Nueva evidencia sobre su impacto en el tratamiento oncológico:
El ejercicio no solo mejora la calidad de vida de los pacientes con cáncer, sino su sobrevida

Realizar actividad física con regularidad desde el momento mismo del diagnóstico ha mostrado reducir los efectos secundarios del tratamiento, como fatiga y náuseas, además favorece el reintegro del enfermo a la sociedad.  

C. González 

"Si los efectos del ejercicio pudieran ser encapsulados en una píldora, se prescribiría a cada paciente con cáncer en todo el mundo". Así resume la doctora Prue Cormie, especialista en Fisiología del Ejercicio de la Australian Catholic University, una idea que cada vez toma más fuerza en medicina: incorporar la actividad física desde el momento mismo del diagnóstico de cáncer a una persona.

Esto, porque sigue sumándose evidencia de los beneficios que el ejercicio tiene en la sobrevida y la calidad de vida de los pacientes que están en tratamiento oncológico o que ya lo han terminado. Cormie es una de las especialistas que lidera campañas para lograr que la actividad física sea incluida en las terapias contra el cáncer.

Este mes, junto a 24 organizaciones de salud australianas, dieron a conocer un documento en el que enfatizan que "las investigaciones clínicas han establecido que el ejercicio es seguro y efectivo en la intervención para contrarrestar los efectos físicos y psicológicos adversos del cáncer y su tratamiento".

"Estamos en una etapa en que la ciencia nos dice que no incentivar a los pacientes con cáncer a hacer ejercicios puede ser dañino", dice Cormie.

"Esto es porque sabemos que la gente que realiza ejercicios regulares experimenta efectos colaterales menores o menos severos de sus tratamientos, como la fatiga o el estrés".

Bien lo sabe Ana María Vargas (44). Hace cinco años le detectaron un tumor en su mama derecha que la obligó a someterse a cirugía y recibir quimioterapia. "Al día siguiente de la operación comencé con ejercicios para ayudar a la movilidad del brazo". Desde entonces no ha parado y está segura de que eso "influyó mucho en mi rehabilitación y mi estado de ánimo".

Su experiencia se suma a la de muchos otros pacientes a nivel local que se han visto favorecidos por la actividad física. Pero aún falta por hacer, reconoce Karol Ramírez, kinesióloga y profesora asistente de la U. Católica. "El trabajo kinesiológico está garantizado por GES, pero solo en la fase posoperatoria. Además, son pocas las unidades de oncología que cuentan con derivación oportuna. La idea es que todos los pacientes estén en este tipo de programas".

Para promover su inclusión, Ramírez ha llevado a cabo una investigación sobre los beneficios del ejercicio en 107 pacientes con cáncer de mama atendidas en el Hospital Sótero del Río. Solo el 24% de ellas cumplía semanalmente con las recomendaciones de ejercicio físico para personas con cáncer (ver recuadro).

Entre quienes se mantuvieron activas físicamente desde su diagnóstico, "mejoró la calidad de vida, tienen menos síntomas al tratamiento (como náuseas, vómitos, dolores) o de menor severidad", precisa Ramírez. Además, se reintegraron a sus actividades regulares con mayor rapidez. Los resultados serán presentados en junio en el primer encuentro de kinesiología oncológica que se realizará en Holanda.

"Hasta una modesta cantidad de ejercicio, como una caminata corta, trae sus beneficios, y podemos ver mejorías en comparación con la alternativa de no realizar ninguna actividad física", comenta la doctora Rachel Ballard-Barbash, quien ha investigado el tema en el Instituto Nacional del Cáncer (NCI) de EE.UU.

"Estamos observando que los pacientes pueden hacer más de lo que originalmente pensábamos, aun cuando estén recibiendo quimio o radioterapia".

En la U. Andrés Bello llevan dos años estudiando el vínculo entre ejercicio y cáncer de próstata, en colaboración con la UC y la U. de Frankfurt, en Alemania. Junto con corroborar los beneficios ya conocidos, los investigadores quieren ir un paso más allá: comprobar si la actividad física también influye en la evolución del tumor.

"Con estudios en peces cebra, estamos analizando el efecto bioquímico sobre el tumor o en cada fase del cáncer, para así poder determinar cuánto y qué tipo de ejercicio hacer según cada paciente", explica el doctor Christian Campos, decano de la Facultad de Ciencia de la Rehabilitación de la Unab.

 Rutinas semanales

"El ejercicio es una herramienta terapéutica muy potente, pero debe ser administrado a cada paciente según sus características personales y de enfermedad", precisa el doctor Christian Campos. En general, se recomiendan 150 minutos de ejercicio de moderada intensidad o 75 minutos de intensidad vigorosa a la semana, combinando rutinas de actividad física que potencien el ejercicio aeróbico, de resistencia y flexibilidad. No hay contraindicaciones, salvo en algunos casos de metástasis pulmonar u ósea, por ejemplo, o fatiga exagerada, en que la intensidad del ejercicio debe moderarse.



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<p>Los cambios en la composición corporal son frecuentes en muchos pacientes de cáncer, tanto por el tipo de tumor como por efecto del tratamiento. La actividad física ha mostrado ser una buena herramienta terapéutica a cualquier edad.<br/></p>

Los cambios en la composición corporal son frecuentes en muchos pacientes de cáncer, tanto por el tipo de tumor como por efecto del tratamiento. La actividad física ha mostrado ser una buena herramienta terapéutica a cualquier edad.


Foto:Hospital For Special Surgery


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