Opiniones
Ecos del 68: ¿en la historia o en el futuro?

Emblema de las revueltas que ese mismo año se dieron en Estados Unidos, México, Italia, Alemania y Checoslovaquia, mayo del 68 ha tenido una sobrevida de leyenda, pero también muy resistida. ¿Ya es parte de la historia? ¿O los hechos políticos de aquel año en el mundo son un proceso abierto capaz de interpelar en el debate del presente?  

  Ana María Stuven: La historia pisa el acelerador

1968 es un momento de profunda aceleración del tiempo histórico; uno de esos años, como 1810 en América, en que decanta una serie de fenómenos e inquietudes que amplían y reinterpretan conceptos políticos y sociales básicos. Así como en el siglo XIX el concepto de revolución transitó para designar una transformación política profunda, en 1968 adquirió un contenido cultural de profundas consecuencias para la posteridad. Fue, en ese sentido, un punto de inflexión que ha servido para nombrar a toda una generación que, con el lema "la imaginación al poder", quiso imponer nuevos valores y derechos sociales; entronizar al individuo en el espacio público, alterar el sentido de la educación, destacar el valor del intelectual, y conquistar nuevos espacios de libertad para la mujer.

Todo aquello solo se hizo vistoso en 1968. En ese sentido, Mayo del 68 no fue una causa, sino un momento de explosión de aquello que ya estaba ocurriendo entre jóvenes e intelectuales que se proponían presionar para imponerse como interlocutores ante un Estado al que culpaban de carente de sensibilidad ante la sociedad civil y los grupos sociales que reclamaban un lugar. El asesinato de Martin Luther King, ese mismo año, es el resultado de las contradicciones de un movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos que hacía tiempo agitaba a partidarios y detractores. La lucha por los derechos de la mujer y el movimiento hippie de liberación sexual estaban también ya en las calles y los foros en 1968. El movimiento estudiantil en Francia fue, en ese sentido, una mecha que encendió y permitió que se esparcieran como reguero de pólvora por Europa, Estados Unidos y el resto de América las mismas demandas. De hecho, si miramos a los estudiantes chilenos, ya en 1967 se habían tomado la Universidad Católica demandando mayor participación y cambios en la estructura universitaria.

Los "revolucionarios del 68" demostraron, por cierto, su capacidad de actuación sin el Estado, aunque exageraron su "poesía revolucionaria", como escribió Marcel Gauchet. Ello permite entender que el historiador Tony Judt considere que terminaron mal: 10 años después surgían las Brigadas Rojas en Italia y el grupo Baader-Meinhof en Alemania. La promesa incumplida daba cauce al terrorismo.

No es posible pensar que 50 años después las demandas del 68 estén pendientes en el mismo sentido que la narrativa histórica recoge su contingencia hoy. El mundo ha cambiado; aunque las preocupaciones comunes a esos años, como son la educación, los derechos sociales, el rol del Estado y la cultura sean las mismas, hoy se insertan en un universo donde la tecnología y la globalización agregan e imponen otros desafíos.

Historiadora UDP

''Así como en el siglo XIX el concepto de revolución transitó para designar una transformación política profunda, en 1968 adquirió un contenido cultural de profundas consecuencias para la posteridad".

Joaquín Fermandois: París, de De Gaulle a De Gaulle, fiesta entremedio

La rebelión parecía fin de época y comienzo de un nuevo tiempo; representa además de manera condensada el "espíritu de los sesenta": rebeldía, anticapitalismo, heroización del maoísmo y del guevarismo, crítica intransable a toda jerarquía. Sobre todo -revolucionario y antirrevolucionario- simbolizaba la "revolución sexual" con que se asocia a la década. En un momento lo que comenzó como una protesta estudiantil se extendió a gran parte del cuerpo social, no solo a los sindicatos, y se filtraba a la sociedad entera. Se volvió trendy cuestionarse por esto y aquello.

De Gaulle quedó contra las cuerdas. Por unos días parecía como que era cuestión de horas que cayera, hasta se decía que no había gobierno. El general mostró tentaciones -quizás fingidas- de intervención extraconstitucional y lo planteó a los generales. Se salvó e incluso tuvo luego un resonante triunfo electoral gracias a la habilidad del premier Pompidou; a la posición nada de revolucionaria de los sindicatos; al cansancio de la población y al final de los mismos estudiantes, que oteaban las vacaciones de verano. En las décadas siguientes sus líderes se afiliarían a diversos tipos de liberalismo. A las pocas semanas de finalizada la rebelión, ya nadie en Francia hablaba de ella. Claro que el soplo mágico que había rodeado al general se había esfumado y renunció al año siguiente.

Lo que para los contemporáneos era una "nueva revolución francesa" fue más que nada un moderno carnaval, una fiesta en el sentido original, intermedio lúdico-ritual que confiere sentido a la cotidianidad (algo de esto tuvo nuestro 2011) y después todo regresó a la normalidad; sus actores tenían un regusto a jeunesse dorée . Tuvo menor huella que, por ejemplo, los sixties en Estados Unidos. Evaporado, ¿qué queda de esos días? En sí mismo, nada. Sin embargo, si lo tomamos como experiencia carnavalesca del "espíritu de los sesenta" hay un estilo que pervive, eso sí, fundido con la cultura actual.

