TENDENCIAS El impacto social y cultural de la minifalda de Mary Quant:
La otra revolución de los años 60

Dos exposiciones en Londres -el lugar donde todo explotó- recorren los diseños de Mary Quant, cuyos dotes creativos e instinto comercial convirtieron a la minifalda en un emblema de liberación juvenil. En nuestro país, la prenda tuvo tal impacto que a las chilenas les costó abandonarla cuando la moda apuntó hacia otro lado.  

ELENA IRARRÁZABAL SÁNCHEZ 

Según una encuesta publicada por la revista chilena Eva en 1970, el 83% de las mujeres y el 85% de los hombres, en materia de vestuario femenino se quedaban "con la mini". La falda más larga y amplia, conocida como 'midi' -que comenzaban a ser preferida por los diseñadores- era rechazada por un 56,6% por ciento de las mujeres, que la consideraban "poco sentadora". Las cifras son citadas en el libro "Morir un poco. Moda y sociedad en Chile 1960-1976" de la historiadora Pía Montalva.

Montalva, en entrevista con "Artes y Letras", agrega que la británica Mary Quant -nacida en 1934, hoy de 84 años- "intuye a fines de los 50 que hay una generación que no se quiere vestir como sus madres. La ropa de Quant potencia una identidad social ligada a la edad, a la juventud. Y su ropa no tiene el acceso restringido y elitista de la alta costura".

Aunque algunas interpretaciones la vinculen con el feminismo, para Montalva la minifalda diseñada por Quant "no es necesariamente contestataria o emblema del feminismo. Ese era el pantalón, la prenda masculina por excelencia durante siglos. La minifalda refleja más bien la apertura a una forma distinta de pensar el cuerpo, la libertad de movimiento y de mostrar más. Podría ser considerada un avance de la mujer, pero también es una mirada más sexualizada del cuerpo femenino", dice la historiadora y fundadora del círculo de lectura "Pensar la Moda".

Mary Quant es hoy el foco de dos muestras visuales. Este jueves fue inaugurada en el Fashion and Textile Museum of London una exposición titulada " Swinging London, a lifestyle revolution " dedicada a los jóvenes arquitectos, diseñadores, fotógrafos y artistas que redefinieron el concepto de juventud y desafiaron el orden establecido de los 50. La muestra se focaliza en especial en el aporte de dos figuras, los diseñadores Mary Quant y Terence Conran (este último, fundador de la tienda de mobiliario Habitat y colaborador habitual en las tiendas de Quant).

Por otra parte, el V&A Museum, también en Londres, abre a principios de abril una gran muestra dedicada a Quant, a la que considera "la más icónica diseñadora de los 60". Los preparativos para la amplia exposición han incluido un llamado público a todas las británicas que conserven tenidas de Mary Quant y quieran prestarlas para la muestra. Incluirá desde minifaldas e impermeables de PVC hasta pantis de colores vibrantes y maquillaje. Serán más de 200 prendas y accesorios, incluidas piezas del archivo personal de Quant.

Las chicas de King's Road

Con frecuencia se señala que Mary Quant fue la inventora de la minifalda (prenda sobre la que tampoco hay una definición "canónica". Algunos hablan de falda por sobre la rodilla, otros que debe empinarse al menos 25 centímetros desde la rodilla). El tema de la invención de la mini tampoco está zanjado. Hay especialistas que mencionan como responsable al diseñador británico John Bates y otros al modista francés André Courrèges.

"El aporte de Courrèges fue fundamental. Fue el artífice de la moda 'espacial', un tópico muy relevante en los años 60, en los que las propuestas políticas, estéticas, sociales se asociaban al concepto de futuro: se imaginaban que el año 2000 íbamos a vivir en otros planetas. Hay vínculos entre los dos, creo que Quant pudo inspirarse en Courrèges. Los dos experimentan con faldas cortas y materiales nuevos, como el plástico. Pero Courrèges está en París, es más caro y menos accesible", señala Montalva.

Más allá de la controversia sobre la autoría de la célebre prenda, la verdad es que las faldas se venían acortado desde la década de 1950. En una entrevista, Mary Quant le adjudicó el crédito simplemente a "las chicas de King's Road que buscaban ropa juvenil y simple, con la que podías correr y saltar".

Y es que el éxito de Mary Quant en el diseño comenzó precisamente en King's Road, esa larga calle del refinado barrio de Chelsea, que nace en Sloane Square y luego se acerca al Támesis. Allí está el Chelsea Royal Hospital, el hogar de veteranos de guerra que solían circular por la calle con sus medallas y tradicionales abrigos rojos. A fines de los 50, los viejos soldados comenzaron a cruzarse con jovencitas desesperadas por encontrar la pequeña tienda Bazaar, instalada por Mary Quant.

A mediados de los 50, Mary Quant, en sociedad con su marido, Alexander Plunket-Greene y su amigo, el abogado y fotógrafo Archie McNair, instalaron en King's Road una boutique de ropa y accesorios, de nombre Bazaar, junto a un restaurante en el subsuelo ("Alexander's"), donde se juntaba la bohemia londinense de los 60.

El éxito fue rápido, gracias a los livianos y desenfadados diseños de Quant, además del concepto detrás de la tienda: colores intensos que salían del blanco y negro de las posguerra, música fuerte, tragos, jornadas extendidas que congregaban a muchos jóvenes que se quedaban socializando en el lugar. Era una boutique pequeña que renovaba su stock rápidamente. Incluso, según el relato de Quant, con el dinero recogido en la jornada compraban telas y elaboraban durante la noche nuevos vestidos para ofrecer al día siguiente.

