traficante para probar que la rehabilitación es posible

Luego de una niñez marcada por la marginalidad y el abandono, María Alé pasó del robo y de la estafa a la distribución de cargamentos de cocaína en Europa. Seis períodos en prisión, las muertes de tres hijos y el providencial encuentro con una religiosa influyeron para que enmendara el camino y hoy ayude en la reinserción de mujeres que cayeron en la delincuencia. marcelo pinto e.  

 

Una traficante que vuela de Fráncfort a Viena. Que lleva un contrabando de cocaína oculto al interior de tres pares de zapatos. Que desecha el "pálpito" de tirar el cargamento cuando está en el baño del aeropuerto. Y que solo alcanza a oír el grito "¡polizei!", antes de verse rodeada por unos agentes que descubren la droga y la mandan por dos años a una prisión en Austria.

Parece el argumento de una película policial de serie B, pero es la vida real. En rigor, apenas una pálida sinopsis de las andanzas de María Alé: una mujer de 73 años que es protagonista de un libro recién publicado por el diputado Nicolás Monckeberg (RN).

"25 años y un día" recorre el increíble itinerario criminal de Alé: ex ladrona, ex cuentera, ex burrera, ex mechera, ex jefa narco y otrora avezada con el cortaplumas. Quien en alguna época se "abanicaba" con fajos de miles de dólares. Y que estuvo seis veces presa en cárceles de Santiago, Buenos Aires, Madrid, Civitavecchia... Donde completó "canazos" (encierros) que sumaron más de dos décadas, como ella misma recuerda.

Antes de ser traficante en Europa, se dedicó a la estafa. Con la vieja, aunque todavía vigente técnica del "balurdo". Que consiste en engañar a transeúntes con un fajo de "billetes" (en realidad, papeles sin valor) para quitarles el dinero que portan.

Se hizo "internacional", como dicen los delincuentes, en 1974. Tenía 30 años, cuando se fue hacia Argentina para reunirse con "Che" Carlos: un ladrón chileno con quien tuvo una larga y destructiva relación.

Desde entonces, María Alé vivió su propia puerta giratoria. Entrando y saliendo de la cárcel. Principalmente en Europa, hacia donde viajó llevando un contrabando de coca y siguiendo al "Che" Carlos.

A los 7 años ya bebía

Pero el trabajo de Monckeberg muestra igualmente a una mujer golpeada por la vida. Sin padre ni madre. Iniciada en las "farras" y el alcohol por su abuela a los 7 años. Maltratada por el "Che" Carlos (quien la abofeteaba o pateaba en plena calle). Y hecha añicos por las tempranas y sucesivas muertes de tres de sus hijos: uno que contrajo el VIH al inyectarse drogas, una que enfermó de cáncer, y otro que pereció baleado cuando cometía un asalto.

Es también el retrato de una persona lacerada por la culpa. Que abandonó a sus hijos debido a las correrías delictuales y sucesivos cautiverios. Que no los cuidó ni enrieló cuando más la necesitaban. Que influyó a algunos de ellos con su ejemplo para que se convirtieran en drogadictos o criminales. Pero que hacia al final de su vida se dio cuenta de su error. Y que demostró, como anota Monckeberg, que la reinserción es posible.

Porque María Alé -la misma que en una época viajaba con millonarios cargamentos de cocaína hacia Europa y que llevaba sin remordimientos una vida de lujos gracias al delito- hoy es otra.

Qué les dice a las presas

Dejó la droga, salió de prisión hace 3 años (tras cumplir una condena por narcotráfico) y no volvió a delinquir. Habita actualmente un departamento modesto en Renca. Hace "dibujos" con una pensión inferior a los $200 mil para llegar a fin de mes. Cose "ajeno". Sueña con abrir una peluquería. Y trabaja en una casa de acogida que la religiosa Nelly León, de la congregación del Buen Pastor, mantiene para contribuir a la reinserción de las presas, cuando salen de la cárcel con algún beneficio.

En esa casa, como en su última época de convicta, Alé habla con ellas. Les cuenta el costo irreversible que pagó por ser una delincuente. E intenta convencerlas de que enmienden la ruta. De que más vale "medir las chauchas", antes que ir por la vida dañando a los demás y escondiéndose. Sin poder siquiera hacer algo tan elemental como dormir tranquila por la noche.

"Hice un clic muy grande. Entendí que Dios me perdonó por todo el daño que hice; no maté gente directamente, pero sí la maté en masa, al llevar toda esa droga para Europa. Yo no me perdonaba esto hasta que la madre Nelly me enseñó otra manera de vivir, con mucho amor", sintetiza la mujer sobre el giro en su vida.

Lo que Monckeberg esgrime como una evidencia de que, aunque demorosa y compleja, la reinserción es posible. "La historia de María es excepcional. Depende de todos, entonces, que empiece a ser cada vez más común", reflexiona el diputado en los renglones finales del libro.

 


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Foto:JONATHAN MANCILLA

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