Ironía suprema, hace ya tiempo que los franceses convergieron en el general De Gaulle como el personaje más admirado del siglo; y más allá de sus fronteras ha pasado a simbolizar uno de los paradigmas positivos de la modernidad. El "espíritu rebelde" tan bellamente descrito por Albert Camus solo tiene sentido con el trasfondo de instituciones tradicionales. Si las aniquila, la rebeldía misma es sofocada y pierde toda posibilidad de enriquecer la vida.

Historiador UC

"¿Qué queda de esos días? En sí mismo, nada. Sin embargo, si lo tomamos como experiencia carnavalesca del "espíritu de los sesenta" hay un estilo que pervive, eso sí, fundido con la cultura actual".

Pablo Ortúzar: La juventud fue la pólvora

A fines de los 60 y comienzos de los 70 coincide mundialmente una serie de conflictos y revueltas. Todas protagonizadas por jóvenes y dirigidas contra el statu quo , pero no por eso iguales. No es lo mismo la toma de la Universidad Católica el 67 que las barricadas de París o Berlín. Ni la situación de París se parece mucho a la de Praga o Tlatelolco. No por nada Kundera consideró los hechos franceses como "una explosión de lirismo revolucionario", describiéndolos como "un levantamiento radical, mientras que la Primavera de Praga fue una revuelta popular de los moderados".

La juventud es clave. Si uno observa las pirámides demográficas de todos los países en revuelta, verá un puntiagudo cerro, con una robusta base. Los jóvenes eran más. Este hecho quedó inmortalizado por The Doors en "Five to one": "Los viejos envejecen/ Y los jóvenes ganan fuerza/ Ellos tienen las armas/ Pero nosotros tenemos los números". Otro elemento transversal es un cambio en la relación entre los sexos producto de la píldora anticonceptiva. Y, por último, los cambios en la Iglesia Católica luego del Concilio Vaticano II.

Así, la juventud fue la pólvora, pero hubo distintas chispas. En América Latina está el colapso de los servicios urbanos y una profunda pobreza producto de la masiva migración campo-ciudad. En Europa del Este está la maduración intelectual y política de quienes se oponían al estalinismo y buscaban una "tercera vía". En Estados Unidos están Vietnam y la lucha contra el racismo. En Francia y Alemania, finalmente, la pólvora se mezclaba con el privilegio: la revuelta fue dirigida por las generaciones más acomodadas de su historia.

¿Nos interpelan estas revueltas? Creo que hay dos elementos interesantes. Sociológicamente, hay cierto parentesco entre las condiciones que generaron revueltas de los privilegiados en Europa y las que impulsan las movilizaciones estudiantiles en países acomodados en el presente. Y también en sus manifestaciones ideológicas. Por ejemplo, las motiva el mismo progresismo individualista, sólo que hoy en clave moralista. Las cartas entre Adorno y Marcuse sobre las revueltas alemanas o los textos de Raymond Aron sobre el mayo francés son un prisma interesante para mirar la actualidad. Políticamente, luego de la crisis del 2008, la reflexión sobre el socialismo democrático llevada adelante por intelectuales como Stojanovic y Djilas vuelve a perfilarse como una fuente de orientación y crítica para una izquierda que se encuentra muy desconcertada ante el presente.

Investigador Instituto de Estudios de la Sociedad

''"Hay cierto parentesco entre las condiciones que generaron revueltas de los privilegiados en Europa en el 68 y las que impulsan las movilizaciones estudiantiles en países acomodados en el presente".

Alejandro San Francisco: Vitalismo y mito

De 1968 se han dicho muchas cosas, y también del mayo francés. Al cumplirse 50 años de los sucesos la historia vuelve sobre el acontecimiento y sus significados, pero también lo hace la política y la prensa. Lo que caracterizó a la década de 1960, como sostiene Arthur Marvick en "The Sixties", "fue una amplia difusión geográfica del activismo estudiantil", y probablemente nada representó mejor ese espíritu que los jóvenes de las barricadas parisinas y de los grafitis contestatarios en las paredes.

El contexto internacional era muy diferente, con el clima de la Guerra Fría muy vigente y visible, como mostraba la presencia de Estados Unidos en Vietnam y la represión de la Unión Soviética en Checoslovaquia. Lo interesante es que los jóvenes de París -en parte también quienes protestaban en Norteamérica o en Chile- no necesariamente estaban inmersos en esa dimensión dual y muchas veces buscaban salir de la "opresión social", con mucha decisión sobre lo que debían destruir pero sin tener muy clara la alternativa a construir.

Cuando se recuerda el mayo francés habitualmente se repiten algunos eslóganes que hicieron época: "prohibido prohibir", "seamos realistas, pidamos lo imposible" o "la imaginación al poder". Todas ellas muestran épica y rebeldía generacional -el "delirio verbal" del que hablaba Raymond Aron-, y han contribuido a mantener el carácter mítico del movimiento, aunque no necesariamente contribuye a una mejor comprensión histórica. Por lo mismo, la crítica que existió sobre el movimiento, en el sentido de que parecía más una fiesta que una revolución, porque no sabían cómo hacerla, era parcialmente correcta.

