Actualmente trabaja en una empresa de la industria petrolera en el sur de Rusia:
El relato íntimo de Víctor Yáñez, el chileno que viajó en 1973 becado a la ex-URSS y regresó 45 años después

Con 16 años dejó Chile junto a otros 92 jóvenes para cumplir la misión que Allende les había entregado: estudiar técnicas agrícolas durante tres años para que, posteriormente, regresaran a ayudar a paliar el desabastecimiento en el país. A la semana, sin embargo, cayó el gobierno de la Unidad Popular. Hoy, con 61 años, volvió a Chile a reencontrarse con su familia.  

Josefina Ossandón 

"Salí de Krasnodar, la ciudad donde yo habito, a las 7:30 de la mañana rumbo a Moscú. Hice una escala por 6 horas y tomé un avión hasta París. Ahí me junté con un hermano que vive en Alemania y nos vinimos a Santiago. Llegamos el pasado 1 de febrero a las 10 de la mañana a Pudahuel".

La última vez que Víctor Yáñez (61 años) había estado en el aeropuerto fue el 4 de septiembre de 1973, cuando a las 23:00 salió en charter rumbo a la ex-URSS junto a otros 92 jóvenes chilenos El gobierno de Salvador Allende los había enviado becados a estudiar técnicas agrícolas durante tres años para que, posteriormente, regresaran a ayudar a palIar el desabastecimiento en el país.

Ahora, en Pudahuel, lo esperaba su otro hermano, el menor, que vive en Chile. Desde lejos lo divisó. Estaba con muletas, problemas en las piernas, semiinválido. No lo veía desde que él tenía 16 años.

Viaje a las estepas

Parte de la historia de Víctor Yáñez en la ex-URSS la había expuesto hace 10 días la versión online del The New York Times, así como un libro editado el año pasado por parte del historiador del Centro de Estudios Públicos (CEP), Cristián Pérez (ver nota relacionada).

Parte de esa historia comienza en Akhtyrskiy, una ciudad del sur de Rusia, y bajo el régimen de Leonid Brezhev.

Yáñez llevaba una semana viviendo en la ex-URSS cuando, recién instalado en la residencia de la Escuela Media Técnica Profesional Nº 9, alguien le contó lo que ocurría en Chile la mañana del 12 de septiembre. "Había ahí un muchacho que hablaba en portugués. Gracias a él nos juntaron en la sala para ver televisión y él, a duras penas, nos estuvo explicando que en Chile había habido un golpe militar", dice, con un acento cortante.

Vivió días complejos al enterarse de la muerte de Salvador Allende. Para entonces llevaba una activa vida política relacionada a la juventud del Partido Comunista.

El Gobierno chileno había pagado anticipadamente la beca -en oro- por el estudio de los jóvenes, por lo que, sin importar lo que había sucedido, la vida en Akhtyrskiy debía continuar. No todos lograron aceptar la situación y pidieron ser enviados a otros lugares para ser entrenados en lo militarmente.

Algunos de los que se quedaron estudiando fueron premiados. "Se fijaron en nuestras notas, en el aporte que entregábamos al estudio, cómo nos portábamos y muchas otras cosas. Nos enseñaron de cierta forma para que después pudieramos postular a la enseñanza superior. Eso ya empezó a ser una forma de solidaridad porque eso nosotros no lo teníamos pagado, no teníamos el convenio".

Prosigue: "En 1977 postulé al Instituto de Agronomía y saqué el título de Ingeniero Agrónomo, lo que realmente es master en ciencias agrónomas".

La vida fue muy distinta después de los estudios. "Me fui a trabajar a un koljós -un predio colectivo que forma parte de la economía soviética-, que se dedicaba al cultivo del arroz. Estuve tres años y me dieron ganas de casarme. Vino la Perestroika, el koljós donde yo estaba trabajando comenzó a tener problemas económicos -al igual que en toda la región- y empezó a faltar el trabajo".

En Valparaíso

"Mi padre trabajaba en la CUT y ahí supo que existían esas becas que eran para la gente del campo. De todas maneras había postulantes de Santiago y Valparaíso. Tuvimos que hacer una prueba como la de aptitud académica. La gente que logró mayor puntaje llegó a Santiago para viajar a la URSS. De Valparaíso fui yo solo", cuenta.

El jueves volvió a recorrer la ciudad donde él nació.

"Todo me recordaba a mi niñez, estuvimos en el muelle. Antes de irme teníamos un amigo que trabajaba ahí y una de las cosas que más me gustaba hacer era salir en lancha. Esto siempre lo hacía con mi papá, salimos todos juntos a pasear, llegaban muchos conocidos y lo hacíamos juntos, cada vez que teníamos tiempo. Lo único malo fue que no logré llegar al lugar donde yo vivía y que dejé para ir a la URSS, no tuve tiempo. Me gustó mirar los trolebuses, que me parece que es la única parte en Chile dónde siguen quedando. Es histórica esa cosa", dice.

