32ª Feria Internacional del Libro
Guadalajara: Entre grandes voces de la literatura y el cambio de mando

Un Nobel (Pamuk) y dos candidatos a él (Lobo Antunes y Cartarescu) fueron algunos de los escritores más celebrados en el encuentro editorial que culmina hoy en Guadalajara. La llegada de Andrés Manuel López Obrador fue el tema obligado en sus últimos días.  

Pedro Pablo Guerrero Desde Guadalajara 

Los mexicanos son pacientes. Hacen cola para entrar a la Expo Guadalajara. Hacen cola para ingresar a las salas. Hacen cola para comprar un libro y, luego, otra más para que se lo firme su autor preferido. Hacen cola, incluso, para el cajero automático, cuando se dan cuenta de que -"ah, la chingada"- se pasaron del presupuesto y necesitan más dinero para volver por más novedades que promedian los $250 (13.000 pesos chilenos).

Las colas son el rostro más conocido de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Los escritores llegan, vienen y se van, pero las colas siempre están ahí, desde el primer hasta el último día. Las más largas de esta 32ª Feria Internacional del Libro fueron para escuchar a Orhan Pamuk, que volvió a la FIL, después de nueve años, con libro nuevo: "La mujer del pelo rojo". El Nobel turco se mostró expansivo y bromista, tomando fotos (o videos) al público con su celular, lo que ya viene siendo una costumbre de reciprocidad.

La religión de Pamuk

"Mi única religión es la literatura", afirmó al inaugurar el Salón Literario Carlos Fuentes, donde Silvia Lemus, viuda del novelista mexicano, le entregó la medalla que lleva el nombre del autor de "La muerte de Artemio Cruz".

En una conversación con Jorge Volpi -que tuvo más de monólogo que de diálogo-, Pamuk reconoció la importancia para su obra de Fuentes, Vargas Llosa, García Márquez y Borges. "Cuando el boom comenzó, yo me iniciaba como autor y me sentía provinciano; el boom me ayudó a decirme a mí mismo: mira, puede haber un boom literario musulmán, así como hubo uno latinoamericano; qué tienen ellos que no tenga yo", dijo.

Pamuk definió, además, su canon personal. "León Tolstói, Fiódor Dostoievski, Thomas Mann y Marcel Proust son los más grandes novelistas que he leído una y otra vez, y de quienes he aprendido cómo escribir. Luego Borges, Italo Calvino y Vladimir Nabokov, de quienes aprendí lo que quiero lograr en la vida, en la ficción: poder escribir acrobacias. Es muy difícil, pero haré mi mejor esfuerzo", prometió el novelista de "Me llamo Rojo".

"Escribo porque tengo una necesidad innata de escribir, porque no puedo hacer un trabajo normal como las personas, porque quiero leer libros como los que escribo. Escribo porque estoy enojado con ustedes, sobre todo los que están haciendo todo este ruido, estoy enojado con todo el mundo", encaró en cierto momento a un grupo que conversaba en voz alta.

"Escribo porque me encanta estar encerrado todo el día, porque solamente puedo participar en la vida real cambiándola, porque quiero que otros sepan qué tipo de vida llevamos en Turquía, porque amo el olor a papel, pluma y tinta, porque creo en la literatura, en el arte de la novela más de lo que creo en cualquier otra cosa", remató el autor ganándose el prolongado aplauso de sus lectores.

Muchos de ellos, desde luego, hicieron cola por más de una hora para que les autografiara sus novelas y se tomara una selfie con ellos. Exactamente lo mismo que hacía, en el módulo de firmas contiguo, el escritor suizo Joël Dicker, que causó furor entre las jóvenes lectoras.

Ida Vitale, la ganadora del Premio FIL de Lenguas Romances y del Cervantes, vivió un idilio con públicos de todas las edades. A sus 95 años, recordó la amistad que tuvo durante su exilio mexicano con escritores como Álvaro Mutis y Octavio Paz, quien la acogió como colaboradora de la revista Plural. Nunca pensó que sobreviviría a los dos. Los premios, sin duda, la revitalizaron.

Con 19 años menos que la poeta uruguaya, António Lobo Antunes (Lisboa, 1943) se notaba mucho más fatigado. El día que llegó a la ciudad se quejó de no haber dormido nada en el avión. En la feria presentó su última novela, "No es medianoche quien quiere" (Literatura Random House), aunque de lo que menos habló fue del libro. Hizo un largo repaso de sus inicios como escritor y de las experiencias terribles que lo marcaron durante su ejercicio de la medicina, especialmente la visión de un niño que vio morir a los cinco años, transportado en brazos por un enfermero. Nunca pudo olvidar uno de sus pies moviéndose, inerte, bajo la sábana que envolvía al cuerpo. "Quise escribir para aquel pie", recordó el novelista portugués. Esta clase de evocaciones melancólicas se alternaron con otras, de una crueldad insólita, para referirse a su experiencia como médico militar en la Guerra de Angola. Un conflicto poscolonial que los periodistas no perdieron la oportunidad de comparar con las guerras actuales y su secuela de muerte y refugiados; un tema especialmente sensible en México por estos días. El escritor portugués, que comprendió hacia dónde apuntaban las preguntas, afirmó que Donald Trump le daba "asco" por "tratar a los mexicanos como basura".

Otro invitado de gran jerarquía literaria fue el rumano Mircea Cartarescu (Bucarest, 1956), autor con un estilo tan refinado como el de Lobo Antunes, e igual de exigente con el lector, pero que, de manera sorpresiva, ha vendido miles de libros en todos los idiomas, convirtiéndolo en uno de las candidatos al Nobel que más ha sonado en los últimos años; aunque seguramente ganará primero el Premio FIL de Lenguas Romances. Cartarescu se mostró serio, ensimismado y contenido, pero respondió a todas las preguntas que le hicieron sobre su escritura, que suele ser calificada de posmoderna, como la de Thomas Pynchon (escritor que dijo admirar profundamente), aunque él prefiere enraizarla en los autores más audaces, oníricos y fantásticos del romanticismo alemán.

