Obra inédita "Usos y costumbres de los araucanos"
Libertarios y poetas: los mapuches según Claudio Gay

El enciclopédico trabajo que hizo el naturalista francés para describir a la naciente nación chilena incluyó el perfilamiento de los mapuches. Un conocimiento que no interesó a las autoridades locales, pero al que Gay le dedicó sus últimos años de vida. Archivada desde el siglo XIX en Francia, la investigación se publica por primera vez gracias al trabajo del antropólogo Diego Milos.  

Juan Rodríguez M. 

Los sitúa entre "los pueblos de la naturaleza", y dice que fueron "desnaturalizados y descarriados" por las luchas y sufrimientos que trajeron los españoles. Perdieron "el carácter de suavidad que fue señalado por algunos conquistadores, obispos y misioneros", agrega. Su natural sentimiento de libertad "ha hecho germinar en ellos un humor extraordinariamente belicoso"; son "magnánimos" pero "crueles". "Es el anatema que varios cronistas, militares y religiosos frecuentemente dejan caer sobre ellos (...). Ni unos ni otros supieron ver la grandeza de alma que los animaba y llevaba a la acción. Porque, en efecto, no se puede defender a una patria con tal obstinada perseverancia, sacrificando descanso, intereses y hasta sus vidas, pues preferían pelear hasta la muerte o dárselas a sí mismos antes que ser exiliados de su país, siempre dispuestos a regarlo alegremente con la propia sangre. Y eso es un título de nobleza y una elevación del corazón que cualquier hombre justo y consciente no podría sino aprobar o admitir".

Quien escribe es Claudio Gay (1800-1873), el naturalista francés que recorrió Chile en el siglo XIX y publicó en 30 volúmenes su "Historia física y política de Chile"; y de quienes habla es de los mapuches, o araucanos, como aún se les decía. Lo hace en "Usos y costumbres de los araucanos", un inacabado libro en el que Gay trabajó hasta sus últimos días. El manuscrito estaba en Francia, allí lo encontró el antropólogo chileno Diego Milos (Santiago, 1981): lo leyó, lo transcribió, lo tradujo, lo ordenó, lo introdujo, lo anotó y lo convirtió en el libro de 372 páginas que acaba de publicar la editorial Taurus. Y que cual diccionario o enciclopedia, permite leer -anote- sobre la fisionomía y carácter mapuches, su gobierno, como hacían la guerra (descubre, por ejemplo, que hay caciques de guerra y de paz), los parlamentos, el comercio, la justicia, sus casas y vestimentas, el matrimonio y la familia, sobre propiedad, agricultura, comida, industria, diversiones, astronomía y medidas, también religión, medicina y adivinos, cómo enterraban y sepultaban a sus muertos, su lengua, origen y doblamiento; sobre su civilización.

Amor a la palabra

Cuando Gay fue contratado por el gobierno chileno para hacer un viaje científico que diera cuenta de los recursos naturales y la geografía del país, ofreció estudiar a los mapuches. Pero a la comisión científica que supervisaba su trabajo no le interesó el tema. Se podría creer que fue por razones políticas, sin embargo, Diego Milos cree que fue por miopía: "A Gay le interesa la ciencia, la descripción, descubrir especies. Y al Estado, en cambio, le interesa mucho más qué es lo que podemos ganar con ese conocimiento. Entonces Gay se mueve entre esos dos intereses, pues el Estado es su empleador. Si le costó que 'le dieran bola' con la ciencia pura -la botánica, la zoología-, más aún le debe haber costado convencerlos de que había que escribir una monografía sobre los indígenas. No existía en ese tiempo una valoración por conocer sus costumbres, yo creo que la élite chilena se había quedado con 'La araucana', de Ercilla, y punto".

De todos modos, durante sus viajes por Chile, particularmente en 1835 y 1838, primero, y luego, en 1863, Gay hizo un trabajo que a riesgo de anacronismo puede llamarse etnográfico: visitó a los mapuches, habló con caciques, misioneros; asistió a ceremonias, como al entierro del cacique Cathiji en Guanegue (Panguipulli). Entre los principales informantes de Gay hay unos funcionarios, presentes en la Colonia y también en la República, que intermediaban entre los mapuches y los huincas: los llamados comisarios de indios, de naciones o de frontera; verdaderos diplomáticos, generalmente mestizos, que dominaban muy bien el español y el mapudungun.

