Entre los presidentes Piñera y Peña Nieto, en julio pasado:
El acuerdo que se selló en Puerto Vallarta para extraditar al "Comandante Emilio"

Las gestiones para traer de vuelta a Raúl Escobar Poblete comenzaron el 11 de marzo, en el marco de la asunción del mando del Presidente Piñera, y continuaron en Ciudad de México, durante un encuentro de los cancilleres de ambos países. El exFPMR podría ser recluido en la Cárcel de Alta Seguridad, en un módulo especial para los reclusos de extrema peligrosidad.  

B. Vial y A. López 

Dicen que fue una negociación a la mexicana, cargada de símbolos. Y que las conversaciones comenzaron el 11 de marzo cuando, en el marco de las actividades de la asunción del mando, el Presidente Sebastián Piñera conversó con su par Enrique Peña Nieto.

En el Gobierno también afirman que, como suele ocurrir en los encuentros bilaterales de un mandatario entrante, Piñera y Peña Nieto habrían puesto sobre la mesa los temas que les interesaban a cada uno. Y que el Presidente chileno, entre otras cosas, abordó la posibilidad de extraditar a Chile a Raúl Escobar Poblete, el ex frentista procesado en calidad de autor del delito de atentado terrorista con resultado de muerte del senador Jaime Guzmán (UDI).

El llamado "Comandante Emilio" había sido capturado el 9 de junio de 2017 bajo el nombre de Ramón Alberto Guerra Valencia en la localidad de San Miguel de Allende, en México, acusado de participar en una banda criminal que secuestró una ciudadana franco-estadounidense. Se trata de Nancy Michelle (70 años), a quien le cercenaron un dedo como prueba del plagio para, así, conseguir el pago de su liberación: la justicia mexicana procesó al ex FPMR por secuestro agravado y actualmente se encuentra en prisión preventiva en el módulo 4 del Centro Federal de Readaptación Social Número 12, "CPS Guanajuato".

Durante la conversación, Peña Nieto habría abierto la puerta -o al menos dado las primeras luces- de que bajo su administración podría enviarse al ex frentista de vuelta a Chile.

Desde ese día, los cancilleres Roberto Ampuero y Luis Videgaray no pararon de avanzar en los detalles de la operación.

Las gestiones se mantuvieron en total reserva y, para los consultados, uno de sus principales momentos ocurrió el 15 de junio. Ese día, tras una reunión con Videgaray en Ciudad de México, el ministro Ampuero quedó con la certeza de que el gobierno de Peña Nieto extraditaría al ex frentista.

El canciller chileno fue condecorado por su par con la Orden Mexicana del Águila Azteca, en grado de banda, por ser un "importante interlocutor para el fortalecimiento de las relaciones bilaterales". Videgaray, por su parte, recibió la Orden al Mérito de Chile en el Grado de Gran Cruz, el reconocimiento más antiguo que entrega el país "con el objetivo de premiar servicios civiles destacados a la República de Chile por parte de personalidades extranjeras".

Ampuero y Videgaray posaron juntos en una fotografía con una banda cruzando sus hombros y las banderas de ambos países a sus espaldas.

El 24 de julio, en el marco de la XIII Cumbre de la Alianza del Pacífico realizada en Puerto Vallarta, los presidentes Piñera y Peña Nieto habrían terminado por oficializar un acuerdo político: extraditar a Escobar Poblete antes de la llegada al poder de su sucesor, este fin de semana, de Andrés Manuel López Obrador.

En la jornada, el mandatario chileno bromeó con su par mexicano. "Veo que la Alianza tiene más experiencia, siete años, algunos de los presidentes tenemos más canas, de lo cual se libra el presidente Peña Nieto, pero no para siempre", dijo, durante la cumbre. "Hay vida después de la Presidencia", le manifestó más tarde a él y a Juan Manuel Santos, próximos a abandonar sus mandatos.

En el intertanto, el cónsul de Chile en México, José Jaliliye, había acudido en tres ocasiones a visitar a la cárcel al "comandante Emilio". La primera vez fue en el centro de reinserción social de la ciudad de Valle de Santiago, en Guanajuato. La segunda, que es de alta seguridad, fue la prisión federal, donde, según señalan en el gobierno, se encontraba en mejores condiciones.

Diálogo presidencial

El canciller Ampuero acudió a México días antes de que la Secretaría de Relaciones Exteriores de ese país confirmara que el gobierno había concedido la extradición de Escobar Poblete. La visita duró solo ocho horas. Y aunque oficialmente se trasladó hasta la capital mexicana para formar parte de la recepción de despedida de Videgaray, lo cierto es que quería enviar una última señal a la administración de Peña Nieto respecto del interés de Chile por traer de regreso al ex frentista y no dejar dudas acerca de la existencia del Estado de Derecho en el país. Se trataba de un contraste con el revés que se había sufrido hace pocas semanas, cuando se acogió la solicitud de asilo en Francia de Ricardo Palma Salamanca, condenado por el crimen de Guzmán.

