Ashley Cooper, agricultor que sufrió atentado en su campo en Vilcún:
"El anuncio del Comando Jungla es para la tele"

El dueño del fundo Palihue, ubicado en la Región de La Araucanía, relata en primera persona los complejos momentos que vivió la noche del domingo 15, cuando desconocidos incendiaron todas sus máquinas. "Todo era fuego", dice este agricultor de 67 años. Un asalto que se dio 17 días después de que el Presidente Piñera presentara en su visita a la región a la "policía antiterrorista". Un grupo del GOPE entrenado en Colombia y Estados Unidos que tiene como función evitar este tipo de ataques.  

Bárbara Vial 

"Era un día normal, como siempre recorrí las más de 600 hectáreas que en esta época sembramos con cereal en la empresa familiar. Recién a las nueve de la noche llegué a mi casa. Me acompañaba mi hijo, Ian, de 18 años. Ambos estábamos cansados, comimos, conversamos un rato y nos fuimos a dormir a las diez y media de la noche. Dos horas después, exactamente a las 00:38 desperté con el sonido de mi celular. Era mi vecino, Carlos Huencho, uno de los miembros de la comunidad indígena que colinda con el área oriente del campo. Me preguntó qué pasaba que veía fuego. Me levanté de un salto, abrí las cortinas y veo todo naranjo, como si estuviera haciendo erupción un volcán. Inmediatamente después, tocaron la puerta".

El domingo pasado, el agricultor Ashley Cooper sufrió un atentado en su fundo llamado Palihue, ubicado a unos 14 kilómetros de Vilcún, en la Región de La Araucanía. A pesar de contar con custodia policial, desconocidos quemaron dos galpones que guardaban tres tractores, un fumigador, máquinas sembradoras, embolsadoras de grano y motores de riego. Todo avaluado en $700 millones. El único rastro que hay es un letrero que decía: "Aukan Weichan Mapu, sin tierras habrá guerra".

"Todo era fuego"

"Al otro lado de la puerta estaba uno de los dos carabineros que estaba de turno esa noche en el resguardo policial. Ambos alojan a 30 metros de mi casa, en un cuartel que les habilitamos con las comodidades básicas: baño, cocina y camas. El suboficial me dice que se está quemando todo. Después de eso no escuché nada más, solo atiné a correr a mi pieza, vestirme con la misma ropa que me había sacado hace un par de horas. Fui al lado de mi cama a buscar la pistola que tengo inscrita, la había comprado el año pasado luego de sufrir un atentado (ver recuadro). Junto a mi hijo corrimos los 30 metros que separan los galpones de mi casa y al llegar las llamas no me dejaban acercarme más allá de diez metros, aguantando la respiración traté de sacar lo que más podía, como las plataformas de las máquinas automotrices. El resto ya estaba todo en llamas, de hecho cuando estaba sacando las plataformas, el galpón crujía mientras empezaba a caerse. Hace solo 20 días había llegado una nueva máquina desde Alemania, me costó más de 100 millones de pesos.

Nunca había estado en un incendio así. He visto muchos incendios de rastrojo, pero ver que se te viene abajo una estructura y saber que hay dos máquinas que se están quemando adentro es bastante potente. No sentía susto ni rabia; la adrenalina era alta porque estaba tratando de sacar cosas, no me preocupé de nada más. Lo hecho, hecho estaba, y había que actuar rápido, no sacaba nada con paralizarme.

Pasaron cerca de 40 minutos hasta que llegaron los Bomberos. Lograron apagar el fuego. Del primer galpón no se salvó nada, estaba todo destruido, y en el segundo lograron salvar la mitad.

Antes había llegado personal del GOPE y más tarde ya estaba todo cercado por la PDI. No hubo disparos. Nadie vio nada. Yo estaba muy cabreado.

A las 3:45 de la mañana apagaron el fuego. Dejé la pistola en el mismo lugar de siempre y me dormí. No tenía miedo, ellos no vuelven, no es así que se van y vuelven".

El día después

"Al día siguiente, a eso de las 8:30 de la mañana, llegó Jorge Luchsinger a mi casa. Quería ver con la luz del día la real magnitud de los destrozos, porque en la noche las llamas no dejan ver bien, la PDI cerca todo y el escenario es un caos. Junto a él dimos una vuelta, miramos y dije: Listo.

Era lunes feriado. Le di instrucciones al administrador que al día siguiente, a primera hora, empezaran a recoger los escombros, ver si alguna madera se salvaba, hacer una limpieza general, esperar a que llegara el liquidador de seguro para la única máquina que estaba asegurada. Una vez hecho eso, desarmar todo y limpiar. No quería ver más la escena.

Ese día me puse a trabajar como siempre: altiro. Todavía nos queda bastante que sembrar, así que hay que buscar las fórmulas para hacerlo vía servicio, cualquier ayuda solidaria de algún vecino, de cualquier manera, tienes que seguir viviendo, no te puedes quedar parado.

Esa noche dormí más o menos. Estaba más alerta. Imagínate que entran a tu casa no sé cuántos gallos y aparte de robarte, te queman la casa, ¿cómo duermes al día siguiente?".

