ANIVERSARIO | 100 años de la muerte del protagonista del modernismo vienés:
Klimt, precursor de la sensualidad moderna

"A pesar de lo famoso que es Klimt, es un ejemplo de que en la historia y en la recepción del arte siempre hay algo nuevo que conocer y experimentar", dice la directora del Belvedere de Viena, ante diversas exposiciones que revisitan los aportes y frescura del original pintor.  

CECILIA VALDÉS URRUTIA 

Se cuenta que estando una vez Gustav Klimt (1862-1918) en su estudio vienés, vestido con esa larga túnica tosca y ancha, con sandalias y ese aspecto de monje (solo aparente, pues era un mujeriego empedernido), lo visitó August Rodin. El escultor admirado se inclinó ante él y le dijo que nunca había sentido algo parecido ante sus obras, que admiraba sus frescos de Beethoven, "vuestra grandiosa exposición, y ahora este jardín con mujeres y música, y a usted mismo con esa alegría feliz e inocente, ¿a qué se deberá? El implacable Klimt le respondió: "Austria".

Su arte novedoso fascinó a varios. Seducía y también levantaba fuertes polémicas y censura por el atrevimiento de sus desnudos y su estilo nuevo del amor y la pareja, ello, eso sí, en medio de una profunda efervescencia cultural en la capital del Imperio Austro-Húngaro. Eran los años en Viena de filósofos como Wittgenstein, escritores como Krauss y Altenberg, músicos como Schönberg y Mahler, y artistas como Klimt y sus discípulos Schiele y Kokoschka. Freud había empezado a practicar su teoría del psicoanálisis.

En esa Viena más de avanzada y bohemia es donde Klimt dibuja sinuosos cuerpos femeninos desnudos, de una sensualidad y erotismo poco visto antes; pinta paisajes de singular belleza, hace frescos sobre composiciones musicales, y dibuja retratos con capas de oro y piedras preciosas. Su estilo maduro es ajeno a la Academia, con mucho simbolismo, entre los que sobresalen "El friso de Beethoven" y pinturas como "El beso", transformándose en uno de los protagonistas del movimiento modernista vienés, llamado Secesión. Un movimiento que va tras el arte total, busca incorporar distintas manifestaciones creativas, al mismo nivel: pintura, arquitectura, escultura, artes aplicadas. Su discípulo Egon Schiele y el influyente arquitecto vienés Otto Wagner integraron esa escuela; los tres conmemoran este año el centenario de sus muertes.

Un puente elevado (re)descubre su obras

La mayoría de la obra de Klimt está en Viena y es en esa ciudad donde se lo celebra con más intensidad y con sendas muestras. Pero hay varios museos del mundo que se han sumado a los festejos: El Met Bauer, en Nueva York, abre el 3 de julio una ya polémica muestra con desnudos de Klimt y Schiele (del cual se quiso censurar sus dibujos erótico-pornográficos, pues, "atentarían contra la dignidad de la mujer"). La Academy of Arts de Londres expondrá en noviembre, dibujos. Se suma la Tate, entre varias más. "El hecho es que Klimt, pese a ser un artista tan estudiado, sigue siendo un ejemplo de que en la historiografía y en la recepción de arte siempre hay algo nuevo que conocer y experimentar. Pertenece a esa generación de pintores que anunció la modernidad", resalta la directora de arte del Museo Belvedere de Viena, Stela Rollig.

Uno de los homenajes más llamativos es el del Museo de Bellas Artes de Viena: instaló un puente elevado, el que accede a lo más alto del edificio y permite quedar frente a 13 obras de Klimt, que antes apenas se divisaban. "Hoy, señala la directora del museo, Sabine Haag, se pueden apreciar estos trabajos, ubicados entre los arcos y las columnas".

Esas pinturas son de suma importancia en la evolución del artista austríaco, pues repasan diferentes estilos y épocas del arte, desde el Antiguo Egipto hasta el siglo XIX, y constituyen un ejemplo de su primera época, antecesora de lo que fue el modernismo vienés, precisa la experta.

