Rescate Antes de Macondo:
El periodismo, la patria de García Márquez

Antes de publicar Cien años de soledad , el escritor colombiano tuvo una larga carrera como periodista cubriendo hechos claves de su época, como la Revolución cubana y el bloque soviético. Tras la fama mundial como escritor, nunca dejó el oficio: creó revistas, agencias de noticias, fundaciones. El libro El escándalo del siglo recoge una selección de sus artículos de prensa.  

Roberto Careaga C. 

A mediados de enero de 1959, Gabriel García Márquez terminaba la jornada en la revista caraqueña Venezuela Gráfica . Había sido otro día más en el trabajo, donde como editor en jefe supervisaba una publicación especialmente frívola: la llamaban "Venezuela pornográfica" porque sus invariables protagonistas eran vedettes en poquísima ropa. García Márquez, con 31 años y una novela publicada, La hojarasca , había llegado a ese trabajo después de irse tras una disputa política de otra revista, Momento , donde había cubierto el derrocamiento del dictador venezolano Pérez Jiménez. Eso era lo que de verdad le interesaba, lo que pasaba en la calle. Las vedettes no tanto. Y entonces, al anochecer el 18 de enero, a la revista entró un enviado de los guerrilleros cubanos del Movimiento 29 de Julio buscando a periodistas. Tenían un avión esperando para partir esa misma noche a Cuba: la revolución ya estaba en La Habana.

García Márquez sabía exactamente lo que pasaba en Cuba y aceptó de inmediato la invitación. Corrió a su casa a buscar algo de ropa y aunque se olvidó del pasaporte terminó de todas maneras arriba de un avión sobrecargado camino a La Habana. Allá reinaba el "desorden y una atmósfera febril", donde los rebeldes se confundían con los turistas estadounidenses. Los gringos llegaban a los nuevos hoteles, pero ahí los jóvenes barbudos no podían entrar. Aún no. "Esto no se arregla sino con una revolución de verdad, y les juro que la vamos a hacer", le dijo un periodista cubano al grupo de reporteros extranjeros donde estaba García Márquez, que veinte años después escribiría una crónica sobre esa primera visita a La Habana para la revista cubana Casa de las Américas. El viaje sería clave para su vida. Especialmente para su vida como reportero, pero también para todo lo demás.

Al poco tiempo de pisar por primera vez La Habana, García Márquez dejó las revistas venezolanas y se unió al equipo de la recién creada agencia de noticias cubana Prensa Latina. El trabajo, que fue el inicio de su incombustible amistad con la Revolución cubana, hizo que su vida girara completamente. Y es que el periodismo fue por mucho tiempo la manera en que García Márquez se acercó a los hechos que marcaban la historia del mundo. Y también fue al revés: cuando estaba en el segundo año de Leyes en Bogotá, en 1948, fue asesinado el político liberal Jorge Eliécer Gaitán, lo que generó un caos social y político que, entre otras cosas, redundó en que cerraran su universidad. Se fue a Cartagena, se matriculó para seguir estudiando Derecho, pero no fue a ninguna clase: se unió al diario El Universal. Tenía 21 años y en adelante nunca dejaría de ser un reportero.

Novelista fundamental del siglo XX, a García Márquez le gustaba decir que antes que nada era periodista. "No quiero que se me recuerde por Cien años de soledad , ni por el Premio Nobel, sino por el periódico. Nací periodista y hoy me siento más reportero que nunca. Lo llevo en la sangre, me tira", llegó a decir, y ahora esa frase brilla en la contraportada de El escándalo del siglo , una selección de sus mejores notas de prensa, que cubren desde 1950, cuando escribía para El Heraldo, de Barranquilla, hasta 1984, cuando tenía una columna en El País de España. El libro acaba de llegar a Chile y en 50 textos muestra los múltiples tonos del García Márquez periodista: cronista de nimiedades, político y denunciante, literario y autobiográfico. Y probablemente no alcanza a mostrarlo todo.

Macondo antes de Macondo

"Los habitantes de la ciudad nos habíamos acostumbrado a la garganta metálica que anunciaba el toque de queda", se leía en la entrada de la primera nota que publicó García Márquez, el 21 de mayo de 1948, en El Heraldo, y según su biógrafo Gerald Martin ahí ya late su postura política de rechazo a las clases dominantes. Quizás sea cierto. Dos años después, escribirá una de sus crónicas más famosas de su prehistoria como periodista: "El barbero presidencial" es una intrigante especulación sobre la identidad del hombre que mantiene al Presidente colombiano Mariano Ospina Pérez como el "mandatario mejor afeitado de América". Es decir, sobre quién era el hombre que pasaba día a día la navaja por su cuello. Pero por esos años, García Márquez también era un bohemio.

Firmaba sus columnas en El Heraldo como Septimus y sus amigos casi siempre lo llamaban Gabito, pero también "Trapoloco": se vestía con todos los colores que encontraba, con camisas floreadas o llenas de pájaros. Según contó en sus memorias, tenía fama de "maricón de buque". Tenía 23, 24 años, llegaba a fumar tres cajetillas de cigarros diarios, y escribía sus notas para salir de juerga con la pandilla de reporteros amigos. Todos dormían donde podían. Él, casi siempre, en una pensión en que le cobraban un peso 50 por noche; ganaba tres por una columna.

