Libro colectivo La propuesta de seis intelectuales:
¿Nueva Constitución? Mirar atrás para reconstruir el "nosotros"

Ni reacción ni revolución, los autores de "1925. Continuidad republicana y legitimidad constitucional" proponen recuperar la memoria rota en 1973: cambiar la Constitución mirando a la de 1925.  

Juan Rodríguez M. 

En 1980, en el teatro Caupolicán de Santiago, la oposición a la dictadura se reunió para manifestar su rechazo a la nueva Constitución redactada por el régimen, que se plebiscitaría y aprobaría en septiembre de ese año. Uno de los oradores fue el filósofo Jorge Millas: "El nuevo orden político será, por falta de autenticidad del consenso originario, un verdadero desorden espiritual", dijo. "El problema de la Nueva Constitución seguirá siendo la gran tarea histórica de los chilenos libres". Casi 40 años después, el 6 de marzo de 2018, un proyecto de Nueva Constitución fue ingresado al Congreso por la ex Presidenta Michelle Bachelet (sin movimiento desde entonces).

Gesto bautismal

"Millas vio el problema de fondo: la nueva constitución sería incapaz de 'expresar la concordia mínima que la República necesita'. Se acerca la hora de reconocer esta verdad. Pero no debemos repetir el gesto bautismal del General Pinochet e inventar otra nueva constitución. La Constitución del 25 fue invocada por ambos bandos en la crisis del 73. Eso le da una legitimidad especial que no podría conseguir otra nueva constitución inventada desde cero".

Quien habla es el novelista y ensayista Arturo Fontaine, uno de los seis autores de "1925. Continuidad republicana y legitimidad constitucional: una propuesta" (Catalonia), un libro en el que Fontaine, el historiador Juan Luis Ossa, el sociólogo Aldo Mascareño, los filósofos Renato Cristi y Hugo Herrera, y el abogado Joaquín Trujillo, proponen no un regreso al texto de 1925, sino que el retorno a una tradición republicana y democrática -de continuidad y reforma constitucional- rota por el golpe de Estado, la dictadura y la Constitución de 1980.

En el prólogo, la antropóloga Sonia Montecino dice que la apelación a la tradición podría verse como anacrónica. Pero valora el intento "de abrir una posibilidad para revisitar la memoria institucional, conjurando las sombras de la Constitución de 1980 y recogiendo y valorando desde el presente una filiación histórica democrática en la de 1925".

El historiador Niall Ferguson ha dicho -apelando a Edmund Burke y refiriéndose al debate constitucional chileno- que cambiar constituciones es un "vicio latinoamericano". ¿Hay algo de eso en el deseo de cambiar la Constitución de 1980?, ¿o quizás sea al revés, y fue la revolución constitucional de 1980 la que cayó en el vicio? Juan Luis Ossa cree lo segundo: "La Carta de 1980 fue el resultado de una 'revolución constitucional' llevada a cabo por la dictadura de Pinochet. Este espíritu 'constructivista' está en las antípodas de la historia política de Chile, donde la tradición constitucional fue siempre reformista y gradualista, nunca revolucionaria. Burke nos enseña que la tradición constitucional pone freno a los impulsos revolucionarios, cuestión que, en este caso, se evitaría retomando la Constitución de 1925 como un símbolo que nos prevenga de caer en el juego refundacional de Pinochet".

¿Qué se puede rescatar de la Constitución de 1925? ¿Desde dónde deliberar y quiénes deben hacerlo para construir o reconstruir un "nosotros" legítimo, la "comunidad imaginada" de la que habla Fontaine, citando al historiador Benedict Anderson? "Se debe distinguir el texto respecto del símbolo", responde Hugo Herrera. "La Constitución de 1925 como texto requiere ser adaptada a la realidad presente para ponerla bajo estándares actuales. Pero como símbolo es una elaboración que nos conecta con la larga tradición republicana que se inicia en 1828. Su carácter es exactamente inverso a la Constitución de 1980: en esta, el texto se sujeta en partes importantes a los estándares actuales, pero como símbolo es políticamente inoperante, pues divide a los chilenos por el problema de su origen".

Renato Cristi recuerda una idea de Anderson: aunque los ciudadanos de una nación nunca conocerán a la mayoría de sus conciudadanos, "en cada uno habita la imagen de su comunión". "También en los chilenos del siglo XXI", dice Cristi, "absortos en la cultura del consumo y el bienestar material, habita la imagen del legítimo 'nosotros' que nace a partir de nuestra Independencia y se consolida constitucionalmente. Un re-encuentro con nuestra comunidad histórica restauraría la legitimidad constitucional de ese 'nosotros'".

"Nuestra propuesta", dice Aldo Mascareño, "rescata elementos clásicos del constitucionalismo chileno, como los de libertad e igualdad. La Constitución de 1925 conjugó de buen modo estos principios. Nos otorgó estabilidad democrática, mientras en otros países latinoamericanos veíamos populismo puro o el salto de una constitución a otra. Su fin en 1973, simboliza la clausura de un horizonte político que cree que ambos principios pueden ser articulados democráticamente. El peligro permanente con la Constitución de 1980 es asumir que se debe privilegiar un principio sobre otro".

En el libro se apela varias veces a conceptos como símbolo, mito, metáfora, memoria e imaginación. Herrera, incluso, cree que el momento constituyente es "parecido al artístico", e Iván Trujillo habla de "estilo" y "estilística". Una Constitución, ¿tiene algo de literario?, ¿es una obra de arte? "Algo así sostiene el movimiento Law and Literature en la academia norteamericana -responde Trujillo-. En nuestro caso, la de 1828 fue escrita por el poeta J. J. de Mora, y su reforma de 1833, dice la leyenda, la habría escrito el poeta Andrés Bello, como escritor oculto. La de 1925 y 1980 serían las excepciones, aunque la primera sigue el estilo deferente de las dos anteriores. El estilo con que los redactores se enfrentaron a la constitución vigente, por entonces, es lo que permite hablar de continuidad, una continuidad no inmutable, pero que tuvo conciencia de la importancia primordial de este estabilizador, que es la continuidad, tras las innumerables crisis políticas que legó la Revolución francesa en Occidente. Este estilo pensado, o sea, estilística, fue roto, pero aún subsiste como símbolo".

 


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1925. Continuidad republicana y legitimidad constitucional: una propuesta. Varios autores. Prólogo de Sonia Montecino. Catalonia, 2018, 286 páginas. $16.900 ENSAYO
1925. Continuidad republicana y legitimidad constitucional: una propuesta. Varios autores. Prólogo de Sonia Montecino. Catalonia, 2018, 286 páginas. $16.900 ENSAYO

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