TOMA FUERZA EL REALISMO SOCIAL Propuestas que sorprenden:
La historia, gran protagonista de las artes visuales en Rusia

El realismo social ruso -radicalmente distinto al realismo socialista de la era soviética- ocupa un lugar protagónico en varios de los artistas rusos más sobresalientes de la actualidad. Hay también un movimiento que está contra "el arte cómodo", otros dialogan y critican la convulsionada historia del siglo XX. Varias propuestas invitan a vivir sensaciones.  

CECILIA VALDÉS URRUTIA 

La Manifesta europea -la bienal de arte contemporáneo itinerante más prestigiosa del Viejo Continente- empezó esta semana en Sicilia, en museos y en algunos de sus innumerables sitios arqueológicos. Uno de los participantes que despiertan más interés es el ruso Evgeny Antufiev (1986) , Premio Kandinsky. Creador de piezas que exploran culturas ancestrales, las que exhibe en el Museo Arqueológico Regional de Palermo.

La exposición de Antufiev -"Cuando el arte se convierte en parte del paisaje"- despliega 30 obras en el primer piso de ese museo estableciendo un diálogo con los descubrimientos históricos. Hace aparecer esas piezas como un "regalo del paisaje", destaca la curadoría italiana. Se sumerge en la iconografía simbólica de las culturas arcaicas que estuvieron asentadas en Sicilia, como la etrusca y la griega. El ruso trabaja en madera tallada y terracota, abordando con singularidad la iconografía religiosa y pagana.

Su propuesta -que también participó en la Manifesta anterior- busca revisitar el concepto de exposición arqueológica. "Pero está también presente aquí el filtro inevitable de la cultura visual de mi ciudad natal, Siberia, y la fina tradición artesanal rusa", reconoce.

El hecho es que Antufiev no es el único artista ruso actual que sorprende en la escena internacional y, ciertamente, en la de su país. Son varios y diversos los creadores que están trabajando y marcando pauta: hay desde conceptuales y los que realizan acciones de arte en torno a estatuas de la era soviética, hasta instaladores, videastas, pintores o dibujantes que vuelven con maestría y sarcasmo a la otrora tradición rusa de la realidad social y la historia. Se les ve en la Documenta de Kassel, en las bienales, en museos y salas que gravitan. Varios protagonizan tendencias con sus propuestas.

Los Kabakov: padres de la era post estalinista

Hace dos años llegó a la Fundación Proa en Buenos Aires una muestra desde el Museo Maxxi de Roma con obras de algunos de los artistas más influyentes de hoy. La propuesta de más impacto constaba de dos pares de piernas monumentales, de casi cinco metros de altura, atribuida a "dos personajes anónimos". Una con falda larga y el otro con un pantalón a rayas, cuyas extremidades tenían formas tubulares. La misma sala estaba rodeada por mitades de pinturas decimonónicas y había fotografías con escenas históricas y culturales de Rusia. Mientras, pequeñas grietas en el suelo dejaban entrever hermosos paisajes.

Sus autores: la mítica pareja Ilya y Emilia Kabakov -precursores del arte contemporáneo ruso- buscaba hacer comprender el concepto de espacio, desde distintos puntos de vista. Ilya (1930) es considerado el artista más importante de la era post estalinista. Partió trabajando en los años 60 con un grupo subversivo de arte conceptual en Moscú. Sus genuinas instalaciones (en la década del 90 se casó con Emilia) abordan las condiciones sociales de la era soviética y versan también sobre conceptos del arte. Influye fuertemente con sus postulados y provocadoras creaciones que incorporan objetos, historia, pintura, poesía y arquitectura. Sus trabajos son requeridos en las principales bienales y museos.

Realismo social en el arte ruso

Una de las buenas artistas visuales rusas es Irina Nakhova (1955). Formada en los años 70 en la generación llamada de los "Rusos no conformistas, de la Escuela conceptual de Moscú", a mediados de los años 80 recibió el reconocimiento con su "Instalación total", en Moscú. Fue elegida para representar a Rusia en la Bienal de Venecia 2015 y participó con una sugerente intervención en la que pintó el cielo, el suelo y las paredes del pabellón con composiciones abstractas en verde y rojo. La artista demostraba la importancia del discurso del color para los rusos modernistas y posmodernistas. Su obra total titulada "Pabellón verde" establecía, a su vez, un diálogo histórico con aquel pabellón rojo que presentó en los años 90 el propio Ilya Kabakov.

Irina Nakhoba ha estado en museos como el MoMA de Nueva York exhibiendo sus instalaciones, fotografías y objetos escultóricos que aluden al realismo social en su país y al pasado reciente.

Olga Chernysheva (1962) -quien creció entre Moscú y Damasco (Siria)- es una de las más talentosas y agudas creadoras rusas de hoy. Sorprende con su sólido y delicado arte. Invitada a exhibir en la Bienal de Venecia y otros encuentros, se explaya con un lenguaje en diversos medios -dibujo, pintura, fotografía, video y breves ensayos-, que se cimenta en una acuciosa observación de la realidad. Es continuadora de la tradición del realismo social, opuesto al realismo socialista en el arte de la era soviética. El poeta y reputado curador estadounidense de origen africano Okwui Enwezor destaca "su profunda observación que captura escenas de Moscú y las de una nación que aún es mirada llena de contradicciones".

