ELMERCURIO.COM Volver

 
Ignominia

Domingo 29 de julio de 2018


Foto:RODRIGO VALDÉS
La incorporación del ex frentista Ricardo Palma a la SECh es un ejemplo perfecto de lo que Sartre llamaba mala fe, esto es, la construcción de un andamiaje racional para tapar una verdad que conocemos, pero no queremos asumir.
 


 

En mayo pasado, la Sociedad de Escritores de Chile (SECh) aceptó como miembro a Ricardo Palma Salamanca, el ex frentista condenado por el asesinato de Jaime Guzmán. Palma Salamanca se encuentra actualmente en París bajo "control judicial", firmando diariamente en una comisaría, a la espera de que la justicia francesa decida sobre la solicitud de extradición presentada por Chile. Es innecesario repetir que "El Negro", como lo apodan sus amigos, no es solo el asesino de Jaime Guzmán, sino que tiene a su haber una lista de crímenes, que incluye cuatro asesinatos y un secuestro. Este héroe de la resistencia y, como se deduce de su prontuario, gran humanista, está condenado por la justicia chilena, en democracia, a dos cadenas perpetuas -más de 30 años de cárcel-, pero a ojos del directorio de la SECh, eso forma parte de la vida privada del escritor, sobre la cual dicho directorio no se puede pronunciar, pues no les compete. Según declaró el presidente de la SECh, para ser miembro de dicha institución solo "es necesario haber publicado un libro con lomo, inscrito en derechos de autor, con ISBN (...). Nada más. Nosotros no cuestionamos el contenido de su obra, ni su vida personal ni lo que haga por otro lado". Cabe preguntarse cuál habría sido su reacción si Augusto Pinochet hubiese solicitado ingresar a la SECh. Porque escritor, Pinochet lo fue y según los estatutos de la organización, admisible de pleno derecho. Lo mismo ocurre con Mariana Callejas. ¿Habría declarado la SECh incuestionables a ambos? Pero el presidente de la institución va aun más lejos: para justificar el ingreso de Palma Salamanca, lo compara con otros escritores que se han visto envueltos en delitos o hechos de sangre. La lista va desde María Luisa Bombal, que baleó a su amante, como todo el mundo sabe; a Miguel de Cervantes, Quevedo y el poeta medieval francés François Villon. Si Caín hubiese escrito un par de versos no habría dejado de incluirlo.

En realidad, estamos ante un ejemplo perfecto de lo que Sartre llamaba mala fe, esto es, la construcción de un andamiaje racional para tapar una verdad que conocemos, pero no queremos asumir. Es de absoluta mala fe comparar a Palma Salamanca con Bombal, autora de un crimen pasional, o con Gómez Morel, lanza y escritor. Pero el presidente cae en un ridículo ya paroxístico cuando cita a Quevedo, Cervantes o François Villon, que fue, dicho sea de paso, un asaltante de caminos y uno de los más grandes poetas del medievo. ¡Por favor! Pongamos las cosas en su lugar: Palma Salamanca es un pistolero, a sueldo espiritual y/o material, de una facción política que vio en el terrorismo una vía legítima para acabar con la dictadura y hacer justicia en nombre del pueblo. Personalmente estoy en las antípodas de las posiciones de Jaime Guzmán y me cuento entre los detractores irrestrictos de los crímenes de la dictadura. Pero la idea de reemplazar un terrorismo por otro me ha parecido siempre una formidable irracionalidad histórica. Lo peor es que en este caso, la mala fe no es solo una sesgada elucubración intelectual. Se trata también, y sobre todo, de una estrategia jurídica: consiste en dotar a Palma Salamanca de una pátina de intelectual. La corte francesa será mucho más clemente, piensan, ante el caso de un pistolero-escritor, que ante el de un simple criminal. ¿Antecedentes? El caso de Cesare Battisti, escritor reclamado a Francia por la justicia italiana por varios crímenes en la época de las Brigadas Rojas. Para defenderlo, se formó un comité de apoyo que integraban Philippe Sollers y otros escritores franceses. Pero Battisti arguyó siempre su inocencia. Palma Salamanca nunca ha dejado de confesar, incluso por escrito.

A este juego se presta la SECh. Lo cual demuestra que no se desentienden en absoluto de la vida personal del escritor, argumento falaz e insostenible, por cierto, porque el escritor "es" su vida personal. Justamente es al revés: lo aceptan "porque" se trata de Palma Salamanca. La maniobra pretende que el frentista sea considerado un perseguido político y obtenga el estatuto de refugiado en Francia. En el diccionario de la RAE se encuentra la siguiente definición: "Ignominia: afrenta pública". Eso es lo que acaba de cometer la SECh y su directorio, una afrenta contra los escritores chilenos y contra todos los chilenos.