Joel Prieto: "Para dedicarse a la ópera, el ego debe estar saludable"

El joven tenor puertorriqueño-español, que acaba de cantar el rol de Don Ottavio en "Don Giovanni", en el Teatro Municipal, dice que el ámbito lírico es un medio "donde hay gente que cree saberlo todo y que a veces dice cosas muy duras. Uno tiene que aprender a vivir en medio de eso y a separar lo que sirve de lo que no".  

Juan Antonio Muñoz H. 

Se podría decir que Joel Prieto (1981) traía la música adentro. Todavía no aprendía a hablar y ya imitaba a su madre cuando esta cantaba. "Había una afinidad con el mundo sonoro. Mi familia se daba cuenta de cosas como que yo repetía una melodía o una vocalización en el tono adecuado. Ya un poco más grande decía cosas como 'me gusta Mozart'. A los cuatro años pedí un violín y para Navidad me llevaron uno de juguete. Yo estuve medio enfadado porque quería uno de verdad. Comencé con el violín a los cinco y a los seis audicioné para el Coro de Niños de San Juan. Ahí conocí la voz y se me olvidó el violín", dice este tenor puertorriqueño-español que acaba de encarnar a Don Ottavio en el "Don Giovanni" (Mozart) que abrió la temporada lírica del Teatro Municipal.

La gran impresión con la ópera se produjo cuando lo escogieron como parte de un grupo de niños de su coro que iba a cantar en el segundo acto de "La Bohème" (Puccini), en Puerto Rico. Y allí, Mimí era Mirella Freni. "Fue el flechazo definitivo con la voz humana. Escuchar esas ondas que se transmiten por el aire. Cómo era posible tanto poder desde el cuerpo humano. Ahí tomé la decisión de ser cantante lírico y saliendo del teatro se lo comuniqué a mi papá. Además, desde entonces quise ser tenor. Rezaba siempre para tener voz de tenor. Pero había que esperar para saber. A los 15 años por fin lo supe; en mi primera clase, la profesora proclamó: 'Pues bien, eres tenor'. Salí de ahí saltando, como si me hubieran contratado para el Metropolitan de Nueva York".

Tras unos años de estudio en Puerto Rico, se perfeccionó en la Manhattan School of Music, "donde aprendí todo lo que significa dedicarse a esto, y que me permitió ir a la ópera dos o tres veces a la semana, a escuchar a los mejores cantantes de nuestro tiempo y también conocer los del pasado, como al tenor Fritz Wunderlich, que para mí es un ejemplo artístico. Él encarna la nobleza del sonido y el fraseo. Pero también están ahí Caruso, un hombre con una técnica perfecta, y Gigli, Schippa, Joan Sutherland, la Callas. De los cantantes de ahora, sin duda, Jonas Kaufmann y Juan Diego Flórez, dos referentes en términos expresivos y musicales".

-Usted lleva ya 12 años de carrera. ¿Qué ha entendido de la ópera y de su profesión en este camino?

"Ya no soy un principiante y tampoco soy un veterano. Estoy en una etapa intermedia, con muchas cosas por lograr aún. Sin duda, hoy me planteo ante la ópera de otra manera. De partida, la necesidad de tener una comprensión intelectual de lo que hago, de lo que es y significa la obra en sí".

-Un estado de madurez artística, entonces.

"Sí. Ya no estoy 'creando' mi instrumento. La voz está ahí, aunque siempre sigo trabajándola y cuidándola. Pero me he asentado intelectualmente respecto de la música y siento ya tener una memoria corporal que permite entrar en un rol y en una partitura de manera directa y profunda. Es algo que solo se da con los años. Eso también, en cierto modo, me ha liberado, porque puedo jugar más en todo sentido, musicalmente y teatralmente".

Joel Prieto dice que en su corazón de tenor están el personaje que interpreta en "Street Scene", de Kurt Weil, que vuelve a cantar en mayo y junio en el Real de Madrid. "Me encanta Nemorino ("El elixir de amor"), Ferrando ("Così fan tutte") y Belmonte ("El rapto del serrallo"). Estos dos últimos son los más difíciles roles de Mozart para tenor. Don Ottavio ("Don Giovanni") es un rol un poco monótono, pero su fuerza está en la nobleza vocal, en la línea. Mis sueños son Romeo y Fausto de Gounod, Nadir ("Los pescadores de perlas", de Bizet). Me encanta la música francesa y tengo gran afinidad con ella; Duparc, Debussy, Fauré...".

-¿Qué deben saber y qué resolver los jóvenes que quieran adentrarse en este campo laboral tan especial como es el del canto lírico?

"Hay que sopesar muchas realidades y darse respuestas que tienen que ver con uno mismo. Saber si puedes estar solo mucho tiempo, si puedes viajar constantemente, si puedes trabajar con gente que no conoces. Hay que ser capaz de llevarse bien con elencos muy distintos, tener la piel gruesa y saber escuchar lo que corresponde. Este es un medio donde hay gente que cree saberlo todo y que dice cosas muy duras e injustas. Uno tiene que aprender a vivir en medio de eso y a separar lo que sirve de lo que no. Importa también conocer tu cuerpo, cuán rápido puedes preparar la música, procurar decir a través de la música algo distinto de lo que dicen todos, cultivar la intuición para saber cuándo captar y cuándo rechazar un papel independiente de que quieras cantarlo. Hay que estar muy alerta, en suma".

-Vale decir, un desarrollo de la personalidad en todo nivel.

"Sí. Para dedicarse a la ópera, el ego debe estar saludable. En esta profesión hay que lidiar con personas con complejo de grandeza. Para eso es necesario estar muy zen, y eso se va logrando con el tiempo y con la adquisición de seguridad musical y vocal. Aprendí mucho de Plácido Domingo, sobre todo en términos de humanidad. Tratar a todos por igual, con el mismo respeto".

-¿Qué piensa respecto de la vida del género lírico? No me refiero a si se seguirá o no cantando "La Traviata" en el futuro, lo que seguramente ocurrirá, sino a la pervivencia del género en sí mismo.

"Como dicen los ingleses, la ópera es timeless , no tiene tiempo. Seguirá existiendo. Creo firmemente lo que una vez leí en un museo de Berlín: 'Todo arte es contemporáneo'. Aunque sea algo creado hace mucho tiempo, cada vez que se ve de nuevo o que se ejecute, está siendo contemporáneo. Pienso en las óperas de Mozart, por ejemplo, que son tan vigentes. En 'Don Giovanni' los temas son absolutamente de nuestra vida: la pérdida, el abandono, la venganza, las desesperación... Es fácil identificarse".

-¿Se identifica en algo con el personaje de Don Giovanni...?

"¡Ja, ja! No, pero he visto muchos Don Giovanni en Latinoamérica, en Italia, en España...".

 


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