Fundada en 1549 Máxima exponente del sincretismo cultural brasileño
Todos los santos bailan en Salvador de Bahía

Música, religión y danza son inseparables en esta ciudad habitada por una mayoría afrodescendiente que mantiene vivas las tradiciones de sus ancestros. Capital del Brasil colonial hasta 1763, su centro histórico da fe de un pasado esplendoroso y también cruel.  

María Teresa Cárdenas M. 

El segundo jueves de enero de cada año, una procesión que ya bordea las 800 mil personas, incluidos turistas de todo el mundo, parte desde la iglesia de Nuestra Señora de la Concepción de la Playa -patrona de Bahía- hasta la Basílica de Nuestro Señor de Bonfim para cumplir con una tradición de más de dos siglos: el lavado de las escaleras de esta iglesia construida en 1754 y considerada el mayor símbolo del sincretismo religioso de Bahía. En ella se unen la devoción católica a Nuestro Señor de Bonfim, en la imagen del Señor Crucificado, y el culto al orixá Oxalá, una de las deidades del Candomblé.

A la llegada del cortejo, unas 200 bahianas vestidas con sus trajes blancos típicos derraman agua perfumada de flores sobre los escalones mientras las puertas de la iglesia, situada en lo alto de una colina, permanecen cerradas. Los rituales religiosos se mezclan entonces con los festejos profanos, animados por la música y los cantos africanos, así como las comidas y bebidas de la cocina bahiana.

Con fachada de inspiración rococó, la iglesia de Bonfim es uno de los grandes atractivos de Salvador de Bahía. En su interior cuenta con amplias galerías laterales, decoración neoclásica y azulejos portugueses del siglo XIX con escenas de la vida de Cristo. La iglesia también se ha hecho famosa por prometer un deseo a quienes anudan en sus muñecas las cintas de Bonfim, pero debe compartir la atención de turistas y devotos con muchos otros templos... 372, para tratar de ser exactos, aunque esto desmienta al popular músico bahiano Dorival Caymmi (1914-2008), que cantaba: "365 iglesias tiene Bahía. En una me bauticé, en la segunda me confirmé, en la tercera me voy a casar con la mujer que yo quiero bien". Muchos han dicho entonces que en Salvador hay una iglesia para cada día del año, pero lo cierto es que faltan días para poder ir a todas. Y la explicación se encuentra en los orígenes de esta ciudad.

Azúcar y religión

En 1549, una encomienda de conquistadores portugueses encabezados por Tomé de Sousa -primer Gobernador General de Brasil- fue enviada con órdenes del Rey de Portugal de fundar una ciudad-fortaleza, a la que llamaron San Salvador de Bahía de Todos los Santos. Desde un inicio fue declarada ciudad capital y puerto oceánico, convirtiéndose rápidamente en un importante centro de la industria azucarera y del tráfico de esclavos.

Siguiendo el trazo portugués de construcción de sus colonias, la ciudad fue concebida con una parte alta y una baja. Un modelo que ayudaba a la defensa frente a posibles invasiones -como las de los holandeses en 1598, 1624-1625 y 1638- y que marcó una diferencia con la organización colonial del resto de Latinoamérica. La parte alta correspondía al área administrativa y religiosa, y en ella habitaba la mayoría de la población. La parte inferior, en tanto, se destinó al centro financiero, con un puerto y un mercado.

Salvador de Bahía fue la capital de la administración colonial de Brasil hasta 1763, cuando esta se trasladó a Río de Janeiro. Durante el período colonial, la alta sociedad azucarera -principal fuente de riqueza de esos años en Brasil- y la Iglesia Católica fueron "los principales agentes modeladores de la ciudad, produciendo una organización especial singular que puede ser notada hasta hoy", describe el volumen "Iglesias históricas de Salvador", editado por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil. En los siglos XVI, XVII y XVIII, la Iglesia, principalmente por medio de las órdenes religiosas de los jesuitas, benedictinos, franciscanos y carmelitas, "tiene un papel preponderante en la formación cultural de la ciudad". Las familias más adineradas, en tanto, no solo mandaban a hacer sus mansiones; además financiaban la construcción de iglesias, dejando en evidencia su poder económico y social. Con estilos que van del barroco al neoclásico, "más que lugares de oración, son verdaderos monumentos de inestimable valor artístico", muchas de ellas decoradas con oro.