En esos frescos, que le encomendaron en 1890, se observan ya varios símbolos y algo del uso del dorado, que luego dibuja su arte. En tanto, en la sección de arte antiguo del museo están exponiendo estos meses otra pieza maestra: "La verdad desnuda" (1899), ejemplo de erotismo y seducción de Klimt, destaca Haag. La pintura (que trasladaron desde el Museo del Teatro en Viena) la hizo en respuesta a quienes no comprendían su arte: ahí una mujer desnuda sostiene un espejo y enfrenta a los que no la entienden, con su reflejo. Pero Klimt -quien desafió los cánones clásicos- fue más allá: le agregó a la pintura una cita del filósofo y dramaturgo Friedrich Schiller: "Si no puedes complacer a todos con tu arte, complace a unos pocos". Fue antesala de su cambio.

Friso de Beethoven

En la sede del movimiento modernista de Viena se expone otra de las obras más emblemáticas del artista austríaco. Para ese edificio, con su cúpula con hojas de laurel dorada (construido por Joseph Maria Olbrich, en la Friedrichstrasee), pintó, en 1902, un fresco para una exposición del movimiento secesionista: "El friso de Beethoven". "Esa verdadera fantasía simbólica (de 34 metros de ancho y dos metros de alto) es un himno a la alegría -coinciden historiadores-, simboliza la interpretación de la Novena Sinfonía".

Allí, los espacios en blanco son tan importantes como las pinturas, pues marcan un tempo en el relato de las cuatro escenas pintadas hasta llegar al clímax del Himno de la Alegría. Klimt buscó inspiración en casi toda la historia del arte y luego cruzó lo antiguo con lo nuevo. Aparecen ahí las claves de su arte moderno: simbolismo, experimentación con pigmentos, el uso del pan de oro, su devoción ornamental, la incorporación de flores decorativas, tan propia del movimiento.

Pero el artista realizó ese fresco solo para ser expuesto en esa exposición. Un año después, en 1903, lo compró un coleccionista, quien lo dividió en siete piezas. La República de Austria, en 1973, logro adquirirlo entero, lo restauró y se exhibe en una sala especial del histórico edificio.

Su época de oro

El Museo de Artes Aplicadas de Viena, en tanto, inauguró la muestra "El jardín mágico de Klimt", con imágenes de los bocetos que él hizo para los mosaicos del comedor del Palacio Stoclet de Bruselas, Bélgica.

Pero es la galería del Belvedere la que expone y resguarda con extremo celo la mayor colección del mundo sobre Klimt. Este hermoso palacio barroco -construido por el príncipe Eugenio de Saboya- posee 24 pinturas notables del artista, además de dibujos. Están varias de las más importantes piezas de su época de oro: "El beso", "Judith I" y retratos significativos, entre ellos, de Sonja Knips, Fritza Riedler, Johanna Staude; se exhiben varios de sus más hermosos paisajes más impresionistas, en los que sobresale el uso de la luz y el color, y al mismo tiempo, tienen uno de los magníficos cuadernos de dibujo, con esa sensualidad innata y vivida por el propio Klimt que lleva al papel.

El Belvedere ha organizado, al mismo tiempo, tres nuevas exposiciones sobre él. La primera titulada: "Klimt no es el fin", aborda "el despertar de Europa", lo que queda y trasciende de ese arte después de Klimt. El pintor fue clave en el movimiento simbolista, también se rescata su influjo en el expresionismo y en la misma abstracción, en el paisaje (se relaciona incluso con Anselm Kiefer). Y por cierto, esa manera "moderna" de abordar la sensualidad y el amor de pareja.

