Mejor un robot si yo no puedo

NICOLÁS LUCO 

Grandes montañistas se precian si conquistan un monte de más de 8 mil metros en los Himalayas.

El Dr. Osvaldo Ulloa, oceanógrafo, ha logrado su propio ocho mil este verano.

Dirigió el equipo que preparó y realizó la expedición hacia el fondo, 8 mil metros bajo la superficie del océano Pacífico, en la fosa de Atacama, al oeste de Antofagasta. Son 27 torres del Costanera Center, montadas una sobre otra, mar abajo.

Tal como los montañistas necesitan tecnologías para alcanzar sus cimas, el equipo de investigadores del Instituto Milenio de Oceanografía (IMO), coordinado por el Dr. Ulloa, conforma un complejo equipo humano con elementos tecnológicos para lograr tomar muestras en esas oscuridades y estudiarlas.

¿Enviar un robot amarrado? Imposible. El instrumento para alcanzar esa profundidad debía ser autónomo.

El equipo del IMO se contactó con Kevin Hardy, ingeniero que ha construido vehículos que han bajado a grandes profundidades y regresado con muestras e imágenes.

Hardy, en su empresa, Global Ocean Design, fabrica instrumentos que resisten la inmensa presión en las profundidades. Por ejemplo, ¿cómo evitar que gotitas de agua se condensen en las lentes de las cámaras?

Con Hardy, la gente del IMO -conformada por investigadores de las universidades de Concepción, Católica de Santiago y de Antofagasta- consiguió diseñar Audacia. Se trata de un robot que recopila información sobre temperatura, salinidad, oxígeno, concentración y composición del carbono inorgánico y más... y capaz de captar microorganismos y videos.

Tras lanzarlo tres veces al océano, bajó más de lo que se esperaba. Se creía que la fosa llegaba hasta los 8.065 metros, el Audacia alcanzó los 8.081, captó imágenes, sacó muestras. Y supo regresar al buque "Cabo de Hornos" de la Armada, como lo hacen los drones voladores cuando tornan a su origen.

La expedición también aprovechó la red Mocness, un sistema de mallas como para capturar mariposas ínfimas, con veinte bolsillos, cada uno con su tapa. Se destapan según sus sensores e indican que ha llegado el momento y recogen microorganismos. La red bajó hasta los 5 kilómetros, otra marca; antes había llegado a los 3.

Ahora los científicos estudian los datos y preparan un documental. Uno de los temas que más interesa descubrir es el flujo de las aguas profundas, ¿cuántos siglos tardan en subir? Siguen descubrimientos con aplicaciones en sismología, en cambio climático, además de las novedades biológicas.

En marzo, los del IMO con el Audacia volverán a la fosa con una expedición alemana. Para saber más de una zona de la Tierra más desconocida que la Luna o que Marte, en nuestro Chile profundo donde no llega la luz.

Todo esto consolida la exploración autónoma, gracias a la robótica y la miniaturización, de lugares a los que el ser humano no puede llegar.

Ya no necesitamos mandar gente a Marte.

 


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