A propósito de "Río Bravo", de Howard Hawks:
Amigos fundamentales

Ernesto Ayala 

Como ha sido extensamente registrado, Howard Hawks filmó "Río Bravo"(1959) como respuesta a "La hora señalada" (1952), western que ganó cuatro Oscar y fue extensamente alabado en su momento, entre otras cosas, porque mostraba a un héroe dubitativo, psicológicamente tensionado, sembrado en una continuidad temporal autoimpuesta, en que la hora y media de la cinta coincidía con la hora y media en que ocurría la acción, algo que repitió cincuenta años más tarde la serie "24" (2001-2010). Para Hawks, sin embargo, el sheriff de esta película de la que todo el mundo hablaba no hacía más que pedir ayuda desesperadamente, huir como una "gallina mojada" y ver, al final, cómo su mujer le salvaba el pellejo. Para Hawks, ese no era un comportamiento profesional. Entonces, a los 63 años, después de haber filmado películas extraordinarias en cada género cinematográfico en el que había incursionado, el Jefe decide volver al western .

"Río Bravo", así, repite expresamente la premisa: un sheriff (Chance, interpretado por John Wayne), debe cuidar a un asesino, Joe Burdette (Claude Akins), hasta que lleguen a recogerlo los federales. Sin embargo, Nathan Burdette (John Russell), un oscuro ganadero, quiere rescatar a su hermano y le hace saber a Chance que no dudará en pasar sobre su cadáver para hacerlo. A diferencia de "La hora señalada", Chance no pedirá ayuda, porque sabe que cualquiera que la dé podrá ser víctima de los Burdette. Y tampoco lo hace, claro, porque hacer cumplir la ley, es su trabajo. La única asistencia que recibe es de un viejo cojo (Stumpy, por Walter Brennan), un borracho (Dude, por Dean Martin) y, hacia la mitad del lío, de un pistolero imberbe (Colorado, por Ricky Nelson).

Chance, por supuesto, no tiene dudas o resquemores psicológicos; tampoco problema moral alguno con su trabajo. Este western no tiene la habitual tensión del género entre lo que la conciencia del personaje exige y lo que la ley -siempre débil, muchas veces arbitraria- impone. Su tensión interna está en el personaje de Dude, al que el alcoholismo ha denigrado al punto de convertirlo en un paria. Peor aún, se ha asumido a sí mismo como uno, y la brillante secuencia muda con que abre "Río Bravo" -sin una sola palabra en tres minutos veinte, una perfecta lección de cine-, lo retrata en plenitud. Así, "Río Bravo" es la lucha de un hombre por redimirse, por recuperar su dignidad y el respeto por sí mismo. ¿Cómo? Haciendo bien su trabajo.

Esto es de Hawks de pura cepa. Ahí está también la fuerza de sus mujeres, la posibilidad que el hombre tiene de hacerse cargo de su destino y, como escribió el gran crítico Robin Wood, la capacidad, especialmente extraña en el arte del siglo XX, "de retratar convincentemente relaciones creativas en que los personajes se ayudan entre sí, y a través de las cuales desarrollan una mayor madurez, autoconfianza y balance". O como el mismo Wood dice más adelante, en un intento de abarcar la enormidad de "Río Bravo": "Lo que uno más ama de Hawks, finalmente, es la vitalidad de tantos de sus personajes" (este elogio, valga la comparación, no es muy distinto del que Bloom, más tarde, le dedicó a Shakespeare).

Cuando el cine industrial parece haber olvidado de qué estuvo hecho, cuando parece haber en el mundo una brecha cada vez más grande entre el "cine de calidad" y el "cine de entretención", es bueno recordar que Hawks nunca hizo esa distinción en la práctica (ni en la teoría, seguramente). Su estilo directo, austero, libre de pretensiones y lleno de gracia, plenamente manifiesto en "Río Bravo", nos hace imaginar que el cine no debiera buscar tan lejos la salida a su encierro creativo.

RÍO BRAVO

Dirigida por Howard Hawks.

Con John Wayne, Dean Martin y Angie Dickinson.

Estados Unidos, 1959, 141 minutos.



 


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Escena de Río Bravo: Hawks nunca distinguió entre cine de calidad y de entretención.
Escena de "Río Bravo": Hawks nunca distinguió entre cine de "calidad" y de "entretención".
Foto:Warner Bros


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