Entrevista Una vida dedicada a la docencia:
Eduardo Godoy y su lectura inagotable de los clásicos españoles

Después de Coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique, el académico publica con Mago Editores su estudio sobre Lazarillo de Tormes, de autor anónimo. Ya prepara un tercer volumen: Fuenteovejuna, de Lope de Vega.  

María Teresa Cárdenas M. 

"Las Humanidades están un poco de baja", se lamenta Eduardo Godoy Gallardo (1934), profesor emérito de la Universidad de Chile (2015), donde formó a generaciones de alumnos en las letras españolas. "Incluso -agrega sobre su especialidad-, en reuniones universitarias he escuchado considerar este tipo de literatura como una especie de coloniaje, lo que, desde el punto de vista nuestro, de la lengua y del país, es algo profundamente equivocado. Nosotros dependemos en gran medida del espíritu histórico, es lo que impregna nuestra cultura".

Ya fuera de las aulas universitarias, el "profesor Godoy" -como lo siguen llamando con respeto sus ex alumnos- está lejos de conformarse con esta realidad adversa. A sus 83 años y plenamente activo, ha publicado dos libros en la colección Clásicos, de Mago Editores: Coplas a la muerte de su padre , de Jorge Manrique (2016), y, en fecha reciente, Lazarillo de Tormes , de autor anónimo. De cuidado diseño y con tapas duras, ambos textos son precedidos por sus clarificadores estudios críticos y complementados con abundantes notas. "Yo creo que la recuperación de esos textos es tremendamente valiosa, porque ahí está la historia del espíritu del hombre, que son las Humanidades, en el fondo", señala. "Estos clásicos antes eran lectura obligatoria en educación media, pero ahora hay otra concepción del contenido literario en los textos de estudio". Por eso, su proyecto es continuar con otros títulos. "Ahora estoy preparando Fuenteovejuna y los Don Juan fundamentales, que son el de Tirso de Molina, barroco ( El burlador de Sevilla ), y el de Zorrilla, romántico ( Don Juan Tenorio ). Y además estoy agregando Ardor con ardor se paga , otra versión donjuanesca, de José Ricardo Morales, Es un texto extraordinario que aquí yo creo que lo conocen solo mis alumnos", afirma.

El Lazarillo y la Reforma

Eduardo Godoy ha dedicado más de medio siglo al estudio y la enseñanza de la literatura española, especializándose en el Siglo de Oro, El Quijote y la narrativa de la guerra civil española. En sus inicios, recuerda, hubo una figura crucial. "Yo fui parte de la primera camada de estudiantes de Castellano en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile en Valparaíso -hoy Universidad de Playa Ancha-. Encontré ahí, y eso fue lo que me inclinó por este lado, al profesor Ricardo Benavides". A él le dedica, precisamente, el volumen del Lazarillo . Fue su ayudante, y cuando en 1961 el profesor Benavides viajó a hacer clases a Estados Unidos, él lo reemplazó. Dos años más tarde, fue Godoy quien partió a la Universidad de Utah, en Salt Lake City.

Cuando volvió, la Universidad de Chile lo envió a la recién creada sede de La Serena. "Yo fui uno de los fundadores de la carrera de Castellano en La Serena -rememora-. A la Universidad de Chile nunca la dejé, ni siquiera cuando estuve en Estados Unidos, sin goce de sueldo". Entre 1971 y 2005 también enseñó en la Universidad Católica de Valparaíso, donde además fue decano de la Facultad de Filosofía y Educación, director del Instituto de Literatura y Lenguaje, y editor de la revista Signos. "Siempre he pensado que uno como profesor aprende con sus alumnos. En realidad, uno aprende enseñando", afirma. Y lo dice expresamente en la dedicatoria de otro libro reciente, la edición crítica y anotada de El Quijote de la Mancha , publicada por Origo en 2014.

Para el profesor Godoy, los clásicos son "ese tipo de obra que no muere". Y sobre el Lazarillo , "que ha permanecido a través del tiempo y del espacio durante cuatro siglos", explica que puede entenderse de dos maneras. "Lo pueden leer los niños y reírse con él. Pero también es el reflejo de una profunda realidad española; aquí están los gérmenes de su decadencia, que va a llegar de una manera dramática al Quijote , y luego, proyectando un poco más allá, a la llamada generación del 98".