"En la misma plaza Sotomayor -continúa- hay muchos recuerdos para mí, los bomberos, la estación de trenes que trabajaba en un 100% y ahora es solo para el metro. La estación está cambiada, está mucho más moderna pero era algo que esperaba, pasó casi medio siglo, todo cambia en este mundo. Ahí íbamos a buscar a todas las personas que nos iban a visitar a Valparaíso y eso ya no funciona así".

Antes de ir a la URSS, Víctor Yáñez solo había visitado Limache, Olmué y Santiago. A la capital solo una vez por el día, a conocer el zoológico. Esta vez, no pasó por Santiago pero sí encontró una gran diferencia. "Aquí antes no había edicios de más de tres o cuatro pisos. Ahora me estoy fijando que hasta de 15 a 17 pisos se construyen", relata. "Para mí resulta caro Chile teniendo en cuenta el presupuesto que yo traigo para acá. Yo pensaba que me iba a alcanzar para un mes pero ahora estoy viendo que quizás apenas me alcance para los días que voy a estar".

Contacto con Chile

Yáñez tiene hijos chileno-rusos. El mayor vive con él y trabaja en la construcción. El menor está terminando estudios de telecomunicaciones y en estos días va a defender su tesis.

Aunque estudió ciencias de agronomía no pudo ejercer por mucho tiempo por el colapso de la ex-URSS. Al casarse por segunda vez se mudó a la ciudad de Krasnodar -también en el sur del país- y desde hace treinta años trabaja como obrero calificado en una fábrica de artefactos para la industria petrolera.

Su ingreso al país estuvo prohibido durante años, no obstante que solo se enteró de aquello por la letra "L" que apareció en su pasaporte -que se colocaba durante el régimen militar- la primera vez que lo fue a renovar.

Recién a finales de la década de los 80 recibió la posibilidad de regresar a Chile pero "cuando dejaron de escribir esa letra, yo ya estaba bastante acostumbrado en Rusia. Había también muchos motivos. El principal era el problema de dinero porque en Rusia, el sueldo que yo ganaba no me alcanzaba para costear un pasaje para ir a Chile".

"Quedó la crema allá en la Unión Soviética. Pasó a ser Rusia y ahí la cosa quedó peor todavía. Yo con mi familia teníamos que hacer de tripas corazón para sobrevivir si se puede decir así. Por esto, no lograba conseguir el dinero para hacer el viaje", cuenta.

Durante la conversación recuerda a su padre, que falleció en el 2009 y que tras el 11 de septiembre de 1973 estuvo preso y luego exiliado en Panamá. Y, con un tono a ratos difícil de entender, comienza a relatar cómo surgió la idea de volver a Chile: "Mis hijos ya están grandes y se han independizado ellos y yo ya, según las leyes rusas, a los 60 años jubilé. Sin tocar esa pensión, en un transcurso de un año y medio, logré juntar el dinero para costear el pasaje y la estadía acá en Chile. Por eso logré ahora este viaje. Teniendo en cuenta muchas cosas, tengo pensado viajar dentro de dos años para acá con toda mi familia".

Continúa: "Con mi hermano estábamos en contacto por intermedio de internet. Lo reconocí sin mayores problemas y él también a mí, así que el encuentro fue muy bueno. En la casa nos estaba esperando con una cazuela. Hace 45 años que yo no probaba una. También pastel de choclo y un vinito que nos tenía guardado hace 7 años. Estuvimos hasta tarde, porque claro, era el primer encuentro. El cansancio era inmenso, los ojos colorados, pero de todas maneras la conversación resultó amena, muy buena. El reencuentro con mi familia y mis hermanos ha sido muy bonito. El próximo fin de semana viajamos a Linares, donde vive la gran mayoría de la familia de mi papá. Esta es una de las razones por las que yo he viajado: reencontrarme con la familia. Aquí nos vamos a conocer de cara, de carne y hueso".

¿Qué significa Chile?

La decisión de volver al país no fue del todo fácil. Su principal preocupación era haber olvidado el idioma: llegar a Chile y no entender el español.

"Algunos chilenos que habían estado por acá y que eran de mi grupo me habían asustado. Me decían que el idioma había cambiado, que hay mucho chilenismo nuevo, que hay jerga. Estaba con un poco de miedo porque pasé por un momento que empecé a olvidar el español. Esto fue cuando después de terminar la universidad me fui a un campo lejos de la civilización y allá hablaba solo en ruso. Fomenté el ruso y lo hice mejor, pero empecé a olvidar el español en un transcurso de tres años que estuve fuera del contacto con la civilización. Escribiéndole una carta a mi papá quedé perplejo, en el sentido que yo no sabía cómo se decía esta palabra en español pero sí en ruso".