En segundo término, el Belvedere reconfiguró la muestra permanente. El modernismo vienés y el arte de 1900 se encuentran ahora en el primer piso y en un enorme espacio. Se exhibe a Klimt inserto en su época y con sus contemporáneos. " Nuestro enfoque es ofrecer al gran público que quiere ver a Klimt, presentar algo más sobre él y su tiempo" -asegura Stella Rollig-. Porque pese a ser un artista tan estudiado, siempre presenta algo nuevo. Por ejemplo, fue el único en su época que colocó en forma consciente el ornamento como una manera de representar la pintura abstracta, con lo que fue, desde la perspectiva de hoy, un gran visionario. Klimt pertenece a esa generación de pintores que anunció la modernidad".

Por último, figura central del Belvedere es "El beso". Se expone en una sala especial ese ícono de la nueva manera de expresar lo sensual. Simboliza la fusión entre un hombre y una mujer en un acto erótico. Se piensa que el cuadro -cuyo nombre original era "Los amantes"- lo recrea a él junto a su enamorada, la exitosa diseñadora de modas Emilie Flöge (el seductor artista amó varias otras mujeres, pues se entregaba a sus musas). La pintó con el pelo rojo, en una obra hecha en su mayor parte de pan de oro, con motivos florales y geométricos y citas a los mosaicos bizantinos. Su inclinación por el uso de un mar de oro anuncia lo abstracto.

Desde lo bizantino a Raúl Ruiz

El Museo Leopold, en tanto, hace dialogar a Klimt con Kokoschka. En relación con ello, en 1961 Ernst Gombrich, en su introducción a la muestra de Oskar Kokoschka en la Tate, citó comentarios sobre los retratos de mujeres de Klimt: "En los que no solo hay un cuerpo sino el alma, el temperamento parece revelarse...". El eximio historiador recalcó lo chocante que resultaron esos retratos de Klimt, pero reconoce que se necesitaban esas pinturas más libres, sensuales y singulares, pues era algo que ya estaba en el ambiente de la Viena de entonces, que se rebelaba contra la fuerte represión sexual. Al respecto, una de las más controvertidas pinturas, reseña el historiador, es "Esperanza I" -que su dueño debió ocultar tras una cortina para evitar miradas profanas-, la que muestra a una hermosa joven mujer desnuda, embarazada. Algunos contemporáneos de Klimt ya la reconocieron como "una obra maestra profundamente conmovedora".

Ese mismo museo inaugura, además, una gran individual de Klimt sobre la metamorfosis de su obra. Lo que se une a un nuevo libro sobre el artista -de los investigadores Mona Horncastle y Alfred Weidinger-, que resalta esa "forma única que tuvo de conjugar las influencias desde lo bizantino, la estética japonesa, el impresionismo". Y profundiza en aspectos que sedujeron al cineasta Raúl Ruiz, en su película de 2006 sobre Klimt, -protagonizada por John Malkovich-, como la exuberancia de los colores, la distorsión del espacio, el preferir la ornamentación.

Por último, la extraordinaria pintura "El retrato de Adéle Bloch" -protagonista del filme "La dama de oro"-, que exhibe la Neue Galerie de Nueva York, reúne como pocas esos influjos. Ese famoso retrato de la hija de un banquero judío de la burguesía vienesa, une citas de la decoración bizantina en ensamblajes de piedras preciosas y capas de oro. En el vestido aparecen ojos egipcios, muy del modernismo inglés, y la influencia japonesa puede verse en la eliminación del espacio y en la bidimensionalidad de la figura .

La Neue Galerie expone también en este centenario, dibujos de Klimt, junto a los de Schiele y Kokoschka. La sensualidad de esas figuras sinuosas hablan de esa obra más libre y expresiva suyas, que dio curso a una belleza nueva, a una sensualidad moderna en el arte, que descolocaba, seducía y seduce.

 


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Retrato de Adéle Bloch , detalle. Reúne símbolos de la estética bizantina y japonesa.
Retrato de Adéle Bloch , detalle. Reúne símbolos de la estética bizantina y japonesa.
Foto:©NEUE GALERIE NEW YORK

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