Galerías ArtEspacio y D21:
La incansable curva de Vio

Waldemar Sommer 


Sin abandonar su característica interpretación de la abstracción geométrica, Andrés Vio emprende ahora una esforzada búsqueda a través de la línea curva multiplicada. ¡Y con cuánto fervor consigue frutos copiosos! Así, en formatos grandes y pequeños, nos propone dibujos sobre tela con grafito, lo mismo que mediante acrílico, en Galería ArtEspacio. De partida, sabe imponer la precisión, la finura de su pulso, al mismo tiempo que la naturalidad, la inventiva y la calidez lineales. Asimismo, admiramos su paciencia perseverante y al parecer inagotable. Más aún en los cuadros que privilegian las curvas por sobre los círculos completos, emerge un decidido efecto de movimiento que aproxima estos trabajos a un op art más sereno y menos agresivo. Descuellan las realizaciones protagonizadas por esa especie de arcos que simétricamente se unen, en el muy atractivo sector izquierdo de la sala. Ahí ante todo, llama la atención un lienzo que incluye pintura. Aparentemente en blanco y negro, al detener en él la mirada, comienza a descubrirse una vasta gama de colores que refulgen furtivos, huidizos. Sin duda, constituye este un logro sorprendente.

Por su parte, en el sector opuesto del recinto, la obra más extensa de la exhibición se halla compuesta sobre catorce soportes, desarrollando una bien definida ondulación. Alternan con fluidez coloraciones claras y más oscuras de un interesante efecto luminoso. También se vincula especialmente con la luz uno de los quince integrantes de menor tamaño, en el panel colocado al ingreso de la galería. Nos referimos a una hermosa realización en grises y amarillo, enmarcados por las curvaturas negras y blancas. En forma de políptico mediano, entretanto, cuatro telas se suman unidas por una sucesión de líneas y puntos alrededor del rojo. Dentro de similar nivel de calidad parejo, encontramos otro grupo de diez coloridos lienzos pequeños que varían la temática circular. Asimismo, cabe denominar pintura una mesa saturada por las acostumbradas líneas paralelas, en tanto que cuelga un abierto volumen redondo, capaz de mostrar las condiciones de ceramista del autor. Por el contrario, dos intervenciones planas a la bandera nacional no alcanzan una verdadera transfiguración del símbolo nacional.

Lo reciente de Yrarrázaval

De acuerdo al orden cronológico de nuestras visitas, corresponde referirse ahora a la obra última (2017 y 2018) de Ricardo Yrarrázaval, en Galería D21. Corresponde a pasteles junto a grafito sobre tela. Hallamos la misma esencia geométrica que llevó, hace tantos años, a la completa abstracción de sus tempranos y estupendos paisajes costeros. Hoy el hombre como una especie de robot resulta su personaje. A una mirada rápida cabe achacar el error de divisar un parentesco demasiado estrecho con sus cerámicas. No obstante, pronto empieza uno a apreciar la calidad pictórica: el rico cromatismo vital de las figuras y fondos, los manchados y texturas sutiles, la libertad formal de ciertos trazos, mientras las variaciones de color y el uso ocasional de las sombras desarrollan una sutil gama luminosa.

Es una serie monumental -propiedad esta que, una vez más, nada tiene que ver con el tamaño- compuesta por 16 cabezas masculinas en igual formato mediano. El detenimiento permite también observar que no constituyen un conjunto de variaciones alrededor de un mismo rostro, sino que permite descubrir que, más allá de la construcción geométrica, resultan hombres distintos, cada uno dotado de una personalidad y un estado anímico distintos. Esta reducción formal de los diversos personajes se concreta en bocas y ojos ya convertidos en simples orificios, ya en miradas nubladas por manchas más o menos densas, ya en narices reducidas a rectas verticales y de sugerencia volumétrica, ya en la cavidad bucal simplificada cual línea horizontal que hasta puede llegar a atravesar todo lo ancho de la cabeza. Las orejas, en cambio, permanecen como sencillas y rígidas masas. Asimismo, algunas veces, se enriquece el efecto de diversidad mediante el leve o levísimo giro de la cara, mediante el ostensible desplazamiento oblicuo de la verticalidad dominante. La ironía refinada y honda de Yrarrázaval aflora una vez más aquí.

Completa la presente exposición, desde luego capaz de demostrar nuevamente que el autor mora la cumbre de la pintura chilena de nuestros días, un último pastel. Resulta una obra pintada según similares normas al resto y protagonizada por la visión parcial de un cuerpo varonil, al que viste por entero un traje a rayas. Plena de dinamismo, muestra la porción inferior de un tronco con el inicio de ambas piernas. Sin duda, además de representar una imagen de real originalidad, es el más feliz contrapunto a la perfección, al rigor constructivo del grupo de cabezas.

Persiguiendo la raíz de la línea

La curva inagotable de Andrés Vio en una flamante versión

Lugar: Galería ArtEspacio

Fecha: hasta el 8 de diciembre

Todos y cada uno

Nuevamente Ricardo Yrarrázaval nos da pruebas de su talento incomparable

Lugar: Galería D21

Fecha: hasta el 27 de diciembre



 


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Andrés Vio. A juicio del crítico, en esta muestra reciente el artista sabe imponer la precisión, la finura de su pulso, al mismo tiempo que la naturalidad, la inventiva y la calidez lineales.
Andrés Vio. A juicio del crítico, en esta muestra reciente el artista "sabe imponer la precisión, la finura de su pulso, al mismo tiempo que la naturalidad, la inventiva y la calidez lineales".
Foto:LUCIANO AENISHANSLINS


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