El cambio de cara

Miguel Laborde 

El mozo de un restaurante santiaguino, un chileno, se había ido a Bariloche. ¿Mejor destino?... Para él, sí; porque al terminar el día, todo el personal, dueño incluido, se sentaba a matear el día, comentarlo, sacárselo de encima si había sido malo. Ahí se sentía más considerado como persona. Incluso, mejor persona que en Chile.

Sin embargo, en el propio Buenos Aires ahora se vive lo mismo que en Santiago; el auge de los camareros extranjeros. De jóvenes sudamericanos, colombianos o venezolanos en su mayoría, que desplazan a los mozos locales.

Muchas veces saben algo de inglés, cuentan con algunos estudios universitarios y no tienen inconveniente en lavar platos o atender mesas porque quieren salir adelante y no les importa el sacrificio. Por el contrario, están agradecidos de tener una oportunidad. Es cierto que, generalmente, piensan que es algo que hacen solo por un tiempo.

A Santiago le ha venido bien esta apertura. La mejor actitud, más cordial, ha marcado una tendencia que ahora se proyecta en los mozos chilenos. Además, algunos clientes valoran el sello cosmopolita que aportan a la ciudad, ese ambiente global.

Muchos agradecen ahora el poder demorarse en una mesa sin ver caras críticas en un café, o el mandar algo de vuelta en el restaurante sin generar 'una crisis'. Eso sí, hay otro dato que se debe considerar; los camareros chilenos, cuando trabajan en otros países, suelen ser más cordiales que cuando están acá. Adoptan mejor la cultura del buen servicio profesional, del honor de un trabajo bien hecho.

El mal servicio perjudica a una ciudad. No solo aparece en los restaurantes, también en las tiendas del comercio y en las oficinas públicas: ¿Qué clase de orgullo, malentendido, lleva a una especie de resentimiento cuando se trata de servir o atender a otro ser humano? Un grupo de mozos locales aventura una causa: la indiferencia del cliente capitalino, que pareciera no ver en ellos a una persona enfrente suyo, que muchas veces no hace ni siquiera contacto visual.

Puede ser. En este sentido, la aparición de extranjeros ha generado un segundo cambio de hábito; una trato diferente del propio público. Con frecuencia, en los locales donde atienden, los extranjeros despiertan una simpatía inicial. Aparece el diálogo, el intercambio de información y datos útiles, preguntas sobre los lugares de origen y las diferencias culturales. El ambiente es mejor en general, como efecto inesperado de que ahora seamos una ciudad que atrae migrantes.

 


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Los clientes valoran la atención cálida, sea de personal chileno o extranjero.
Los clientes valoran la atención cálida, sea de personal chileno o extranjero.

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