La cabeza del naturalista estaba llena de preguntas: "Saber si hacen ejercicios - cómo aprenden a usar la lanza, a pie, a caballo, si la usan para defenderse, si solamente le agregan hierro", se lee en uno de los cuestionarios de Gay. También: "Preguntar si hay canciones - si hay poetas".

Y poetas había, no por escrito, pero había. Tal vez una de las secciones más fascinantes del libro sea la que está dedicada a la lengua. Gay no solo descubre un idioma cuya complejidad y riqueza le hacen sospechar que los mapuches son "una civilización caída de un peldaño", sino que también registra su amor por la oratoria, la retórica, el hablar extenso y bello: para tomar decisiones y convencer, para arengar o simplemente para contar una historia y conversar; sin hacerles el quite a los neologismos, a la "fantasía y el capricho" cuando se trata de embellecer la narración, incluso la sonoridad de la misma. "Estos discursos de oratoria, llamados coyaghtun , no solamente son pronunciados en las asambleas públicas, sino en todas las visitas que se hacen unos a otros", observa Gay. "Necesitan trabajar mucho para llegar a ser un huenpin o «buen hablador». Se empeñan en ello con gran voluntad, porque ven en ese talento el ideal de su dignidad y de su posición futura en el grupo social". Frente a esos discursos, la audiencia, siempre atenta, "expresa repetidos ya , ya , ya y declama vemi , Macchi , iseyllechi , «muy bien, muy bien»".

Vaya este ejemplo de oratoria: "Gran Antucherove, tú que penetras en nuestro corazón y que conoces la razón que nos trae hasta aquí, permite que la paz que acabamos de firmar sea tan sólida y duradera como deseamos, que los ríos permanezcan calmos y nunca rebalsen (...) y que el fuego no incendie nuestras casas ni nuestros campos y se aleje con un agua más pura que el cristal".

Los "malos chilenos"

La ciencia de Gay no es la que surgió luego de Darwin y su teoría de la evolución, y más tarde con la biología molecular. Menos es la antropología guiada por principios metodológicos como el relativismo cultural y el particularismo histórico, que llevan a comprender a una cultura en su contexto, y no a juzgarla según una supuesta historia progresiva y universal. No. Lo de Gay es naturalismo, es decir, descubrimiento y descripción de especies animales y vegetales, clasificación, taxonomía. Pero hay rasgos modernos en su trabajo: "Lo llamo una antropología naturalista", dice Milos, "en una época en que la antropología no existe como disciplina académica -las escuelas, la formación, todo eso aparece a comienzos del siglo XX".

Gay critica a los misioneros que trataron con los mapuches en la Colonia, por haber llegado con prejuicios al lugar y no hacer un esfuerzo de comprensión, por ejemplo, de las divinidades locales: "Eso es un rasgo moderno de Claudio Gay, un rasgo de vanguardia. Critica a los misioneros por haber visto al demonio y errores en cuestiones que tienen un significado. Y eso, a mi juicio, lo vuelve un antropólogo: cuando Gay dice 'no despreciemos estas cosas, describámoslas y comprendámoslas en su contexto' está haciendo antropología mucho antes de la antropología".

Hay algunos tópicos, casi muletillas, que Gay repite a lo largo del libro. La resistencia al dolor de los mapuches y su sentido de libertad son dos de ellos. También algo que resume en la expresión "malos chilenos". Aunque al hablar de "chilenos" el naturalista no distingue entre el período colonial y el republicano, según Milos esa expresión de "malos chilenos" se refiere a los huincas que en la década de 1850, de la mano de misiones religiosas o por cuenta propia, comenzaron a instalarse en la Araucanía (algunos incluso para refugiarse de la justicia chilena). Un proceso que algunos historiadores han llamado de "infiltración" y que ya en aquellos años se refería como "internación en la tierra" o simplemente "internación". Eso empezó a generar tensiones y hechos de violencia (véanse los extractos en la página 4), y es el antecedente de la ocupación chilena de la Araucanía.

-¿Claudio Gay alcanza a presenciar la Pacificación u Ocupación?

"Sí, le toca -responde Milos-. Él estuvo en Chile en la década de 1830, vuelve a Francia en los 40, y regresa a Chile en los años 60. Entonces se pierde toda la década del 50, que es clave para entender la 'pacificación'. Llega a la Araucanía el año 63, cuando ya está fundando Angol, y ve los comienzos de la pacificación. Ahora, cuando está redactando el trabajo, en 1870 (en Francia), la situación ya está en plena violencia y el libro es súper ingenuo en ese sentido: mientras estaba la tremenda crema, con revueltas de los mapuches en contra de los huincas, Claudio Gay está convencido de que la civilización va a ser un proceso natural, que se va dar por sí solo, y que lo que hay que hacer en la zona es introducir el comercio, acompañado de escuelas para que la gente se eduque".