Ampuero y Videgaray se conocen desde hace años, lo que posibilitó poder transmitir la posición chilena de manera eficiente. Otro actor importante en el caso es el futuro canciller de AMLO, Marcelo Ebrand. Aunque aún no asume, se comentó que tiene una buena relación con Ampuero, quien anteriormente fue embajador en México. El canciller chileno representó al gobierno en la asunción de AMLO. Se espera que Ebrand mantenga el criterio del saliente Videgaray, no obstante exista un recurso de apelación pendiente. Se dijo en el Ejecutivo que es difícil que el futuro canciller tome una decisión en contrario, por la cuantía de los delitos de secuestro por los cuales fue detenido el "comandante Emilio", lo que haría difícil explicar ante la opinión pública una resolución distinta a la extradición.

Escobar Poblete tiene 30 días para presentar un recurso de apelación a la resolución de la Secretaría de RREE de México, cuyo fallo estuvo en línea con el de la justicia local: determinó que los tribunales chilenos dan todas las garantías y que se cumplen las condiciones del tratado bilateral de extradición de 1990.

En total, junto a otras acciones judiciales, el ex frentista podría estar en unos tres meses más en Chile. El abogado de la familia, Luis Hermosilla, ha planteado la posibilidad de que "Escobar sea llevado a Chile para ser interrogado y, previo a emitir una sentencia sea devuelto a México para ser procesado por los secuestros en aquel país. Y lo otro es que todo el proceso legal se efectúe en Chile para que cumpla la pena por el caso Guzmán, y después ser regresado a Norteamérica". Hasta ahora la defensa del "comandante Emilio" no ha dado luces sobre su decisión.

En el Gobierno, de todas formas, señalan que el jueves pasado fueron notificados que la idea era que el ex FPMR cumpla primero su condena en Chile y, posteriormente, en México.

Traslado a Chile

En Gendarmería ya han evaluado algunas decisiones en torno a un posible regreso de Escobar Poblete.

Lo que hasta ahora se ha evaluado en la institución apunta a que, una vez en Santiago, sea conducido hasta un recinto penitenciario por parte del Servicio de Traslado de Riesgo de la institución (TAR), que usualmente ocupan fusiles y preparan escenarios de extremo peligro.

En el Gobierno señalan que lo más probable es que el "comandante Emilio" -que nunca había sido detenido por el asesinato del senador de la UDI- ingrese a la Cárcel de Alta Seguridad, específicamente al módulo de Máxima Seguridad (MAS). Ahí existen celdas individuales que no tienen contacto con otros presos y cuentan con dos horas al día para permanecer en el patio del recinto.

 La fuga del siglo

A las 19:00 horas de este jueves, en la Municipalidad de Vitacura, el exministro del Interior, Belisario Velasco, lanzará su libro "Esta historia es mi historia", en el que dará a conocer pasajes inéditos de su infancia y de su carrera política.

La presentación estará a cargo de la periodista Pilar Vergara, del presidente del Senado, Carlos Montes, y del constitucionalista DC Jorge Correa Sutil.

"El Mercurio" tuvo acceso a extractos de su obra en el que aborda en profundidad el momento en que se entera -mientras se desempeñaba como subsecretario del Interior- de la fuga de Ricardo Palma Salamanca, acusado del asesinato del exsenador UDI Jaime Guzmán.

"En relación al tema de seguridad, se continuó avanzando en las políticas diseñadas y haciendo frente cada día a hechos de distintas dimensiones y características. Entre todos los que debimos asumir -y conectado con lo relatado en las páginas anteriores- hubo uno que tuvo resonancia internacional: la llamada Fuga del Siglo, también bautizada como Operación vuelo de Justicia o el Gran Rescate, llevada a cabo por el Frente Patriótico Manuel Rodríguez para liberar de la Cárcel de Alta Seguridad de Santiago (CAS) a cuatro de sus militantes condenados por diversos delitos terroristas, como el asesinato de Jaime Guzmán y el secuestro de Cristián Edwards. Ellos eran Ricardo Palma Salamanca, Pablo Muñoz Hoffmann, Mauricio Hernández Norambuena y Patricio Ortiz Montenegro. La evasión ocurrió el 30 de diciembre de 1996, durante el gobierno de Eduardo Frei".