Llamada genéricamente Bahía, o Capital de la Alegría, debido a los numerosos festejos populares, o Roma Negra, por ser la metrópolis con el mayor porcentaje de negros fuera de África, Salvador sufrió el declive económico a partir del siglo XIX, luego que la riqueza generada por el azúcar fuera desplazada por la minería y el oro. Ese declive de alguna manera congeló su centro histórico, pero a la vez lo protegió de las transformaciones urbanísticas propias del crecimiento económico. La ciudad conservó su atractivo turístico y cultural aunque, hacia 1900, algunas casas que habían pertenecido a la clase alta eran ocupadas como conventillos y prostíbulos.

A partir de 1938, el Instituto de Patrimonio Histórico y Artístico Nacional de Brasil, Iphan, empezó a proteger con la declaratoria de patrimonio nacional a varias iglesias y monumentos de Salvador. Y en 1985, fue la Unesco la que le dio la categoría de Patrimonio de la Humanidad a Pelourinho, el centro histórico de la ciudad, impulsando un programa de restauración para devolverle su esplendor de antaño.

Un esplendor que convivía con la pobreza de las clases más desfavorecidas y la crueldad de la esclavitud, como lo recuerda su propio nombre: pelourinho significa picota, y en ella se castigaba a los esclavos. Dos motivos de castigo eran el culto a sus dioses u orixás, y la práctica de la lucha; el primero por desafiar la religión católica que les imponían sus amos y el segundo por la amenaza que significaba ese entrenamiento. Sin renunciar a ninguno de ellos, los esclavos burlaron estas prohibiciones adaptando sus orixás a los santos católicos y rindiéndoles cultos en sus terreiros (núcleos de Candomblé); así, por ejemplo, Jemanjá es Nuestra Señora de la Concepción, Iansá es Santa Bárbara y el Señor de Bonfim es Oxalá. Tampoco dejaron de entrenarse en la lucha, pero le agregaron música y la revistieron de danza. En 2014, la roda (círculo) de capoeira fue reconocida por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Seis años antes, el organismo internacional también le había dado esta categoría a la roda de samba bahiana, precursora de la samba urbana de Río de Janeiro y de otros lugares de Brasil.

Belleza en la miseria

"No hay ciudad como esta, por más que se busquen los caminos del mundo. Ninguna con sus historias, su lirismo, su pintoresquismo, su profunda poesía", escribió el narrador bahiano Jorge Amado (1912-2001) en "Bahía de Todos los Santos", una guía de la ciudad de Salvador publicada en 1945. Pero también vio la belleza en sus lados más oscuros. "En medio de la espantosa miseria de las clases pobres, ahí mismo nace la flor de la poesía, porque la resistencia del pueblo va más allá de toda la imaginación. De él, de ese pueblo bahiano, viene el lírico misterio de la ciudad, misterio que completa su belleza". Ocho años antes, en su novela "Capitanes de la arena", él mismo había hecho florecer la poesía en la "espantosa miseria" de los niños de la calle.

Y muchos años antes que Amado, su coterráneo Antônio Frederico de Castro Alves (1847-1871) había logrado la belleza poética en "O Navío Negreiro" (El navío negrero), donde describe la cruel travesía de los barcos que transportaban a los esclavos desde África, muchos de los cuales morían antes de llegar a puerto. Sus versos han llegado a considerarse un himno de la lucha contra la esclavitud de Brasil: "Existe un pueblo que presta la bandera / ¡Para cubrir tanta infamia y cobardía!... / Y la deja convertirse en esa fiesta/ ¡En manto impuro de bacante fría!... / ¡Dios mío! ¡Dios mío!, pero qué bandera es esta, / ¿Qué impúdico baila en el puesto de vigía?".