Lejos de los focos, pero recibido por un auditorio fiel, llegó desde Estados Unidos el poeta de origen serbio Charles Simic (Belgrado, 1938), uno de los autores vivos más importantes de la poesía contemporánea. Todo un éxito fue su lectura en el Salón de la Poesía, tradicional espacio de la FIL que siempre ha estado auspiciado por una marca de tequila para atraer a los visitantes, pero que ya se publicita solo, por la relevancia internacional de sus invitados. Simic presentó sus libros traducidos al español por el sello español Vaso Roto: "El lunático", "Garabateado en la oscuridad" y "La vida de las imágenes" (memorias). La presencia, entre el público, de Claudio López Lamadrid, editor de Penguin Random House, permite conjeturar negociaciones para el desembarco del vate en el sello Lumen. El mismo que publicó "Tu vida rompiéndose (antología personal)", de Raúl Zurita, autor que también se presentó, a tablero vuelto, en el Salón de la Poesía.

Chile, reconocido por sus poetas e ilustradores

La delegación chilena fue una de las más nutridas, con más de 60 enviados, entre escritores, editores y dibujantes. A diferencia de años anteriores -en los que costaba convocar al público mexicano, incluso en las salas más pequeñas del recinto-, en esta oportunidad, la mayoría de las mesas redondas y lecturas estuvieron llenas. Entre las más visitadas, la de Cynthia Rimsky, Isabel Mellado y Nona Fernández. La autora de "La dimensión desconocida" además tuvo una aplaudida participación en el acto que reunió a las once ganadoras (sobrevivientes) del Premio de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz. Nona Fernández leyó su texto a continuación de Gioconda Belli, y antes de autoras como Margo Glantz, Laura Restrepo, Claudia Piñeiro y la también chilena Tatiana Lobo.

Alejandro Zambra, quien está viviendo en México, también se consolida como uno de los autores nacionales más reconocidos en ese país y así quedó demostrado en la presentación de su libro "No leer", en la que participó Silvia Sesé, la directora editorial de Anagrama. En otra actividad, organizada por el Ministerio de las Culturas, Zambra leyó poemas de Nicanor Parra, como una forma de homenajear al antipoeta muerto este año.

Fascinados quedaron los asistentes -entre ellos, Margo Glantz- que fueron a la presentación de "Fragmentos de una biblioteca transparente II" (Erdosain Ediciones), libro inclasificable y alucinatorio escrito por Alexis Figueroa e ilustrado por Claudio Romo. El dibujante habló con gran desplante acerca del origen de este trabajo en colaboración con textos apócrifos, a la manera del relato "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius", de Jorge Luis Borges. La fantasía sin límites de Figueroa, así como la extraordinaria técnica de Romo y la factura impecable de la edición fueron destacadas en el lanzamiento por el escritor mexicano Mario Bellatin, quien hará un libro con Romo el próximo año, según anunció Daniel Blanco Pantoja, editor de Erdosain.

El estand de Chile destacó por un diseño moderno y sobrio, dedicado a honrar los 70 años de la muerte de Vicente Huidobro, quien estuvo presente en la FIL a través de fotografías, caligramas y un homenaje a cargo de su nieto, Vicente García-Huidobro Santa Cruz, y del poeta Diego Alfaro.

Resaltaba en el estand una pequeña muestra con los libros ganadores del Premio Mejores Obras Literarias, del Ministerio de las Culturas, durante sus 25 años de existencia. Los libros más vendidos durante la FIL han sido los de Raúl Zurita. Se agotaron todos los ejemplares de "INRI", "Un mar de piedras" (ambos de FCE) y la antología de Lumen. "En general, la poesía chilena y los libros de ilustración se venden mucho", declaró la responsable del estand. Gran demanda alcanzaron, también, la novela "Incompetentes", de Constanza Gutiérrez; "Arquitectura en Chile", de Patricio Gross, y "Sus mejores monstruos", selección de cuentos de H. P. Lovecraft, publicado en pequeño formato por Editorial Sonora, del grupo Ebooks Patagonia.

El efecto López Obrador

La feria del libro más grande de habla hispana culmina hoy rompiendo, como cada año, récords de ventas y de público. Lo que no se acabó el viernes, en una venta nocturna que se extendió hasta las 11 de la noche, se terminará de rematar hoy. Queda la duda si Portugal, el país invitado de este año, alcanzó el reconocimiento que merecía. Si bien el estand de ese país tenía siempre una gran cantidad de visitantes, las actividades programadas con sus escritores mostraron una concurrencia más bien discreta, con la excepción de Lobo Antunes, quien solo hizo apariciones en solitario.

El efecto López Obrador, sin duda, influyó en todas las actividades. La llegada del Presidente de México, quien asumió ayer, trasladó la atención a los autores locales más que a los extranjeros. Jorge Volpi, Enrique Krauze, Paco Ignacio Taibo II -el polémico director del Fondo de Cultura Económica- fueron interpelados, en sus presentaciones, sobre el nuevo mandato que se inicia. Pero en la FIL, la política siempre se termina tomando la tribuna: es uno de los ingredientes de su exitosa receta. Lo mismo pasará seguramente el próximo año, cuando el país invitado sea India, país con una historia cultural tan rica como la de México, y con una población que, asimismo, todavía exhibe altísimos niveles de pobreza.

"Mi única religión es la literatura", dijo el Nobel turco Orhan Pamuk, uno de los escritores que convocó más gente en la FIL. 


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Foto:EFE

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