DEPORTES

Viernes 5 de Enero de 2001


Cada título tiene su historia

Nadie nace campeón. Requiere de un proceso, de ganar muchos partidos y también de perder otros. Técnicos y jugadores recordaron a los monarcas de la Dimayor, aquellos que antecedieron a quienes mañana iniciarán una dura lucha para agregarse a la lista.
Eran los primeros meses de 1979 y los deseos de ordenar la mal llamada Liga Central de Básquetbol hacían nacer un nuevo torneo. Talca fue su cuna y Luis Cerda su autor intelectual. Dimayor (División Mayor del Básquetbol) llevaría por nombre.

Desde entonces, el certamen no se ha detenido. Alegrías, penas, fracasos, triunfos y títulos se han visto a raudales. Es de estos últimos que se ocuparán estas letras, como antecedente de la final que mañana comenzarán a disputar Provincial Osorno y Universidad de Concepción (ver nota secundaria), quintetos que darán fuerte lucha por agregar sus nombres a esta lista dorada.

Fue Thomas Bata el primer campeón. Nombres como Osvaldo Andrade, Milenko Konic, Guillermo Contreras, Daniel Araya y Alejandro Coloma, entre otros, todos bajo las órdenes de Germán Correa, dieron vida a los primeros abrazos. El equipo se completó poco antes de iniciar el torneo, cuando una gran cantidad de jugadores de Universidad de Chile se fue a jugar por el equipo de Peñaflor (que hacía de local en el gimnasio Nataniel).

Se llenaba cuando jugábamos con Unión Española y casi a todos los partidos iba mucha gente. En provincias era bonito jugar, porque todos los gimnasios nos recibían llenos, recuerda con nostalgia Alejandro Coloma, hoy entrenador de Universidad Católica.

Y a diferencia del formato actual, era campeón el que acumulaba más puntos a lo largo del certamen. Ganamos en Concepción y obtuvimos el título. Fue un torneo muy parejo, pero teníamos muy buen equipo, agrega Coloma.

Más tarde, los festejos se trasladarían a Valparaíso. En el hoy derruido Fortín Prat se concentraban las grandes jugadas. Dos títulos (1980 y 1982) hicieron de Sportiva Italiana un elenco de temer en los albores de la liga. Había mucha efervescencia en el puerto y el público nos acompañaba a todas partes. Pese a que sólo participé en el segundo campeonato, recuerdo la alegría que provocamos. Imagínese, venía recién llegando al país y ya era campeón, fue muy bonito, recuerda el hoy chileno Mack Hilton, quien además logró el título con Universidad de Temuco ('93 y '94) y Colo Colo ('96) y este año jugó por Deportivo Llanquihue.

Llegan las dinastías

Y apareció Universidad Católica. Conducido en forma brillante por Manuel Herrera dentro de la cancha y por Héctor Oreste desde la banca, el cuadro cruzado - que además contaba con los estadounidenses Paul Gartlan y Daryl Baucham (después se agregarían Kenneth Perkins y Bruce Harlin) y los nacionales Jorge O'Ryan (hoy presidente del club) y Enrique Camponuevo, entre otros- se transformó en el dueño absoluto de los cestos entre 1984 y 1987.

El '82 fuimos campeones de la Asociación Santiago sólo con un extranjero (Gartlan) y se nos abrió el apetito. La Dimayor tenía mucho prestigio y había televisión en directo, así es que todos querían entrar. El '83 llegamos sextos entre 16 con un extranjero, y pensé que con dos podíamos ser campeones. Convencí a los dirigentes y lo logramos. Incluso, el primer año fuimos campeones varias fechas antes, recuerda Oreste con orgullo.

¿Qué tenía de especial el que para muchos fue el mejor elenco en la historia de la liga? Era muy rápido. Diría que el más rápido que ha existido en el básquetbol chileno, y era capaz de hacer 12 defensas distintas, explicó Oreste.

Luego aparecería Petrox, la otra dinastía de la Dimayor - aunque en el intertanto (1987 y 1989) se clavó Deportes Ancud y celebró en grande- . El cuadro petrolero fue el segundo que alcanzó cuatro coronas, aunque no en forma consecutiva como la UC.

En 1988 se conformó un plantel no tanto para disputar el título, sino para estar entre los cuatro primeros. Se jugaban los playoffs al mejor de tres partidos y entramos en el último lugar a esa definición. Poco a poco le fuimos tomando el gusto al título, porque dejamos en el camino a rivales peligrosos, como Naval de Talcahuano y la UDE, comenta Iván González, tetracampeón con Petrox, desde su nueva realidad como periodista de básquetbol del diario "El Centro" de Talca.

Ese equipo, dirigido por César Suárez, no pudo repetir sus éxitos al año siguiente, pero en 1990 - ahora de la mano de Juan Morales, actual técnico de la selección que participará en el Sudamericano de Valdivia 2001, y con Daniel Viafora en la cancha- volvió a reinar y no dejó de hacerlo sino hasta 1993.

Raúl Guerra, Manuel Rodríguez, Sandro Figueroa y Pedro Alonso, además de Viafora y González, conformaron un elenco que reventaba las canchas por las que exhibía su arte: encestar y encestar.

El fuerte de este plantel estaba en el juego colectivo. Sus basquetbolistas se mantuvieron cinco años juntos y los resultados se podían apreciar partido tras partido: jugaban de memoria. El equipo causó furor. Tanto, que sus estrellas eran tratadas como tales a todo nivel. Nada de colas en bancos o supermercados. Había que tener un mínimo respeto por los campeones.

Temuco y Santiago viven

Si bien la Unión Deportiva Española y los equipos de Temuco, en general, habían sido permanentes animadores de Dimayor, nunca uno de ellos había alzado el máximo trofeo. Hasta que apareció en escena el empresario Carlos Parra.