Quant se convierte en la reina del "Swinging Londres" de los 60, con su dinámica tienda "abierta a la calle. Los talleres de alta costura eran mucho más herméticos y cerrados", explica Montalva. Los Beatles solían comprar allí ropa para sus novias (varias de ellas eran también modelos de Quant) y en la tienda solían divisarse a los fotógrafos Richard Avedon y David Bailey, a músicas y pintores.

Nigel Banforth, quien trabajó varios años en la tienda de Quant y hoy es conservador de la sección de indumentaria del V&A Museum, explica que "para los estándares de hoy, teníamos una producción muy pequeña, todo elaborado en Londres y sus alrededores. Eran 200 o 300 prendas de una línea y a veces solo 60 u 80 unidades. Todo partió como un negocio familiar hasta convertirse en un imperio".

De su enclave en King's Road, la tienda comenzó a expandirse. En 1969, según "The Guardian", se estimaba que "7 millones de mujeres tenían una prenda con una etiqueta de Mary Quant en su closet". Una de las creaciones más exitosas y visionarias de Quant fue una línea de maquillaje dirigida especialmente a los jóvenes, con su prototípico símbolo de la margarita y tonos pálidos, distintos a los que usaban las madres.

Diseño y comercio

Quant no solo contaba con un gran olfato comercial. "Desde el punto de vista empresarial, ella intuyó y entendió que los tiempos y la velocidad en el consumo habían cambiado. Pero también era diseñadora, inventa diseños nuevos y distintos a los que existían", señala Montalva. A Quant, hija de un matrimonio de profesores galeses, sus padres no la dejaron estudiar moda, por lo que cursó la carrera de Ilustración. Pero siempre le apasionó el diseño de indumentaria, por lo que siguió distintos cursos de corte y confección.

En un principios, los vestidos "mini" de Quant - la leyenda dice que el nombre viene del modelo de auto Austin Mini, lanzado en 1959- no eran muy provocadores. "Su minifalda no era ajustada y sus diseños tenían algo de 'infantilización', con manguitas globo y cuello bebé. Además, los lucían modelos muy delgadas, como Twiggy, sin curvas", argumenta Pía Montalva. Un look que algunos han definido como de "colegial francesa", aunque luego fue ganando en tonos coléricos y centímetros sobre la rodilla. Otros diseños icónicos de Quant fueron los sweaters ajustados y elasticados, los hot pants, los impermeables y botas de PVC con intensos colores y las pantis con motivos coloridos (algunos le atribuyen a Quant su invención, otros a Balenciaga, que presentó medias con diseño de arlequín en 1962)

En los años 70 y 80 Mary Quant se expande al diseño doméstico y se concentra en sus exitosas líneas de maquillaje, hasta que renuncia cuando su firma queda en mano de fondos japoneses. En Japón, su maquillaje sigue siendo popular y hay legiones de jovencitas que continúan vistiéndose con diseños que parecen salidos de la tienda Bazaar. En el resto del mundo, la minifalda de Quant -testaruda- sigue resucitando una y otra vez, para desesperación de las mujeres de piernas cortas.

 Furor en Chile

Pese a que venía desde antes, en Chile la minifalda hace eclosión alrededor de 1967. Ese año marca, según Pía Montalva, "un punto de inflexión" en que esta moda se expande y masifica en especial en las jóvenes "lolitas", según la terminología de la época. Son años agitados, en los que el cambio en las apariencias coincide con una fuerte presencia juvenil en el ámbito público y político.

El uso de la mini genera discusión, aunque en un nivel menor que la controversia en torno al bikini. "Es que la minifalda admite una mayor graduación en su largo y forma", explica Montalva. Aun así, en un periódico de la época, citado por Montalva en "Morir un poco", la modelo Marta Montt afirma que en el caso de las mujeres casadas, el empleo de la minifalda requeriría la aprobación de los maridos.

Con paso del tiempo, la minifalda se hace cada vez más corta en Chile, como se puede observar en los bailarines del programa "Música Libre" durante los años 1971 y 1972. Y cuando irrumpe la moda de faldas más largas, las chilenas se resisten a deshacerse de sus minis.

"Se le considera un avance desde el punto de vista del cambio social y hay algo en la minifalda que rejuvenece, las mujeres ya no quieren volver atrás. La prenda explicita una conquista, ya que constituye una ruptura sin precedentes en la historia del vestido", dice Montalva, quien agrega además otras razones de su arraigo entre las mujeres chilenas. "Era económica, no gastaba mucho género, se podía tener varias. Hay que recordar que en ese tiempo había todo un sector social que se hacía la ropa en su casa" .



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Los colores usados por Mary Quant (en la foto, seleccionando géneros) rompieron con el blanco y negro de la posguerra londinense. Quant se identificaba con Coco Chanel como liberadora de la mujer. Pero Chanel rechazó la minifalda: consideraba que las rodillas rara vez son hermosas.
Los colores usados por Mary Quant (en la foto, seleccionando géneros) rompieron con el blanco y negro de la posguerra londinense. Quant se identificaba con Coco Chanel como "liberadora de la mujer". Pero Chanel rechazó la minifalda: consideraba que las rodillas "rara vez son hermosas".
Foto:Rolls Press/ Popperfoto/Getty

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