Gregório de Matos Guerra (1636-1696) recurrió en cambio a la sátira para abordar la realidad de Salvador, criticando sin medir las consecuencias a la Iglesia, al gobierno, a ricos y pobres. Inconformista e irreverente, sufrió el exilio y sus escritos recién empezaron a publicarse en el siglo XIX, pero se le reconoce como el fundador de la literatura bahiana. Quizás él fue quien puso el germen del inconformismo.

No hay autor bahiano que se haya restado de escribir sobre una realidad tan atractiva desde el punto de vista histórico, social, religioso, cultural y étnico como la que ofrece Salvador, pero a la hora de resaltar su belleza y sus grandes diferencias Jorge Amado es el principal. En 1987, en pleno Pelourinho, abrió sus puertas la Fundación Casa de Jorge Amado, con el fin de preservar el legado del autor y alentar el estudio de su obra, así como del arte y la literatura de Bahía.

La inauguración duró un día completo, y aparte del discurso del Presidente José Sarney, hubo una bendición católica y, cómo no, una limpieza de la casa con incienso y hojas sagradas, a cargo de un babarolixá (sacerdote del Candomblé). Luego, los representantes de las más importantes casas de santos participaron en una ceremonia. Y por último, Caetano Veloso, Gilberto Gil, Dorival Caymmi, el Afoxé Filhos de Gandhy y otros destacados músicos y conjuntos animaron un show al que asistieron más de 20 mil personas. Jorge Amado, que miró el comienzo de la fiesta desde una ventana, dijo después: "No estuve en condiciones de quedarme hasta el final, el corazón tiene sus límites".

La íntima relación entre la literatura y la música que ha caracterizado a Brasil, y en particular a Bahía, llegó a su máxima expresión esa noche en la que el autor de Doña Flor y sus dos maridos y Gabriela, clavo y canela , entre sus libros más exitosos, se quedó sin palabras.

Carnaval con música propia

Pero así como las declaraciones de patrimonio por parte del Iphan y de la Unesco han permitido restaurar y conservar las iglesias de Salvador -como la recién reabierta Iglesia del Paso (1736)-, en la parte baja de la ciudad se han realizado importantes cambios urbanísticos, el más importante de ellos es la Orla Marítima, que abarca 50 kilómetros y que ha permitido un mejor acceso a la playa y la apertura de nuevos hoteles, bares y restoranes.

El remodelado elevador Lacerda -construido en 1873- que une la ciudad alta con la baja; el Mercado Modelo y la cocina típica bahiana también contribuyen a que Salvador reciba en los primeros tres meses del año alrededor de un millón 700 mil turistas. Pero es el carnaval, que cuenta con su propia música -el axé-, el que definitivamente inclina la balanza. La percusión de los tambores en las calles evoca los sones de los primeros esclavos reunidos en sus terreiros, adorando a sus deidades disfrazadas de santos católicos. Hoy, gran parte de los más de 2 mil terreiros que existen en Salvador están encabezados por mujeres -las madres de santo-, jefas del Candomblé, que tienen un liderazgo no solo espiritual, sino también una influencia social y política.

La diversidad cultural, la tolerancia, el sincretismo religioso, están enraizados en Salvador de Bahía de Todos los Santos; forman parte de su propia historia.

 


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<p>El elevador Lacerda fue construido en 1873 para unir la ciudad alta y la baja. Fue el primero de Brasil, y ofrece una vista espectacular sobre la bahía de Todos los Santos.</p>

El elevador Lacerda fue construido en 1873 para unir la ciudad alta y la baja. Fue el primero de Brasil, y ofrece una vista espectacular sobre la bahía de Todos los Santos.


Foto:GENTILEZA EMBAJADA DE BRASIL

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