Nuevo libro | Recorre epístolas femeninas de cuatro siglos:
Cartas para conocer la historia no contada de las mujeres en Chile

Desde la colonia a los albores de la Independencia, las mujeres escribieron cartas no solo para narrar hechos cotidianos, sino también para expresar sus anhelos, dolores y ansias de liberación. "Las afecciones de la carta" rescata esta arista a través de las figuras de Carmen Arriagada y sor Josefa de los Dolores Peña y Lillo, además de una recopilación de 54 cartas de mujeres del siglo XVI al XIX.  

Valentina Proust Iligaray 

Hasta el siglo XIX, la política y espacios públicos estaban reservados para los hombres, mientras las mujeres eran confinadas al hogar y, en algunos casos, al convento, siendo pocas las que podían acceder a este mundo masculino. Carmen Arriagada fue una de ellas, y se codeó con políticos y artistas en las tertulias de su hogar en Talca. Quería estar al tanto de lo que sucedía en el ambiente cultural, sabía alemán y francés, hacía traducciones y leía todas las novedades que llegaban a sus manos.

Pero Carmen estaba casada con un militar alemán y era hija de una familia acomodada, por lo que su libertad en los salones no era plena y debía cumplir con el rol de esposa que se esperaba de ella. Fue por medio de la escritura de cartas que pudo expresar sus anhelos y dolores, intercambiando por 15 años epístolas con su amigo y amante, el pintor alemán Mauricio Rugendas, con quien hablaba de política, filosofía y arte.

La carta fue una de las herramientas que usaron las mujeres durante siglos para desahogarse y abrirse paso en el espacio público. Esta estrategia es abordada en el libro "Las afecciones de la carta" (Cuarto Propio), escrito por la Doctora en Literatura, Carolina Navarrete, tras una investigación de 10 años acerca del tema. La obra tiene como protagonistas a dos mujeres con una larga trayectoria epistolar: Carmen Arriagada y sor Josefa de los Dolores Peña y Lillo. Además del análisis de sus misivas, el libro contiene una recopilación de 54 cartas de más de 30 mujeres de entre los siglos XVI y XIX, entre las que se encuentran Javiera Carrera, Isabel Pardo y Mercedes Zañartu. Para la autora, estas epístolas permiten conocer la figura femenina de primera fuente, recogiendo en su forma de escribir su identidad y forma de ver el mundo.

"A través de estas cartas podemos conocer construcciones de sujetos femeninos que no podían ser estudiados de otra manera. Se va develando la macrohistoria por medio de estas microhistorias, que no solo tienen una importancia social, literaria y lingüística, sino que ayudan a entender nuestra construcción como mujeres a través de la historia de Chile", explica Navarrete.

Escribir la vida

La lectura de las cartas privadas permite conocer no solo la intimidad femenina, sino que además develan episodios de la historia de Chile y el clima social de la época. Para Carolina Navarrete, las mujeres que escriben son transgresoras y sus misivas permiten dar luces sobre qué es lo que ocurría tras las puertas cerradas de las casas.

Sor Josefa de los Dolores Peña y Lillo formó parte del Monasterio de Dominica Santa Rosa de Lima, y mantuvo durante cinco años un intercambio de cartas confesionarias con el padre Manuel Álvarez, a quien confiaba cada aspecto de su intimidad. Sus epístolas revelan cómo era la vida conventual en el siglo XVIII, mostrando las jerarquías y división de clases sociales en la Iglesia, además de los conflictos que la monja tenía con sus compañeras: " Hallándome inosente delante de Dios... de que yo haya divulgado así el trato que he tenido con su reverensia, como el haber dicho también lo que su reverensia me escribía ", confesaría sor Josefa en 1763.

La religiosa haría alusión en sus misivas al rol de la mujer en la Iglesia: " Porque si Dios no alumbra al sesgo mujeril ni se humana con ellas, qué certidumbre hay para que crea que es Dios todo lo que ha pasado en mí ". Pero también, esta correspondencia deja registro de hechos históricos como la expulsión de la orden de los jesuitas -a la cual pertenecía su confesor-, permitiendo conocer de primera fuente el impacto que provocó el hecho en Chile. " Yo no seso, por instantes, de repetirle a mi Señor: o que me dé el fiad de ver restaurada la Compañía de su santísimo nombre y que no vea perseguida su Iglesia, o que me borre de su grasia y Reino ", serían sus palabras.

"Ella se opone y critica la decisión del rey. Eso llama la atención, porque uno esperaría ver a una monja pasiva, que acata órdenes, pero ella es subversiva en términos de atreverse a dar su opinión. Estamos hablando de una mujer que se configura como un sujeto moderno que lucha por lo que quiere", comenta Carolina Navarrete.