Sin medir gastos, armó un equipo para campeonar: Universidad de Temuco. Carlos Iglesias sería el encargado de conducirlo desde la banca y nombres como Mack Hilton, Fernando Teuber, Marcelo López, Marcelo Ruiz y Marcelo Galleguillos se encargaron de plasmar sus ideas.

Y vaya que lo consiguieron. En 1992 disputaron la final y en 1993 tocaron el cielo. En los playoffs teníamos la posibilidad de cambiar a un extranjero y a otros jugadores, lo que aprovechamos al máximo. Ese equipo había ganado una química muy buena, porque en la serie regular perdió sólo dos o tres partidos. Cuando los jugadores entendieron que tenían que actuar para el equipo comenzaron a ganar, y si esto no resultaba, aparecían las individualidades, comenta Iglesias, hoy técnico de la UDE de la misma ciudad.

Luego de estos años de gloria para la Región de la Araucanía, llegó Colo Colo para volver a desatar la pasión de los santiaguinos. Y la incursión fue un éxito total. El equipo conducido por Carlos Álvarez fue cuarto en su primera temporada (1995) sin haber tenido grandes pretensiones. Y llenó todos los estadios que visitó.

A fines de 1995, la exigencia se le planteó en seco a Álvarez: Hay que ser campeones. Y, por suerte para él y sus dirigidos, la cosa resultó bien: Fuimos los mejores todo el año. En el apertura y en el torneo mismo, y sólo perdimos tres partidos en la campaña. Espectacular. Y batimos el récord de público en la final ante Petrox en La Tortuga (15.000 personas). Una mezcla de experiencia (Julio Córdova y Mack Hilton) y juventud (Robert Lagos, Cristián Poblete y Marcelo López) hizo posible el sueño.

Entonces aparecieron los actuales protagonistas de la final de la temporada 2000-2001. Universidad de Concepción (monarca en los años 1995, 1997 y 1998) y Provincial Osorno (titular vigente) todavía están escribiendo su historia.

Por Juan Esteban Codelia

Anécdotas de campeones

Antes de que se iniciara ese torneo de 1979, varios jugadores de la Universidad de Chile, casi todos sus titulares, nos fuimos a Thomas Bata, que ya tenía un equipo bastante competitivo. Con eso, el plantel se hizo muy poderoso y, como éramos jóvenes también, duró mucho la buena racha. Es una pena que ese club ya no exista. Alejandro Coloma, jugador del primer monarca de la Dimayor.

Nunca fuimos campeones en Santiago. La primera vez logramos el trofeo en Temuco, el '84 y el '85 lo hicimos en Concepción y al año siguiente celebramos en Talca, donde jugamos un partido de definición con Malta Morenita de Osorno. Era muy emocionante ganar en gimnasios extraños, y con la efervescencia de ellos, tenía una connotación extra. Héctor Oreste, técnico de la Universidad Católica tetracampeona.

Era tanta la presión, en el buen sentido de la palabra, que de repente estábamos en la casa y recibíamos llamados todo el día. Incluso gente de la municipalidad de Talcahuano nos contactaba para decirnos que ganáramos. En ese tiempo los dirigentes decidieron que, para las finales, nos fuéramos a concentrar a Quellón. Teníamos que llegar sólo un par de horas antes al gimnasio (La Tortuga). Incluso, una vez había un partido de fútbol y en el estadio se veía poca gente. Pero el gimnasio se encontraba lleno y tuvimos que pasar por atrás, con resguardo policial, y no salir del camarín hasta que estuviéramos listos para hacer el precalentamiento. Después, entramos a la cancha a lanzar un rato antes del encuentro y la gente coreaba nuestros nombres. Y faltaban dos horas para jugar. Son bonitos recuerdos. Iván González, cuatro veces campeón con Petrox.

Fuimos a jugar la final a Concepción y nos acompañaron en tren unos hinchas de Temuco. Eran cabros universitarios que se fueron tomando en el camino. Llegaron en la mañana y, camino hacia el gimnasio, atropellaron a uno de ellos, que fue a dar al hospital. Lo fuimos a ver y, al día siguiente, lo tuvimos que llevar de vuelta nosotros en el bus. El público estaba muy comprometido con los jugadores en ese tiempo, lo que ahora no se ve mucho. Fernando Teuber, bicampeón con Universidad de Temuco.

Había mucha gente esperándonos afuera después de que terminó el partido final con Petrox. Unas 500 o 600 personas, entre las que estaba toda la barra de Colo Colo. Fui el último en salir del gimnasio. Me costó mucho llegar al bus. Me senté en el primer asiento y me llamó la atención el silencio casi sepulcral que había. No volaba una mosca. Por un segundo pensé que estaba solo, y cuando me di vuelta para ver si había gente, me di cuenta de que estaban todos en un estado de trance, muy cansados y como diciendo al fin cumplimos. Fue un año estresante, teníamos que salir campeones sí o sí... y lo logramos. No hubo mucho tiempo para celebrar, porque el nivel de cansancio que había fue tremendo. Es lo más importante que he hecho en mi carrera deportiva. Carlos Álvarez, técnico de Colo Colo '96.




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Chuck Jones intenta acercarse al aro ante la atenta mirada de Carey Scurry, mientras ya ha quedado atrás Daniel Viafora. Colo Colo provocó un verdadero boom cuando ingresó a la Dimayor.
Chuck Jones intenta acercarse al aro ante la atenta mirada de Carey Scurry, mientras ya ha quedado atrás Daniel Viafora. Colo Colo provocó un verdadero boom cuando ingresó a la Dimayor.
Foto:El Mercurio


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