1.200 fardos de plástico y un laberinto de arte

¿Cómo hacerse cargo de los propios desechos?, se preguntó la artista Denise Lira-Ratinoff. El resultado es "Cronometro", una instalación creada con fardos de plástico para reciclaje que se inaugura hoy en el MAVI. Elisa Montesinos  

 

No es nueva la basura en el arte. Cómo olvidar la experiencia del brasileño Vik Muniz, quien trabajó en Jardim Gramacho, el basural más gran del mundo en Sao Paulo, con personas hasta ese entonces invisibles, los recolectores; los retrató en las poses que eligieron juntos y luego reprodujeron colectivamente las imágenes con elementos sacados de la basura. Las obras se transaron en miles de dólares que fueron destinados a mejorar la calidad de vida de estas personas, como puede verse en el filme "Waste Land".

La instalación a gran escala que se inaugura hoy en el Museo de Artes Visuales (MAVI) puede inscribirse en la línea de Muniz: hacer visible lo invisible, pero esta vez respecto a los desechos y su impacto en el medio ambiente. "Para mí un fardo es una escultura. Se llaman fardos de residuos sólidos. Uno piensa al verlos: '¿Cómo puede ser que el océano esté recibiendo esto?'", reflexiona su autora, Denise Lira-Ratinoff.

Asomarse al fondo marino

Desde el año 2000 la artista trabaja con fardos, ya sea paja, boldo o pasto, siempre en relación con la naturaleza. El año pasado fue invitada a participar en el proyecto Habitar, que ocupó durante varios días un par de casas en la calle Triana en Providencia. La iniciativa de la plataforma One Moment Art, del gestor cultural José Manuel Belmar, se inscribe dentro de los proyectos realizados especialmente para sitios específicos que se han presentado en lugares no tradicionales y también en museos. "Habíamos trabajado antes atisbos sobre el ecosistema, la tierra, el agua, elementos vitales, pero muy a la pasada, y me pareció que el trabajo que estaba haciendo Denise, que se nutre de esta conciencia a diario, era muy interesante porque el arte contemporáneo tiene mucho que ver con esto", dice Belmar.

"Siempre he sido muy amante del océano y salió esta invitación. Hicimos una especie de sinopsis y la gente decía quiero más", relata la artista. De ahí decidieron sumar fuerzas y hacerlo a gran escala en el museo. Al comienzo pensaban solo en una sala y el proyecto comenzó a crecer y a crecer hasta convertirse en lo que se podrá ver hasta el 10 de febrero. Más de 1.000 toneladas de fardos de plástico reciclado dan vida a una estructura que podrá recorrer una persona a la vez, y que invita al espectador a salir de su zona de confort y reflexionar respecto al medio ambiente mientras avanza por un túnel de 80 cm de ancho y 1,90 metros de alto. La ruta implica subir hasta los cuatro metros de altura y mirar desde arriba un video del océano en que se verán mallas negras de plástico, a la vez que se oirán sonidos de ballenas y el ruido que se genera bajo el mar por los experimentos y la intervención humana. "Estoy simulando la fosa más profunda del océano, las Marianas", dice Denise a propósito de la parte más profunda de los océanos ubicada en el Pacífico al este de Filipinas.

Un equipo de 15 personas trabajó incluso días festivos y fuera del horario de funcionamiento del museo para montar todo a tiempo. El diseñador Patricio Aguilar de Chiloé Cine, fue el encargado de los efectos especiales y es quien da el sentido de realidad a las ideas de la artista. El plástico lo aportó la empresa de reciclaje TriCiclos, que hace los fardos para el reciclaje a partir de las bolsas, botellas y empaques que compramos tal vez en exceso. "A raíz de estas instalaciones necesito crear conciencia. Uno siempre dice: ??Sí, yo reciclo. Uno no recicla, uno separa??", dice ella. "Eso es lo bello del arte, que puede unir ciencia, tecnología y estar educando". Durante el proceso de creación, se trasladó a varias bodegas para seleccionar fardos de distintos tipos de plástico que ordenó temáticamente, lo que se apreciará en el laberinto. Para poder realizar esta obra se ha asesorado también por biólogos marinos, quienes han desarrollado un texto que se incluye en el catálogo, donde se explica el impacto del plástico y la basura en los océanos.

Sorpresa, identificación, vértigo son algunas de las emociones que el visitante podrá experimentar al perderse en los laberintos de plástico que propone "Cronometro". Para quienes no se atrevan a ingresar, la obra podrá vivenciarse también desde afuera.

 


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Más de 1.000 toneladas de fardos de plástico reciclado dan vida a una estructura que podrá recorrer una persona a la vez.
Más de 1.000 toneladas de fardos de plástico reciclado dan vida a una estructura que podrá recorrer una persona a la vez.
Foto:Gentileza one moment art


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