Cinco años con resguardo policial

"El mismo día que asesinaron a Werner Luchsinger y a mi prima Vivianne McKay, comenzamos con resguardo policial. Ellos me dan la tranquilidad para poder dormir, si no tendría que hacerlo con la pistola debajo de la almohada o salir cada vez que ladra el perro. Son dos los carabineros que están permanentemente en mi casa, dos de día y dos de noche. El primer turno es desde las 8:00 hasta las 20:00 horas, luego llegan otros dos que se quedan desde las 20:00 a 8:00 horas. Las personas van variando cada tanto. No sabía quiénes estaban. La función de ellos es proteger tu vida, y si no hubieran estado, los desconocidos habrían tenido dos horas para hacerse un picnic con nosotros, además de quemar los galpones, las máquinas y oficinas; también podrían haber atacado la casa, agarrarnos a chuleta o matarnos. Aquí no llega nadie, imagínate que Bomberos se demoró cuarenta minutos. En el campo, la cosa no es como la ciudad, donde la patrulla más cercana está a dos o seis cuadras.

No tengo miedo. No entro en pánico. Si siento ruido o ladran los perros, agarro la pistola, salgo y si me encuentro con un desconocido, no dudaría en disparar.

Lo único que se encontró en el lugar fue el letrero que decía que sin tierra habrá guerra, todo esto es para presionar al Gobierno para que les den más tierras. Estamos de acuerdo con la estrategia que se ha usado sobre no seguir comprando tierras, pero sobre el anuncio del Comando Jungla, eso es para la tele. Es como decir: 'cáchate esta, esta sí es que buena'. Aquí lo que falta es inteligencia, voluntad política del Estado de Chile, de sus autoridades, senadores y diputados. Tomar el tema del terrorismo con la seriedad que se requiere y no pensando en dividendos políticos mezquinos de los grupos de interés. En todo el mundo, el terrorismo es un blanco, y aquí te piden que no los toques, incluso van a exponer a las universidades.

Yo creo que es el mismo grupo que me atacó el año pasado (ver recuadro). Es un grupo de la zona, aquí hay varias teorías. Está la teoría de que los jóvenes salieron de vacaciones y empezaron a hacer esto. En el mismo fin de semana ha habido cuatro atentados, en distintas partes, entonces es difícil que sean grupos tan organizados como tratan de demostrarlo, aunque también creo que hay un grupo operativo que son los mismos que queman las iglesias y que atentaron contra un joven en Codegua, que lo mataron hincado de un balazo. En algún minuto las matemáticas te dicen que van a venir por ti. Si a todos los queman y atentan en distintos campos, cada vez quedan menos que hay que atacar".

"Lo único que se encontró en el lugar fue el letrero que decía que sin tierra habrá guerra".

"No sentía susto ni rabia; la adrenalina era alta porque estaba tratando de sacar cosas, no me preocupé de nada más. Lo hecho, hecho estaba, y había que actuar rápido".

 "No sé cómo, uno de ellos se sube arriba y me pone la pistola en la cabeza"

"Eran las 10:30 de la noche del domingo 27 de enero de 2017. Estábamos trillando en el fundo Santa Ana. Era época de cosecha. Nosotros sabíamos que ese campo era complicado. Está ubicado al lado derecho del bypass de Temuco de la Ruta 5 Sur y siempre salíamos de día de aquel lugar. Pero esa vez, la embarré, nos quedamos hasta más tarde. Había cuatro máquinas y una a una fueron saliendo. Yo era el último, arriba de una trilladora. Estaba acompañado de un trabajador. De repente, empiezan seguirme a pie cinco personas. Estaban tapados con unas capuchas, solo se les asomaban sus ojos. No me detuve y solo escuché un fuerte ruido. Era el primer balazo de un fusil. Le dispararon a la rueda trasera de la máquina, la cual la atravesó, pero como era tubular, no se pinchó. Nuevamente no me detuve, les empecé a tirar la máquina encima, y ahí empezaron los balazos, que fueron cerca de 23. En medio del enfrentamiento, uno de los desconocidos corrió hacia adelante, se para al frente de la trilladora y le dispara a la cabina. El parabrisas reventó. Mil pedazos de vidrio volaron, no veíamos nada, todo era confuso".

"Lo único que querían era que me detuviera para bajarme a chuletas y quemar la máquina. Ese era el objetivo. Y yo no estaba dispuesto a entregarles la máquina para que luego me la quemaran".

"De repente, no sé cómo, uno de ellos se sube arriba y me pone la pistola en la cabeza. Me dice: "Concha de... bájate ahora o te mato". Ahí me di cuenta que no era mapuche, no tenía ni el tono ni los rasgos de los mapuches de la zona. Con la pistola en la sien, levanté las manos sin parar de acelerar y le advertí que la máquina no se iba a detener. Miré hacia la izquierda y entre los árboles vi un canal. 'Si aquí morimos, morimos todos', le dije y giré derecho al río. El gallo miró y se dio cuenta que iba a ser el parachoques de la trilladora, se tiró para abajo. Alcanzamos a arrancar".



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Ashley Cooper, junto a una de las máquinas quemadas luego que desconocidos prendieran fuego a dos bodegas ubicadas a 20 metros de su casa.
Ashley Cooper, junto a una de las máquinas quemadas luego que desconocidos prendieran fuego a dos bodegas ubicadas a 20 metros de su casa.
Foto:MARIO QUILODRAN


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