En esos años, el periodista García Márquez escribía sus crónicas como si fueran cuentos. Contaba, fantasiosamente acaso, las razones de un hombre de Cali para saltar del tercer piso tras una borrachera o describía las emociones de un asesino estadounidense. Tomaba hechos reales, a veces desde teletipos. Otras, él mismo los investigaba: en "La extraña idolatría de La Sierpe" sigue la historia de Jesusito, un santo no oficial que va de fiesta en fiesta por el Valle colombiano del Cauca y que tiene una particularidad: "Jesusito está sometido a la ley de la oferta y la demanda. Es un codiciado objeto, susceptible de apropiación mediante transacciones honradas, que responde en forma adecuada a los sacrificios de sus compradores. Por tradición, el propietario de Jesusito es también propietario de las limosnas y exvotos de oro", cuenta el escritor en una crónica que bien podría aparecer en revistas actuales de cualquier país latinoamericano.

"El periodismo es la profesión que más se parece al boxeo, con la ventaja de que siempre gana la máquina y la desventaja de que no se permite tirar la toalla", anota el escritor en una nota sobre las dificultades de escribir una crónica cuando no hay tema a la vista. Pero García Márquez tenía tema. Sobre todo tenía uno que pedía salir a gritos: el 9 de mayo de 1954, en El Espectador, de Bogotá, publica un texto -que bien puede que sea un cuento- llamado "Un hombre viene bajo la lluvia", en el que aparece por primera vez Aureliano Buendía, el protagonista de la novela Cien años de soledad .

Un mes después del primer chispazo de Aureliano, García Márquez insiste: el 3 de junio de 1954 publica un texto llamado "La casa de los Buendía", que trae el sugerente subtítulo de "Apuntes para una novela". Y ahí se lee: "Cuando Aureliano Buendía regresó al pueblo, la guerra civil había terminado. Tal vez al nuevo coronel no le quedaba nada del áspero peregrinaje. Le quedaba apenas el título militar y una vaga conciencia de su desastre. Pero le quedaba también la mitad de la muerte del último de los Buendía y una ración entera de hambre". Solo 13 años después, García Márquez publicaría Cien años de soledad .

Un periodista nuevo

"Todos estos bárbaros están armados", le dijo entre dientes Maurice Meyer, un belga de bigotes rojos, que igual que él era periodista. Corría agosto de 1957 y en el desayuno García Márquez oía que su colega le revelaba lo que de verdad estaba pasando: esa decena de traductores que acompañaba a la delegación internacional de observadores en Hungría, en la que estaba el escritor colombiano, en realidad eran guardias. Los vigilaban. El país estaba aún bajo tensión, a un año de la represión soviética permitida por el presidente Janos Kadar y García Márquez quería saber qué pasaba con los húngaros. Pero los traductores no los dejaban hablar con nadie. Tuvo que escaparse. Descubrió en el baño de un bar lo que pasaba: "Kadar, perro de presa de los rusos", leyó.

La crónica sobre los traductores húngaros se llama "Yo visité Hungría" y en el libro El escándalo del siglo se reproduce un fragmento. Es parte de una serie despachos que García Márquez hizo desde Europa, tantos que llegaron a convertirse en un libro de viaje por los países socialistas, que recoge los 90 días que el escritor visitó los países del bloque soviético en 1957. Por esos días, era un reportero que, con domicilio en París, se movía por Europa buscando historias que mandaba a revistas colombianas y venezolanas. Su nombre era famoso desde la serie de artículos de "Relato de un náufrago", publicada dos años antes. Tenía 30 años y escribía reportajes que parecían verdaderas novelas policiales, como el que da nombre al nuevo libro: el enigma de una joven asesinada en Roma que devela el lado oscuro de la élite italiana. Era un periodismo nuevo el que estaba haciendo.

Según Gerald Martin, su biógrafo, García Márquez entendió rápidamente en Europa que "en los países 'avanzados' se manipulaban las noticias". Y añade: Por esa razón, sus artículos desde el principio versaban tanto sobre él, implícita y explícitamente, como sobre los acontecimientos; y demostró -muchos años antes de que emergiera el llamado 'nuevo periodismo' en la década de los 60-, que las noticias no eran obra de políticos y celebridades, sino de los periodistas que los seguían y los convertían en historias".

Con ese entrenamiento europeo en el periodismo, en 1958 García Márquez regresó a Latinoamérica; intentó hacer un periodismo combativo en la revista Momento pero terminó coordinando reportajes gráficos sobre vedetes. Por supuesto, aceptó todos los llamados desde Cuba y de hecho fue una suerte de representante de Fidel Castro en Nueva York en 1961, cuando dirigió allá la agencia Prensa Latina. Tras cinco meses de asedio de estadounidenses y cubanos contrarios a la revolución, dejó Estados Unidos, se instaló en México, aceptó trabajo en revistas como Familia o Sucesos para Todos y de pronto vio una vía de escape: iba junto a su familia en viaje hacia a Acapulco cuando se le apareció la idea que necesitaba para escribir finalmente la historia de los Buendía.

Publicada en 1967, Cien años de soledad cambió completamente la vida de García Márquez. No volvió a ser nunca más el periodista que había sido, en parte porque él mismo se volvió un objeto de la prensa, pero nunca dejó el periodismo. En los 70 escribió artículos de impacto internacional, como "Chile, el golpe y los gringos"; en los 80 fue por años cronista en El País, y en los 90 creó la Fundación del Nuevo Periodismo Iberoamericano y publicó el libro Noticia de un secuestro (1996). Su último esfuerzo fue comprar junto a un grupo de amigos la revista colombiana Cambio en 1998, en la que escribió grandes perfiles de Hugo Chávez, Bill Clinton o Shakira. De esos textos, lamentablemente, no hay nada en el libro El escándalo del siglo , que opta por los años de formación del escritor y cierra cuando ya ha ganado el Nobel y anota apuntes sobre cómo se escribe una novela, Borges, o una mujer bellísima que vio dormir en un vuelo de París a Nueva York.

 


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