Entrevista | Breves fragmentos que reconstruyen una memoria:
La infancia observada de Camila Couve

Con Estampas de niña , la hija única de dos reconocidos artistas debuta en la literatura, al tiempo que reconoce con espontaneidad que nunca pensó publicar un libro.  

María Teresa Cárdenas M. 

"No me gusta perderme nada", dice Camila Couve (1963). Por eso su escritorio está ordenadito, con cada cosa en su lugar. A la hora de escribir -que puede ser cualquiera-, ella prefiere hacerlo en la cocina, en el living, donde estén pasando cosas, donde sus hijos entren y salgan, donde pueda ver a su nieta de siete años, la Chichi. Hija de artistas, Camila reconoce el parecido físico con su padre, Adolfo (1940-1998), y asegura que la base estable se la debe a su madre, Marta Carrasco (1940-2007), ilustradora y escritora de libros infantiles. Ellos son personajes protagónicos de Estampas de niña (Alfaguara), un breve y delicado libro con el que esta autora debuta en la narrativa chilena. 67 imágenes -estampas o pasajes- recuperan la memoria fragmentada de una niña de ojos azules e inteligencia despierta que observa la realidad, a veces dolorosa, y trata de entenderla. En ese mundo también están los abuelos maternos, algún amigo de los padres, un discurso en la radio, la evocación de los primos que se han ido lejos, los libros que deben desaparecer en la chimenea encendida, un cumpleaños, el ballet, los muñecos creados por la madre que salen del baúl para alegrar a la niña...

Todo narrado con la "voz primera" de la infancia. "La distancia transcurrida entre esa niña y yo me permite poder verla, observarla, entenderla y quererla. La línea que nos separa tiene que ver con dejarla ser ella misma, no soy yo. Tiene su propia historia. Yo también tengo una", afirma.

En esa historia están su marido, sus tres hijos, media década viviendo en las Islas Canarias, un colegio fundado hace 15 años al que le dedica gran parte de su tiempo. "Mi hijo Luciano presentó un retraso en su desarrollo sin obtener nunca un diagnóstico definido -rememora-. Cuando empezó la búsqueda de colegios para que iniciara su ciclo escolar, nos encontramos con la sorpresa de que no era aceptado y, en vez de insistir, se me ocurrió que podíamos tener como familia un espacio a la medida. Un lugar que tuviera como objetivo aprender contenidos del sistema educativo sin la exigencia como eje central y sin el foco puesto en el resultado sino que trabajar desde la individualidad y necesidad de cada niño, priorizando las habilidades sociales, las relaciones con sus amigos, y la inclusión al mundo como objetivo final. Hace 15 años eso estaba bien olvidado o simplemente ignorado". Así nació el colegio "Alamiro", con el nombre del primer libro de Adolfo Couve, publicado en 1965. "Sí, en honor a Adolfo, y el logo lo hizo la Martita", dice, refiriéndose a sus padres. Y explica: "Cuando son los artistas, son Adolfo y Martita".

-¿Reconoce influencia de "Alamiro" -textos breves, el narrador es un niño- en su libro?

-Si lo pensé una vez que ya lo había escrito, y me gusta eso. Alguna influencia tiene que haber, además de que todas las infancias se parecen en esencia, según yo.

Para la portada, en tanto, eligió un óleo de su madre -intervenido- en el que una niña, tal vez Camila -"me gusta pensar que sí"- corre dentro de la casa mientras observa el vuelo del pajarito de juguete que va tirando de un lazo.

-¿Cómo surgieron estas "estampas"?

-Un día me levanté, estando de vacaciones, y en medio de la actividad típica de un verano lleno de familia y amigos, me senté en la terraza, abrí mi computador y empecé a escribir sin ningún objetivo más que el placer que me produce hacerlo. Eran las 11 de la mañana y entre el ruido y las conversaciones y la música sonando fuerte, yo escribía participando del entorno. A las cinco de la tarde estaba terminada mi tarea, como un gusto que me di en medio de lo cotidiano. Yo escribo siempre mis cosas así, en ese contexto.

