Sentido común

El grueso de la población ha creado anticuerpos y ha elaborado una respuesta inmunológica: reacciona hoy con violencia inusitada contra el infierno de lo igual = global.  

 

Desde hace un tiempo se viene oyendo de conspicuos intelectuales de la plaza, referirse a la existencia de un "nuevo sentido común". Este tendría que ver con una también nueva forma de sociabilidad según la cual hemos de modular un número importante de conceptos relativos a la aceptación de la diversidad, la inclusión, a una depuración más bien del espíritu democrático e igualitario, ya que después de la Revolución Francesa ninguno de estos conceptos nos es del todo desconocido. Si entendemos el sentido común como algo ya instalado por el uso y la costumbre fruto de una racionalidad compartida, estos conceptos no tendrían por qué estar revestidos de ese carácter de "normativa utópica", como suele oírse cuando se invoca este particular sentido. Byung-Chul Han, el célebre filósofo coreano-alemán, "el último grito de la moda" (sí, hay filósofos de moda) en cuanto al análisis de la era tardomoderna (o posmoderna), ha utilizado, entre otros conceptos, el del "infierno de lo igual", para describirla. Vivimos según Byung, en una era post inmunológica, en la cual, y esto es novedoso, el "exceso de positividad" hace que ya no seamos inmunes al otro, al cuerpo extraño, como ocurre en un sistema inmunológico. Esa otredad, o extrañeza, ha desaparecido con la sociedad posmoderna.

"El paradigma inmunológico no es compatible con la globalización", señala. "La violencia de la positividad que resulta de la superproducción, la supercomunicación o el superrendimiento, ya no es viral", no hay respuesta inmune a ella. Vivimos en una sociedad marcada por lo positivo, por el signo más. Más producción, más consumo, más intercomunicación. La nuestra ya no es la sociedad disciplinaria del siglo XX, definida por la negatividad de la prohibición. La nuestra, la "sociedad del rendimiento", está marcada en cambio por el verbo poder , y la expresa el plural afirmativo: "Yes, we can". El hombre del rendimiento, para el que nada es imposible, ese sujeto para el que "nada hay por encima de él para indicarle quién debe ser, porque se considera dueño de sí mismo, que está a punto de convertirse en una realidad de masa, ya no es ningún superhombre soberano, sino un último hombre que tan solo trabaja ", en palabras de Nietzsche, citado por Byung. Ese sujeto es el nuevo esclavo, "el animal laborum se explota a sí mismo, voluntariamente, sin coacción externa". Ese mismo hombre del paradigma del 24/7, del multitasking , tiene formas de percepción diferentes como la comunicación ya no comunicativa sino acumulativa, que determina, por ejemplo, comportamientos como el bingewatching , o "atracones de series", en que el espectador se queda frente a la pantalla hasta "perder la conciencia", lo que es una buena manera de no tenerla. La atención en la serie no es la del sujeto concentrado, sino que se trata de una atención superficial destinada a evadir el sí mismo. No es una atención profunda y contemplativa, la verdadera productora de "los logros culturales de la humanidad" y "de todo lo que vale la pena", según anota Byung. Tampoco permite el aburrimiento profundo que es uno de los fundamentos, según Walter Benjamin, de todo proceso creativo. El individuo hiperactivo ha perdido toda capacidad de contemplación. Siempre visionario, Nietzsche apuntaba que: "por falta de sosiego nuestra civilización desemboca en una nueva barbarie. En ninguna época se han cotizado más los activos, es decir los desasosegados". El hombre del rendimiento, que ha perdido la capacidad de mirar , cae a su vez en una suerte de "indiferencia ontológica". Quien no experimenta el mundo como algo extraño no lo experimenta en modo alguno.

Hasta ahí todo bien con nuestro "filósofo de moda", pero hay que decir que el centro de su teoría concierne solo a muy pocos, al reducido grupo que disfruta de la autonomía suficiente para siquiera autoexplotarse, es decir, a los que han sacado tajada del mundo global, a la vez que tributan a ella con su propia alienación. A ese sujeto, no le podemos pedir que adhiera al "nuevo sentido común" que promueven las élites cultivadas, esas que al decir de Alessandro Baricco, tienen más de quinientos libros en casa. El grueso de la población sí ha creado anticuerpos y ha elaborado una respuesta inmunológica: reacciona hoy con violencia inusitada contra el infierno de lo igual = global, y no se reduce solo al terrorista islámico o al tirador solitario del villorrio americano como sugiere Byung, sino que el viejo sentido común democrático se rompe en pedazos, si entendemos como tales la ofensiva de los chalecos amarillos en Francia, por ejemplo, en los nuevos fascismos que surgen por doquier, donde derechas e izquierdas se coaligan para expulsar a lo extraño y distinto de la inmigración como en Italia, o en la ola neoconservadora en los Estados Unidos. Tal vez sea esa la nueva barbarie de la que hablaba Nietzsche. Vaya uno a pedirles sentido común desde la comodidad del salón revestido con quinientos libros, y más.

 


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Foto:Fabián Rivas

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