Su más reciente libro "Ahora me rindo y eso es todo"
Álvaro Enrigue novela la guerra apache

El escritor mexicano reconstruye en su nueva obra de ficción la vida de Gerónimo, uno de los últimos guerreros indios que luchó contra los ejércitos de México y Estados Unidos.  

Pedro Pablo Guerrero 

"Antes me movía como el viento, ahora me rindo y eso es todo", declaró Gerónimo el 27 de marzo de 1886, cuando capituló, en el estado de Sonora, México, ante George Crook, general del Ejército de los Estados Unidos. "Goyahkla" -su nombre apache, que significa "El que bosteza"- se entregó acompañado por 36 guerreros, todavía niños, junto a los que había huido de la reserva de San Carlos, Arizona. Durante diez meses habían conseguido escapar de 5.000 hombres bien armados y nutridos, engañándolos con pistas falsas y sobreviviendo casi sin agua ni comida.

"La idea es escribir un libro sobre un país borrado. Un país que funcionó tan bien y mal como funcionan todos los países y que desapareció frente a nuestros ojos como desaparecieron los casetes o la crema de vaca en triángulo de cartón. Donde hoy están Sonora, Chihuahua, Arizona y Nuevo México había una Atlántida, un país de en medio". De esta manera describe el narrador ficcional de la novela su propósito de contar la historia de Gerónimo, el chamán de guerra más famoso del siglo XIX. La Apachería, nombre de esa región, era una deshabitada zona que se extendía entre México y Estados Unidos. Allí vivían, de manera trashumante, los chiricahuas, la más belicosa de las naciones apaches. El relato se inicia el año 1836 en el pueblo de Janos, Chihuahua, pero también avanza en el siglo XX, por escenarios como Nueva York, Berlín y Zagreb, ciudades por donde se mueve el narrador del libro, un escritor mexicano que vive junto a su familia en Estados Unidos.

Los chiricahuas no quisieron integrarse a ninguno de los dos países que trazaron sus fronteras sobre su territorio. Acorralados, vivieron del saqueo a los habitantes de ambos y optaron por una tercera vía: una guerra inútil, pero digna, que finalmente los llevó a la extinción. "Como decía José Emilio Pacheco, una figura totémica para mí, la patria no es suficiente razón para morir, pero tal vez ciertas calles, ciertas comidas, ciertas inflexiones en el lenguaje sean razones para seguir peleando. Esto, por supuesto, es opinión muy de un mexicano que vive en Estados Unidos", advierte irónicamente Álvaro Enrigue, radicado en Nueva York y profesor de literatura en la Universidad Hofstra.

Ahora me rindo y eso es todo muestra a los apaches como unos expertos en la guerra. "Siempre hay el riesgo de sonar antropologista, pero es que era impresionante. Eran unos virtuosos en la huida, pero también en el ataque: qué guerrilla focal ni que la chingada. Estos eran letales. Entraban, hacían una destrucción inverosímil, escapaban y nadie los agarraba nunca. La generación de Gerónimo muere de vieja. Para mí era muy importante señalar que no eran buenos salvajes, sino tan letales como los gringos o los mexicanos. Si eras hombre, te mataban y ya. Lenta y brutalmente. Pero si eras mujer y alguien te quería de pareja, tenías que pasar por un proceso de adaptación salvaje. El mismo por el que pasaban los niños apaches: aprender a vivir sin agua y comiéndose hasta el cuero de una vaca. Fue una nación que estuvo en guerra 200 años".

El propio Enrigue transparenta, sin complejos, sus fuentes. "No quiero engañar a nadie. Los libros que convirtieron en urgente la novela están mencionados en el texto, porque así son mis libros: una ficción y el archivo que la sostiene", advierte. Destaca Once They Moved Like the Win d , de David Roberts, investigación sobre los últimos jefes chiricahuas. "Es un libro conmovedor del que vienen muchas de las historias más conmovedoras de mi novela", reconoce. "Ese proceso de aniquilación de una cultura produjo una serie de relatos que permiten no olvidar a esa generación de guerreros valientes y políticos bastante diestros. A lo mejor es la razón última para escribir esta novela: recordar que Gerónimo no es una leyenda, que se pasó la vida defendiendo no sé qué exactamente, algo que definitivamente yo no defendería, pero encuentro conmovedor que alguien peleara por el derecho de educar a sus hijos como lo educaron a él".

