Los secretos que encierran las galerías y pasajes del centro

En la década del 50 en Francia y otros países los situacionistas se dedicaron a caminar sin rumbo fijo, planteando que de esta forma se llegaba a los centros neurálgicos de la ciudad. Al cumplirse un aniversario más de la fundación de Santiago, la invitación es a recorrer el centro a través de las casi 30 galerías ubicadas en el cuadrante entre Alameda, Amunátegui, Santo Domingo y Santa Lucía. Construidos en la primera mitad del siglo pasado, estos pasajes o laberintos establecen distintas conexiones entre las calles céntricas, conservando en su interior secretos insospechados y una forma más amable de comercio frente al avance del retail . Tarde o temprano, como por arte de magia, el paseante aparecerá en la Plaza de Armas. Acá revisamos cuatro de las más importantes.  

Elisa Montesinos y Mario Cavalla  Juan Esteban Montero, arte público

Huérfanos con San Antonio, en la fachada se lee Hotel Santa Lucía. En otro tiempo, las tardes en el desaparecido cine Huelén viendo películas Disney se terminaban en el Café Paula o Savory, que también forman parte del pasado. En el subterráneo, un local de comida de autoservicio monopoliza lo que fue una discreta galería comercial. En medio de peluquerías vacías en verano y locales esperando arrendatario, la tienda de CDs y el café donde los parroquianos se sientan a la barra parecen ser los puntos más vibrantes de la hermosa L de la galería que esconde uno de los secretos mejor guardados del arte público chileno: un mural y un camino de mosaicos realizados por el artista Nemesio Antúnez para homenajear a las alfareras de Quinchamalí.

El mural en rojo y negro pintado en 1958 por el maestro está visiblemente dañado y espera el día que se dignen repararlo. "El hotel tiene un jardín arriba y adonde cae el agua empieza a hacer tira el paño, el dueño no lo ha querido solucionar", dice a propósito el conserje Luis Gutiérrez, quien trabaja aquí hace 36 años. "La gente viene a preguntar por el mural y todos cuestionan por qué no lo arreglan, pero no sacan nada con restaurarlo si no solucionan lo de acá arriba". A la falta de una placa que indique el nombre del autor, se suma el que los transeúntes ya no se den el tiempo de mirar por donde caminan, y pasen rápido pisando los chanchitos y cántaros en mármol negro y blanco que hacían de antesala al cine. La boletería ha sido reemplazada por un centro médico que terminó de matar el legado de Antúnez cortándolo abruptamente y reemplazando el camino en mosaicos negros y blancos por ordinarias lozas blancas.

Crillón, el pasaje de las pasiones

Agustinas 1035, un poco más abajo del Paseo Ahumada. A la entrada, el infaltable músico ciego toca acordeón con su tarrito sentado en la caja del instrumento. Inmensos faroles recuerdan el pasado esplendoroso del edificio que albergó al hotel Crillón, que congregaba a la bohemia y a la alta sociedad, alojó a Clark Gable y Gary Cooper, y cerró puertas en 1977 conservando la fachada. Dos escritoras eligieron este escenario para disparar contra sus amantes, una con éxito, otra sin lograrlo. En 1941 fue María Luis Bombal quien a pesar de los tres disparos no logró herir más que en el brazo al hombre que le había prometido matrimonio y no cumplió; el afectado retiró los cargos, por lo que la autora solo pasó unos meses en prisión. En 1955, María Carolina Geel asesinó a su amante y escribió en prisión Cárcel de mujeres . Estuvo presa tres años solamente, pues Gabriela Mistral intermedió para que Carlos Ibáñez del Campo la indultara.

Hoy el interior de la Galería Crillón que nos recuerda estas trágicas historias alberga elegantes tiendas de trajes masculinos, té, alfajores y el London Coffee, que ofrece sándwiches, café y ensaladas con mesas afuera y decoración en el mismo tono de los buses londinenses.

