El ritmo de la Quinta Región ha facilitado la inserción de quienes se instalaron allí:
El intenso aprendizaje del español de los refugiados sirios en Villa Alemana

El primer mes de los integrantes del programa de reasentamiento ha estado marcado por sus avances en el dominio del idioma, clave para su desarrollo posterior en el país.  

Valentina González 

Los Maalouli -una de las siete familias sirias que llegaron a Villa Alemana hace más de un mes por el programa de reasentamiento del Estado- cuentan los días para comprar el que será su primer árbol de pascua en Chile.

Son cristianos ortodoxos, y esperan la Navidad con ansias. La decoración ha sido postergada por su inminente traslado a un nuevo hogar. A la madre, Roula, le cuesta subir las escaleras al departamento, por lo que serán reubicados en una casa.

Los miembros de la familia aseguran estar felices en Chile y por estos días, al igual que los demás refugiados, dedican todos sus esfuerzos a aprender español. Cuatro días a la semana asisten a clases de tres horas en el Colegio Árabe de Viña del Mar. "Es un gusto viajar para ir al colegio, como un paseo. La clase es más o menos entretenida... el tema no es la clase, soy yo", dice entre risas Imad, el padre, a través de la intérprete Hana Khouzam. "Ya tengo mis años y cuesta mucho que la lengua se acostumbre a pronunciar un nuevo idioma", explica.

Más allá del manejo del español, la adaptación de la familia ha sido positiva. "Están encantados con la gente chilena, no saben cómo devolverle la mano", dice Khouzam. Destaca que han ido, de a poco, ganando autonomía: "Fuimos a la feria de El Belloto, y al siguiente viaje fueron solos. Pero de repente me llamaron y me dijeron: 'Estoy con el vendedor, ¿le puedes traducir que quiero una fuente más grande?'. En eso han tenido complicaciones", remata la intérprete.

A clases

La familia, oriunda de Damasco, vivió los últimos cinco años en el Líbano. Antes de que la guerra estallara, Imad hacía vitrales y su esposa era dueña de casa. Los dos varones, Rami y Elías, eran peluqueros, y Leen, la única hija, estudió finanzas, pero en Chile sueña con ser artista: "Mi objetivo es ser cantante". Debutará en un festival en Villa Alemana.

El equipo encargado del reasentamiento ya sondea los intereses laborales de los refugiados, pero el programa está diseñado para que los tres primeros meses sean dedicados al aprendizaje del idioma.

Esta fue una lección del programa anterior, que trajo a cerca de un centenar de palestinos en 2008. "Fue una súper buena decisión", destaca Luis Berríos, secretario ejecutivo de la Vicaría Pastoral Social Caritas del Arzobispado de Santiago.

A las tres de la tarde, una micro pasa a buscar a cada una de las siete familias de Villa Alemana para ir al Colegio Árabe.

En una sala aparte, los niños avanzan a toda velocidad. "¡Terminé, profesora!", dice uno de los pequeños que ya completó su tarea sobre las vocales.

Mientras, los padres repasan pronombres y verbos. "Te diría que el 70% va muy bien, algunos en un nivel excelente. Unos cuatro o cinco están con más dificultades", evalúa Nicolás Cabello, profesor del Colegio Árabe.

Algunos refugiados hablan árabe y algo de inglés, mientras que otros solo manejan su idioma y algunos no saben leer ni escribir. "La gran dificultad se presenta cuando el nivel de aprendizaje o las habilidades que tienen es muy dispar", agrega el profesor.

Algunos problemas de salud debido a cambios de dieta y clima han causado algunas inasistencias en las familias en Macul. "Ha generado faltas, pero puntuales, no es alarmante", explica Berríos.

En las próximas semanas, en Macul y en Villa Alemana, esperan dividir a los refugiados en niveles, según su dominio del idioma, para que puedan seguir avanzando.

 Los contrastes con el ritmo de la vida en la ciudad

Desde el programa de reasentamiento explican que han visto diferencias en el proceso de adaptación de los refugiados asentados en la capital respecto de los de Villa Alemana, lo que atribuyen, principalmente, al ritmo santiaguino, más agitado.

"Tal como les pasa a los chilenos, las familias que están en una ciudad más pequeña, sin mucha bulla, en general están más calmadas y tranquilas (...) Las familias (en Macul) a veces se frustran porque dicen 'pucha, me gustaría aprender a hablar español mañana'. Es una expresión típica de la inmediatez de la ciudad", explica Luis Berríos, secretario ejecutivo de la Vicaría Pastoral Social Caritas del Arzobispado de Santiago.



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Enseñanza.- Los tres primeros meses del programa de reasentamiento están dirigidos al aprendizaje del idioma. El 70% de los refugiados va muy bien, algunos tienen un nivel excelente, dice el profesor Nicolás Cabello.
Enseñanza.- Los tres primeros meses del programa de reasentamiento están dirigidos al aprendizaje del idioma. El 70% de los refugiados va muy bien, algunos tienen un nivel excelente, dice el profesor Nicolás Cabello.
Foto:JONATHAN MANCILLA

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