Rousseau y la Biblia

Al leer las observaciones que alguien hace sobre otra cultura, conocemos de esta, claro, pero también de las ideas o concepciones de mundo del observador. Gay creía en el binomio civilización y barbarie, en el progreso decimonónico. Aunque su visión comprensiva de los mapuches -siempre justifica lo que a ojos occidentales puede parecer malo-, le debe mucho a Rousseau, como queda patente en su idea de un mundo natural corrompido por esa misma civilización. "Él es mucho más rousseauniano que hobbesiano, es más de la idea del 'buen salvaje' que del 'hombre como lobo del hombre'", dice Milos. Además abundan las comparaciones con otras culturas, desde los indígenas de Norteamérica a los vikingos, pasando por los germanos y hasta los romanos, entre otros.

-¿Eso es singular?

"No, es muy de la época. Él lo que está estudiando en el fondo es una sociedad 'primitiva'; ve en los mapuches un ejemplar de ese tipo de sociedades. En ese sentido, es una antropología muy religiosa. Hay una teogonía, la idea de que hubo una unidad de la humanidad, en tiempos muy antiguos, probablemente anteriores al diluvio".

-¿Como en Hesíodo y el mito de las edades del hombre?

"Claro, están esas referencias, pero también está la Biblia, la torre de Babel. Probablemente Gay está viendo ahí (en los mapuches) una de las antiguas tribus de Babel, aunque no lo diga explícitamente. Pero cada vez que encuentra un parecido, por ejemplo, entre la manera de saludar de los mapuches y la de los 'negros de Senegal', como pone en el libro, o con los vikingos o los germanos, lo que él está haciendo de algún modo es verificar la idea de que hubo un origen común".

Con origen común o no, las realidades cambian. "Usos y costumbres de los araucanos" comienza así: "Sería difícil hoy día determinar exactamente el carácter fisonómico de los primeros habitantes de la Araucanía. El famoso Colipi me dijo, y me lo confirmó después Maillin, que, desde la conquista, la sangre española se ha mezclado tanto con la de su raza que jamás estaremos seguros de encontrar un verdadero reche o «indio puro»". Más allá de lo dudoso que puede ser el adjetivo "puro" cuando se trata de asuntos humanos, en esas palabras de Gay parece definirse una impresión que recorre su trabajo: que estamos ante un pueblo próximo a ser absorbido por la "civilización".

-Si alguien dijera que esta obra nos devuelve a un mundo desaparecido, ¿usted estaría de acuerdo o no?

"Sí, estaría de acuerdo. Pero creo que hay que saber que la sociedad mapuche se ha transformado mucho desde la misma llegada de los españoles, y quizás desde antes. José Bengoa, en su libro 'Historia de los antiguos mapuches del sur' (2003), dice que era una sociedad canoera, de horticultura extensiva, y no guerrera y ganadera como lo fue desde el siglo XVII en adelante. Desde la llegada de los españoles hasta las paces de Quilín, que son como ochenta o noventa años, la sociedad mutó por completo, pero siguen siendo mapuches. Durante el siglo XVIII continúan las transformaciones, y luego, durante el XIX se ven obligados a transformarse por la 'pacificación' de la Araucanía. Entonces, sí (el mundo que muestra Gay) es muy distinto al mundo mapuche actual, pero hay que saber que los mapuches han sobrevivido como sociedad justamente porque han sabido transformarse".

Abundan las comparaciones con otras culturas, desde los indígenas de Norteamérica a los vikingos, pasando por los germanos y hasta los romanos.

Gay critica a los misioneros que trataron con los mapuches en la Colonia, por haber llegado con prejuicios al lugar y no hacer un esfuerzo de comprensión.

"Preferían pelear hasta la muerte o dárselas a sí mismos antes que ser exiliados de su país", escribe Gay sobre los mapuches".

"Claudio Gay -afirma Diego Milos- es mucho más rousseauniano que hobbesiano, es más de la idea del 'buen salvaje' que del 'hombre como lobo del hombre'".

 


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Claudio Gay, nacido en 1800, murió en 1873 y dejó inconcluso su libro sobre los mapuches.
Claudio Gay, nacido en 1800, murió en 1873 y dejó inconcluso su libro sobre los mapuches.
Foto:Pierre Petit Paris (Carte de Visite Photo) [Public domain],

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