No se le vaya a ocurrir dárselas de artista o de situacionista y entrar escribiendo en la exclusiva tienda de trajes de hombres Sita, pues podría desatar la furia del dueño. "No se puede tomar notas en mi negocio", grita. El pasaje semitechado con luz natural desemboca en la galería Huérfanos, desde donde se puede seguir cortando por el pasaje Edwards y seguir por el Matte, hasta aparecer en la Plaza de Armas.

Pasaje Matte, el primer mall de Santiago

Precursor en el concepto, la historia del Pasaje Matte es significativa, pues surge en una propiedad del Presidente de la República Manuel Bulnes, quien era dueño de una manzana situada al sur de la Plaza de Armas y encargó la creación de este nuevo tipo de infraestructura comercial. Fue inaugurado en 1852, pero tiempo después, el pasaje fue adquirido por Domingo Matte con lo que cambia el nombre. En 1932 el arquitecto Jorge Arteaga rediseña el recinto que es considerado "el primer mall " que tuvo Santiago. Hoy la multitienda Ripley ocupa un quinto del pasaje, cambiando su fisonomía y dividiéndolo en dos sectores. Joyerías, peluquerías, tiendas de artesanía y cafés con piernas son parte del paisaje habitual de este lugar con tiendas singulares, como la Cuchillería Elfert, única en su tipo en Chile y desde hace 56 años en el Pasaje Matte. El local sorprende desde su llamativa vitrina con la gran oferta de cuchillos para cocina o del tipo Rambo, además de las clásicas cortaplumas Victorinox, cortaúñas y tijeras de todo tipo. "Alguna vez vendimos hasta katanas del tipo samurái, pero como es una arma blanca había que hay tener un permiso especial, por lo que dejamos de traerla", explica Wilson Muñoz, jefe de local. Otro sitio que destaca es la disquería TodoMusica, sobreviviente de lo análogo, con más de 10 mil productos entre vinilos, CD, DVD y casetes. Otros locales antiguos vigentes son la perfumería Vasen, Calugas Las Escocesas y las Joyerías Barón.

Pasaje Agustín Edwards, boliches de otro tiempo

Construido en 1948, cuenta con 93 locales usando la manzana completa comprendida entre las calles Ahumada, Huérfanos, Bandera y Compañía.

Este pasaje de cinco accesos, concebido para albergar tiendas, bodegas y cines, era el paseo obligado por los santiaguinos y por la socialité de la época, que incluía los senadores que desde el ex Congreso se paseaban para tomar café en el Villarreal o en el entrañable Santos y su incomparable café helado con panera dulce. Subsisten con buena salud la fuente de soda El Rápido y sus jugosas empanadas al paso, la camisería Carrera, que inspiró al personaje Juan Herrera de la serie Los Ochenta, y el Penique Negro, el paraíso de los filatélicos. Todavía podemos apreciar su imponente ornamentación y un olvidado subterráneo donde podemos encontrar boliches de colaciones, peluquerías y joyerías. En tanto, el habitante más antiguo del pasaje, la Bombonería Dos Castillos, ha visto varias generaciones de clientes disfrutar de sus exquisitos chocolates artesanales, recetas, traídas directamente desde Suiza y hechas a base de auténtico mazapán de almendras, pastas de chocolate, trufas y nougat. Famosísimo es su huevo de trufa, sensación durante los días de Semana Santa. "Tenemos respeto por las materias primas y nuestra premisa es la calidad del producto final. Por algo llevamos 80 años en esto", asegura orgulloso Claudio Burg, segunda generación de esta tradicional familia chocolatera.



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La Galería Crillón alberga elegantes tiendas de trajes masculinos, té, alfajores y el London Coffee, con sus mesas afuera.
La Galería Crillón alberga elegantes tiendas de trajes masculinos, té, alfajores y el London Coffee, con sus mesas afuera.
Foto:MATIAS DELACROIX

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