"Ya en marzo de ese año recibí información de la Dispi sobre los múltiples rumores que hablaban de un importante rescate de llevaría a cabo del Frente Autónomo en la CAS, aun cuando no se sabían los nombres de los dirigentes que tratarían de liberar. En una reunión a la que asistió el entonces director de Gendarmería Claudio Martínez, le dije que tenía esos antecedentes. Me respondió que eso no era ninguna novedad, primero, porque a él le llegaba periódicamente esa información, que era de ordinaria ocurrencia y, segundo, era sabido que todo condenado por muchos años -y, en este caso, sobre Hernández Norambuena y Palma Salamanca caían sendas cadenas perpetuas por el asesinato de Jaime Guzmán- tenía siempre en mente, como un asunto prioritario, el evadirse".

"A pesar de la respuesta de Martínez, yo seguía pensando en esa amenaza, especialmente cuando se aproxima la cumbre Iberoamericana programada en Santiago para el 10 y 11 de noviembre de 1996, donde asistirían 22 presidentes y el rey de España (...). Pensaba que si algo ocurría durante la cumbre, el golpe noticioso y el consiguiente bochorno superarían con mucho la noticia de la reunión de mandatarios. Y era precisamente la Subsecretaría de Interior responsable de estos importantes invitados y de su funcionamiento y un entorno normal".

"Por ello tomé contacto con los altos mandos de Carabineros y dispusimos una guardia especial, con personal debidamente armado, noche y día, alrededor del edificio de la CAS, desde tres días antes y tres días después y durante el encuentro".

"(...) Sin embargo, el 30 de diciembre, después de las tres de la tarde y cuando terminaba una reunión con el abogado Rolando Contreras, recibí un llamado de la Dirección de Investigaciones: me decían que hacía pocos minutos se había producido la fuga de cuatro presos de la Cárcel de Alta Seguridad, realizada desde un helicóptero Bel Long Ranger artillado con ametralladoras en sus dos costados. El helicóptero había lanzado al patio de la cárcel una canasta blindada donde subieron los frentistas presos, aunque dos de ellos no alcanzaron a meterse dentro, quedaron colgando y, aun así, no fueron alcanzados por las balas. Durante el minuto que duró la operación, varias ráfagas fueron disparadas por fusiles de asalto M-16 desde la cabina del helicóptero. Los gendarmes, sorprendidos, no pudieron impedir el escape, aun cuando, inútilmente, según declararon, alcanzaron a hacer fuego".

"(...) Llevábamos quince minutos intercambiando ideas, cuando entró a la reunión la ministra de Justicia Soledad Alvear. Nos contó que venía llegando de la CAS. Ahí, personal de Gendarmería le dijo que en el momento del escape estaban terminando la colación y que fueron absolutamente sorprendidos por el operativo. Le habían mostrado las 188 vainas de los tiros disparados por el personal al helicóptero. Soledad Alvear estaba muy alterada. Por ello, el ministro Figueroa le dijo que ella no cargaría con ninguna responsabilidad en el asunto, que la asumiría el Ministerio del Interior. Me preguntó qué me parecía esa decisión. Le contesté que lógicamente debíamos colaborar en todo lo posible, pero nuestra misión era capturar a los extremistas y ponerlos a disposición de la Justicia. Lo habíamos hecho y por eso estaban encarcelados. Sin embargo, continué, no podíamos asumir la responsabilidad del escape, que era de Gendarmería, la que dependía del Ministerio de Justicia: todos los protocolos de sus operaciones eran aprobados y determinados por ese ministerio, no por nosotros. Añadí que, en mi opinión, se debían ordenar los sumarios correspondientes a la brevedad y continuar chequeando informaciones, porque tenía la impresión de que varias informaciones no cuadraban y eran contradictorias".

"Al parecer, mi respuesta no fue del agrado de ambos ministros y la reunión finalizó en pocos minutos."

"Más tarde, Isidro Solís me hizo recordar que la famosa reja cerrando el techo del Patio 5 la había ordenado colocar él, cuando era director de Gendarmería, ya que los ahí detenidos requerían medidas especiales: se trataba de terroristas peligros y muy arriesgados en sus acciones. Sin embargo, alguien había determinado retirar la famosa reja. ¿Quién? ¿Cuándo? ¿Por qué? Solís nunca lo supo y yo tampoco pude averiguar más. En todo caso, fue después de su retiro de Gendarmería".

"(...) En las semanas siguientes a este famoso caso se juntaron algunos antecedentes, pero yo quedé fuera de la Comisión de Análisis. Se instruyeron sumarios: uno interno, otro parlamentario y, finalmente, el judicial. A ninguno de ellos se me citó a declarar, no me hicieron consulta alguna. Como Gendarmería dependía del Ministerio de Justicia, yo no tenía responsabilidad directa. Sin embargo, tampoco se me informó sobre el resultado y detalles de los sumarios. Solo por los medios de comunicación supe que el director de Gendarmería, Claudio Martínez, había sido destinado a la embajada de Chile en Madrid y también su esposa obtuvo un cargo en esa misma plaza".



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