En el caso de Carmen Arriagada, las cartas de amor a Rugendas muestran las relaciones cotidianas del matrimonio en el siglo XIX y lo difícil que fue para ella la relación con el esposo. "Expresa su disconformidad de esta relación matrimonial en que no encuentra un eco intelectual, pero que sí lo tiene con el pintor europeo. Por medio de las cartas ella puede ir generándose como mujer moderna", apunta la autora. Así se deja ver en una de las cartas que escribió a su amado en 1838: "Jamás por pereza o falta de deseo dejaré de aprender y estoy más penetrada que nunca de que lo necesito más que otra ".

La actualidad y política también se traslucen en las epístolas de Arriagada, como evidencia la carta sobre la poesía de Mercedes Marín en honor a Portales: " Sus poesías son bonitas. La Elegía a Portales, aunque falso en el carácter que le da, es linda [...] pero, como dicen mis paisanos, en el canto a Portales Hechó el resto ".

Al interior de la compilación de 54 cartas que reúne el libro, se pueden encontrar referencias a diferentes hitos que permiten conocer desde otra mirada la historia de Chile. " Yo quedo buena, gracias a Dios, y todos los de la casa, pero muy contristados con un temblor que experimentamos el día de mayo, a la una y media de la mañana, tan largo que duró seis minutos y tan fuerte que casi no se podía una tener en los pies [...] ", relató Margarita Josefa Recabarren a su hermano, refiriendo el terremoto de Concepción en 1751.

" Tú y padre pueden mandarnos en letra todo lo que puedan a Buenos Aires, yo pienso esperar el resultado de tus avisos, si no puedo pasar y mis hermanos tienen libertad iré a Buenos Aires [...]", escribió Javiera Carrera a su esposo en 1813, en pleno proceso de independencia.

Palabra y poder

Para lograr expresar su opinión y conseguir sus objetivos, las mujeres debieron recurrir a una serie de estrategias en la redacción de las cartas, jugando con el lenguaje y la creación de imágenes. A la investigadora le llamó la atención la carga negativa en la elección de palabras y el uso del recurso retórico de las tretas de la débil: "Me pregunté si sería una constante el configurarse a través del dolor y del sufrimiento. Pareciera que sí, pero con motivaciones que van más allá de lo evidente, ya que hay un sujeto doliente, pero estratégico, que busca construir su imagen ante la autoridad del hombre".

Carolina Navarrete señala que Carmen Arriagada se presenta como una heroína trágica en sus epístolas, mostrándose como una víctima del destino y apropiándose de los recursos del melodrama, pero todo con una intención: que su amado le siga escribiendo y no cese su correspondencia. "Pienso que Rugendas es un pretexto para ella, lo que necesitaba realmente era escribir y poder seguir configurándose como sujeto intelectual", declara la académica.

En sor Josefa, el dolor estaría dado en imitar la escritura de Teresa de Ávila y el sufrimiento de Cristo, funcionando como testimonio de cómo ella vive su espiritualidad y cotidianidad con las demás monjas. "Estamos hablando de una sociedad patriarcal, machista, donde es el hombre la figura pública y de autoridad: el padre confesor, el artista europeo que viaja por el mundo. La mujer encuentra en estos hombres un pretexto para poder salir de este espacio privado y liberarse", agrega Navarrete.

Pero no todo es dolor, ya que también se vislumbra la afectividad en las cartas, mostrando el apasionamiento de la mujer chilena. "En las más de 50 cartas recopiladas al final del libro, podemos encontrar mucho lenguaje afectivo, de la madre a la hija, a la hermana, hay recriminaciones al hombre que se va de la casa y deja a la familia sin dinero. Hay un lenguaje tierno, pero que también devela en empoderamiento de la mujer, que reclama y que exige sus derechos", acota la autora.

Sobre ello, Carolina Navarrete explica que una de las razones por las que es importante acceder a estas cartas es el permitir que las mujeres se acerquen a sus raíces históricas: "Las cartas hablan de una intensidad en el ser mujer, en el ser monja en esa época, y es maravilloso para conocer de dónde venimos las mujeres chilenas", explica Navarrete.

Con la llegada del siglo XXI, las cartas dejaron de tener el mismo rol como herramienta de comunicación, pero no por eso las mujeres habrían dejado de ocupar la escritura como forma de sanación y expresión: "Hoy existen autoras que están escribiendo cuentos, novelas, incluso hay bloggers que son mucho más desenfadadas, que escriben con rabia y sin censura", reflexiona la académica.

Actualmente, Navarrete piensa seguir investigando y escribiendo sobre mujeres y su manifestación por medio de las cartas. Entre sus planes está poder trabajar con la correspondencia de Violeta Parra y la de Gabriela Mistral, además de seguir encontrando misivas perdidas en archivos y revistas.


 


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Carta de sor Josefa de San Joaquín, desde el Monasterio de las Carmelitas, al obispo de Santiago Manuel de Alday, en junio de 1775.
Carta de sor Josefa de San Joaquín, desde el Monasterio de las Carmelitas, al obispo de Santiago Manuel de Alday, en junio de 1775.
Foto:ANH ARCHIVO JOSÉ IGNACIO VÍCTOR EYZAGUIRRE V25 PIEZA 90

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