TESTIMONIO DEL EMPRESARIO MEXICANO SECUESTRADO POR EL EXFRENTISTA
"Raúl Escobar Poblete destruyó mi vida"

En 2007, Eduardo García Valseca fue secuestrado en San Miguel de Allende por siete meses. Nueve años más tarde descubrió que el líder de sus captores era un respetable dirigente del centro de padres del colegio que fundó. En este testimonio, el mexicano relata esos días, dice que por culpa de este hecho perdió a su mujer y señala que "Chile tiene una oportunidad de hacer justicia".  

Nicolás Guzmán 

-Cuando me agarraron eran las 8:30 de la mañana, dejando a mis hijos en el colegio, el "Waldorf" de San Miguel -recuerda, al teléfono desde Washington, Eduardo García Valseca, el empresario mexicano cuya historia fue fundamental para conocer el modus operandi del "comandante Emilio" en México y parte central de su historia delictual.

García Valseca, hijo del fundador de la Organización Editorial Mexicana, que edita el periódico El Sol de México, fue víctima de uno de los secuestros más dramáticos que perpetró Raúl Escobar Poblete en México, junto con el del excandidato presidencial Diego Fernández de Cevallos, el de Mónica Jurado, quien fue nuera del expresidente Vicente Fox, y el de la ciudadana norteamericana Nancy Michell Kendall.

La vida de García Valseca, que él y su mujer norteamericana, Jayne Rager, calificaban de idílica, con hijos pequeños y un rancho en San Miguel de Allende, dio un vuelco el 13 de junio de 2007. Ese día habían ido juntos a dejar a sus hijos al colegio que habían fundado ambos e iban de regreso por un camino empedrado cuando un grupo de hombres armados interceptó al jeep en que viajaban. Una camioneta que apareció de frente los obligó a frenar y otra por detrás les cerró el paso.

Según relataría después el empresario en algunas entrevistas, en cuestión de 40 segundos ya estaban dentro del auto de sus captores, que iban a cara descubierta. Les pusieron a cada uno una funda en la cabeza, a él lo golpearon y a ella la abandonaron en otro coche, pero a García Valseca le hicieron creer que también estaba secuestrada. A Jayne la dejaron ir para que reuniera el dinero para pagar el secuestro. "We have your husband", fue el primer mensaje que recibiría y así llamó a un libro que escribió después.

Eduardo García Valseca estuvo siete meses y medio en cautiverio, en un espacio mínimo solo con una puerta por donde le daban la comida, reducido, casi siempre esposado y muy maltratado. Cuando entró, pesaba 79 kilos. Al ser liberado, 40. También lo balearon en una pierna y brazo porque creían que mentía cuando les decía que no tenía los ocho millones de dólares que le solicitaban. Los captores creían, por su origen familiar, que García Valseca era rico.

A los pocos días de liberado, Eduardo y Jane abandonaron su país.

-Cuando la autoridad mexicana me dijo que no podían asegurar que yo estuviera bien me vine para Estados Unidos, el 19 de febrero de 2008 y jamás regresé a San Miguel de Allende -agrega.

Las autoridades le dijeron a la pareja que los delincuentes eran del EPR (Ejército Popular Revolucionario), un grupo guerrillero mexicano. Solo nueve años después supieron que era el chileno Raúl Escobar Poblete, "Emilio", quien había estado detrás de la operación. Un respetable ciudadano de San Miguel de Allende, a quien -a diferencia de lo que se ha publicado- no era cercano a García Valseca, según dice.

"No es cierto. Lo que sucede es que él se incrustó en la Escuela Waldorf que había fundado mi mujer, pero después de que ya nos habíamos ido de México. Nunca lo conocí. Le vi la cara a dos o tres de ellos cuando me agarraron". Ese día, recuerda, había seis autos. En la casa donde estuvo retenido, unas seis personas de planta.

-Me di cuenta que no eran mexicanos por varias cosas -prosigue García Valseca-. Cuando ya me tenían en la caja en que me metieron, me di cuenta por la forma en que me daban de comer. Los mexicanos no comemos más que tortillas y frijoles y eso es la base de todo. Y jamás me dieron en siete meses y medio una sola vez tortilla. El día de Navidad me dieron una carne muy fina, pero, claro, en una versión ínfima.

García Valseca recuerda cuando aparecía Raúl Escobar porque le decían "va a venir el jefe".

-Llegaba los viernes en la tarde y siempre olía a cigarro. El criminal este era el jefe. Creo que el tipo que están buscando ustedes de Francia (se refiere a Ricardo Palma Salamanca) era el jefe de la custodia. Es un tipo más alto que yo -mido 1,74-, y fuerte.

