LITERATURA La impronta de su tierra en su obra:
La primera patria de Gabriela Mistral

Claudia Reyes, biógrafa de la escritora, presenta una breve antología que rescata la prosa y versos elquinos de la premio Nobel de Literatura en los que se distingue, en primera línea, ese "canturreo del Valle del Elqui" que según la propia poeta está siempre presente en sus letras.  

Roger Velázquez 

En la cláusula novena de su testamento, Gabriela Mistral (1889-1957) determinó ser enterrada en Montegrande, poblado del Valle del Elqui que la propia poeta declaró como su lugar de origen. Pese a haber nacido a más de 30 kilómetros de ahí, en el cercano entorno campesino de Vicuña, su infancia y su esencia se vieron atadas siempre a la humilde casa-escuela de adobe en la que habitó desde poco antes de los tres años, hasta la edad de 11. "Siempre vivo unida al recuerdo de aquel sitio donde bebí la ruralidad que nunca he perdido", afirmaba la primera y única mujer latinoamericana que ha recibido el Premio Nobel de Literatura, en 1945.

El "Norte Chico de Chile", o "el país de la senda interrumpida", como lo denominó el escritor Benjamín Subercaseaux, es donde se hunde la memoria de su infancia. Aquella región, zona agrícola y minera aún antes de la llegada de los españoles, es la tierra que inspiró a Lucila Godoy Alcayaga, quien más tarde, a partir de 1914, comenzaría a utilizar el seudónimo Gabriela Mistral.

"Si yo hubiese de volver a nacer en valles de este mundo, con todas las desventajas que ha dejado la vida 'entre urbanos' ruralismos, yo elegiría casa no muy diferente de la que tuve entre unas salvajes quijadas de cordillera; una montaña patrona o unas colinas, ayudadoras de los juegos, o ese mismo valle de un kilómetro de ancho y dividido por la raya del pequeño río, como una cabeza femenina", evocaba Mistral en 1928 sobre su Valle del Elqui.

El paisaje y las vivencias rurales de la escritora en Montegrande calaron profundamente en sus letras, como describe la editora literaria e investigadora de la vida y obra de la poeta, Claudia Reyes. "El lenguaje que usa Mistral, dice que es del español sumergido o detenido en el siglo XVI que ella conoce en el Valle del Elqui. De ahí vienen sus neologismos, arcaísmos, hasta algunas toponimias que después ocupa en sus versos", esboza la también biógrafa de la artista, quien presentó hace unos días, durante la Feria del Libro de La Serena, el libro Gabriela Mistral y el Valle del Elqui (Ediciones Pirámide).

Hallar la poética del valle en la obra de Mistral, aclara Claudia Reyes, es el objetivo de esta selección, con la cual nace Ediciones Pirámide, nuevo sello de la región. El enfoque inicial era "Gabriela Mistral astral", señala la compiladora, a raíz del eclipse total de sol pronosticado para julio de este año y que podrá apreciarse en su totalidad en La Serena. Pero, para la editora del libro, "Gabriela es el Valle del Elqui", premisa que la condujo a mostrar el apego de la poeta a su tierra.

La breve antología ilustrada reúne escritos en prosa de Mistral, a partir de textos y conferencias que llegó a realizar, y en los que se refleja su impronta elquina; entre estos, el prólogo que confeccionó para el libro La caravana parda (1933) de la poeta Isabel Peralta, fragmentos de la ponencia "¿Cómo hago mis versos" que dictó en 1938 en Montevideo, o el artículo "Infancia rural" publicado en "El Mercurio" en 1928.