"Veo una novela como una ecuación"

Álvaro Enrigue no solo se documentó en archivos. Visitó Fort Sill, Oklahoma. Al interior de su base militar estuvo el campo de prisioneros donde pasó sus últimos años Gerónimo, quien fue enterrado en el cementerio apache el 17 de febrero de 1909. El escritor también recorrió la Apachería. "Está completamente vacía. Hay un pueblo, el más importante de la región, que se llama Sunsites, en Arizona. La gasolinera es, al mismo tiempo, la farmacia y la oficina del sheriff . Si subes a la montaña, en Nuevo México, los pueblos son de tres o cuatro casas y te juro por Dios que todavía hay letreros que dicen: 'Meta a los niños a la casa antes de las 5, porque hay lobos'. Si vas al norte está la reserva apache de San Carlos. La primera vez fui con los niños. Mi hija iba dormida en el auto. Cuando se despertó, me dijo: '¿Papá, nos trajiste a México?'. Vio los mismos rostros indígenas, la misma pobreza y marginación".

Lamenta no haber podido ir a la Apachería mexicana. "Es muy peligrosa. Esa región sigue en guerra. Hoy los señores no son los apaches o los colonos chihuahuenses. Son los señores de la droga. No me atrevería a manejar una camioneta por ahí", dice.

Más de 600 páginas llegó a tener el borrador de Ahora me rindo... Enrigue comenzó a tomar notas apenas publicó su anterior novela, Muerte súbita (Premio Herralde 2013). "Trabajo de una manera muy metódica, que luego ya no se nota en los libros, porque parecen caóticos, pero están ordenados cuidadosamente. Yo veo una novela como una ecuación. Organizarla me costó casi un año", dice el autor. La novela entrevera cinco líneas narrativas distintas, con protagonistas, tiempos y estilos diferentes. La primera cuenta la historia de Camila, una chihuahuense raptada por el legendario jefe Mangas Coloradas. Tras sus pasos va el teniente coronel José María Zuloaga, al frente de un improvisado destacamento compuesto en su mayoría de hombres enrolados a la fuerza, dos convictos yaquis y una actriz de zarzuela retirada.

"La historia de Camila es un spaghetti western ", admite Enrigue. "Sergio Leone es uno de mis héroes creativos. Me gustan todas las películas de John Wayne y John Ford, pero las de Leone me siguen pareciendo insuperables, por la velocidad, el sentido del humor, el cinismo, la ironía".

En otra parte se cuenta la infancia de Gerónimo, nacido en territorio mexicano, y hay una serie de retratos de militares: guiño a Historia universal de la infamia , de Borges.

-"Los mexicanos odian al indio, pero no pueden vivir sin él", dice alguien en la novela. ¿Todavía es así?

-En eso seguimos, en la explotación absoluta. El movimiento zapatista viene de algún lado, no es un brote ideológico. La prueba es que sigue vivo. ¿Tiene solución este problema? Desde el gobierno, no. Llevamos 400 años en el experimento y no lo hemos podido resolver. Pero desde la sociedad civil, sí. La postulación de Marichuy, la candidata indígena a la presidencia de México, es un fenómeno histórico infinitamente más importante que la llegada de López Obrador al gobierno. Su precampaña juntó suficientes firmas como para pensar que hay un México que sí está mirando la violencia sobre los cuerpos de las mujeres y la desigualdad económica, que me parecen los problemas más urgentes del país y con los que discute la novela.

 


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Los chiricahuas eran unos virtuosos en la huida, pero también en el ataque eran letales.
"Los chiricahuas eran unos virtuosos en la huida, pero también en el ataque eran letales".
Foto:Mariana Sevilla de los Ríos

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