ENTREVISTA Las Condes abre su temporada con el destacado pintor
Patricio Court y su nueva vida: "Estoy ahora en el Chile profundo"

Partió como actor del Ictus, luego llegó a la pintura. Residió décadas en España, triunfando con su arte sólido y genuino. Volvió a Chile a una histórica hacienda en el Maule. Hoy reside y pinta en un cité. La nueva "vida" y entorno cambiaron su mirada. El 22 de marzo se inaugura una antología de esta última obra clave, en el Centro Cultural de Las Condes.  

CECILIA VALDÉS URRUTIA 

Se siente un fuerte olor a fruta en avenida La Paz, a pocas cuadras de la Vega Central. Hay movimiento de vendedores. Junto a unas bodegas, a la entrada de un viejo cité, nos espera el artista Patricio Court. Caminamos por el estrecho y colorido pasaje, sobre hermosas y derruidas baldosas de tiempos de la inmigración árabe, de principios del siglo XX, hasta la pequeña casa estudio de dos pisos del pintor. "Ingresamos a un mundo fuera del torbellino. Es como un oasis en medio de la ciudad y de este barrio inquieto. Tengo un vecino francés, por ejemplo, que está restaurando su casa y pienso le quedará muy bien", nos muestra este artista cercano a la arquitectura. Y comenta: "El resto de los habitantes son haitianos, personas muy honradas y de trabajo".

Su refugio-habitación -que posee un soleado y pequeñísimo patio con aires andaluces- está inundado de libros y de varias de sus pinturas de sus más de 50 años de trayectoria; algunas verdaderas joyitas de ejercicios de síntesis, de un solo tono negro y con una sutil línea de luz que la atraviesa. Hay piezas de su pintura constructivista en las que se reviven pasajes de sus años en Ibiza y Madrid, cuando su arte fue reconocido en Europa y Estados Unidos. También mantiene obras de su penúltima etapa: cuadros con tonos más tierra surgidos en la antigua hacienda maulina Santa Rosa de Lavadero, por donde cruzaban las tropas realistas. Y está su última pintura, de gran formato, que surgió aquí.

"Me vine a vivir a este cité mientras construyo un gran taller en el Maule, pero me he demorado muchísimo", relata este gran amigo de Federico Assler y de Vicente Gajardo, que al llegar a España, en la década del 70, al exclusivo y hermoso balneario catalán de Sitges, tuvo de vecinos a Nemesio Antúnez y al músico Juan Pablo Izquierdo.

Hoy Patricio Court (77 años) -uno de los artistas más sólidos y genuinos de la escena nacional- está muy entusiasmado con inaugurar una antología de sus últimos cinco años, en el Centro Cultural de Las Condes.

"Me ha vigorizado"

- ¿Cómo le ha influido trabajar y vivir en un cité como este?

"Se produjo un cambio fuerte. No podía seguir pintando lo mismo que hacía en la casa taller en el Maule. El estar aquí implica estar en el Chile profundo, del que nos hemos olvidado un poco. Y me ha vigorizado. Me ha acercado más a la vida misma. Se ven aquí la miseria y la grandeza del ser humano. Hay una diversidad racial tan grande que es como estar en otro país. Y ha enriquecido mi mirada de la vida y ha influido positivamente, creo, en mi pintura. Cambié mi obra, dentro de mi estilo, lo que me tiene muy entusiasmado y feliz".

-¿Hay tal vez más expresión?

"Se soltó un poco la pintura. Estaba trabajando demasiado racional y entré ahora en la expresión. Hay una imagen más suelta. Es una cierta vigorización de la abstracción geométrica, más bien del constructivismo. Me planteo aquí contra la frialdad, que puede transformarse en diseño y en algo repetitivo. Volví además al color, que prácticamente había desaparecido. En el campo, me había limitado a los colores de la tierra. Reapareció el rojo".

-Usted habló de una inquietud por dar coherencia a una larga trayectoria .

"Después de haber empezado a pintar a los 14 años, sentí que tenía algo en la mano, que lo he ido desarrollando bajo mi interés plástico. Y esto me ha producido una vigorosa serenidad. Me ha impulsado a realizar cambios. Crear nuevas formas. En esta exposición, una de las cosas que quiero es que se note la existencia un proceso de búsqueda y de evolución plástica, dentro mi lenguaje. Porque los saltos al vacío no los soporto. Avanzo siempre en relación a etapas anteriores".