Esta vez, sin embargo, lo escrito se convirtió en libro. "Yo nunca pensé publicar nada -aclara-. Eso siempre estuvo en mi mente guardado para los grandes de las letras, que admiro y que he conocido gracias al taller de lectura de Pancho Mouat, en el que participo fascinada hace más de tres años. Cuatro años después de torturar a mi familia y amigos más queridos con mis PDF surgió la posibilidad de entrar a un taller de escritura autobiográfica, y estando en él, entusiasmada con las tareas, con escuchar otras escrituras y aprender a cortar lo que sobra, María José Viera-Gallo, que es quién hace este 'taller del yo', ¿no suena increíble?, me animó a publicar, y después de un rato pensé, ¿por qué no?".

Camila Couve no recuerda con exactitud desde cuándo escribe, pero sabe que fue "desde que me di cuenta de que era algo que me gustaba mucho; de repente empezó a ser recurrente esto de plasmar en letras cosas divertidas, otras tristes y algunas novelescas. Me encanta poder leer lo que antes era sólo una idea. Siempre hablo mucho y cuento cosas que parecen increíbles, que podrían estar en otro formato además de la voz espontánea. Papel blanco y de repente un dibujo con muchos colores y tu mano trazando, trazando".

En sus evocaciones, la niña es testigo de los conflictos que afectan al padre artista, dominado por una personalidad depresiva, a veces violenta y también juguetona. En contraparte, la madre aporta la seguridad, el amor incondicional y la fuerza, pese a ser una persona con discapacidad -a consecuencia de la poliomielitis que sufrió cuando niña- y a cultivar, como el padre, su faceta artística.

-¿Qué reflexiones hizo antes de mostrar este lado menos conocido y más oscuro de su padre, a quien nombra con sus iniciales?

-Y aunque no hubiera escrito sus iniciales también habrían sabido que soy su hija... Soy de pocas reflexiones en general. ¿Un carácter espontáneo?, ¿impulsivo?, puede ser. Respecto de los lados oscuros de las personas; yo no veo colores en las vidas humanas; en general, sólo sufrimos y nos alegramos, y sobrevivimos como podemos, no hay misterio, todos somos iguales, unos más expuestos frente al mundo, otros menos.

-"Siempre existen cosas que no puedo perdonar", dice su voz adulta. ¿Puede escribirlas?

-Sí, sí puedo, y también puedo perdonar. Uno siempre puede. Otra cosa es cómo muestras tus letras.

-¿Le da miedo ahondar en ciertas cosas porque, como escribe, "ya sé lo que va a salir y no sé si quiero revisar"?

-No, miedo no; más bien es que la vida sigue, el pasado es sólo eso. El presente es tan entretenido, hay que invertir ahí, y disfrutar ese día, ya mañana se verá. Ahora, por ejemplo, estoy feliz con este librito, casi no lo puedo creer, lo veo y me da mucha risa, lo estoy gozando, no cuestiono nada, nada me inunda, sólo veo el fondo azul de la portada y me encanta. Como un regalo que de verdad te gusta; lo miras, lo miras.

-¿Por eso eligió la mirada infantil, que sólo ve la verdad a medias, y fragmentada?

-Los niños y los que fuimos niños vemos así. Se sabe que los recuerdos son la construcción de la memoria; sobre todo a largo plazo hacia atrás; es como abrir un álbum de fotos que estaba en el fondo de un cajón; vas mirando cada foto y la imagen que aparece es la que la cámara pudo capturar en ese instante, con esa luz, con esa ropa y con esa mirada, y no otra. Las fotografías son la visión de un momento, un fragmento.

-Con esa mirada de niña también enfoca el golpe militar y sus consecuencias. ¿Cuánto influyeron en su vida los acontecimientos políticos?

-A los diez años no entiendes mucho los acontecimientos políticos, a los diez años lo que pasa es que vives el miedo y el horror a través de los adultos que te rodean. Depende en el lado que te haya tocado nacer. Esto es histórico. Para mí, en Chile fue miedo y horror; mi percepción de lo que vivíamos era que no se podía salir sola, que las personas que conocía podían desaparecer, que muchos se veían tristes, que mi calle y mi barrio también podían ser un lugar peligroso.

-Su madre le transmitió su "temple de acero". ¿Qué conserva de su padre?

-Algunos cuadros, sus libros, el pelo ensortijado, la risa y el humor.

 


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Camila Couve: Me encanta poder leer lo que antes era sólo una idea.
Camila Couve: "Me encanta poder leer lo que antes era sólo una idea".
Foto:Álex Valdés Araya

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