El padre Astaburuaga en El Bosque

Soledad Vial 

La misa de 11 horas será distinta este domingo en El Bosque. La celebrará un sacerdote desconocido, hasta ahora, para sus fieles, no así para las víctimas que destaparon la trama de abusos que se escondía en la parroquia. Será una celebración muy significativa para Francisco Javier Astaburuaga en los 20 años que ha acompañado a Juan Carlos Cruz y James Hamilton, los principales denunciantes de Karadima, otra que se suma al encuentro que todos -laicos y sacerdotes- tuvieron en junio pasado con el Papa en Roma.

Hace unas semanas, Astaburuaga cruzó la puerta que separa la casa parroquial del conjunto que forman la tradicional iglesia y la residencia Santo Cura de Ars. El ir y venir de enfermeras delata que allí viven hoy 25 sacerdotes ancianos, el nuevo destino que tienen las dependencias que antes fueron el domicilio personal de Karadima. Tras varias mudanzas había recalado ahí y ahora se instaló, con sus libros y atriles de pintura, junto al párroco Carlos Irarrázaval.

De joven no frecuentó nunca El Bosque. Su vocación nació en la pastoral de la UC, donde estudió Derecho. En el seminario conoció a Juan Carlos Cruz, un curso menor al suyo, y se hicieron amigos. "En octubre del 87 se le hizo un juicio aquí, en la parroquia, y llegó muy afectado al seminario", cuenta el sacerdote, sentado en una pequeña sala de visitas. "Le dije que esto era muy grave, que lo iba a conversar y lo hice con alguien del Bosque. Me dijo, "no te preocupes, se va a solucionar", continúa.

Pasó el tiempo, Cruz dejó el seminario y le perdió la pista. Astaburuaga, ordenado sacerdote, se fue a Roma y cuando volvió, el 99, empezó a buscar a Cruz. Sabía que algo no estaba bien y se lo confirmó una frase que el exseminarista le dijo en su primera comunicación telefónica: "Tengo mucho odio, odio a Karadima".

"Me di cuenta que algo había ocurrido, no era casualidad que sintiera eso por la persona que lo había presentado para ser sacerdote". Aunque Cruz no quiso hablar del tema, el cura insistió, "somos amigos", le dijo, "quiero conversar contigo, creo que has sido víctima de abuso. Estudié en Roma, estoy preparado, cuenta conmigo, te voy a acompañar". "¿Me vas a acompañar?", le preguntó su amigo. "Sí, hasta el final".

Pasaron varios meses hasta llegar a un difícil relato escrito que dejó todo claro. No se había equivocado, los abusos eran innegables.

El segundo encuentro decisivo ocurrió varios años después. Alrededor de 2007, una persona le pidió recibir a James Hamilton. En ese tiempo, el médico quería iniciar el trámite de su nulidad matrimonial y le contó su historia. A cambio recibió todo el respaldo del sacerdote, quien contactó a su profesor Francisco García de Vinuesa para que patrocinara la demanda eclesiástica. Se dio cuenta de que su relato era idéntico al de Cruz, el mismo patrón; "abuso reiterado e instalado".

Astaburuaga ha sido su asesor jurídico en la causa canónica. Mirando hacia atrás, esta nueva destinación en El Bosque resulta totalmente inesperada, aunque una "grata sorpresa", dice. En esta "suerte de capellanía" para ayudar al párroco, como Astaburuaga la define, celebrará la misa de 11 horas los domingos y estará confesando en la de 12, en paralelo con sus clases de derecho canónico en Derecho UC, su rol en el consejo pastoral académico y en el tribunal eclesiástico, donde trabaja hace 15 años. Sí tendrá que dejar la parroquia San Francisco de Sales en Vitacura, donde ayudaba con misas al párroco Jorge Barros.

Ahora celebra el "trabajo enorme que ha hecho el padre Carlos al tomar una comunidad tan herida". Es lo que le dijeron sus amigos Cruz y Hamilton cuando les escribió para contarles, "ojalá tengas una muy buena experiencia, puedas ayudar en esa comunidad".

-Ellos acusan a monseñor Ezzati de encubrir los abusos en El Bosque, ¿le resultó difícil aceptar este encargo que él le hizo?

"Siempre he tenido muy buen diálogo con monseñor Ezzati, con mucha transparencia y confianza, le he dicho siempre las cosas como las pienso".

De la misma forma conversó con el Papa Francisco en junio pasado, como parte del grupo de chilenos vinculados al Bosque -algunos víctimas de abusos y otros, como él, acompañantes de su proceso- que el Pontífice invitó a su residencia de Santa Marta, en Roma. Le llevó un cuadro pintado por él, también un estuche de cuero con el nombre grabado para que guardara sus anteojos; "como regalo y gratitud por recibirnos en su casa".

Han seguido en contracto. Astaburuaga le ha mandado cosas escritas, "reflexiones en vistas a mirar hacia el futuro". ¿Y contesta el Papa? "Sí, contesta el Papa", dice riendo. Lo mismo hace con el "equipo" que forman Charles Scicluna y Jordi Bertomeu, los expertos de la Congregación para la Doctrina de la Fe que el Papa puso a cargo del "caso chileno".

De todo eso han pasado meses y entiende la impaciencia de las víctimas y, en general, "del pueblo de Dios". "Anhelamos decisiones y el Papa ya ha tomado varias, hay siete renuncias aceptadas en siete meses, sacerdotes y obispos expulsados". El es un convencido de que "no se trata de cambiar personas solamente, como dijo el Papa, sino de cambiar la manera de pensar".

"No se puede dar un paso en falso en la designación en Santiago", dice cuando le recordamos que la renuncia de monseñor Ezzati cumple dos años en enero.

-Se especula que el Papa podría dar un paso intermedio con un administrador apostólico, o inclinarse por un extranjero, ¿qué cree mejor?

"Lo primero es la libertad más absoluta del Santo Padre para tomar la mejor decisión. No es necesario que venga un extranjero, es importante conocer la cultura, la manera de pensar y sentir del pueblo chileno".

Su impresión es que aún falta camino para concluir los cambios y que en el plano legal, en los procesos e investigaciones ya en curso, al menos, hay otros tres años por delante. Mientras tanto, mira con atención el encuentro de febrero al que Bergoglio convocó a Roma, a los presidentes de todas las conferencias episcopales del mundo, para rayar la cancha en "protección de menores".

-Chile estará representado por el presidente de la Conferencia Episcopal, Santiago Silva, quien también está imputado por la justicia, ¿no es contradictorio?

"Es complejo lo de Silva, respeto la decisión de ratificarlo como presidente de la Conferencia y no comparto que él sea quien represente al episcopado chileno. Hay víctimas en Valparaíso que legítimamente reclaman, él tendrá que decidir en conciencia, espero que lo haga".

 


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Foto:FELIPE VARGAS FIGUEROA


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