-¿Qué le interesó más ahora?

"Algo más de movimiento. Porque en el cuadro tiene que acontecer algo, y eso tiene que ser algo plástico. Creo un fenómeno formal que solo ocurre dentro del soporte. Y aunque algunos me inscriben en una abstracción geométrica, no es así; yo me siento más ligado a una obra constructivista. Me interesa más la imprecisión de la mano, la falla, el enmendar los errores"

-Su obra pictórica tiene del informalismo español.

"Le he sacado, creo, una tajada a muchos movimientos del arte moderno. Hay algo del minimalismo, del informalismo, ahora último del expresionismo. Pero no los ocupo en forma consciente. Como me decían los críticos españoles, no me he adherido a ningún movimiento que esté primando. Y eso me ha resultado difícil. Porque la gente se interesa por el arte, muchas veces, según las modas y referencia, y yo no calzo con ello".

-Pero si es una pintura muy contemporánea, traspasa el marco.

"Como dice Federico Assler: no pinto sino que construyo, y ¡tiene razón! Construyo los cuadros. Eso ya lo decía Tatlin (artista y arquitecto, protagonista del movimiento constructivista durante la Revolución Rusa), que la pintura es construcción".

"Contra la palabrería que se le ha pegado a la pintura".

-¿Su trabajo se observa muy cercano a la arquitectura?

"¡Es más arquitectónico! Son como planeamientos. El ruso Kazimir Malévich (1879-1935, creador del Suprematismo) hablaba de la visión aérea de la obra. Y lo mío podría tener algo de ello. Me gusta y me interesa mucho la arquitectura. Hice clases durante 14 años en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Talca. Cuando regrese, quisiera retomarlo; además, en octubre reabro con esta exposición las nuevas salas".

-¿Cómo inicia una pintura?

"Hago un dibujo que sufre muchos cambios. Lo realizo con un afán constructivo. Intento precisar ahí un pensamiento para construirlo. Y uso mucho la regla y la goma, borro mucho, como un niño. Luego con una tiza rayo el soporte y voy poniendo materia que va cambiando la obra. Siempre voy tras que nazca algo plástico. Cuando no lo logro, viene un sufrimiento. Pero a esas pinturas uno les tiene más aprecio. Se han quedado más tiempo con uno".

-¿Las materias mandan?

"Vienen con su color, excepto el negro, que es el único que compro y utilizo como color. Pero lo importante aquí es que trabajo en serie: un cuadro me va mostrando la posibilidad e interés en hacer otro. Son aperturas plásticas".

-Pero sostiene que sus obras responden al lugar donde habita.

"En mi pintura hay algo que florece y otras veces se oculta. Y sí, obedece al territorio que habito o he habitado. En el Maule, el rayado de los potreros, el color de las tierras aparecen en la tela".

-España fue clave en todo ello.

"Me fui de Chile como pintor de un cierto surrealismo y tuve un choque muy fuerte con esa otra realidad. Me percaté de que lo mío era muy regional. Caí en la crisis tal vez más fuerte que he tenido: pasé dos años sin poder pintar. Ahí surgió el paso hacia la abstracción".

-Usted destaca el valor del silencio para la pintura

"Me refiero a los escritos de teóricos que citan a pensadores y filósofos que van enredando más el tema, que ya lo es. Lucho mucho contra la palabrería que se le ha pegado a la pintura. No lo soporto. Defiendo el valor inefable de la pintura; si no se defiende sola, no vale. Y lo hermoso en ella es el silencio. El arte se dirige a la sensibilidad y a la emoción del ser humano".

-¿Y cómo ve el estado del arte hoy?

"Veo una simplicidad que tiene que ver con un vacío fuerte. Una falta de dedicación de los artistas. El mercado del arte ha corrompido mucho a la pintura, en pos de obras que se venden y que tal vez no trascenderán. Mientras otros seguimos trabajando en modernizar el lenguaje, en mantenerlo vigente".

 


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En su última pintura vuelve el color y aumenta la expresión. Hay arena, polvos de mármol, yute. Malévich hablaba de la visión aérea de la obra y lo mío podría tener algo de ello. 2017 <br/>
En su última pintura vuelve el color y aumenta la expresión. Hay arena, polvos de mármol, yute. "Malévich hablaba de la visión aérea de la obra y lo mío podría tener algo de ello". 2017

Foto:PATRICIO COURT

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