En cualquier caso, hay algo que es necesario tener en cuenta: las protestas del siglo XXI tienen y tendrán un ambiente más parecido a las sociedades opulentas de Europa en los 60 que el que vio desarrollarse la Revolución Cubana en esos mismos años. Y el cambio cultural de entonces también está vigente en el mundo de hoy.

Respecto del resultado de las protestas y otras manifestaciones, quizá exagera Tony Judt cuando dice que los 60 acabaron mal en todas partes, pero ciertamente tuvieron un final muy distinto al que soñaban los jóvenes de París.

Profesor Universidad San Sebastián y Universidad Católica de Chile.

''Las protestas del siglo XXI tienen y tendrán un ambiente más parecido a las sociedades opulentas de Europa en los 60 que el que vio desarrollarse la Revolución Cubana en esos mismos años".

Carlos Peña: Nada debajo de los adoquines

Mayo del 68 prefiguró, hasta cierto punto, el anhelo y la frustración de la cultura de hoy.

En efecto, Mayo del 68 -la revuelta estudiantil de la que París es el paradigma- representó lo que, a la distancia, puede estimarse una rebelión frente a la autoridad, una rebelión que es siempre frente a los padres, reales o vicarios. Esto fue el resultado, sin duda, de la expansión educativa y su principal consecuencia: el ensanchamiento de la adolescencia, esa línea de sombra que separa la niñez de la adultez en todas las sociedades modernas. En mayo del 68 todos querían ser adolescentes, los adolescentes verdaderos y los profesores que por algunos días jugaron a serlo. La beatería juvenil que cada cierto tiempo renace -que ve en los jóvenes un depósito de pureza e imaginación utópica y en la autoridad, un depósito de traiciones y renuncias- es una de las principales herencias culturales del 68.

Al mismo tiempo, Mayo del 68 fue una expansión de los ideales de autonomía y libertad personal que la cultura del capitalismo acabó sublimando.

El capitalismo fordista, esquemático y rutinario, se transformó e hizo suyos los mismos ideales que Mayo del 68 esgrimía en su contra: autorrealización, imaginación, individualismo, goce permanente, sólo que ahora esos ideales existen sublimados en la esfera del consumo y sus prácticas. Si hasta ese momento el capitalismo -como lo presentaban algunos de los ideólogos de esos días, por ejemplo H. Marcuse- era represivo y según se denunciaba mantenía la dominación gracias a un plus de represión innecesario, después del 68 ya no lo es y convive perfectamente con la libertad sexual, la competencia por el estatus, el sueño de escogerse y editarse cada uno a sí mismo y el consumo. La represión que los jóvenes del 68 padecían, o decían padecer, se transformó en las culturas juveniles de hoy día en un mandato de realización y satisfacción personal.

Porque si hay algo que caracteriza a la cultura de nuestro tiempo es lo que Mayo del 68 proclamó una y otra vez: la abolición del principio de realidad. Sólo que no resultó ser una abolición de veras, sino de la suplantación de ese principio por el mandato (como sugiere Zizek y anticipó Lacan) de gozar, de vivir al compás de un deseo imposible de satisfacer que constituye el gran acicate de la cultura contemporánea.

Uno de los grafitis de ese tiempo en el que la adolescencia fue una experiencia perpetuamente deseable, invitaba a levantar los adoquines de París porque bajo ellos estaba la arena de playa, el símbolo de la libertad y el recreo.

Hoy a la distancia se sabe más o menos la verdad: debajo de los adoquines no hay nada, salvo la imaginación que, al mirarlos, lucha contra el resto inagotable de lo real.

Rector UDP. Autor de "Lo que el dinero sí puede comprar".

Mayo del 68 fue una expansión de los ideales de autonomía y libertad personal que la cultura del capitalismo acabó sublimando".



Herramientas Reducir letras Aumentar letras Enviar Imprimir
Primavera de Praga: soldados soviéticos intentan disolver las protestas contra el régimen, en agosto de 1968
Primavera de Praga: soldados soviéticos intentan disolver las protestas contra el régimen, en agosto de 1968
Foto:GETTYIMAGES

[+] Vea más fotos


Servicios El Mercurio
   Suscripciones:
Suscríbase a El Mercurio vía Internet y acceda a exclusivos descuentos.
   InfoMercurio:
Todos los artículos publicados en El Mercurio desde 1900.
   Club de Lectores:
Conozca los beneficios que tenemos para mostrar.


Otros Servicios
   Defunciones
   Ediciones anteriores
   Propiedades
   Suscripciones
   Empleos
   PSU@El Mercurio
   Contratar publicidad
   Club de Lectores
   Clase Ejecutiva
   El Mercurio - Aguilar
 


Buscador emol.com Ir al demo interactivo Buscador emol.com
0  
Versión Digital

  • Revistas
    El Mercurio
  • PSU@ElMercurio.com Ediciones Especiales