Una de sus series notables es la que expuso en la Bienal de Venecia 2015: dibujos que detenían al público y mostraban, por ejemplo, una hermosa escena en un corredor de Moscú con polémicos personajes históricos rusos conversando, acompañados de un texto de la artista en el que había escrito: "Lenin, Stalin y ciudadanos en un cruce, Moscu, 2015. ¿Quiénes estarán en este lugar el próximo siglo?".

Chernysheva recoge, además, de la historia del arte y del cine. Para ella son muy importantes figuras como Alexander Dovzhenko y Sergei Eisenstein. Y una de sus fuentes de inspiración -resalta- es el pintor ruso de San Petersburgo, del siglo XIX, Pável Fedótov (1815-1852), perseguido durante la revolución de 1848. También cuestiona pasajes de la historiografía del arte. Hace críticas agudas con un sofisticado humor. Su obra se exhibe en el Guggenheim, el MoMA y en museos de Alemania, entre otros.

Cita a Rembrandt, a Beuys versus "casa fantasma"

Dmitry Gutov (1960) es un nombre significativo en la escena: "Empezó a ser conocido a fines de los años 80", reseñan en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), donde presentaron una gran retrospectiva. Autor de esculturas en metal, de instalaciones, gráfica y pintura, su visión se ubica también fuera de la era soviética. En cambio, sí se inspira en artistas disímiles como Joseph Beuys, para la gráfica; y para las escenas pictóricas trabaja en "diálogo" con el maestro barroco Rembrandt.

Otra de sus fuentes es la caligrafía china y los diseños gráficos soviéticos de los años 50 y 60. Y es autor de trabajos que toman y recrean los íconos ortodoxos rusos, bajo su prisma.

En tanto, el ultra conocido Grisha Bruskin (1945) tiene una trayectoria aun más dilatada. Premio Kandinsky 2012, su trabajo se mueve entre la pintura, el objeto escultórico y la instalación. Ha realizado importantes proyectos en Berlín y Nueva York, y su obra en la Bienal de Venecia 2017 fue una de las más visitadas. La integraban cientos de muñecos que simulaban soldados, extraños muñecos, misteriosos seres androides, también había símbolos comunistas e imágenes de videoproyecciones. La instalación discurría en torno al poder, el miedo y el control de las masas.

Pero una de las obras que han producido más fascinación y desasosiego es una instalación multimedia de Gosha Ostretsov (1967), mostrada en la Bienal de Arte de Venecia. Sus trabajos evocan imaginarios de utopías y antiutopías, y combinan pintura, dibujo, escultura y novelas. Para esa instalación que seducía en el Giardini de Venecia hizo recorrer al espectador estrechos pasillos y piezas oscuras dentro de lo que uno imaginaba una casa fantasma, en la que se iluminaban, por momentos, rincones donde aparecían cuadros en movimiento, personajes trabajando antiguos oficios encarnados en muñecos de tamaño natural, o un largo brazo... El artista aludía también a antiguos cuentos y a la cultura subversiva, como varios otros creadores rusos que hablan en la actualidad de la búsqueda de la identidad rusa en medio de un caos e integran un movimiento que trabaja las más diversas "seducciones visuales e imágenes narrativas".

Movimientos que incomodan

En otro extremo está Anatoly Osmolovsky (1969), figura ícono del accionismo conceptual en el arte ruso en estas últimas décadas. Provocador autor de una mítica acción de arte que lo llevó a subirse, en 1993, al monumento del poeta Vladimir Mayakovski, símbolo del régimen soviético. Su objetivo era entonces "recuperarlo en el círculo de artistas progresistas".

Más reciente, en 2010, el crítico Valentin Diakonov se refirió en el diario Kommersant a una de las representantes "de un nuevo movimiento ruso de arte incómodo". Ella es la artista minimalista Alexandra Sukhareva (1983), quien integra el reciente grupo llamado "The new bori", el que ideológicamente se proclama contra el glamour , el arte cómodo y estilísticamente probado. Se sitúan tal vez más cerca de un conceptualismo americano de los años 70.

Sukhareva es autora de esculturas e instalaciones que parecen frágiles y fragmentadas, física y metafóricamente. Pero son complejas y sustanciosas. Esos trabajos informan de un amplio rango de temas históricos, espirituales, filosóficos y hasta de referencias matemáticas. Una de sus instalaciones -que expuso en la Documenta de Kassel- consiste en una inquietante y pulcra pared con contados objetos que aluden a sus recuerdos de niña del Muro de Berlín: "Yo tenía seis años entonces, y la verdad es que no sabía nada del muro, excepto de sombrías conversaciones que escuchaba de los adultos. Pero hoy, ¿qué conecta con ella, con las dos partes...?", cuestiona y se cuestiona la artista rusa.

 


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Ilya y Emilia Kabakov. Los padres del arte contemporáneo ruso hablan de historia y trastocan el espacio.
Ilya y Emilia Kabakov. Los padres del arte contemporáneo ruso hablan de historia y trastocan el espacio.
Foto:FUNDACION PROA/KABOKOV

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