Jayne, según dijeron después medios mexicanos, buscó apoyo del embajador de Estados Unidos en México, Tony Garza, y de un negociador privado, Félix Batista. Se acercó también a la Agencia Federal de Investigaciones (AFI), dependiente de la Secretaría de Seguridad Pública, encabezada por Genaro García Luna, quienes la ayudaron a negociar "pero no a encontrar justicia", diría ella después en una entrevista.

Lo liberaron el día 24 de enero de 2018.

-Fueron siete meses y medio de negociaciones, lo cual fue muy difícil. Y, finalmente, cuando llegaron a un acuerdo con mi mujer, ellos me contaron, pero agregaron que nada era seguro, porque cualquier cosa que saliera mal me iban a matar, si venía el dinero marcado, que viniera en una serie, o que llegara con GPS. Yo no tenía ninguna esperanza de vivir ni de salir, porque sabía que todo estaba muy frágil.

Pero el 23 de enero le escribieron una carta - todo era por carta, no le permitían hablar- donde decía que lo iban a liberar.

-Ya muy temprano en la madrugada del 24 de enero de 2008, me dieron instrucciones y me dijeron: "Te vamos a dejar en un cementerio, fuera de San Miguel". Y ahí me pusieron 100 pesos en una cajita donde había también una manzana y dos huevos duros. Me pusieron ropa nueva, no la mía original, y me compraron unos zapatos y una gorra. Me disfrazaron de otra forma. Como a las tres de la mañana me sacaron y llegamos a las 4:30 de la mañana al cementerio. Me pusieron en contra de una pared y tenía que contar despacio del uno al doscientos. Después de contar 200, la idea era que tomara un transporte, aunque me prohibieron hablar. Hice todo lo que me dijeron, porque era la única esperanza de volver a ver a mis hijos y a mi mujer.

Su sensación, dice, era inolvidable:

-Me sentí como si estuviera en otro planeta. Sentí el aire, mis ojos pudieron ver los cerros, las luces. Traté de caminar, pero no podía bien. Me encontré con unas señoras, les pregunté para dónde estaba San Miguel y me señalaron el rumbo. Caminé a la carretera esperando un autobús que pasaba a las seis de la mañana.

El bus lo dejó a un kilómetro de donde estaba su familia. Un hombre lo subió a su auto y lo dejó en la puerta de su casa. Cuando llegó, a las siete de la mañana, no tenía fuerzas para subir un par de escalones

-Mi mujer estaba esperando las instrucciones de ellos cuando mi suegra me vio pasar por la ventana de la cocina y le dijo que había un señor afuera que pasó muy delgado. Mi mujer pensó que era uno de los trabajadores que traía los huevos frescos, porque teníamos un gallinero. Yo me veía muy viejo, y cuando me acerqué a la puerta, mi mujer me miró un rato, pero no me reconoció. Nadie me reconoció, estaba totalmente distinto. Me puse de rodillas y los abracé. Fue lo más increíble volver a sentir a mis hijos y a mi mujer, porque pensé que jamás lo iba a volver a hacer en mi vida.

Después de eso, lo llevaron a un hospital donde lo encontraron mal. "El hígado lo tenía crecido, mi cuerpo se estaba comiendo ya los órganos por falta de proteína y todo. Tenía una infección tremenda en el estómago. También afectado emocionalmente. Me dieron ataques de pánico terrible. Y mientras estaba tratando de mejorar, mi mujer iba hacia abajo, empeorándose".

-Un tiempo después, al salir de la oficina de García Luna, el licenciado Joah, creo que se llamaba, me dijo en el coche: "Eduardo, tiene que salir de México porque esta gente puede llegar otra vez y nosotros no tenemos capacidad para darle seguridad en línea".

PRESIDENTE DEL CENTRO DE PADRES

"Cuando este tipo (Emilio) se enteró de que yo estaba fuera, se metió a la escuela como presidente de la Asociación de Padres de Familia. Pero yo nunca lo conocí, mi mujer tampoco", relata García Valseca.

Raúl Escobar Poblete -o Ramón Guerra, como se hacía llamar en México-"incluso firmaba las cuentas del colegio. Era una forma de ocultarse, de pasar desapercibido porque se hacía pasar por un gran papá y como un hombre que se preocupaba por los niños y que estaba al pendiente de una escuela muy importante en San Miguel".

