De los Himalayas a los Andes: La vuelta al calentamiento global en 800 días

Aburrida por la falta de respuestas institucionales, la periodista medioambiental Gaia Vince dejó su trabajo como editora de noticias y decidió viajar 800 días por el mundo para ver cómo las comunidades habían generado una serie de iniciativas para enfrentar el cambio climático. Esto es parte de lo que encontró.  

Elisa Montesinos 

Deforestación, sequía y plásticos por doquier. Estamos en la era llamada por los geólogos como Antropoceno, donde nuestro actuar como seres humanos está dejando una marca desastrosa y el agua se convierte en el bien más escaso y valioso. "En millones de años, una franja en las capas rocosas de la superficie de la Tierra revelará nuestra huella humana, tal como podemos evidenciar las impresiones de los dinosaurios en las rocas del Jurásico, o la explosión de vida que marca el Cámbrico o las huellas del retroceso de los glaciares del Holoceno", escribe la periodista Gaia Vince (1977) en el libro "Aventuras en el Antropoceno: un viaje al corazón del planeta que creamos", recientemente editado en español (Ocho Libros). La publicación la convirtió en la primera mujer en ganar el Premio Winton de la Royal Society para libros de ciencia en 27 años de historia el 2015.

Como parte de su viaje e investigación, Vince, especializada en ciencias, medioambiente y problemas sociales, recorrió muchos lugares desde los Himalayas a los Andes. También estuvo en Chile. Dos de las experiencias más impresionantes que recoge en el libro tienen que ver con glaciares. En los Himalayas indios se encontró con Chewang Norphel, un ingeniero de 74 años que "hace glaciares". Gaia lo compara con un superhéroe: el agua de los 10 campos de hielo que ha construido mantiene a 10 mil personas. Vive a cuatro mil metros de altitud, donde a la periodista le cuesta respirar. Pero él trabaja mil metros más arriba a temperaturas bajo cero y combina conocimientos de sus dos mundos, el científico y el campesino, para desarrollar su proyecto. Mientras trabajaba para el gobierno la primera necesidad eran los caminos, pero al retirarse se dio cuenta de que el agua era el gran problema ahora. Los Himalayas son la mayor área cubierta por glaciares y estos han perdido casi una cuarta parte de su masa en los últimos 60 años. Norphel comenzó a almacenar agua en invierno, que se congelaba generando glaciares artificiales de un promedio de 250 metros de largo por un centenar de metros de ancho, y que al subir la temperatura se derretían a tiempo para la agricultura.

Durante su visita a Licapa, un poblado en los Andes peruanos a 4.200 metros de altura, encontró a la comunidad pintando de blanco la montaña para traer de vuelta los glaciares, o al menos una temperatura más baja. El pueblo queda al oeste de Ayacucho y sus habitantes hablan quechua, la economía se basa en la ganadería de alpaca. A la destrucción del tejido social que dejó Sendero Luminoso, ahora se suma el cambio climático. El glaciar que alimentaba un río que hoy es apenas canal, desapareció hace 20 años. La gente se ha ido a Lima ante la falta de agua. En una tarea que parecía titánica, los habitantes del pueblo pintaban de blanco la montaña rocosa donde antes estuvo el glaciar. La idea fue concebida por el empresario Eduardo Oro, y obtuvo 200 mil dólares por un concurso de adaptación al cambio climático del Banco Mundial para construir una fábrica de pintura a cal. El blanco absorbe menos calor que el negro, por lo que la montaña blanca permitiría conservar el hielo que se forma en ella, hasta que eventualmente se forme un glaciar.

La periodista también estuvo en la Patagonia chilena, conociendo cómo se enfrentaba la posible construcción de al menos tres centrales hidroeléctricas. "Conocí científicos verdaderamente inspiradores, medioambientalistas y otros miembros de la comunidad. Patagonia es una parte muy especial del planeta y me siento agradecida de que haya héroes trabajando para protegerla para todos nosotros. Tengo grandes esperanzas para el futuro sostenible de Chile, país que tiene muchos recursos útiles: luz solar, viento, olas y potencial geotérmico", dice desde Londres.

También visitó el norte de Chile y pudo conocer algunos experimentos que atrapan niebla en Atacama, para generar agua de riego. Una experiencia similar pero urbana recoge en su libro. En la periferia de Lima los habitantes de una villa de mediaguas en Bellavista están cultivando un bosque en las dunas y lo riegan con el agua de la niebla que atrapan con redes. Las comunidades marginales de migrantes albergan a unos 2 millones de personas que justamente han huido de la sequía de sus localidades de origen, pero Lima también es una ciudad seca que depende del río Rímac, cuyo caudal es cada vez menor ya que los glaciares que lo abastecían se han ido derritiendo. Los árboles que la comunidad de Bellavista riega con el agua de la niebla -que también les da de beber- crecen para en un futuro cercano generar más agua. Los vecinos son asesorados por la Universidad Nacional Agraria La Molina.

 


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Una casa sustentable que Gaia Vince visitó en la Patagonia chilena, en donde se reunió con medioambientalistas y científicos que se oponen a la construcción de centrales hidroeléctricas.
Una casa sustentable que Gaia Vince visitó en la Patagonia chilena, en donde se reunió con medioambientalistas y científicos que se oponen a la construcción de centrales hidroeléctricas.

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