La leyenda del monstruo del lago Ranco

El lago Ness y el lago Ranco ahora tienen otra cosa en común. La gran selfie del verano en el Ranco se toma en el mismo pedazo de pasto donde se sentaron las tres mujeres que crearon un monstruo, quizás sin proponérselo.  

 

El lago Ness y el lago Ranco tienen muchas cosas en común. Obvio que ambos son de agua dulce y también están entre los más relevantes de sus respectivos territorios: El Ness es el segundo más extenso de Escocia y el Ranco es el tercero más grande de Chile.

Los dos son muy profundos; la media del Ness es de 226 metros, mientras que la del Ranco es de 199 metros.

Pero su semejanza más curiosa la aprendimos esta semana: los dos lagos tienen un monstruo famoso.

El "Monstruo del lago Ness" comenzó a tomar notoriedad desde que en 1933 se comenzó a diseminar una foto que mostraba a un gigantesco animal, de características supuestamente prehistóricas, que atacaba a los navegantes para expulsarlos de lo que consideraba sus dominios.

Pocos años después se demostró que la foto era "fake" (como las "fakenews", pero no se les decían así en esa época); no obstante, el cuento era demasiado sabroso como para desecharlo. No había que dejar que la verdad matara una buena historia. Y se hicieron novelas y películas y canciones. Y los turistas que viajan cada año a las Highlands no pueden evitar ir a tomarse una foto al lago y miran atentos por si ven algo.

El "Monstruo del lago Ranco" se hizo famoso esta semana cuando se viralizó en minutos un video en el que él, el monstruo, discutía con tres turistas a las que intentaba convencer de que habían ingresado sin permiso a sus dominios y que por lo tanto tenían que irse.

Fue un mal día para el pobre monstruo. Yo pensé que la ley de Murphy nunca había tenido tanto sentido como en ese fatídico domingo a la orilla del Ranco. Todo le salió mal: las tres turistas estaban legítimamente descansando en el lugar (como se supo días después); una de las mujeres era una piadosa monja carmelita (que nunca estuvo en un convento argentino en la era Kirchner), y tuvo la mala ocurrencia de ir a enfrentar ese duelo verbal sin modales y sin polera (hay que tomarse en serio esa campaña de "un verano sin polera").

Pero lo que vino después fue lo más grave. El propietario equivocado y prepotente ("la ignorancia es atrevida", enseñó el griego Tucídides) fue transformado por las redes sociales y por varios medios de comunicación en un verdadero monstruo. Se revisó su vida entera y, ¡bingo!, cuando se descubrió que era un hombre con ideas de derecha se abrió oficialmente la temporada de caza. Personas famosas que han hecho campaña contra el bullying aparecieron haciendo bullying , porque el monstruo era demasiado gordo, porque tenía una combinación de apellidos demasiado cuicos, porque era demasiado blanco, porque era demasiado rico. Y luego se organizó una campaña para boicotear su empresa, con todos sus trabajadores dentro.

Es que el monstruo era un símbolo. Un monigote de paja. Y si la turba hubiese tenido la oportunidad, le habrían prendido fuego.

El ministro Ward, de Bienes Nacionales, cuando el viernes comunicó que el informe técnico les daba la razón a las paseantes, criticó la actitud del monstruo, pero pidió a la gente -yo lo vi con mis ojos en las noticias- que pensaran que el monstruo tenía familia y que por favor nadie fuese a agredirlos físicamente.

Sí, el lago Ness y el lago Ranco ahora tienen otra cosa en común. Supe que la gran selfie del verano en el Ranco se toma en el mismo pedazo de pasto donde se sentaron las tres mujeres que crearon un monstruo, quizás sin proponérselo.

 


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