Buscando una solución frente a este problema se le ocurrió una idea. "En la URSS había muchos libros de edición cubana, libros muy buenos en sentido del contenido pero mala calidad de impresión. Libros como de García Lorca. Una cantidad grande de autores conocidos. Gracias a eso logré recuperar el idioma. Según tengo entendido, con las personas que he estado, consideran que el español mío no está del todo perdido, se siente raro por supuesto un acento, pero es comprensible".

Al preguntarle a Yáñez qué es Chile para él, responde: "Podría decir que me siento aquí como en mi casa, podría decirse que sí, pero para mí la casa está allá en Rusia. Ha pasado tanto tiempo, allá tengo a mi familia, tengo a tres hijos y he vivido la mayor parte de mi vida en Rusia. Salí teniendo 16 años y ya llevo 45 años viviendo allá".

No obstante, no descarta un cambio de planes. "Me queda tiempo todavía para estar aquí y posiblemente me vaya acostumbrando más y mejor. Todavía no he tomado el peso de todo lo que ha sucedido acá. Esperando unos años más es posible que cuando venga en el año 2021 puede que sea otro mi modo de pensar y de ver las cosas... No me considero todavía viejo y estoy en condiciones de quizá regresar para acá viendo una posibilidad de trabajo porque mi hermano está más mayor y necesita ayuda. Mi hermano que vive en Alemania dice que no, que él no va a regresar porque para él las cosas políticas no existen, para él solo existe la familia. Yo por el momento estoy teniendo ese concepto de la vida. No descarto del todo la posibilidad de regresar a Chile a dejar mis huesitos aquí".

La semana que le queda a Víctor Yáñez en Chile estará repleta de actividades. Una de ellas será juntarse con el historiador Cristián Pérez, que en su libro relata parte de la historia de él y los otros 92 chilenos que llegaron a Rusia en septiembre de 1973.

"Estaba con un poco de miedo porque pasé por un momento que empecé a olvidar el español"

"Quedó la crema allá en la Unión Soviética, pasó a ser Rusia y ahí la cosa quedó peor todavía"

"Podría decir que me siento aquí como en mi casa, podría decirse que sí, pero para mí la casa está allá en Rusia".

 Libro de historiador del CEP relata periplo de los 93 chilenos

"Los sucesos de ese día tuvieron su desenlace con la muerte de Allende cuando en la capital soviética eran las nueve de la noche (dos de la tarde en chile). En la Unión Soviética no se supo lo que había pasado hasta la mañana siguiente ( ...) fue así como a primera hora del miércoles 12, los campesinos chilenos se levantaron tranquilamente sin más presión que comenzar la adaptación a la escuela técnica de Akhtyrskiy, el lugar en el que pasarían tres años. Poco a poco se fue configurando esa jornada que sería decisiva en sus vidas".

La frase forma parte del libro "Viaje a las estepas. Cien jóvenes chilenos varados en la Unión Soviética tras el Golpe", publicado el segundo semestre de 2018 por el historiador, investigador del Centro de Investigación y Publicaciones (CIP) y académico de la Universidad Diego Portales (UDP), Cristián Pérez.

El texto relata la historia paso a paso de los 93 chilenos que el 4 de septiembre de 1973 partieron becados por el gobierno de Salvador Allende a la URSS.

"Viajan para especializarse en maquinaria agrícola, esto forma parte de los intentos de Salvador Allende de modernizar la agricultura, de paliar de algún modo las deficiencias que el agro chileno tenía para modernizar y mecanizar. Para eso necesitaba personal capacitado, que supiera básicamente manejar los tractores y la maquinaria del mundo soviético que estaba llegando", dice Pérez.

El historiador, a través de conversaciones con los protagonistas de este viaje, explica lo que les sucedió a estos jóvenes en los 70. "La beca y la travesía es poco conocida en Chile porque los documentos que hablan de este viaje y daban a conocer las ideas y planes que Allende tenía preparado para estos chilenos en la URSS, desaparecieron cuando los militares se tomaron el poder".

Según se cuenta en el libro, la mayoría de los chilenos provenían de familias campesinas de escasos recursos. Solo algunos eran de la capital, pero todos cercanos o partidarios de la Unidad Popular.

"Estos chicos viajan a la URSS y al poco tiempo viene el Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. Con esto, para ellos la vida cambia para siempre. Quedan un tiempo largo en tierra de nadie y por eso el título del libro es 'varados'", expresa Pérez

El texto cuenta la vida que llevaron los jóvenes en Akhtyskliy, antes y -sobre todo- después de la caída de Allende.

Al respecto, Pérez relata que lo que les sucedió fue una suerte de "microhistoria en el marco de la Guerra Fría, es una historia de luchas, de dolores y de ausencias que creo que grafica muy bien la historia de Chile en los años setenta".



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Víctor Yañez en la ciudad de Valparaíso luego de 45 años fuera del país.
Víctor Yañez en la ciudad de Valparaíso luego de 45 años fuera del país.
Foto:Sebastian Cisternas

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