-El hijo de este criminal se hizo muy amigo de mi nieta. Ella tiene hasta fotografías con él. Se fue de viajes con él y todo. Lo que le llamó mucho la atención a mi nieta, Vera, es que cuando "Ramón" la vio la primera vez le dijo: "ah sí, tú eres García Valseca". La tenía totalmente identificada, como sabía también de mi hijo e hija. Es gente que hace las cosas con una habilidad impresionante. Por eso tardaron tanto tiempo en agarrarlos. Si no hubiera sido por el incidente de unas semanas antes... Fue, como decimos en México, una chiripada, un "shot in a million".

El 30 de mayo de 2017, un taxista denunció a Escobar porque le pareció sospechoso un paquete que le pidió entregar, sospechosa la cantidad de plata que le dio por ese encargo y que además lo siguiera. El paquete que había entregado al taxista contenía el dedo meñique de Nancy Michell Kendall, secuestrada hacia dos meses.

Cuando apresaron a Escobar Poblete, un periodista del diario Reforma lo llamó y le dijo: "Eduardo, ¿está enterado de que agarraron a este tipo...?". Y al segundo le dijo que era chileno y quien era. "Inmediatamente dije 'absolutamente'. Siempre sentí que si había mexicanos, eran subordinados, pero los directores y los que manejaban esto eran extranjeros".

"Tengo que cerrar este capítulo de mi vida"

Cuando García Valseca supo que la persona que tenía un rol en su colegio era su secuestrador, dice, pensó dos cosas:

-Lo primero es cuán lejos están las autoridades mexicanas de la realidad y qué fregado y jodido está México. Tener ahí a unos tipos que son unos secuestradores de alto impacto, y el gobierno no tiene idea de nada. Dos, he tratado por mi propia salud mental, después de todo lo que pasó... (se queda un momento en silencio). Porque este cabrón, por el dolor y todo, hizo que mi mujer se enfermara y la perdí. Mi mujer murió hace 6 años y medio.

Ella, dice él, dio una lucha muy fuerte por su liberación.

-Dio la lucha hasta el final. Pero fíjate qué curioso. En el momento en que salí y podía ya descansar, se puso gravísima y se muere por eso. Entonces, este tipo me destrozó la vida y yo por salud mental tengo que cerrar ese capítulo de mi vida.

Eduardo García Valseca y su familia se fueron a Virginia, Estados Unidos, donde vivía la madre de Jayne, que lo ayudó a cuidarla, pues ya estaba muy enferma.

-Mis hijos ahora, después de todos esos años, llaman a esto su casa. De lejos se han olvidado, y el dolor del secuestro y la ausencia de su madre, ¡pues terrible! pero estamos agradecidos de que seguimos, estamos sanos y vamos bien.

Hoy vive en en Washington. No ha sido fácil: "He perdido al amor de mi vida".

"Van a volver a hacer lo mismo"

Eduardo García Valseca supo por los diarios del proceso de extradición a Raúl Escobar

-Mi hija mayor me dijo: "Mira, fíjate papá que tengo un amigo que es chileno y cuando le dije que era este Escobar, abrió los ojos enormes". Me dijo que llevaban másde 20 años buscándola, la ley chilena, la INTERPOL y todo. Y supe toda la historia de que se fue y se metió a Cuba primero y luego buscó San Miguel porque tenía características de pasar desapercibido.

En su caso, siente que en México no se hizo justicia. "Para empezar, con el secretario de seguridad, García Luna, me da su tarjeta y me dice: "Eduardo, vamos a estar en comunicación". Le hice más de 100 llamadas; jamás en la vida pude hablar con él.

-¿Le gustaría que se hiciera justicia en Chile?

-Lo que pido es que esta gente no siga haciendo daño a la sociedad. Ha destrozado muchísimas familias. Esta gente debe estar en la cárcel porque van a volver a hacer lo mismo. ¿Sabes por qué? Porque es lo único que saben hacer. Este tipo de Francia (Salamanca) es peligrosísimo y que lo estén respaldando gentes políticas y el dinero y todo lo que se han robado es un peligro terrible porque tienen raíces que ya echaron en México y en Chile y las pueden volver echar a andar. Chile tiene una oportunidad de hacer justicia.

"Cuando este tipo (Emilio) se enteró de que yo estaba fuera, se metió a la escuela como presidente de la Asociación de Padres de Familia. Pero nunca lo conocí".

" (Escobar) se hacía pasar por un gran papá y como un hombre que se preocupaba por los niños".

"Creo que el tipo que están buscando ustedes de Francia ( Palma Salamanca) era el jefe de la custodia".

 


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