6ix9ine: La moral distraída

Por Bastián García Santander 

6ix9ine es el rapero del momento. Aunque el estadounidense de raíces latinas (su verdadero nombre es Daniel Hernández) aún es un artista de segundo orden dentro de la escena urbana local, sus problemas con la justicia lo han tenido en primera plana desde hace ya varias semanas: está tras las rejas acusado de ser parte del crimen organizado y esos distintos delitos que se le achacan podrían costarle desde 32 años de cárcel hasta cadena perpetua, además de ser reincidente luego de ser condenado por otros casos.

En un comienzo pospuso indefinidamente el lanzamiento de su álbum debut "Dummy boy" -presupuestado para el pasado viernes 23 de noviembre-, pero su propio equipo filtró el trabajo en internet para luego publicarlo oficialmente en plataformas digitales durante este martes. Porque el hype que provoca su figura es tal que en menos de 24 horas se convirtió en lo más escuchado de Apple Music.

Bajo la lógica de las cifras, parece que a su fanaticada le dio igual que haya agredido a una adolescente en un centro comercial o que haya filmado a una menor de edad teniendo sexo con uno de sus compadres y viralizado el video en la web. Mejor venden sus fotos con armas de fuego, sus joyas en el cuello, los autos deportivos, sus tatuajes en el rostro y su cabello multicolor.

Y de "Dummy boy" se desprende justamente esa ilusión de aspirante a bandolero sin la necesidad de serlo; beats genéricos del catálogo del trap y su atmósfera callejera, a ratos saturados del hipnotismo de la escena o de la forma hiperventilada y hasta desagradablemente agresiva de rapear, como una cobra a punto de morder a su víctima para inyectarle veneno. Eso sí, esa es la vibra más celebrada por su público: una suerte de liberación que en vivo se convierte en una lucha todos contra todos como si fuera una tocata punk.

Al menos, dentro de lo corriente de la mayoría de sus pasajes, del disco sí destaca una onda playera cercana al Caribe por sus arreglos frescos y alegres en canciones como "Kika", "Bebe" y "Mala", las dos últimas en colaboración con el puertorriqueño Anuel AA, que también estuvo un buen tiempo en la cárcel y que tras su salida se convirtió en una especie de converso más preocupado de la fama y de contar billetes que de sacar en cara sus días en la sombra -y, de paso, de hacerle un poco de sombra a Bad Bunny u Ozuna-.

En los créditos también se cuentan números de renombre como Kanye West y Nicki Minaj, deslumbrados por un artista del que recalcan su talento y, de la misma manera, aprovechan su fama para ampliar su radio de influencia hacia un público sediento de escuchar lo nuevo, lo último, como si el sello de calidad fuese indirectamente proporcional a su corto tiempo de vida. "La música no tiene mensaje, no tiene moral", dice Babasónicos en una de sus canciones, "y sin embargo te lo da", termina. Y acá, lo de 6ix9ine se reduce a un músico jugando a ser pandillero e intentando capitalizarlo al máximo posible.

 


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