El recorrido que trazó Mistral por los cerros y los higuerales de su niñez en los versos de "Montañas mías", "Valle de Elqui" y "Noche andina", de su obra póstuma Poema de Chile , completan este volumen. En las composiciones citadas, así como en las demás del poemario original, publicado en 1967 por la norteamericana Doris Dana -colaboradora y heredera del legado de la chilena-, se distingue como estructura métrica predilecta el romance octosílabo, en un afán de narrar y descubrir la patria. A pesar de quedar inconclusos y dispersos debido a su fallecimiento, con estos poemas Mistral buscaba regresar a su origen a través de su voz. En sus palabras, "hablando lengua, no otra, que la primitiva mía".

"En muchos de sus poemas asoma su valle natal", refrenda la escritora Marta Elena Samatán en su libro Gabriela Mistral, campesina del Valle de Elqui (1969). Nacida en el mismo poblado que la poeta chilena, y más tarde nacionalizada argentina, fue -junto a su madre, María Isolina Madariaga- amiga de la artista. A su juicio, los recuerdos de Elqui siempre persiguieron a Mistral a lo largo de sus años de destierro voluntario.

En aquel recuento biográfico, al que sumaría Los días y los años de Gabriela Mistral (1973), Marta Elena Samatán identifica el apego de Gabriela Mistral a Elqui como una suerte de afecto maternal, inculcado en ella, precisamente, por su madre, Petronila Alcayaga. "Y cuando ya supe caminar de la mano tuya, apegadita cual un pliegue vivo de tu falda, salí a conocer nuestro valle", escribió Mistral en 1923, en México, como parte del texto en prosa que sería el germen del poema "La Cuenta Mundo", incluido en Tala (1945), su tercer poemario.

"La infancia no siempre tiene que ser definitiva en una persona, pero en Gabriela Mistral sí es; ella lo va diciendo a través de su vida, en sus textos, en sus conversaciones", subraya Claudia Reyes, quien editó por primera vez en Chile las dos obras de Samatán, en 2011 y 2013 -respectivamente- bajo el sello que preside, Letrarte. Aunque el valle aparece más en recados o textos en prosa de la poeta, se llega a percibir igualmente en sus versos a través de pequeñas referencias o en segunda línea, apunta la también autora de Gabriela Mistral. Biografía Breve , de 2017. De acuerdo con la mistraliana, la poeta siempre habló de llevar "adherida a su voz un dejo rural o un canturreo del Valle del Elqui".

Nacionalidad rural

Cuando Gabriela Mistral fue asignada a Francia en 1926, al frente de una de las secretarías de la Liga de las Naciones, buscó refugio en una casa campestre entre los olivares de Bédarrides, un poblado nada lejano al río Ródano. Tras ser nombrada como la primera cónsul chilena, en 1932, partió rumbo a Italia, donde prefirió siempre la campiña mediterránea por sobre las grandes ciudades como Roma o Florencia. Más tarde, en 1940, trasladó el consulado a su cargo en la ciudad de Niteroi, Brasil, hacia las montañas de Petrópolis.

"Ese apego fiel a lo campesino -'la campesinería que es mi dicha y mi costumbre', dirá en cierta ocasión- la hizo preferir siempre la residencia al margen de las ciudades donde le tocó habitar", apuntó Marta Elena Samatán. Sin embargo, en la medida en que Mistral se alejó de Chile, pudo desprenderse también en parte de su regionalismo, y así entrar en contacto con otros pueblos de América y de Europa que le abrieron un horizonte más universal con el cual identificarse, como evidencia la evolución de su obra, así como su vida.

Pese a ello, la prosa de Mistral que recupera Claudia Reyes en su antología, así como los versos que retoma, evidencian el vínculo con su tierra y -particularmente- con aquel enclave que la poeta calificaba como su "patria chiquita" y "real". "Yo no puedo llevar otros ojos que los que me rasgó la luz del Valle del Elqui".

 


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Gabriela Mistral en Montegrande, en 1954, tomando mate. El paisaje y las vivencias del lugar calaron profundamente en sus letras.
Gabriela Mistral en Montegrande, en 1954, tomando mate. El paisaje y las vivencias del lugar calaron profundamente en sus letras.
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