Es esa segunda lectura la que aportan estas ediciones. "El Lazarillo está inscrito en el siglo XVI y recoge un hecho que en ese momento se está haciendo muy claro, que es la Reforma. De aquí surge el gran tema de la apariencia, el mundo se quiebra con la Reforma, ya no hay una concepción monolítica de la realidad. Lo dijo un clásico español, uno de los hermanos Argensola: 'El cielo azul que todos vemos, ni es cielo ni es azul'. La realidad es diversa, y eso está expresado en toda la literatura de ese tiempo, como La vida es sueño o El Quijote ".

Muchas de las notas de estos dos volúmenes explican palabras o frases, aunque Eduardo Godoy asegura que el lenguaje clásico se entiende "totalmente".

Gracias a su contribución al estudio y difusión de la literatura española, Godoy forma parte de instituciones académicas como la Asociación de Cervantistas (Alcalá de Henares) y Griso (Investigadores del Siglo de Oro), y además recibió, de parte del rey y el gobierno de España, la Orden Isabel la Católica en el grado de Comendador, en 2015. En Chile, en tanto, en 2002 fue incorporado como miembro correspondiente por Valparaíso de la Academia Chilena de la Lengua y el propio Valparaíso lo declaró Ciudadano Ilustre, en 2013. Reconocimientos que agradece sin falsa modestia, pero que no le han hecho olvidar a ese pequeño pueblo de la Cuarta Región donde nació, hizo sus estudios de preparatoria y aprendió de su madre los poemas de Gabriela Mistral. "En Huentelauquén creé hace diez años una biblioteca que tiene más de mil ejemplares de literatura chilena. Es para todo el pueblo, pero está anclada en la escuela que lleva el nombre de Juan Antonio Ríos".

También tiene pensado donar su propia biblioteca, pero todavía no sabe a qué universidad. "Son aproximadamente 3 mil 500 volúmenes, y la especialidad es literatura española, con alrededor de 250 títulos sobre Cervantes y el Quijote ". De este libro, además, tiene varias ediciones; incluso la última, de Francisco Rico, "que es la más completa y en la cual aparecen algunos trabajos míos en la bibliografía", señala.

"He tenido suerte en la elección de temas", asume Godoy. Y cuenta que su tesis doctoral, La infancia en la narrativa española de posguerra. 1939-1978 , se publicó en Madrid en 1979. "Fue el primer libro sobre la infancia en ese período. Es un texto muy bonito y fue muy comentado". En ese mismo registro se inscribe "Presencia de la infancia en la novela española de posguerra: el caso de 'La colmena'", el único ensayo de autor latinoamericano incluido en la edición conmemorativa de esta obra, preparada por la Real Academia Española (RAE) y la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale) con motivo del centenario de Camilo José Cela (1916-2002).

Su amistad con Lafourcade

Aunque escapa a su especialidad, en 1991 Eduardo Godoy publicó el notable ensayo La generación del 50 en Chile. Historia de un movimiento literario . Explica su origen y aprovecha de reivindicar a un autor nacional:

-Cuando estaba en Estados Unidos, llegó Enrique Lafourcade como profesor visitante. Tuve una conversación plena con él, y de repente me dijo: 'Por qué no me haces una entrevista'. Y esa entrevista se publicó en la revista Mundo Nuevo de París. Tuvimos una relación permanente, y ahí nació esa idea. Él me prestó mucho material. Fui muy amigo de Enrique, es uno de los casos que yo admiro; y rechazo el trato que se le ha dado en este país. Acá lo visité muchas veces, tanto en su librería como en Coquimbo, donde está ahora. La labor que hizo con la literatura chilena es tremenda. Yo no entiendo, o lo entiendo en alguna medida, cómo no le dieron el Premio Nacional de Literatura. Claro, su personalidad era difícil. El era anti todo. Era tremendamente crítico.

Pese a sus años en la cátedra, Eduardo Godoy también es crítico de algunas tendencias que se dan en ella.

-Yo veo la literatura como un retrato de la humanidad. Julián Marías decía algo muy cierto: "La literatura a mí me permite vivir mundos que nunca podré vivir". Creo que ese es el valor central, pero no es la minucia, de buscar el detalle. La teoría por la teoría. El texto no se puede prestar para eso. La teoría debe estar al servicio del texto.

 


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